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Sancho IV. El Bravo

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

SANCHO IV. EL BRAVO

(1258-1295)

Sancho IV - escultura en el Parque de el Retiro, Madrid

Escultura de Sancho IV en el parque del Retiro de Madrid

Sancho IV el Bravo - 02          Sancho IV el Bravo - 01

SANCHO IV. EL BRAVO (1258-1295)

(Sevilla, 12.V.1258 – Toledo, 25.IV.1295) Rey de Castilla y León.

Sancho IV fue hijo de Alfonso X, El Sabio, y Violante de Aragón. Nació en Sevilla el 12 de mayo de 1258, mostrando gran afecto con su abuelo, Jaime I de Aragón, quien le recomendó evitar ser investido caballero en la boda de su hermano don Fernando, en 1269, evitando así dar una imagen de sumisión al primogénito.

En 1270, en contra de la opinión del joven infante Sancho, se formalizó, según el deseo de su padre, su matrimonio con Guillerma de Moncada, descrita por los cronistas de la época como “rica, fea y brava”, siendo hija del vizconde de Bearne, personaje de gran patrimonio y relaciones, emparentado con los señores de Vizcaya.

A pesar de no haberse consumado este matrimonio, tenía efectos jurídicos y canónicos, lo que supuso un problema cuando en junio de 1282 se llevase a cabo el matrimonio en Toledo entre María y el infante Sancho, en pleno distanciamiento entre éste y su padre, el rey Alfonso X.

En 1272 es nombrado por su padre almirante de la Orden Militar de Santa María de España, dando muestras de su personalidad belicosa, que le llevará a participar en la lucha contra el Reino de Granada, tras hallarse junto a su padre en la entrevista con Jaime I en Requena, donde se trató la intervención militar castellano-aragonesa en tierras granadinas.

En 1275, la muerte en batalla de su hermano mayor, el infante don Fernando de la Cerda, le abrió la posibilidad de suceder al rey Alfonso, adquiriendo en ausencia de su padre la defensa del Reino ante el ataque musulmán y autoproclamándose heredero del Trono, mientras su padre fracasaba, en su empeño por defender la candidatura castellana al Trono imperial ante el papa Gregorio X.

Las aspiraciones de Sancho, en detrimento de los derechos de los hijos de su hermano, los infantes de la Cerda, parecieron respaldadas por Alfonso X, que supo apreciar la defensa del reino en su ausencia, por lo que en las Cortes de Segovia de 1278 se procedió a la jura del infante don Sancho como heredero.

En 1281, el propio Sancho participó en una campaña militar hasta las proximidades de Granada. Sin embargo, a la vuelta de esa campaña, comenzaron a manifestarse las desavenencias entre el rey y su hijo, haciéndose cada vez más patente la posición de Alfonso X en defensa de los derechos al Trono de sus nietos, los hijos de Fernando de la Cerda. Poco a poco las divisiones y las conspiraciones en la Corte se hicieron cada vez más evidentes.

En 1281, se produce la boda de Sancho con María, hija del infante Alfonso de Molina, hermano de Fernando III, sin el reconocimiento por el pontificado. El Papa declaró esta unión como incestuosa e infame, por la consanguinidad entre los contrayentes, ante la ausencia de dispensa. Además seguía siendo válido el primer matrimonio de Sancho con la hija de Bearne.

La incorporación de María al grupo de sus colaboradores resultó muy positiva para sus intereses al constituirse en uno de los apoyos más sólidos del monarca y de los intereses regios.

Sancho recibió en abril de 1282, en Valladolid, el apoyo de la nobleza, las ciudades y la Iglesia, tanto obispos como monasterios. Sintiéndose fuerte y respaldado encabezó el levantamiento contra su padre para ocupar el Trono. Ante tales hechos, Alfonso X procedió a desheredar a su hijo Sancho.

Alfonso X murió en Sevilla el 4 de abril de 1284 y se llevó a efecto la proclamación de Sancho IV como rey de pleno derecho de Castilla y León en Ávila, para proceder a su coronación solemne en la Catedral de Toledo, convocando en el mismo año de 1284 Cortes en Sevilla y Valladolid. En 1285 tuvo lugar el nacimiento del futuro sucesor de Sancho, Fernando IV.

Desde muy pronto se dio indicio de un cierto ambiente conspiratorio en la Corte. El abad de Valladolid perdió la confianza del monarca, al pactar secretamente con Felipe IV de Francia, y en contra del criterio regio, para promover un nuevo matrimonio conveniente a los intereses de una nueva alianza entre Francia y Castilla. Su caída favoreció la toma de influencia de Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, nombrado mayordomo mayor del rey.

MAYORDOMO MAYOR DEL REY

El mayordomo mayor del rey de España era el cargo palaciego al cuidado de la organización de la Real Casa y Patrimonio de la Corona de España desde Carlos V hasta Alfonso XIII. El antecedente histórico de este cargo es el de mayordomo mayor del rey de León y de Castilla.

Del mayordomo mayor del rey de España dependía la organización entera de Palacio y su gobierno, teniendo jurisdicción tanto civil como criminal privativa en su interior, con expresa inhibición de los tribunales, jueces y ministros. El mayordomo mayor se hallaba siempre junto a la persona del rey. A partir del siglo XVI, debía ser desempeñado por un grande de España.

Desde 1975 el cargo de mayordomo real ha desaparecido, aunque existe un puesto de características similares, el jefe de la Casa de Su Majestad el Rey de España, quien se encarga de su administración.

El ascenso de Lope Díaz de Haro como mayordomo mayor del rey era cada vez más evidente, gozando de la plena confianza del rey, quien le otorgó el título de conde. Sin embargo, distintos acontecimientos acaecidos en 1287 iban socavando la confianza del rey, al comprobar cómo se provocaban levantamientos en la frontera portuguesa.

En una reunión de los consejeros reales en Alfaro, el 8 de junio de 1288, se produjo una disputa entre el rey y don Lope, que acabó con la muerte de éste por los caballeros del rey, dando muerte el propio monarca al primo de aquél, don Diego López de Campos, ordenando el inmediato aprisionamiento del infante don Juan. Tras las Cortes de Haro celebradas seguidamente, el rey situó en su círculo íntimo de consejeros a nuevos personajes.

Sancho IV asentó su alianza con Francia con la firma del Tratado de Lyon. Pero los reyes de Aragón y Portugal apostaron por desestabilizar el Reino castellano, promoviendo una confederación para apoyar las reivindicaciones al Trono de Castilla del sobrino del rey, Alfonso de la Cerda, formando parte destacada de dicha alianza Diego López de Haro y Gastón de Moncada.

En 1289 Sancho IV estaba decidido a acabar con los partidarios de los de la Cerda, de lo que fue buen ejemplo la ejecución por orden suya en Badajoz de los principales miembros del linaje de los Bejarano, que defendían la opción realista.

En 1290 con el Tratado de Bayona se asentó la alianza castellana con Francia, fundamental por las tensiones con Aragón. En 1291, Sancho IV consiguió formar un pacto defensivo con el Reino de Granada al sentirse amenazado por los meriníes que cometieron saqueos en torno a Jerez y Sevilla.

Las relaciones de Castilla con Portugal, tras pactarse el matrimonio entre el príncipe don Fernando y la infanta Constanza, crearon una prolongada alianza luso-castellana.

En Aragón, la muerte de Alfonso III de Aragón y la entronización de Jaime II propició el acercamiento entre Castilla y Aragón, tal como se plasmó en el Tratado de Monteagudo, por el que se establecía el matrimonio de Jaime II con la infanta Isabel, hija de Sancho IV y María. A la vez se acordaba la defensa mutua entre Castilla y Aragón, con lo que la política matrimonial se mostraba eficaz en la península.

En 1292 se tomó Tarifa con la colaboración aragonesa. Sin embargo, además de los cuantiosos gastos que motivó, terminó con el pacto militar con Granada, al reclamar el rey granadino para sí la plaza que se acababa de conquistar.

En 1293 se celebraron en Valladolid las Cortes más importantes del reinado con una intensa actividad política de mediación entre Aragón y Francia por la rivalidad entre ambos Reinos por la presencia aragonesa en Sicilia.

La defensa de la principal conquista de don Sancho, Tarifa, motivó la predicación de una cruzada para asegurar su conservación para los castellanos. Su camarero mayor, Juan Mathe de Luna, realizó una intensa labor para reunir rentas, provisiones y fuerzas para resistir a granadinos y meriníes decididos a conquistar la plaza, de gran valor estratégico, formando parte de este asedio el famoso episodio de Alfonso Pérez de Guzmán, más conocido como Guzmán el Bueno.

Finalmente, el surgimiento de un brote de peste entre los sitiadores obligó a poner fin al asedio, pudiendo retener los castellanos la plaza.

ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, GUZMÁN EL BUENO (1256-1309)

León, 24.I.1256 – Gaucín (Málaga), 19.IX.1309.

Señor de Sanlúcar. Alcaide de Tarifa y fundador de la casa de Niebla.

Casi todo lo que se sabe de la vida de Alonso Pérez de Guzmán es a través de los cronistas de la casa, Pedro de Barrantes y Pedro de Medina. Estos autores recogieron tradiciones que databan de la época del protagonista o algo posteriores, remodeladas y adaptadas a los gustos de los tiempos medievales más tardíos.

Entre 1284 y 1291 permaneció en Marruecos, obteniendo enormes ganancias y fama militar. En julio de 1291 regresó a Sevilla rico. Alonso Pérez de Guzmán volvió cuando el rey Sancho prepara la campaña del Estrecho. La experiencia de Alonso Pérez entre los benimerines fue muy apreciada. En la campaña de Tarifa, (agosto de 1292) se encontraba presente y su consejo fue decisivo.

La defensa de la plaza fue entregada en un primer momento a la Orden de Calatrava, con una tenencia anual de dos millones de maravedís. La enorme suma atendía a diferentes necesidades: reparar las fortificaciones dañadas durante el asedio, mantener un cierto número de galeras de vigilancia en el Estrecho, así como a la presencia de una importante guarnición.

El inmediato deterioro de las relaciones políticas con Granada, que aspiraba a la posesión de Tarifa, y las intenciones de Sancho IV de apoderarse de Algeciras, favorecieron la alianza granadino-marroquí en octubre de 1293. Su principal objetivo era la recuperación de Tarifa para el Islam.

En julio de 1293 el alcaide de Tarifa era Alonso Pérez de Guzmán, con sólo 600.000 maravedís de tenencia. Sancho IV aceptó así la oferta del caballero leonés, que suponía un importante ahorro para el tesoro real. El entramado económico y político que Guzmán iba tejiendo en la frontera le permitía asumir tan importante compromiso en condiciones que nadie podía igualar.

Entre abril y agosto de 1294, Tarifa fue duramente asediada, hasta que la acción de la flota conjunta castellano-aragonesa, combinada con las tropas terrestres permitió su liberación. En esos meses, Pérez de Guzmán puso a prueba sus capacidades militares y, como es sabido, su concepto extremo del sentido del deber.

Pocos días antes del levantamiento del cerco, ante los muros de la plaza, se había producido el episodio que ha sublimado a Guzmán el Bueno por encima de todos sus contemporáneos.

Perdida la esperanza de conquistar la villa por medios militares, y tras un intento fallido de sobornar a su alcaide, los sitiadores intentaron un recurso infame. Entre ellos se encontraba por propia voluntad el infante don Juan, hermano de Sancho IV, enemistado con el rey y exiliado en Marruecos.

Ante la inminente llegada de la escuadra de socorro, Abū Ya‘qūb aceptó el consejo de don Juan y amenazó a Alonso Pérez de Guzmán con degollar a su hijo si no entregaba la villa. Es necesario recordar que este infante ya había procedido de la misma forma, años atrás, para hacerse con el alcázar de Zamora.

En Tarifa, la negativa del alcaide, adornada por los cronistas del pasado, fue seguida del cumplimiento de la amenaza. La tragedia tuvo lugar en agosto de 1294.

Los cronistas afirman que se trataba de Per Alfonso, primogénito, que había sido entregado unos meses antes al infante don Juan para su traslado a Portugal, donde iba a educarse en la Corte del rey don Dionís, su pariente. El niño tenía unos diez años.

Otros textos, editados y comentados por Miguel Ángel Ladero, abren la posibilidad de que se tratase de un hijo, o incluso de dos, que Alonso Pérez podría haber tenido en sus años en África con una hija del emir Abū Ya‘qūb. La defensa de Tarifa frenó el asalto benimerín sobre Andalucía y obligó a Abū Ya‘qūb a retirarse de Algeciras y regresar a África. Sancho IV, en sus últimos meses de vida, y la reina María de Molina basaron la defensa de Andalucía en Guzmán el Bueno.

La salud del Monarca experimentó un rápido agravamiento y ante la irreversibilidad del proceso, el rey hizo testamento, señalando como tutora a María de Molina, hallándose la Corte reunida en Alcalá de Henares, donde se mantuvo al iniciarse el año 1295.

El último traslado de la Corte fue a Toledo, en cuya catedral había previsto tiempo atrás el monarca que fuera sepultado. Sancho Al falleció, el 25 de abril de 1295 a los 36 años, en Toledo. Fue enterrado en la capilla real que él mismo había mandado construir en la Catedral de Toledo como panteón real, conocida como la Capilla de los Reyes Viejos.

La muerte del rey y los conflictos internos de Castilla obligaron a Guzmán El Bueno a defender la frontera contra los musulmanes, así como a demostrar su apoyo a la reina María, asediada desde todos los frentes.

Se proclamó a Fernando IV, hijo de Sancho IV y María de Molina, Además del futuro Fernando IV, tuvieron Sancho y María de Molina otros seis hijos más, así como otros cuatro hijos fuera del matrimonio. De sus hijos con doña María, cabe destacar por el relieve político de sus matrimonios los de Beatriz, que casaría con Alfonso IV de Portugal, el infante don Pedro que casaría con María, hija de Jaime II de Aragón y el propio Fernando IV, con doña Constanza, hija de don Dionís de Portugal.

La historiografía considera el reinado de Sancho IV en contraste con el de su padre en materia cultural. Sin embargo, tuvo iniciativas culturales, literarias y artísticas, como la Capilla Real de los Reyes Viejos de Toledo.

Entre la labor literaria de su Corte, directamente asociada a los intereses del monarca estaría la Primera Crónica General, que continuaría la redacción a partir del momento de la invasión islámica de la península, completándose su redacción en 1289.

En este contexto de labor cultural, hay que hacer referencia a sus iniciativas en materia universitaria y de enseñanza en Sevilla, Alcalá de Henares, Valladolid o Salamanca, bien consolidando iniciativas anteriores o aportando otras nuevas.

BIBLIOGRAFÍA

M. Gaibrois de Ballesteros, María de Molina, tres veces reina, Madrid, Espasa Calpe, 1936;

P. Linehan, La Iglesia española y el Papado en el siglo XIII, Salamanca, Universidad, 1975;

E. Benito Ruano, “El problema sucesorio de la Corona de Castilla a la muerte de Don Fernando de la Cerda”,

M. A. Ladero Quesada, “Los estados peninsulares a la muerte de Alfonso X el Sabio”, y C. Díaz-Madroñero y López de Pablos, “El problema sucesorio a la muerte de don Fernando de la Cerda”, Madrid, Instituto de Estudios Manchegos, 1976,

J. M. Nieto Soria, Las relaciones monarquía-episcopado como sistema de poder, 1252-1312, Madrid, Universidad Complutense, 1983, 2 vols.;

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F. J. Hernández, Las rentas del rey. Sociedad y fisco en el reino castellano del siglo XIII, Madrid, Fundación Ramón Areces, 1993, 2 vols.;

Real Academia de la Historia

Fotos tomada de:  http://www.memoriademadrid.es y Eduardo Benito

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MARÍA DE MOLINA (c.1260 – VALLADOLID, 1321)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

MARÍA DE MOLINA (c.1260 – VALLADOLID, 1321)

Reina de Castilla y León. Esposa de Sancho IV.

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María Alfonso de Meneses, conocida como María de Molina, haciendo referencia a que fue titular del señorío de Molina, fue hija del infante Alfonso de Molina, hermano del rey Fernando III y nieta de Alfonso IX de León y de la reina Berenguela.

Su madre fue Mayor Alfonso de Meneses, tercera mujer del infante Alfonso de Molina. Apenas se tienen datos de su vida antes de contraer matrimonio con el rey Sancho. Su infancia se sitúa en el entorno del monasterio de Palazuelos, Valladolid, vinculado a la casa de Meneses y donde estaba enterrada su madre.

 

En 1270, Alfonso X El Sabio, formalizó la boda de su hijo, el infante Sancho, en contra de su voluntad y antes de cumplir los 13 años, con Guillerma de Moncada, descrita en las crónicas de la época como “rica, fea y brava”, pero era hija del vizconde de Bearne, personaje muy rico y de importantes contactos políticos, emparentado con los señores de Vizcaya. Este matrimonio no fue consumado pero tenía efectos jurídicos y canónicos, lo que supuso un problema notable cuando quiso contraer matrimonio con María.

En 1282 se llevó a cabo el matrimonio en Toledo entre María de Molina y el infante Sancho, en pleno proceso de distanciamiento entre éste y su padre, el Rey Alfonso X. La reacción del Papa fue fulminante en contra de la legitimidad de esta boda, tanto por el matrimonio preexistente, como por la propia consanguinidad de los contrayentes, por lo que el papado calificó este matrimonio como incestuoso y de infamia pública.

El enfrentamiento de Sancho con su padre, la reacción vengativa de Gastón de Béarn en favor de su hija, junto con la impugnación del matrimonio manifestada por el Papa, pusieron de manifiesto las dificultades que se habrían de superar para alcanzar la legalización de este enlace que, se vio seguido por la guerra civil que, en 1284, llevaría a Sancho al trono, tras la muerte de su padre Alfonso X.

Desde la boda, María formó parte del grupo de los consejeros íntimos del infante y luego rey Sancho IV, aunque su presencia tuviera que superar las reticencias de otros consejeros. Ejerció un papel decisivo en algunos momentos de este reinado, incrementándose su valor político a partir de la prematura muerte de su marido, convirtiéndose en un personaje clave de la política castellana durante las minorías de Fernando IV y Alfonso XI.

En las distintas ceremonias que tuvieron lugar con motivo del acceso de Sancho IV al trono, el Rey tuvo especial empeño en que se pusiera de manifiesto el papel que María había de ejercer junto a él como reina, lo que dio lugar a que, tanto en las ceremonias de entronización de Ávila, como en las que tuvieron lugar en Toledo en 1284, la reina fuera objeto de expreso acatamiento junto al Rey.

Este ceremonial no aplacaba la inquietud de los Monarcas con relación a la legitimación de su matrimonio, que se convirtió en su flanco más débil de cara a la pacificación del reinando en el que eran muchos los partidarios y los aliados de los infantes de la Cerda que siguieron reivindicando por mucho tiempo sus derechos al trono, haciendo alusión a la falta de legitimidad jurídica y canónica del matrimonio de Sancho y María.

Tras el nacimiento de Isabel, su primera hija, el 6 de diciembre de 1285, nació en Sevilla el primer hijo varón, el futuro Fernando IV, causando gran satisfacción en Sancho que estaba en Badajoz. Ante la inestabilidad política, se aceleraron los trámites para reconocer los derechos de Fernando al trono, por lo que fue jurado heredero del reinando, en Zamora en enero de 1286. El príncipe permaneció en Zamora, bajo los cuidados de Fernán Pérez Ponce, hijo de una hija natural de Alfonso IX, mientras María seguía a su esposo Sancho en los largos desplazamientos que sucedieron.

En 1286 se intensificaron las negociaciones con Francia, cuya alianza era necesaria para Castilla para poder asegurar la paz frente al partido de los infantes de la Cerda, y, sobre todo, para alcanzar la deseada bula de legitimación matrimonial.

El abad de Valladolid, Gómez García de Toledo, era el agente principal del Rey en las negociaciones con el rey francés, Felipe IV. El rey de Francia quería que se anulara el matrimonio con María de Molina para concertar un matrimonio con una princesa francesa, que actuase como garantía de la nueva alianza franco-castellana, ya que el monarca francés tenía gran influencia sobre el Papa.

El abad de Valladolid conocía la radical oposición de Sancho a cualquier acuerdo que exigiera la anulación de su matrimonio. A pesar de todo aceptó tal condición, actuando en secreto para llevar a buen fin el acuerdo que había negociado, sin pleno conocimiento de todos los detalles por parte del rey castellano. Cuando Sancho se encontraba en San Sebastián y el rey francés cerca de Bayona para celebrar la entrevista definitiva que hiciera efectiva la alianza, el rey conoció la condición matrimonial pactada, lo que dio lugar a que tal entrevista entre los Monarcas no llegase a producirse.

Este asunto aceleró la caída política de este privado real, cuyos días en la Corte terminaron tras una pesquisa en la que se concluyó que había tomado una importante cantidad de dinero del Rey bajo el móvil de utilizarlo en la Corte pontificia para la dispensa matrimonial. Este problema fue políticamente determinante de múltiples circunstancias políticas, entre ellas la caída del primer privado de Sancho IV.

Tras la desaparición de la Corte regia del abad de Valladolid, fue elegido Lope Díaz de Haro, casado con Juana, hermana de la reina María. Sin embargo, éste fue uno de los momentos más delicados del reinando de Sancho IV para María de Molina, dada la enemistad que mantenía con Lope, que hizo todo lo posible para fomentar el alejamiento entre la pareja, puesto que Lope siempre se había mostrado partidario de la ruptura matrimonial para favorecer el compromiso del Rey con Guillerma de Moncada. Las disensiones con Sancho IV llevaron al famoso incidente de Alfaro, en 1288, en donde, tras la muerte de Lope y de Diego López de Campos, la intervención personal de la reina salvó la vida del infante Juan, hermano del Rey, cuando éste se disponía a matarle.

Desde que en 1288 fue nombrado Papa, Nicolás IV, de procedencia franciscana, parecieron abrirse nuevas expectativas para la legitimación matrimonial, por los signos de entendimiento entre el Pontífice y el Monarca castellano. En 1289, se envió una embajada de la Corte castellana al Papa, en la que el asunto preferente era la dispensa matrimonial. El 4 de noviembre de 1289 el Papa comunicaba al Rey la imposibilidad de acceder a dicha dispensa, por la multiplicidad de razones canónicas que concurrían en el caso; sin embargo, no se cerraba la puerta a una reconsideración posterior, en un tono que evidenciaba los deseos pontificios de mantener buenas relaciones con la Monarquía castellana.

Mediante la bula Proposita nobis, de 25 de marzo de 1292, poco antes de la muerte de Nicolás IV, Sancho IV y María pudieron avalar la plena legitimidad de su matrimonio gracias a esta bula de dispensa matrimonial. Sin embargo, cinco años más tarde, siendo ya papa Bonifacio VIII, se supo que, en realidad, se trataba de una falsificación. Pero mientras tanto, este texto falsificado permitió acallar durante el resto del reinado el tema del matrimonio ilegítimo.

Desde 1291, la participación directa de la reina en los asuntos políticos de la Corte con su marido se hizo especialmente intensa. Dentro de esta actividad de colaboración, marcó un hito especialmente importante la intervención personal de la reina en la preparación de la campaña para la conquista de Tarifa en 1292.

Tras haberse trasladado la reina a fines de mayo a Sevilla, donde nació en los días siguientes el infante Felipe, se implicó de lleno en todas las actividades relacionadas con la organización y la intendencia de la campaña contra los meriníes, participación que se hizo aún más intensa cuando el Rey estaba presente sobre Tarifa, y Sevilla se convirtió durante todo el verano en la base de aprovisionamiento del ejército bajo el mando de María, hasta que llegó la noticia en septiembre de la toma de la plaza.

Fue a partir de 1293 cuando cabe referirse con propiedad a María de Molina por ser entonces cuando recibió dicho señorío. Tras la muerte de Isabel, esposa de Juan Núñez el Mozo e hija de Blanca, hermanastra de María, Sancho consiguió de ésta la promesa de recibir el señorío de Molina, lo que quedó reflejado en su testamento, dado el 10 de mayo de 1293. A la muerte de Blanca, aquel mismo mes de mayo, el Rey transfirió dicho señorío a María, que tomó posesión inmediatamente del señorío que incluía la villa y alcázar de Molina, en los confines de la frontera de Castilla con el reino de Aragón. Pasando a la historia como María de Molina.

En 1294 la salud del Sancho IV se iba deteriorando y siendo consciente de que no le quedaba mucho de vida, a pesar de tener 36 años, en los meses finales del reinado el protagonismo de la reina en la Corte se hizo cada vez más intenso. La propia reina, en ausencia del Rey, recibió el proyecto de Juan Mathe de Luna de preparar una campaña para tomar Algeciras y así asegurar la reciente conquista de Tarifa, que garantizase definitivamente el control del estrecho de Gibraltar por los castellanos.

En los comienzos de 1295 la Corte se encontraba en Alcalá de Henares, habiendo de ser su último itinerario el que va de Alcalá a Guadalajara, luego a Madrid, donde residió algunos días junto a los dominicos de Santo Domingo el Real, y, finalmente, a Toledo, en cuya catedral el Rey tenía previsto que se ubicase su sepultura.

El agravamiento del Rey durante su estancia en Alcalá de Henares, le llevó a dictar su testamento en presencia de toda la Corte, con el arzobispo de Toledo al frente. En él se encargaba a María la tutoría del futuro Rey, todavía niño, lo que la situaba en la primera escena política, posición que, con breves intervalos, hubo de mantener hasta los momentos finales de su vida.

La situación de María de Molina tras la muerte de su esposo era muy delicada:

  • 1. Debía tutelar a su hijo, de sólo nueve años, tratando de garantizarle el trono, en un contexto propicio para que los partidarios de los de la Cerda reivindicasen sus derechos al trono con el apoyo de un importante conjunto de la nobleza castellana y con unas ciudades que acaban de tomar una opción política definida y coordinada.
  • 2. La falta de legalización de su enlace matrimonial con Sancho seguía utilizándose para restar legitimidad a Fernando para que se convirtiera en sucesor de su padre.
  • 3. Conocedora de las conspiraciones de algunos de los grandes nobles del reino, María apostó desde comienzos del reinado por atraerse el apoyo de los concejos, lo que fundamentaba la confirmación de los fueros y privilegios concejiles y la supresión de la sisa, cantidad pequeña de dinero que una persona toma para sí al manejar el dinero de otra persona.
  • 4. Tomó la iniciativa de convocar las Cortes, que tuvieron lugar en el mismo año de 1295 en Valladolid.
  • 5. El apoyo de las ciudades no era por sí mismo suficiente, por lo que tuvo que llevar a cabo negociaciones con algunos de los personajes más influyentes de la nobleza.
  • 6. Recabó el apoyo de Diego López de Haro, Juan Núñez de Lara y Nuño González, que prestaron homenaje a Fernando en Valladolid, aunque para ello exigieron el pago de 300.000 maravedís, lo que da idea de la inestabilidad de la alianza.
  • 7. Ante la declaración de guerra de Portugal, María promueve la negociación con el rey portugués Dionís, lo que acabó originando el acuerdo de matrimonio entre Constanza de Portugal y Fernando, pero sin que Dionís dejase de pactar con los enemigos de su futuro yerno.
  • 8. Alfonso de la Cerda obtuvo una alianza con Jaime II de Aragón que apoyó en la guerra contra Castilla. Para evitar este enfrentamiento con Aragón se le propuso a la reina María que se casase con el infante Pedro de Aragón, pero ella lo rechazó.
  • 9. Felipe IV de Francia también hizo declaración formal de guerra contra Castilla.

Hasta la mayoría de edad de Fernando, María debió hacer frente a una situación de casi continuada confrontación bélica con quienes querían impedir la llegada de su hijo al trono. El compromiso de Jaime II de Aragón con Alfonso de la Cerda condujo a una larga guerra, cuyo desarrollo se concentró en el territorio murciano.

Por otra parte, el infante Juan, el mismo que había salvado la vida en Alfaro gracias a la intervención de María, fue uno de los rivales más peligrosos a los que debía hacer frente para conservar el trono de su hijo. Con el apoyo de un ejército granadino, se proclamó en León, en 1296, rey de León, Galicia y Sevilla, mientras que Alfonso de la Cerda se proclamó en Sahagún (León) rey de Castilla, Toledo, Córdoba, Murcia y Jaén.

En septiembre de 1297 se alcanzó el acuerdo matrimonial definitivo por el que se habían de unir Fernando IV y Constanza de Portugal, pero Dionís exigió algunas concesiones territoriales castellanas. El importante acuerdo firmado el 5 de septiembre de 1297 suponía la aceptación de los siguientes puntos:

  • 1. Confirmación del compromiso entre Constanza y Fernando,
  • 2. Compromiso de Beatriz, con el príncipe Alfonso, heredero de Portugal,
  • 3. Entrega por parte de Castilla de un gran número de villas y fortalezas fronterizas, recibiendo a cambio las de Arocena y Aroche (Huelva).
  • 4. Compromiso de carácter eclesiástico, por el que se establecía un convenio de mutuo apoyo entre las Iglesias de Castilla y Portugal para la defensa de sus derechos y libertades.

En las Cortes convocadas por María de Molina en Valladolid, en 1298, se trató de hacer frente a los múltiples problemas del reinado, y quedó evidente que la reina basaba la mayor parte de su fuerza contra sus oponentes en el respaldo que recibía de los concejos y de sus activas hermandades. Volvió a convocar Cortes en 1299 para atender a las demandas de los concejos y conseguir el apoyo de éstos para el necesario pago de soldadas.

Las Hermandades en la Edad Media eran las reuniones de personas, ciudades o entidades sociales, ligadas por un juramento de fidelidad y ayuda mutua en defensa de unos intereses comunes. Surgían por iniciativa de los estamentos nobles, eclesiásticos o de las ciudades y su unión se constituía sin la autorización real, en ocasiones incluso contra su voluntad, aunque generalmente eran toleradas e incluso promovidas por los propios monarcas.

El 26 de junio 1300 se consiguió la reconciliación con el infante Juan en Valladolid, siendo el contexto más favorable desde la muerte de Sancho IV en el camino hacia el trono de su hijo Fernando y estando más reforzada su posición como tutora.

La situación más conflictiva era la presencia del ejército aragonés en Murcia, en su apoyo a Alfonso de la Cerda, lo que situaba al reino de Murcia bajo el control aragonés, mediante la alianza entre Jaime II y el rey granadino Muhammad II. Esta situación se mantuvo hasta el tratado de Torrellas (Zaragoza), en 1304.

Las nuevas Cortes convocadas en Burgos y Zamora en 1301 daban testimonio de las continuas necesidades financieras de la reina. Además se preocupaba por la legitimación de su matrimonio, pensando que pudiera afectar a la legitimación de su hijo Fernando en el momento de acceder al trono. Tras conseguir la ayuda económica de las Cortes, la reina demandó la legitimación pontificia después de que Bonifacio VIII hubiera declarado el 21 de marzo de 1297 el carácter de falsificación de la dispensa obtenida de Nicolás IV.

El 6 de septiembre de 1301 fue concedida la bula mediante la que Bonifacio VIII legitimó la descendencia del matrimonio entre Sancho IV y María de Molina, a la vez que en otra bula, diez días posterior, el Papa manifestaba su voluntad de mediar en la reconciliación entre Fernando y Alfonso de la Cerda, nombrando como mediadores al obispo de Sigüenza y al arzobispo de Toledo. El arzobispo de Toledo, Gonzalo Díaz Palomeque, fue el personaje decisivo para obtener la bula de legitimación, justo antes del reconocimiento de la mayoría de edad del príncipe Fernando.

El 6 de diciembre de 1301 Fernando IV, cumplidos los dieciséis años, era proclamado mayor de edad, mientras los nobles más influyentes tomaron posiciones en la Corte, influyendo sobre el nuevo Rey para apartarlo de su madre. A María de Molina se le pidieron cuentas de su período como tutora y se le obligó a entregar las joyas recibidas de su marido. El joven Fernando, al acceder a estas exigencias de los nobles, mostró gran debilidad y ningún reconocimiento hacia su madre por conservarle el trono, durante su difícil minoría de edad.

María tuvo una gran talla política al actuar como conciliadora entre todos los intereses, propiciando la celebración de las Cortes de Medina del Campo, como instrumento de concordia en el inicio de reinado. María hasta el año 1304 fue el nexo de negociación entre Castilla, Aragón y Portugal y los intereses de los principales grupos nobiliarios y de las hermandades concejiles.

En 1308, la salud de María se deterioró y decidió hacer testamento con numerosas disposiciones espirituales y materiales. Pero superó la enfermedad, teniendo que hacer frente a la muerte de su propio hijo, el Rey, que tuvo lugar el 7 de septiembre de 1312, y un año después falleció, su nuera, la reina Constanza, el 18 -11 – 1313.

El problema de la tutoría se planteó de nuevo, como sucediera a la muerte de Sancho IV, dando lugar a nuevas divisiones nobiliarias y a la toma de posición de los concejos. Además de María de Molina, fueron personajes decisivos en este contexto el infante Juan, don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara y el propio hijo de Sancho IV y María, el infante Pedro, que se situó próximo a la posición de su madre frente al resto de los personajes. María de Molina intentó actuar como pacificadora en un nuevo contexto de conspiración nobiliaria al que tuvo que volver a hacer frente.

Siguiendo las Siete Partidas, se debía encontrar una fórmula, con uno, tres o cinco tutores, que permitiese desbloquear la situación. Para ello se reunieron las Cortes en Palencia en abril de 1313. Sin embargo, el resultado fue la división. Mientras, los concejos de Castilla, León, Galicia y Asturias favorecían la opción encabezada por el infante Juan; Toledo y Andalucía, se mostraron proclives al infante Pedro y a María. La inesperada muerte de la reina Constanza, con cuya posición contaban los partidarios del infante Juan, obligó a nuevas negociaciones.

El resultado de estas negociaciones fue el convenio de Palazuelos, en agosto de 1314, donde se definía la función de tutor a favor de los infantes Pedro, Juan y la propia María, a quien se le daba especial reconocimiento sobre el cuidado personal de su nieto. En septiembre de 1314 el obispo de Ávila le entregó al rey Alfonso a María, que se estableció con su nieto en Toro.

La situación era complicada. Las Cortes se reunieron en Burgos en 1315 dando lugar a la constitución de una hermandad formada por 96 villas y 99 higaldos, para ponerse a salvo de posibles excesos de los tutores. En las Cortes de Carrión de 1317, se haría especial alusión al cuidado del Rey, tratando de garantizar la presencia junto al Rey de representantes de las ciudades y de los hidalgos, lo que limitaba la función de María en la educación de su nieto Alfonso.

La muerte de los infantes Pedro y Juan en plena campaña contra los moros de Granada en el verano de 1319 hacía planear la sombra de la anarquía sobre el reino castellano-leonés.

El hijo del infante Juan, Juan el Tuerto, don Juan Manuel, y Felipe, hijo de María y Sancho IV, aspiraban a la tutoría y María de nuevo tuvo que apaciguar las ambiciones de estos personajes. Las mediaciones de María con unos y otros fracasaron, teniendo lugar en la primavera de 1320 distintos enfrentamientos entre los partidarios de los tres aspirantes al control del reino que, a su vez, trazaron sus propias alianzas dentro y fuera del reino.

Ante tal caos, María fue reconocida por todos como tutora legítima. La situación era incontrolable y recurrió a la mediación pontificia, a la vez que convocó Cortes. María recibió en Valladolid al enviado pontificio, el cardenal de Santa Sabina, a principios de 1321. La salud de la reina tutora estaba muy mermada, por lo que dio testamento el 29 de junio de 1321, ante el escribano de Valladolid y falleciendo el 1 de julio. Su nieto, el futuro Alfonso XI, contaba diez años. Fue enterrada, de acuerdo con sus designios, en Santa María la Real, también conocido como Las Huelgas de Valladolid, monasterio cisterciense que había fundado ella misma.

María de Molina y Sancho IV tuvieron siete hijos:

1. Isabel,

2. Fernando IV

3. Alfonso (muerto a los cinco años),

4. Enrique (muerto a los once años),

5. Pedro,

6. Felipe y

7. Beatriz

María de Molina fue la reina que reinó tres veces:

1. Reina consorte, con Sancho IV

2. Reina-madre tutora, con Fernando IV

3. Reina-abuela tutora, con Alfonso XI

Fue la reina conciliadora y una figura clave en la historia de Castila y León. Se la recordará como la reina que fue muy amada por su esposo, Sancho IV, y que supo buscar soluciones a los conflictos a través de la mediación y el acuerdo, aún en los contextos de máxima confrontación.

 

MARÍA DE MOLINA PRESENTA A SU HIJO FERNANDO IV

Óleo sobre lienzo. 1863. Congreso de los Diputados, Madrid.

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Antonio Gisbert Pérez (Alcoy, 1834 – París, 27-11-1901) fue un pintor español que trabajó la temática histórica, en la época de transición entre el romanticismo y el realismo.

Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y, posteriormente, en las ciudades de Roma y París. Fue director del Museo del Prado entre los años 1868 y 1873 y representa una tendencia pictórica de la segunda mitad del siglo XIX. Es la pintura de Historia, que pretende representar con realismo hechos del pasado histórico nacional.

El cuadro le fue encargado a Antonio Gisbert a finales de diciembre de 1860 o principios de 1861 por el gobierno español para decorar la cabecera del Salón de Sesiones del Congreso de los Diputados Al mismo tiempo se encargaba a José Casado del Alisal el lienzo titulado El juramento de las Cortes de Cádiz de 1810, destinado a decorar el mismo lugar.

En 1863 el Estado español adquirió el lienzo de Gisbert y para recompensarle por su trabajo fue nombrado comendador de número de la Orden de Isabel la Católica por Real Orden de 13 de noviembre de 1863, al igual que Casado del Alisal, que también lo fue dos días antes que Gisbert.

Esta pintura narra un hecho histórico de gran trascendencia, ya que el 25 de abril de 1295 falleció el rey Sancho IV de Castilla y León en la ciudad de Toledo y fue sepultado en la Catedral de Toledo, dejando como heredero del trono a su hijo el infante Fernando.

María de Molina fue la encargada de ejercer la tutoría de su hijo, que sólo contaba con nueve años de edad. La ilegitimidad de Fernando IV, debida al matrimonio sin bula pontificia de sus padres, hizo que la reina tuviera que afrontar numerosos problemas para conseguir la permaneciera de su hijo en el trono de Castilla y León.

En las Cortes de Valladolid de 1295, el infante Enrique de Castilla fue nombrado tutor del rey, pero la reina María de Molina consiguió mediante el apoyo de las ciudades con voto en Cortes que la custodia de su hijo le fuera confiada a ella. Mientras se celebraban las Cortes de Valladolid de 1295, el infante Juan de Castilla presionó al rey Dionisio I de Portugal para que declarase la guerra a la Corona de Castilla y, al mismo tiempo, para que apoyase sus pretensiones al trono castellano.

En esta pintura, María de Molina presenta a su hijo Fernando IV como legítimo heredero en las Cortes de Valladolid de 1295. En el verano de 1295, concluidas las Cortes de Valladolid, la reina y el infante Enrique se entrevistaron en Ciudad Rodrigo con el rey Don Dionís de Portugal, al que la reina entregó varias plazas situadas junto a la frontera portuguesa. En la entrevista de Ciudad Rodrigo se acordó que Fernando IV contraería matrimonio con la infanta Constanza de Portugal, hija del rey de Portugal, y que la infanta Beatriz de Castilla, hermana de Fernando IV, se casaría con el infante Alfonso, heredero del trono portugués.

A Diego López de Haro se le confirmó el señorío de Vizcaya, y al infante Juan, que aceptó como soberano a Fernando IV se le restituyeron sus propiedades. Poco después, Jaime II de Aragón devolvió a la infanta Isabel a la Corte castellana, sin haberse desposado con ella, y declaró la guerra al reino de Castilla y León.

 

BIBLIOGRAFÍA

Real Academia de la Historia

turismocastillayleon.com

Bibl.: E. Flórez, Memorias de las reynas católicas, II, Madrid, Antonio Marín, 1761, págs. 534-567 y 586-591;

M. Gaibrois de Ballesteros, Tarifa y la política de Sancho IV de Castilla, Madrid, Real Academia de la Historia, 1920 (tirada aparte del Boletín de la Real Academia de la Historia, vols. LXXIV a LXXVII);

Historia del reinado de Sancho IV de Castilla, Madrid, Espasa Calpe, 1922-1928, 3 vols.;

E. Jaffe y H. Finke, “La dispensa de matrimonio falsificada para el rey Sancho IV y María de Molina”, en Anuario de Historia del Derecho Español, IV (1927), págs. 298-318;

M. Gaibrois de Ballesteros, María de Molina, tres veces reina, Madrid, Espasa Calpe, 1936;

J. M. Nieto Soria, Iglesia y poder real en Castilla. El episcopado (1250-1350), Madrid, Universidad Complutense, 1988;

J. Sánchez-Arcilla Bernal, Alfonso XI, Madrid, Palencia, Diputación Provincial, La Olmeda, 1995;

R. del Valle Curieses, María de Molina: el soberano ejercicio de la concordia, 1260-1321, Madrid, Alderabán, 2000;

A. Arteaga y del Alcázar, Tres coronas medievales, Madrid, 2004;

“Historia Azul: María de Molina: La mujer que reinó tres veces”, en Clío Revista de Historia, 2004, págs. 64-

Fotografías de la pintura de Gisbert tomadas de Internet.

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La Epifania, Adoracion de los Reyes Magos

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

LA EPIFANÍA, ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS

 

La RAE proporciona dos definiciones sobre el término Epifanía. La primera se refiere a ella como una manifestación, aparición o revelación; y la segunda es la festividad que celebra la Iglesia católica el día 6 de enero, en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos.

En el Génesis, Dios prometió a Adán y Eva que nacería un libertador que redimiría a la humanidad y los profetas anunciaron su nacimiento con detalle.

 

NATIVIDAD. ADORACIÓN DE SU MADRE Y LOS ÁNGELES

Durante el Reinado de Herodes El Grande, María y José tuvieron que acatar la orden del emperador Augusto que decía que todos los súbditos del Imperio romano debían inscribirse en el pueblo de donde cada uno era originario.

Para cumplir este mandato María y José fueron a Belén, teniendo que alojarse en un establo debido a su pobreza. Allí tuvo lugar el nacimiento de Jesús.

La Natividad fue representada de forma diversa por la tradición bizantina y la occidental.

En Bizancio la Virgen aparece recostada, agotada por los esfuerzos del alumbramiento, y asistida por comadronas.

A partir del siglo XV la escena se convirtió en una Adoración del Niño Jesús, en la que la Madre figura arrodillada, orando ante el recién nacido que irradia luz y puede estar acompañada por ángeles.

Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega, Burgos, en 1170, y murió en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados en 1221. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, le canonizó.

En 1216 fundó la Orden de Frailes Predicadores, conocida en su honor como Dominicos. Visten un hábito blanco, como una vida que empieza, que se cubre con capa negra como la muerte, así la vida con sus promesas y la muerte con sus abismos van de la mano.

Fra Angélico, en esta Natividad del convento de San Marcos, pinta al Niño Jesús en el centro compositivo con el nimbo crucífero, como símbolo del martirio de su muerte, entre la Virgen y San José. También aparecen adorando a Jesús Santo Domingo de Guzmán, y Santa Margarita de Hungría, una de las primeras religiosas de la Orden. Ambos santos nacieron en el siglo XIII.

Florencia 2018 - Museo de San Marcos - Celdas - Natividad con Dominico - Fra Angelico - c. 1439-44

MUSEO DE SAN MARCOS, FLORENCIA. CELDAS.

NATIVIDAD. FRA ANGÉLICO. C. 1439-44


ADORACIÓN DE LOS PASTORES,
EL PUEBLO JUDÍO

 

Un ángel se apareció a los pastores para comunicarles que había nacido Jesús, el rey de los judíos. Ante lo sucedido se asustaron, pero el ángel les tranquilizó.

Florencia 2018 - Iglesia de la Santisima Trinidad - La adoración de los Pastores - Ghirlandaio - 1485

IGLESIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, FLORENCIA.

LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES. GHIRLANDAIO. C. 1485


Les dijo que acababa de nacer el Salvador y que le encontrarían en un pesebre envuelto en pañales. Los pastores fueron a Belén para adorar al Niño y ofrecerle unos presentes, después volvieron y lo contaron.

En este tema hay dos iconografías: La Anunciación a los pastores y la Adoración del Niño, que puede estar desnudo o fajado.

Suelen ser 2 ó 3 pastores, incorporándose unas pastoras a partir del siglo XVII, ofreciendo humildes presentes: un cordero, un cayado, etc. En general es una escena nocturna, aunque en esta pintura es diurna.

El Concilio de Trento la hizo más austera, incorporando en algunas ocasiones la figura del buen pastor y recuperando la solemnidad de los ángeles músicos.

Georges de La Tour en la adoración del Louvre (1644) presenta una imagen intimista. José porta una vela que iluminan a María y al Niño, que duerme fajado sobre paja irradiando luz.

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MUSEO DEL LOUVRE, PARÍS. LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES. 1644. GEORGES DE LA TOUR

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS, UNIVERSALIDAD

Los Reyes Magos interpretaron la aparición de una estrella en Oriente como el anuncio del nacimiento del libertador de Israel y decidieron seguirla para rendirle homenaje.

En Jerusalén preguntaron donde se encontraba el rey de los judíos que acababa de nacer, lo que causó gran preocupación al rey Herodes, quien les pidió que cuando encontraran al Niño se lo comunicaran.

Dios en sueños les ordenó que no volvieran a Herodes. Guiados por la estrella encontraron a Jesús y le entregaron oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre.

Le ofrecen oro porque es el rey de los judíos. Incienso porque es el Hijo de Dios y mirra, que es un aceite esencial que se utiliza en perfumería y medicina natural, en alusión a la terrible pasión que va a sufrir como hombre, recordando desde su nacimiento que su misión es salvar a la Humanidad del Pecado Original cometido por Adán y Eva.

En la biblia se habla de los magos venidos de Oriente, pero no se especifica su número, por lo tanto su representación variaba mucho. En el Románico es frecuente encontrar solo uno.

En el siglo XII se decidió establecer el número de 3 reyes magos:

·        Se identifican con los 3 continentes conocidos: Europa, Asia y África,

·        Con las 3 personas de la Trinidad,  

·        Con las tres edades del hombre (joven, maduro y anciano).

De esta manera queda patente que el ser humano debe adorar a Dios a los largo de toda su vida: en la juventud, la madurez y la tercera edad. Melchor es el mago de mayor edad, Gaspar representa la madurez y Baltasar la juventud.

Con el descubrimiento de nuevos continentes y nuevas razas este concepto de universalidad parecía que sólo afectaba al hombre blanco, de este modo se decidió incluir a un rey de otra raza.

El rey negro aparecerá  a finales del siglo XV y principios del XVI para simbolizar que el hombre en todas sus edades y en todas sus razas debe adorar a Dios.

La Adoración de los Magos - Giotto - Capilla Scrovegni - Padua - c. 1302-05

CAPILLA SCROVEGNI, PADUA. LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS. C. 1302-05. GIOTTO

 

Florencia 2018 - Museo de San Marcos - Epifania - Celda de Cosme el viejo - Fra Angelico - c. 1450

MUSEO DE SAN MARCOS, FLORENCIA EPIFANÍA. CELDA DE COSME DE MEDICI.

FRA ANGÉLICO. C. 1450

Hasta ese momento los 3 magos eran blancos, como puede apreciarse en las pinturas del románico y el gótico, e incluso en el mapa de Juan de la Cosa de 1500, que se conserva en el Museo Naval de Madrid.

Evidentemente, si los Magos vienen de Oriente no puede haber uno de color negro, pero lo que se pretende es dar un concepto de universalidad al tema.

De este modo queda patente que todos los seres humanos, en cualquiera de sus edades, y de cualquier raza y color deben adorar a Dios para alcanzar la salvación de su alma.

MNAC.Barcelona_-_Romànic.Fontal_d'Avià

FRONTAL DEL ALTAR DE SANTA MARIA DE AVIA, C. 1200. ANONIMO. BARCELONA

El frontal de altar de la Iglesia de Santa María de Aviá, en la provincia de Barcelona (España), actualmente se expone en el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña), siendo sustituido en la iglesia por una réplica. Su datación está en torno al año 1200. ​

Está pintado sobre madera de ébano con temple. Se divide en cinco registros, ocupando el centro compositivo la Virgen y el Niño. El resto de las escenas representan: la Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Epifanía y la presentación de Jesús en el templo.

frontal de altar de Avia c. 1200

DETALLE DE LOS REYES MAGOS. FRONTAL DEL ALTAR DE SANTA MARIA DE AVIA, C. 1200.

ANONIMO. BARCELONA

Velázquez - Adoración de los Reyes - Museo del Prado -1619

MUSEO DEL PRADO, MADRID. ADORACIÓN DE LOS MAGOS. 1620. VELÁZQUEZ

La iconografía de la Epifanía fue tomada del arte bizantino, donde se sitúa a la Virgen en majestad, sentada en un trono, presentando a Jesús a los Magos, que avanzan en procesión hasta él.

Epifanía, significa manifestación de una cosa. En ella los Magos se arrodillan ante el Niño, entregan sus ofrendas o besan su pie y portan bandejas y valiosos objetos de orfebrería.

En muchas obras de arte se representa el tema de la Epifanía, pero una de las más famosas es el cortejo de los Reyes Magos del palacio Medici-Riccardi, Florencia.

Todos los años se celebraba en Florencia el cortejo de los Reyes Magos, un desfile festivo en el que participaba toda la ciudad. En su preparación se invertían meses y servía para ilusionar al pueblo, compensándole de su duro trabajo diario.

Benozzo Gozzoli pintó al fresco entre 1459-61 para la capilla del palacio Médici-Riccardi este tema, en el que aparecen los miembros de la familia Medici y otros personajes principales de la Florencia del momento:

·        El autorretrato discreto en un plano medio del pintor, Benozzo Gozzoli, recordando que estamos en el Renacimiento, época en la que se recupera el antropocentrismo de la cultura griega y en la que volvemos a identificar al autor con su obra y además el artista se incluye en la misma.

·        Cosme de Medici a lomos de un asno, al igual que Jesús entró triunfante en Jerusalén en un asno,

·        Su hijo y sucesor, Piero de Médici, a su lado como padre del gran Lorenzo el Magnífico,

·        El jovencísimo Lorenzo el Magnífico (1-1-1449/8-4-1492) que contaba unos 12 años, es el protagonista principal como siguiente dirigente de la familia Médici. Aparece en un bellísimo e idealizado retrato ecuestre, como corresponde a la vuelta a la belleza ideal del mundo clásico en el Renacimiento.

Esta pequeña capilla es el Santa Santorum del palacio Medici, donde la familia rezaba en la intimidad.

Florencia 2018 - Palacio Medici Riccardi - Capilla de los Reyes Magos - Benozzo Gozzoli - 1459-61

PALACIO MEDICI-RICCARDI, FLORENCIA. CAPILLA DE LOS REYES MAGOS

(COSME Y PIERO DE MEDICI. AUTORRETRATO DE GOZZOLI). 1459-61. BENOZZO GOZZOLI

Florencia 2018 - Palacio Medici Riccardi - Capilla de los Reyes Magos (Cosme y Piero de Medici. Autorretrato de Gozzoli) - Benozzo Gozzoli - 1459-61

DETALLES DEL FRESCO PRINCIPAL

Florencia 2018 - Palacio Medici Riccardi - Capilla de los Reyes Magos (Lorenzo el Magnífico) - Benozzo Gozzoli - 1459-61

PALACIO MEDICI-RICCARDI, FLORENCIA

CAPILLA DE LOS REYES MAGOS (LORENZO EL MAGNÍFICO). 1459-61. BENOZZO GOZZOLI

DÉCIMOS DE LOTERÍA

La Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado tiene por costumbre decorar los décimos de Navidad y “el Niño” con obras relativas a la temática tratada en este artículo.

La Adoración de los Reyes Magos - Siglos XIII-XIV - Capilla de San Martiín - Catedral Vieja de Salamanca

CATEDRAL VIEJA DE SALAMANCA. CAPILLA DE SAN MARTIN. 

LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS – SIGLOS XIII-XIV

NAVIDAD - Adoracion de los pastores - decimo - 2017-12-22

MUSEO NACIONAL DEL PRADO. BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO. OLEO c. 1650.

ADORACIÓN DE LOS PASTORES

2020-12-22---decimo---adoración-de-los-magos---El-Bosco

MUSEO NACIONAL DEL PRADO. EL BOSCO. OLEO SOBRE TABLA. 1485-1500

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS. TABLA CENTRAL DEL TRIPTICO

AGRADECIMIENTOS

Todas las fotografías de Florencia han sido tomadas por mi marido, D. Eduardo Benito Sobrino, en el viaje cultural realizado en septiembre de 2018.

Agradecemos el resto de las fotografías a: es.wikipedia.org

NOTA:

La documentación ha sido elaborada para mis clases y viajes el 3 de enero de 2019 y revisada el 6 de enero de 2021.

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Hefesto (Vulcano romano) – Dios del fuego

 

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

 
 

HEFESTO (VULCANO ROMANO)

DIOS DEL FUEGO

Hijo de Zeus y Hera es el dios del Fuego, el dios Herrero.

A veces se dice que Hera le engendró sola, despechada por el nacimiento de Atenea, que Zeus había traído al mundo sin la intervención de una mujer.

Hefesto es un dios cojo y hay varias versiones que explican este defecto.

La Ilíada dice que en una disputa entre Zeus y Hera acerca de Heracles, Hefesto defendió a su madre y Zeus le cogió por un pie y le precipitó fuera del Olimpo.

Hefesto estuvo cayendo un día entero, hasta que al atardecer dio en la tierra en la Isla de Lemnos y quedó cojo para siempre.

La Ilíada también cuenta que era cojo de nacimiento y Hera, que se avergonzaba de él, le arrojó desde lo alto del Olimpo, cayendo en el Océano, donde fue recogido por la titánide Tetis, que le crió durante 9 años en una gruta submarina.

En estos años forjó y fabricó numerosas joyas para ella y le estuvo muy agradecido.

Para vengarse de su madre, Hefesto fabricó en secreto un trono de oro, en el que unas cadenas sujetaban al que se sentase en él, y se lo envió a Hera, quien se sentó imprudentemente y quedó atada sin posibilidad de librarse de sus ataduras.

Sólo Hefesto sabía el secreto para soltarla y se encargó a Dionisos, que gozaba de su confianza, la misión de ir en su busca y para convencerle le embriagó. Hefesto entró en el Olimpo montado en un asno y allí desató a Hera.

Hefesto es el dios de los metales y la metalurgia.

Reinaba sobre los volcanes, que son sus talleres, y en ellos trabaja con los cíclopes, que son sus ayudantes.

A su taller acude Tetis para que forje las armas de Aquiles.

Hefesto es entre los dioses, lo que Dédalo entre los mortales, un genio e inventor para quien ningún milagro técnico resulta imposible.

Es el dios herrero, el dios del Fuego y forja los rayos de Zeus, el tridente de Posidón, las flechas de Artemisa, etc.

Sus atributos son el yunque, el martillo y las tenazas.

Participó en el nacimiento de Pandora, cuyo cuerpo modeló con barro.

En el nacimiento de Atenea, abrió con un hacha la cabeza de Zeus.

Físicamente deforme se le atribuyen mujeres de gran belleza: Cárite, la Gracia por excelencia o Áglae, la más joven de las Gracias, su  esposa Afrodita e incluso intentó una relación fallida con Atenea.

Erictonio es uno de los primeros reyes de Atenas y nació de la pasión de Hefesto por Atenea. La diosa fue al taller de Hefesto a encargarle unas armas y el dios se enamoró de ella.

Atenea le rechazó y huyó, pero Hefesto la persiguió y la alcanzó.

En el forcejeo amoroso se humedeció la pierna de la diosa, que asqueada, se secó esta inmundicia con lana y la arrojó al suelo. La tierra, así fecundada, dio como fruto un niño, que Atenea recogió y llamó Erictonio (lana y suelo).

Atenea introdujo a Erictonio en una cesta y le educó en la Acrópolis, en el recinto sagrado de su templo, Más tarde Cécrope le traspasó el poder. Su nieto fue Erecteo.

Se le atribuyen la invención de la cuadriga y la organización las Panateneas, la festividad de Atenea en la Acrópolis.

 

VELÁZQUEZ. LA FRAGUA DE VULCANO. MUSEO DEL PRADO

1630. Óleo sobre lienzo, 223 x 290 cm.

La Fragua de Vulcano plasma un instante: el impacto de una sorprendente noticia, la infidelidad de Venus con Marte.

Este tema mitológico, Velázquez le complementa con un tema de historia sagrada, La túnica de José, perteneciente al Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial (Patrimonio Nacional).

Ovidio en las Metamorfosis (IV) narra que Apolo, el dios del Sol, fue al taller del herrero del Olimpo, Vulcano, para darle la humillante noticia de que su esposa, Venus, estaba cometiendo adulterio con el dios guerrero Marte.

Velázquez representa ese momento como si se tratara de una instantánea fotográfica, adelantándose 200 años al nacimiento de la fotografía.

La reacción de Vulcano, el marido engañado y de sus ayudantes en la fragua, los cíclopes, a quienes el pintor otorga un segundo ojo y forma humana, son el tema central de la obra.

La escena tiene un tratamiento cercano y realista de la fábula de Ovidio, sin humillar al marido ultrajado, y potenciando el costumbrismo.

Apolo Helios, tocado con corona de laurel y túnica naranja, visita la fragua y le revela al dios el adulterio de su esposa con Marte, lo que provoca sorpresa y diversas reacciones entre los presentes.

Al igual que en “La túnica de José”, Velázquez capta un momento de gran tensión emocional que le permite plasmar diversas actitudes y gestos.

Frente a Los borrachos, su única incursión en el mito clásico antes de viajar a Italia, La fragua plasma a todos los personajes pendientes del mensajero y conecta sus reacciones, haciéndolos actuar entre sí.

Los modelos del natural, repetidos en ambos cuadros, siguen la estatuaria clásica.

Los análisis técnicos han revelado el uso de una base gris distinta a la capa marrón rojiza utilizada hasta entonces por Velázquez. Esta innovación responde al deseo de producir una impresión general más clara, semejante a la que pudo apreciar en los cuadros de Reni o Guercino en su viaje a Italia.

Las radiografías muestran que Velázquez modificó las cabezas de Vulcano y uno de sus ayudantes, intensificando la sorpresa y enfado del esposo.

En esta fábula y su pareja bíblica, los críticos han encontrado un sentido unitario para ambas:

1.   El efecto de los celos y el engaño

2.   La contraposición de Apolo, con el herrero Vulcano y sus ayudantes.

 

La fragua de Vulcano VELÁZQUEZ. 1630. FRAGUA DE VULCANO. MUSEO DEL PRADO

 

Velázquez, durante toda su trayectoria artística, defendió la nobleza de la pintura sobre los oficios mecánicos y manuales.

La pintura requiere una idea, un trabajo intelectual y una reflexión mental, aunque luego se plasme de forma manual con el lienzo y el pincel.

(Texto extractado de Portús, J. en: Fábulas de Velázquez. Mitología e Historia Sagrada en el Siglo de Oro, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 317)

 

LOS CÍCLOPES

Los mitógrafos antiguos distinguían 3 tipos de cíclopes:

1.   Los Uranios, hijos de Urano y Gea (Cielo y Tierra).

2.   Los cíclopes sicilianos, compañeros de Polifemo, que intervienen en la Odisea.

3.   Los cíclopes constructores.

Los cíclopes uranianos pertenecen a la primera generación divina, la de los Gigantes que tienen un solo ojo en medio de la frente y se caracterizan por la fuerza y su habilidad manual.

Son tres: Brontes, Estéropes y Arges, cuyos nombres recuerdan los del Trueno, el Relámpago y el Rayo.

Los cíclopes tienen una larga historia en el Tártaro.

Primero fueron encadenados por Urano allí, después fueron liberados por Crono, para posteriormente volver a ser encadenados en el Tártaro por él, hasta que Zeus, advertido por un oráculo de que sólo conseguiría la victoria con su ayuda los libera definitivamente.

Como recompensa por su ayuda, los cíclopes le entregaron a Zeus el Trueno, el Relámpago y el Rayo.

A Hades le dieron un casco que le hacía invisible y a Posidón un tridente.

Con estas armas los dioses del Olimpo vencieron a los Titanes y los precipitaron al Tártaro.

En la poesía alejandrina los cíclopes forjan las flechas de los hermanos gemelos, Apolo y Artemisa, bajo la supervisión de Vulcano.

El fuego de su fragua da un tinte rojo, al atardecer, a la cima del Etna.

En la Odisea los cíclopes eran considerados seres salvajes y gigantescos. Dotados de un solo ojo y de gran fuerza, que vivían en la costa de los campos Flegreos, cerca de Nápoles, y se dedicaban a criar rebaños de carneros.

Vivían en cavernas, tenían tendencias antropófagas y no conocían el vino.

Se atribuía a los Cíclopes la construcción de los monumentos prehistóricos de Grecia y Sicilia y otros lugares formados por enormes bloques de piedra, cuyo peso desafiaba la fuerza humana.

Los cíclopes eran hermanos de los Hecatonquiros, gigantes de 100 brazos, según Hesiodo.

 

AFRODITA Y ARES

Afrodita se casó con Hefesto, el dios cojo, pero amaba a Ares, dios de la guerra.

Homero cuenta como de madrugada fueron sorprendidos los amantes Afrodita y Ares por el dios Sol, quien acudió a contar la traición a Hefesto.

Hefesto (Vulcano) preparó una trampa que consistía en una red mágica que él sólo podía accionar.

Una noche, en la que los amantes se encontraban en el lecho de Afrodita, Hefesto lanzó la red sobre ellos y llamó a todos los dioses del Olimpo, causando el espectáculo gran regocijo.

Por ruego de Poseidón, Hefesto retiró la red. Afrodita escapó avergonzada a Chipre y Ares se marchó a Tracia.

De los amores de Ares y Afrodita nacieron Eros y Anteros, Deimo y Fobo (el Terror y el Temor) y Harmonía, esposa de Cadmo en Tebas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Pierre Grimal. Diccionario de Mitología Griega y Romana. Paidos.

http://www.museodelprado.es

maitearte.wordpress.com

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