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Jaime I El Conquistador

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Jaime I El Conquistador (1208 – 1276)

(Montpellier, Francia, 2.II.1208 – Valencia, 26.VII.1276)

Monumento a Jaime I (Valencia)

Jaime I. Escultura en el Parterre de Valencia

Rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.

Jaime I era hijo de Pedro II de Aragón y de María de Montpellier. Su infancia fue muy difícil, porque su padre abandonó a la reina María y también al propio Jaime, envuelto por las guerras en el Midi francés, donde el rey Pedro II halló la muerte en 1213. Jaime I heredó la bancarrota financiera que dejó su padre, Pedro II, y los enfrentamientos con los nobles.

Jaime sufrió un atentado en su propia cuna, como el héroe griego Heracles. Su reinado se inició en su minoría bajo la protección del papa Inocencio III. Desde 1215 fue confiado a la Orden del Temple, según las disposiciones testamentarias de su madre, la reina María.

Jaime I se casó el 6 de enero de 1221 con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor de Inglaterra, a punto de cumplir 13 años. El matrimonio fue anulado por la Iglesia, a petición del propio Jaime, por razones de parentesco, cuando el rey cumplió veintidós años y tenía ya un hijo, Alfonso, muerto en 1260.

Su segundo matrimonio se celebró en Barcelona el 8 de septiembre de 1235, a los 27 años, con Violante, hija de Andrés II de Hungría, que murió en Huesca, el 12 de octubre de 1251.

Tuvieron cuatro hijos y cinco hijas: Pedro III, el sucesor al Trono; Jaime, que reinaría en Mallorca; Fernando, que murió en vida del padre; y Sancho, abad de Valladolid y arzobispo de Toledo, falleciendo en 1275 prisionero de los moros granadinos.

Las hijas fueron: Violante, que casó con Alfonso X de Castilla; Constanza, casada con el infante castellano don Manuel, hijo de Fernando III; María, que profesó monja; Sancha, que murió como peregrina en Tierra Santa; e Isabel, casada en 1262 con Felipe III de Francia.

Jaime I partió sus reinos entre sus hijos. Hizo 4 testamentos con 4 repartos diferentes. En el último, de 1262, legó a Pedro Aragón, Cataluña y Valencia y a Jaime, las Baleares, Rosellón y Cerdaña.

Tras la muerte de Violante, el rey tuvo múltiples amoríos. Se casó con Teresa y de este matrimonio nació Jaime, señor de Jérica, y Pedro, señor de Eyerbe. De las relaciones amorosas con Blanca de Antillón nació Fernán Sánchez, al que entregó la baronía de Castro. Con Berenguela Fernández tuvo a Pedro Fernández, señor de la baronía de Híjar, mientras que con Berenguela Alfonso, hija del infante Alfonso de Molina, no tuvo descendencia. Sus bastardos fueron el origen de las más importantes casas nobiliarias de Aragón y Valencia.

Jaime I fue un monarca de fuerte personalidad, como se refleja en su propia Crónica. Era un personaje de considerable estatura, de presencia caballeresca y de cabello rubio. Entre sus cualidades sobresalen dos: su generosidad y su palabra.

Su educación le puso al servicio de la cristiandad contra el islam y transformó muchas mezquitas en iglesias o templos consagrados a la Virgen María.

Su valentía se plasmó en el episodio de sacarse él mismo la flecha que le atravesó el hueso del cráneo. Su sensibilidad quedo reflejada en las lágrimas derramadas al conquistar Valencia. En su leyenda negra figura cortarle la lengua al obispo de Gerona y ser muy mujeriego, incluso en vísperas de su muerte.

A partir de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, se produjo la fragmentación del poder almohade, propiciando en las décadas siguientes el avance de los reinos cristianos hacia el sur.

Desde 1228 Jaime I intentaba recuperar el prestigio de la Corona, en una empresa militar colectiva que beneficiara a todos, con el monarca como motor y cabeza de este proyecto.

Su principal objetivo fue Valencia. La fidelidad y apoyo del noble Blasco de Alagón fue compensada por Jaime I en 1226 con la concesión de todos los lugares y castillos que pudiera conquistar en territorio musulmán valenciano, hecho que años después tendría importantes consecuencias.

En 1227, la intervención papal a través del arzobispo de Tortosa permitió firmar la concordia de Alcalá, que procuraba una paz entre el rey y sus aliados, por un lado, y las facciones de los barones, por otro, lo que dejó la puerta abierta a las grandes empresas conquistadores de Jaime I.

El musulmán Zayd buscó la ayuda de Jaime I y el 20 de abril de 1229 firmó en Calatayud (Zaragoza) un acuerdo por el que se declaró vasallo del rey de Aragón y la donación de Peñíscola, Morella, Alpuente, Culla y Segorbe, a cambio de ayuda militar y la entrega de los castillos de Ademuz y Castielfabib.

Jaime I fue el primer gran protagonista de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, comenzando por la conquista de Mallorca, que Jaime promocionaría como una obra colectiva, que a todos beneficiaría.

Los piratas mallorquines musulmanes agredían a los mercaderes de Barcelona, Tarragona y Tortosa, que pidieron ayuda al Monarca. Los barones catalanes participaron en la empresa a cambio del botín y tierras.

La conquista de Mallorca, aunque con participación de caballeros aragoneses por sus obligaciones con el Soberano, fue una empresa fundamentalmente catalana, siendo ellos la mayor parte de sus repobladores.

En Lérida los barones aragoneses sugirieron al rey que la empresa se dirigiera contra los musulmanes de Valencia. Las Cortes catalanas de 1228 reunidas en Barcelona concedieron al rey el subsidio correspondiente a la recaudación del impuesto del bovaje, que se cobraba en dinero o servicios personales, aunque inicialmente consistía en marcar las parejas de bueyes, hecho que le dio nombre.

La expedición estaba integrada por 150 naves y salió desde Salou y Tarragona el 5 de septiembre de 1229. Tras un largo asedio de tres meses, la ciudad de Palma se rindió el 31-12-1229 y con ella el resto de la isla, que apenas ofreció resistencia.

El rey volvió en 1231 a la isla, cuando moros no sometidos se ofrecieron al rey, reduciendo Menorca a la condición de tributaria. La isla de Ibiza fue conquistada en 1235 por el arzobispo de Tarragona, Guillem de Montgrí, y su hermano.

Mallorca se constituyó como un territorio más de la Corona bajo el nombre de “regnum Maioricarum et insulae adyacentes”. La institución en 1249 del municipio de Mallorca institucionalizó el reino. La conquista supuso acabar con la piratería islámica en las Baleares, que se constituían en puente para el comercio entre Cataluña y el norte de África.

Los participantes en la conquista recibieron donaciones en la isla, especialmente la nobleza, plasmadas en el “Libre del repartiment de Mallorca”, fortaleciendo su poder político y social.

La conquista de Valencia, gran obsesión de Jaime I durante 15 años, se preparó con minuciosidad dada su trascendencia, una vez ocupada Mallorca y alejado el peligro musulmán del Mediterráneo.

En 1233 en Alcañiz se planificó la campaña en tres etapas:

1. La primera dirigida a las tierras de Castellón, con la toma de Burriana en 1233 y otros enclaves, como Peñíscola;

2. La segunda abarca la zona central con la conquista de Valencia (1238) y las tierras llanas hasta el Júcar, para lo cual las Cortes concedieron la ayuda necesaria y el papa Gregorio IX dio a la empresa el carácter de cruzada. El rey entró en la ciudad el 9 de octubre;

3. La tercera fase abarca desde 1243 a 1245 llegándose a los límites estipulados para la conquista entre Aragón y Castilla en el tratado de Almizrra en 1244, firmado entre Jaime I y el infante Alfonso para delimitar las áreas de reconquista de las Coronas de Castilla y Aragón. Las tierras al sur de la línea Biar-Villa Joyosa quedaron reservadas para Castilla, incorporándose al reino de Valencia por Jaime II tras la sentencia arbitral de Torrellas (1304) y Elche (1305).

En 1239 Jaime I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza, al considerar las tierras conquistadas en Valencia como un reino con una entidad político-jurídica propia unido a la Corona de Aragón, lo que provocó la reacción de la nobleza aragonesa, que veía truncadas sus posibilidades de hacer de las tierras valencianas una prolongación de sus señoríos aragoneses.

El reino fue repoblado por catalanes y aragoneses, aunque durante mucho tiempo la población musulmana siguió siendo mayoritaria. Pero la falta de respeto de los cristianos por los pactos firmados con los mudéjares llevó a la sublevación de al-Azraq en 1247.

En Navarra, la falta de descendencia del monarca Sancho VII estuvo a punto conseguir la unión con Aragón. Sancho VII hizo en 1231 un pacto de prohijamiento mutuo con Jaime I, en virtud del cual Sancho se convertía en padre de Jaime, y al morir uno de ellos, el otro le sucedería en sus territorios.

El pacto favorecía a Jaime I, muy joven, ante la avanzada edad de Sancho VII, y contenía diversas cláusulas por las que el rey de Aragón debía defender Navarra frente a agresiones exteriores. Pero las campañas en Mallorca y Valencia hicieron que Jaime I se desentendiera de Navarra, donde al morir Sancho VII en 1234, subió al trono como su sucesor Teobaldo de Champaña.

Con el reino de Castilla, Jaime ayudó a su yerno Alfonso X a pacificar la rebelión de los mudéjares murcianos. Pero desató la oposición de la nobleza aragonesa en las Cortes de Zaragoza (1264), que se negó a cooperar, alegando que no obtenía beneficios en tal empresa. A pesar de todo, Jaime I acudió en ayuda del rey de Castilla. Sometió Murcia en 1266 e inició la repoblación con catalanes y aragoneses, devolviendo luego Murcia a Alfonso X el SabioAdemás autorizó a sus súbditos a luchar con el rey de Castilla frente a la ofensiva de Marruecos y Granada.

Para resolver sus diferencias con Francia, el 11 de mayo de 1258 Jaime I firmó con Luis IX (san Luis), el tratado de Corbeil, en virtud del cual Luis IX renunció a los derechos que desde tiempos de Carlomagno pretendía tener sobre el Rosellón y Cerdaña y a los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic), y Jaime I a los derechos que le asistían sobre diversos lugares del mediodía francés.

El pacto se selló con el matrimonio de la infanta Isabel, hija menor de Jaime I, con Felipe, hijo y heredero de san Luis. Jaime I cedió a la reina de Francia, Margarita, sus derechos a los condados de Provenza y Folcalquier, lo que tenía en el marquesado de Provenza y el señorío de las ciudades de Arles, Marsella y Aviñón, que fueron del conde Ramón Berenguer. El tratado ha sido juzgado con dureza por los historiadores catalanes, ya que ponía fin a la expansión ultra pirenaica de la Corona de Aragón.

Respecto a la política norteafricana de Jaime I, éste se benefició del interés comercial de los catalanes, aprovechando su presencia en Marruecos y Túnez, utilizando el procedimiento de unir el comercio catalán al pago de un tributo por el sultán.

El espíritu de cruzada de Jaime I le llevó a emprender una expedición a Tierra Santa, como resultado de la embajada tártara que recibió en Toledo en la Navidad de 1268, mientras asistía a la primera misa de su hijo el infante Sancho, arzobispo de la ciudad.

Los tártaros, enemigos de los turcos, ofrecían unir su ayuda a la del emperador bizantino Miquel Paleólogo en la expedición a Tierra Santa, que desde hacía tiempo Jaime I proyectaba.

El 4 -9- 1269 zarpó de Barcelona una flota que fracasó, pues una tempestad les obligó a refugiarse cerca de Montpellier, donde desembarcó el rey, que regresó por tierra a Cataluña, olvidándose de la empresa en el Concilio de Lyon de 1274.

En los últimos años del reinado se produjo una revuelta de la nobleza catalana, en 1259, encabezada por el vizconde Ramón de Cardona y Fernando Sánchez de Castro (bastardo de Jaime I).

En la década de 1270 se produjo una auténtica guerra civil, cuando el rey se vio presionado por los partidarios de su primogénito, el infante Pedro, y por los rebeldes encabezados por el bastardo Fernández de Castro, que pretendían imponer su autoridad a la Corona. La lucha se saldó con la muerte del hermanastro Fernández de Castro por el infante Pedro (1275), mientras que sus partidarios aguardarían la hora de la venganza.

En 1275 se sublevaron los mudéjares valencianos y Jaime I fue en persona a sofocar la revuelta. El rey fue derrotado en Llutxent en junio de 1276, falleciendo el mes de julio de ese mismo año.

En 1262 el rey se vio obligado a hacer un nuevo reparto testamentario, tras la muerte de su primogénito Alfonso que tenía como destino heredar Aragón. Finalmente el reino se reparte entre sus dos hijos varones supervivientes:

1. Pedro III, Aragón, Cataluña y Valencia,

2. Jaime II, las Islas Baleares.

Su herencia se repartió entre sus hijos: Pedro III de Aragón (Valencia y condado de Barcelona) y Jaime (Mallorca, los condados de Rosellón y Cerdaña y el señorío de Montpellier).

Durante el reinado de Jaime I nació la conciencia territorial en la Corona de Aragón, sobre todo, en los Estados fundacionales de Aragón y el principado de Cataluña, con la actuación de dos fuerzas:

1. la normalización del derecho, que creó una conciencia territorial,

2. la conversión de las Cortes en una institución cohesionadora de la conciencia de la comunidad.

En el ámbito jurídico, los Fueros de Aragón superaban el derecho consuetudinario (habitual o de costumbre). Jaime I encargó al obispo de Huesca, el jurista Vidal de Cañellas, una obra, promulgándose en las Cortes de Huesca de 1247, sustituyendo a tradiciones jurídicas locales como el fuero de Jaca.

En el Principado de Cataluña, que fue la entidad política que existió durante gran parte de la Edad Media, la protección de la Monarquía permitió el triunfo legislativo de los Usatges de Barcelona (Derecho consuetudinario) y su difusión a mediados del siglo XIII.

Jaime I otorgó a Valencia una ordenación político-administrativa, la Costum (1240), revisada en 1251. Los Foris et consuetudines Valentiae fueron confirmados por el rey en 1271, a pesar de la oposición de la nobleza aragonesa, deseosa de mantener su legislación, lo que generó una pugna foral no resuelta hasta 1329 con el triunfo de los Fueros valencianos.

Desde que en 1244 se decidió que el río Cinca fuera el límite entre Aragón y Cataluña y las Cortes se reunieron por separado. El Cinca nace en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo Aragonés y desemboca en el río Segre en la Granja de Escarpe (Lérida).

Con Jaime I las ciudades interiores de la Corona perdieron impulso a favor de las ribereñas, estableciéndose la Corte y la Cancillería, base del actual Archivo de la Corona de Aragón por sus documentos diplomáticos, en Barcelona.

El reinado estuvo lleno de conflictos, pero el balance es positivo:

· las conquistas de Mallorca y Valencia,

· el matrimonio de su hijo Pedro con Constanza de Sicilia, que daría un impulso decisivo a la expansión mediterránea;

· el impulso dado al comercio y a la política africana;

· la redacción del Llibre del Consolat de mar, primer código de costumbres marítimas;

· su protección a los judíos;

· las reformas monetarias, con la creación de monedas propias en Valencia y Mallorca;

· su intervención en el movimiento jurídico, muy intenso con el refuerzo dado al derecho romano;

· el impulso dado a las instituciones generales, como las Cortes, y municipales;

· el progreso de las letras catalanas, con el rey como protagonista en esa gran obra que es el Llibre dels Feits, primera gran crónica catalana medieval, escrita o dictada por el rey, en estilo autobiográfico.

Para los historiadores aragoneses el juicio sobre Jaime I suele ser negativo, ya que no pensó en la unidad de la Corona, ya cimentada, y separó Aragón y Cataluña, entregando la primera a Alfonso y la segunda a Pedro, quedando Valencia para el tercer hijo, Jaime.

Complicó el problema de la frontera entre Aragón y Cataluña, tras la adjudicación final de Lérida a Cataluña, y puso la frontera en el cauce del Cinca, provocando el enfrentamiento entre zonas, que llevaban cien años unidas.

La creación de los reinos de Valencia y de Mallorca fragmentó la unidad de la Corona, que de ser un espacio unificado pasó a cuatro estados bajo la soberanía de un mismo rey, Jaime I.

Para mallorquines y valencianos, la visión del Monarca es radicalmente opuesta. Jaime I es el punto de partida de los futuros reinos de Mallorca y de Valencia y el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, fueros, moneda, instituciones, etc.

Jaime I el Conquistador. Plaza de Oriente. Madrid

JAIME EL CONQUISTADOR

Autor: Juan de LEÓN. 1750. Material: piedra caliza y granito.

Altura: 2,98 x Anchura: 0,99 x Fondo: 0,91 m. Jardines de Sabatini.

La escultura del rey Jaime I el Conquistador en pie está realizada como toda la serie en dos piezas de piedra de Colmenar, de tamaño mayor que el natural, vestido con coraza y cubierto con manto de armiño. En la mano derecha porta el cetro real y con la izquierda se recoge el manto. A sus pies aparece la cabeza de un moro.

En la inscripción: “JAIME 1º / REI DE ARAGON. / Mº Aº DE 1276”.

Esta serie de esculturas fue concebida por el fraile benedictino Padre Sarmiento entre 1750 y 1753 para la decoración exterior del Palacio Real y concretamente de la balaustrada corrida superior, atendiendo a los proyectos de Juvarra y Sacchetti.

Fueron esculpidas 114 estatuas, bajo la dirección de los escultores de S.M. Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro, que se llegaron a colocar total o parcialmente, pero durante el reinado de Carlos III el arquitecto mayor Francisco Sabatini llevo a cabo su desmontaje y almacenamiento en el Palacio.

En 1943 ocho de las estatuas de reyes que estaban en la plaza de Oriente pasaron a los Jardines de Sabatini y se instalaron alrededor del estanque que ordena el conjunto.

Jaime I, “el Conquistador”, a su muerte dividió los reinos entre sus hijos: a Pedro III le correspondió el reino de Aragón, y a Jaime, los reinos de Mallorca, el Rosellón y Cerdeña.

 

BIBLIOGRAFÍA

Real Academia de la Historia

F. Soldevila, Vida de Jaume I el Conqueridor, Barcelona, Aedos, 1958 (reed. 1969);

J. Torres Fontes, La reconquista de Murcia en 1266 por Jaime I de Aragón, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1967, 2.ª ed.;

J. Lalinde, La Corona de Aragón en el Mediterráneo medieval, 1229-1479, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1979;

F. Soldevila, Jaume I. Pere el Gran, Barcelona, Vicens- Vives, 1980 (3.ª ed.); R. I. Burns, Jaume I i els valencians del segle XIII, València, Tres i Quatre, 1981;

J. M.ª Salrach, Història dels Països Catalans dels orígens a 1714, vol. I, Barcelona, Edhasa, 1981;

E. Belenguer Cebriá, Jaume I a través de la Història, València, Tres i Quatre, 1984;

R. I. Burns, Colonialismo Medieval, Valencia, Tres i Quatre, 1987; VV. AA., En torno al 750 aniversario. Antecedentes y consecuencias de la conquista de Valencia, Valencia, Consell Valencià de Cultura, 1989;

A. Santamaría, Ejecutoria del reino de Mallorca, Palma de Mallorca, Ayuntamiento, 1990; R. Ferrer Navarro, Conquista y repoblación del reino de Valencia, Valencia, Del Senia al Segura, 1999;

J. A. Sesma, La Corona de Aragón. Una aproximación histórica, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, 2000;

J. L. Villacañas, Jaume I el Conquistador, Madrid, Espasa Calpe, 2003;

J. Laínz, La Nación Falsificada, Madrid, Encuentro, 2006, págs. 41-46; E. Belenguer, Jaime I y su reinado, Lérida, Milenio, 2008.

http://www.monumentamadrid.es

Fotografía tomada de la Wikipedia:

Estatua ecuestre de Jaime I en el Parterre de Valencia de Agapito Vallmitjana, 1891. Es una representación idealizada, pues porta la cimera del Rey de Aragón, que es anacrónica, ya que fue una innovación heráldica del siglo XIV de Pedro IV el Ceremonioso. La cimera es la parte superior del yelmo, generalmente adornado con plumas u otros motivos.

 

Creado en diciembre de 2019

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2 comentarios

  1. Avatar de MEDINA LAZARO, CONCEPCION
    MEDINA LAZARO, CONCEPCION

    Hola Maite, hace siglos que no te doy las gracias por enviarme el material tan interesante que me facilitas. Hoy me he puesto a ello. Pues me reitero, muchas gracias, te lo agradezco muchísimo, de corazón. Y, aprovecho la ocasión para preguntarte, si impartes alguna clase o actividad en algún centro o asociación, por saber y ver si podría apuntarme…. añoro tus clases y enseñanzas.

    Un abrazo.

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    4 marzo, 2020 en 13:26

    • Querida Conchi, gracias por tus palabras. Es un placer seguir aprendiendo para compartirlo con personas que lo disfrutan y valoran como tú.
      Los miércoles de 11.30-13 doy clases de Chi Kung y Relajación con un tratamiento base de Medicina Tradicional China en la Asociación Arte y Fantasía
      C/ Luna, 19 (1-A)

      Muchas gracias y un afectuoso abrazo,
      Maite

      Me gusta

      10 marzo, 2020 en 10:02

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