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Viaje a Extremadura – Badajoz… Octubre de 2024

 

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Extremadura desconocida

ITINERARIO

 

 

25 de octubre (viernes).- MADRID – BADAJOZ

Presentación en la estación Madrid-Atocha Almudena Grandes,


A LAS 08,00H. junto a la escultura de “El Viajero”,

para salir en el tren ALVIA a las 08,51h. con destino a BADAJOZ, llegando a las 13,35h. El autocar nos estará esperando en la Estación, para trasladarnos al restaurante donde tendrá lugar el almuerzo.

Durante la tarde, realizaremos una completa visita de la ciudad capital de la provincia sur de Extremadura, acompañados de guía local.

Visita de la Catedral y Museo Bellas Artes, con obras, entre otros pintores, de Zurbarán y de Luis Morales, conocido como el “Divino Morales”.

Terminada la visita, traslado al AC HOTEL BADAJOZ 4* Distribución de las habitaciones. Cena libre y alojamiento.

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Viaje a Grecia del 2 al 9 de noviembre de 2024

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

DE LA CIVILIZACIÓN MINOICA AL ESPLENDOR ATENIENSE

La civilización minoica floreció a mediados de la Edad de Bronce en la isla de Creta, situada en el Mediterráneo oriental, entre los años 2000 y 1450 a.C. Con su arte y arquitectura únicos, y la expansión de sus ideas a través del contacto con otras culturas del Egeo, los minoicos contribuyeron de forma significativa al desarrollo de la civilización europea occidental, como hoy sabemos. Complejos palaciales laberínticos, vívidos frescos con escenas de salto del toro y procesiones, magnífica orfebrería en oro, elegantes vasos de piedra y una cerámica con vibrantes ornamentos inspirados en la vida marina, son rasgos de la Creta minoica. En Atenas, pocos episodios históricos han sido tan esplendorosos como la Atenas del siglo V a.C., dirigida por Pericles. En el curso de unas décadas, la capital ática implantó la democracia -un invento sin precedentes-, emprendió la construcción de los grandes templos de la Acrópolis, creó la tragedia y la comedia, alumbró un nuevo tipo de filosofía moral y política, y llevó a las artes a su máxima expresión.

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Viaje al Románico Catalán

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

ROMÁNICO CATALÁN

900 años de la consagración de las iglesias de

Sant Climent y Santa María de Taüll

Viaje del 19 al 21 de abril de 2024

El conjunto románico de la Vall de Boí está formado por las iglesias de Sant Climent y Santa Maria de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia d’Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Nativitat de Durro, Santa Maria de Cardet, la Assumpció de Cóll y la ermita de Sant Quirc de Durro.

Una de sus características principales es la unidad de estilo arquitectónico. Son construcciones realizadas durante los siglos XI y XII siguiendo los modelos provenientes del norte de Italia, el románico lombardo, que se caracteriza por la funcionalidad de sus construcciones, el cuidadoso trabajo de la piedra, los esbeltos campanarios de torre, y la decoración exterior de arcos ciegos y bandas lombardas.

Las iglesias románicas del Valle de Boí son el reflejo artístico de una sociedad estructurada en torno a las jerarquías eclesiásticas y señoriales, personificadas en este caso en los señores de Erill y el obispado de Roda de Isábena, promotores de los templos del Valle. Dentro de esta sociedad medieval, la iglesia cumplía no sólo una función religiosa, sino que también tenía un importante papel social, como lugar de reunión y refugio del pueblo. En el caso del Valle de Boí, esta función social de los templos se evidencia en la utilización de sus esbeltos campanarios de torre como elementos de comunicación y vigilancia.

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Juan II de Aragón y Navarra

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

JUAN II DE ARAGÓN Y NAVARRA

(1398 -1479)

 

JUAN II DE ARAGÓN Y NAVARRA (1398 -1479)

 

(Medina del Campo, Valladolid, 29.VI.1398 – Barcelona, 19.I.1479)

 

Rey de Navarra (1425- 1479)

 

Rey de Aragón (1458-1479)

Retrato imaginario del rey Juan II de Aragón

 

Nacido del matrimonio formado por Fernando I de Antequera, rey de Aragón (1412-1416), y Leonor, condesa de Alburquerque y la mujer más rica de Castilla, fue el segundo de sus hijos varones.

 

Por nacimiento pertenecía a la rama menor de la dinastía castellana de los Trastámara, linaje muy enriquecido gracias a su abuelo, el monarca Juan I de Castilla.

 

Criado y educado en su residencia natal de Medina del Campo, en una auténtica Corte principesca, sobre la cabeza del infante D. Juan recayeron las Coronas de Navarra y, años después, de Aragón.

 

Recibió, como sus hermanos, una formación adecuada, siguiendo el modelo aristocrático, con destreza en el ejercicio de las armas y de la caza, que se verían completadas con una buena preparación literaria.

 

Como todos los grandes personajes, su biografía arroja un balance de luces y sombras según las distintas aproximaciones historiográficas que se han realizado sobre su figura, ya que mientras unos lo tachan de ‘castellanista’, como a todos los reyes aragoneses de la dinastía Trastámara, otros le atribuyen un ‘feroz absolutismo’, radicalmente antagónico de quienes le califican de ‘monarca liberal’ por apoyar a los campesinos catalanes.

 

Juan II de Aragón y de Navarra dada su longevidad (vivió 80 años) y los cargos desempeñados, fue actor principal de buena parte de los acontecimientos políticos acaecidos a lo largo del siglo XV e intentó por todos los medios afirmar su autoridad monárquica y trazar un ambicioso proyecto para él y su dinastía que se hicieron realidad en la figura de su hijo y sucesor, Fernando el católico.

 

Tras el Compromiso de Caspe de 1412, se instauró en Aragón un nuevo linaje, el de los Trastámara castellanos, llevando al trono de la Corona a Fernando I que, no obstante, no renunciaba a la regencia de Castilla.

 

El 11 de febrero de 1414 el infante Juan, junto con sus hermanos, participó activamente en la solemne ceremonia de coronación de su padre, Fernando I de Trastámara, como rey de Aragón en la Seo de Zaragoza, portando el cetro de oro.

 

En la misma ceremonia, y una vez coronado, el nuevo Monarca designaba al infante Alfonso, su primogénito varón, como príncipe de Gerona y heredero de sus estados, mientras que Juan recibía el ducado de Peñafiel que, junto con el título de señor de Castrogeriz, le iba a proporcionar un importante patrimonio con unas elevadas rentas señoriales.

 

El título le obligaba, además, a ejercer la jefatura de la rama menor de los Trastámara, a la que el infante no renunció durante muchos años; de ahí que se viera involucrado en la política interna castellana como uno de sus principales actores, teniendo que intervenir en continuadas acciones bélicas, alguna de las cuales ocasionaron la pérdida de una parte sustancial de la herencia castellana.

 

Su padre, Fernando I de Trastámara, proyectó, como todos los monarcas de la época, una compleja estrategia de dominio político peninsular en la que sus hijos jugaban un destacado papel en las relaciones exteriores y así negociaba para emparentarlos con otras casas reinantes.

 

En dicha estrategia, el infante Juan era una pieza fundamental para consolidar el dominio aragonés en el Mediterráneo occidental. Para conseguir este objetivo recibió de su padre un primer cometido político de gran envergadura. En febrero de 1414 era nombrado lugarteniente real y gobernador general de Cerdeña y Sicilia, proyectando que se hiciera cargo de Sicilia como virrey, en un régimen autónomo de gobierno, e incluso que llegara a dominar sobre Nápoles, preparando para ello la boda del joven infante, de apenas diecisiete años, con la reina Juana II de Nápoles, viuda ya entrada en años, pactada en escritura pública en Valencia en enero de 1415, aunque dicho acuerdo no llegó a cumplirse.

 

En marzo de ese mismo año, el infante, acompañado de una importante escuadra, se hacía a la mar, llegando a Palermo (Sicilia) el 6 de abril de 1415.

 

En la isla, además de dedicarse “a la caza y al juego de dados”, empezó a fraguarse su personalidad política, ya que tuvo que contemporizar con el partido autonomista, que quería erigir una Monarquía independiente y separada de la aragonesa y nombrar al infante D. Juan como Rey, intentando enemistarle así con su propio padre que había declarado solemnemente que Sicilia quedaba indisolublemente unida a la Corona de Aragón (1414).

 

El infante conoció también en tierras insulares a Blanca, princesa de Navarra, y viuda desde 1409 de Martín el Joven, que había ejercido durante algún tiempo como lugarteniente real en Sicilia y que regresaba a Navarra en los primeros días de septiembre de 1415 como heredera del reino.

 

También vio cómo se rompía definitivamente su acuerdo matrimonial con la reina Juana de Nápoles, que se casó con el conde de la Marca, Jaime de Borbón, del linaje de los Anjou.

 

Los esfuerzos paternos por situar al infante en Nápoles fracasaron, y dirigió ahora sus miras hacia Castilla para ocuparse de los intereses familiares, mezclados en una verdadera maraña de asuntos políticos y económicos que el linaje quería imponer para alcanzar el control del reino castellano.

 

El 2 de abril de 1416 fallecía en Igualada el rey de Aragón, Fernando I. En su testamento dejaba como heredero del trono a su primogénito Alfonso V el Magnánimo, que se hizo cargo del gobierno de la Corona de Aragón.

 

El infante Juan, como segundogénito, recibió un buen número de títulos y propiedades en Castilla: el ducado de Peñafiel, el condado de Mayorga, el señorío de las villas de Alba de Tormes, Castrogeriz, Medina del Campo, Olmedo, Cuéllar, El Colmenar, Paredes de Nava, Villalón, Haro, Belorado, Briones, Cerezo y Roa, además del título catalán de duque de Montblanc.

 

El infante regresó a la Península en enero de 1418, siguiendo instrucciones de su hermano Alfonso, el nuevo titular de la Corona, que optó por encabezar él mismo la estrategia mediterránea.

 

El nuevo rey de Aragón y sus hermanos, los “infantes de Aragón”, tenían puestos sus intereses en toda la Península y participaban en la política interna de Castilla, en la que estaban fuertemente imbricados.

 

Alfonso V se había casado en 1415 con su prima María, hermana de Juan II de Castilla, mientras que sus restantes hermanos varones controlaban las dignidades más importantes:

 

·      Enrique, conde de Alburquerque y marqués de Villena, alcanzaba la dignidad de maestre de la Orden de Santiago, y en 1420 se casó con Catalina, la otra hermana del rey de Castilla;

 

·      Sancho, murió muy pronto;

 

·      Pedro, quedaba a la expectativa de ser nombrado maestre de Calatrava; de esta forma, los “infantes de Aragón” lideraban, desde distintos cargos de responsabilidad, la nobleza castellana;

 

·      En 1418, tenían lugar los esponsales de su hermana María con el propio Rey de Castilla, y la hermana menor, Leonor, fue reina de Portugal al casarse con el rey Duarte (1433-1438).

 

La siguiente estrategia de la rama menor de los Trastámara, ahora llamados los “infantes de Aragón”, se dirigía hacia Navarra y a dicho fin se iniciaron negociaciones matrimoniales entre el infante Juan, duque de Peñafiel, y Blanca de Navarra, hija del rey Carlos III el Noble (1387-1425) e infanta heredera de Navarra, que culminaron en las capitulaciones firmadas en Olite (Navarra), el 5 de noviembre de 1419.

 

Las bodas se celebraron en Pamplona, el 18 de febrero de 1420. Los acuerdos establecían que el primogénito habido de la pareja, fuera hombre o mujer, heredaría el reino de Navarra y las propiedades territoriales que el infante Juan tuviera en Castilla y en Aragón.

 

El 29 de mayo de 1421 nacía, en Peñafiel, el príncipe Carlos, que fue jurado como heredero de Navarra por las Cortes reunidas en Olite el 11 de junio de 1422. Recibía también el título de príncipe de Viana (Navarra), creado para él por su abuelo Carlos III. Otros hijos del matrimonio fueron la infanta Blanca, nacida en Olite el 7 de junio de 1424, y la infanta Leonor, nacida el 2 de febrero de 1426.

 

El interés dinástico y personal del infante Juan seguía centrado, no obstante, en Castilla. Juntamente con sus hermanos, los infantes Enrique y Pedro, intervino desde 1419 decisivamente en los asuntos castellanos, primero apoyando la causa del valido Álvaro de Luna, y desde 1425 luchando en su contra.

 

El 8 de septiembre de 1425 murió Carlos III, y Juan fue proclamado rey de Navarra en su propio campamento militar instalado en Tarazona (Zaragoza), mientras que su esposa Blanca era proclamada reina en el palacio real de Olite, donde residía.

 

Juan II, como rey de Navarra, actuó únicamente como rey consorte, sin intervenir directamente en los asuntos de gobierno, que quedaban en manos de su esposa. Utilizó la dignidad real, en cambio, para sus continuas intervenciones militares en Castilla.

 

Coincidiendo con su elevación al trono navarro, y junto con su cuñada María, la reina de Aragón abandonada por Alfonso V, Juan II de Navarra asumió las responsabilidades de gobierno encargadas por su hermano y, sobre todo, ejerció la jefatura de la familia en las operaciones castellanas en un momento en que la Corona se vio inmersa en una serie de guerras y conflictos internos que le conducían a una situación de caos y desorden político, alimentados por las ambiciones de los “infantes de Aragón” y sus partidarios para controlar al rey Juan II de Castilla.

 

Los intereses y alianzas fueron tan complejos que llevaron al enfrentamiento entre Juan, rey de Navarra, aliado circunstancialmente con Álvaro de Luna, y su propio hermano, el infante Enrique, que fue hecho prisionero.

 

Las luchas se prolongaron durante los años 1425 a 1429, estando a punto el rey Alfonso V y su hermano Juan II de Navarra de invadir Castilla en este año y derrotar a don Álvaro, ahora en el bando contrario.

 

La sangría en hombres y en dinero que tenían que sufragar aragoneses y catalanes sin obtener ningún beneficio, sólo se justificaba por los intereses del propio linaje familiar, de los “infantes de Aragón”.

 

En 1430, los infantes de Aragón, debían retirarse de Castilla, con los graves perjuicios que de ello se derivaban. La tregua debe interpretarse como la renuncia del monarca aragonés a seguir defendiendo sus intereses dinásticos en Castilla y los extensos dominios señoriales de los Trastámara ‘aragoneses’ para dedicarse, en exclusividad a la política italiana.

 

En junio de 1434, Juan II embarcaba desde Valencia con destino a Palermo para apoyar militarmente a su hermano Alfonso V en la empresa napolitana. Combatió en el sitio de Gaeta y, junto a sus hermanos, Alfonso y Enrique, fue hecho prisionero por los genoveses tras la derrota naval de la isla italiana de Ponza, el 5 de agosto de 1435, y conducido a Milán.

 

Obtuvo su libertad después de cuatro meses de prisión, con el encargo de trasladarse a Aragón y solicitar allí de las Cortes una fuerte suma para el rescate de Alfonso V y tras pactar con el duque Felipe María Visconti el reparto de las zonas de influencias en Italia.

 

Íñigo López de Mendoza, más conocido como el marqués de Santillana, en su obra “La comedieta de Ponza” exalta los valores aristocráticos representados por los infantes de Aragón y sus seguidores, un centenar de caballeros que también fueron hechos prisioneros, entre los que se encontraba el propio escritor.

 

A fines de 1435, Juan II era designado por su hermano Alfonso V, que ya no regresó a la Península, lugarteniente real de Aragón, Valencia y Mallorca, ocupando desde entonces un destacado papel en la gobernación de los territorios peninsulares de la Corona, en cuyas tareas alternó con su cuñada doña María, reina consorte que tenía amplios poderes delegados por su esposo.

 

El alejamiento definitivo de Alfonso V y la falta de descendencia, hicieron recaer en Juan II la categoría de heredero, por lo que en la práctica pudo actuar en el reino de Aragón como auténtico soberano.

 

Al igual que en Navarra, Juan II desarrolló en Aragón una política en la que primaron sus intereses dinásticos en Castilla. La Corona de Aragón se vio inmersa en un conflicto que le exigía una aportación continuada de dinero y de hombres, además de sufrir las zonas lindantes con Castilla los devastadores efectos de la guerra.

 

En 1436, Juan II presidió las Cortes aragonesas que se celebraron en Alcañiz (Teruel) y, tres años después, convocó Cortes en Zaragoza, ante la amenaza francesa en la frontera catalana.

 

De nuevo, en 1441, Juan II reunió Cortes en Alcañiz (Teruel) que prosiguieron luego en Zaragoza.

 

El 1 de mayo de 1441 moría en el monasterio de Santa María de Nieva (Segovia) Blanca I de Navarra.

 

La muerte de la Reina se producía mientras su marido, Juan, seguía inmerso en los intereses castellanos, capitaneando la liga de nobles castellanos que, aliada circunstancialmente con los “infantes de Aragón”, conseguía desterrar del reino al valido Álvaro de Luna y capturar al rey de Castilla en Medina del Campo. Durante los dos años y medio siguientes, Juan de Navarra pudo actuar como señor de Castilla.

 

Tras el fallecimiento de su esposa, Juan II quedaba en una complicada situación política: de un lado, la sucesión al reino de Navarra iba a generar un prolongado enfrentamiento entre dos bandos irreconciliables; de otro, los distintos estados de la Corona de Aragón se negaban en Cortes a seguir suministrando ayuda económica a su lugarteniente para la guerra frente a Castilla.

 

En Navarra el gobierno quedaba en manos del príncipe de Viana que, por ley, debía ser coronado, ya que, según el testamento de doña Blanca (17 de febrero de 1439), el primogénito Carlos quedaba como heredero universal de sus bienes, aunque le instaba a no tomar el título real sin contar con su padre.

 

El viudo rey consorte, no tenía intención de perder su cargo, y, ocupado en los asuntos castellanos, dejaba momentáneamente el gobierno de Navarra en manos de su hijo, al que nombraba lugarteniente general.

 

Basándose precisamente en el testamento, Juan II conservó el gobierno de Navarra como usufructuario de su esposa, argumento sin valor legal, ya que su hijo era mayor de edad (tenía 20 años).      Las aspiraciones del Monarca le llevaron a un enfrentamiento con su propio hijo, el príncipe Carlos, con el que nunca llegó a entenderse.

 

La situación de Juan II en Navarra se agudizó cuando decidió apartar del trono a su hijo, coincidiendo además con la negociación de su nuevo matrimonio, situación que, según el Fuero General, invalidaba el alegato de usufructo.

 

Juan II era perseverante y tenía una postura inflexible, agravada por la firma de las capitulaciones matrimoniales en septiembre de 1443 con Juana Enríquez, hija de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla.

 

Las bodas se celebraron en Calatayud el 13 de julio de 1447, y de este segundo matrimonio nacieron cuatro hijos:

 

·      Fernando, el futuro Rey Católico,

 

·      las infantas Leonor y María (muertas con corta edad) y

 

·      Juana, que se casó con su primo Fernando o Ferrante, rey de Nápoles e hijo natural de Alfonso V.

 

Además de sus hijos legítimos, Juan II tuvo varios hijos naturales: Alonso de Aragón, que fue maestre de Calatrava y después conde de Ribagorza; Juan de Aragón, que fue arzobispo de Zaragoza, y Leonor de Aragón, que se casó con el condestable de Navarra, Luis de Beaumont, conde de Lerín.

 

Tras su definitiva derrota en la batalla de Olmedo (1445), alejado de los temas de Castilla, Juan II decidió en 1450 instalarse, junto con su nueva familia, en la Corte navarra, agravando así la crisis sucesoria.

 

Entonces tomó las riendas del gobierno y organizó la Corte navarra de acuerdo con modelos castellanos. Pasó de ser rey consorte, a rey efectivo, en detrimento de su primogénito y legítimo heredero.

 

La destitución de su hijo, el príncipe de Viana, del cargo de lugarteniente, se completó con el ascenso político de los partidarios de Juan II, culminando así la ruptura entre padre e hijo, que arrastró al reino de Navarra a una situación de guerra civil.

 

Desde 1450 el príncipe Carlos, despojado de poder, tuvo que huir del reino y entrar en negociaciones con Castilla en los pactos de Puente la Reina y Pamplona firmados en septiembre de 1451, que sirvieron de argumento principal para ser acusado por su padre de alta traición. El enfrentamiento civil se saldó con la derrota de Aybar, el 23 de octubre de 1451, en la que el propio príncipe fue hecho prisionero.

 

Tras unos años en los que nombró a Juana Enríquez, su segunda mujer, como gobernadora de Navarra, Juan II negoció, el 3 de diciembre de 1455 en Barcelona, la sucesión al trono navarro, desheredando para ello al primogénito Carlos, Príncipe de Viana, y a su hermana Blanca, en beneficio de su hija menor Leonor, casada con Gastón IV de Foix, a quienes nombró como lugarteniente general. El tratado fue definido por el historiador Jerónimo Zurita como “la más infame negociación” realizada por el monarca aragonés.

 

El príncipe Carlos, derrotado en Navarra, buscó apoyos exteriores, y acudió a Nápoles, donde fue bien acogido por su tío Alfonso V. Se instaló en Sicilia (1457), donde el Parlamento vio en él la bandera del independentismo y solicitó a Juan II que nombrara a Carlos como virrey, lo que generó nuevos recelos entre padre e hijo, quien exigió heredar el trono navarro.

 

La muerte del rey Alfonso V de Aragón, en 1458, modificó esta conflictiva situación, ya que Juan heredó el trono aragonés y su hijo Carlos se convirtió en el príncipe heredero de la Corona. Navarra desde entonces ocupó un lugar secundario en el desarrollo del conflicto por la sucesión entre padre e hijo.

 

Cuando el 27 de junio de 1458 murió Alfonso V, en Nápoles, dejó a Ferrante, su hijo natural, el reino de Nápoles, mientras que su hermano Juan, rey de Navarra, fue reconocido como rey de Aragón y heredero de los diversos estados de la Corona: Sicilia, Cerdeña, Córcega, Rosellón, Cerdaña, Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca, que quedaban bajo dominio del nuevo monarca.

 

Juan II de Aragón y de Navarra era un hombre de avanzada edad (61 años), pero tenía una amplia experiencia política, ya que había intervenido en buena parte de los acontecimientos más destacados.

 

En julio de 1458 aceptó su compromiso como rey de Aragón en la Seo de Zaragoza y juró los Fueros ante el Justicia de Aragón.

 

En aquel acto solemne encumbró a su hijo Fernando, habido de su segundo matrimonio con Juana Enríquez, con los títulos de duque de Montblanc, conde de Ribagorza y señor de Balaguer, que, según las capitulaciones matrimoniales con Blanca I de Navarra, deberían haber pasado al primogénito Carlos y, de acuerdo con la tradición, sucesor y heredero de los bienes paternos.

 

Tanto las Cortes de Aragón, como las catalanas, exigieron a Juan II que designara a su primogénito Carlos de Viana como príncipe heredero y futuro rey de la Corona de Aragón.

 

El monarca aragonés decidió firmar la Concordia de Barcelona, en enero de 1460, por la que perdonaba a su hijo Carlos y resolvía la crisis sucesoria navarra, mientras que la sucesión aragonesa no se abordaba.

 

El acercamiento entre padre e hijo duró poco tiempo ya que el príncipe Carlos, desde Barcelona, negoció con Enrique IV de Castilla su boda con Isabel de Castilla.

 

Estos contactos, a espaldas de su padre, sirvieron de justificación para que Juan II ordenara la detención de su propio hijo en diciembre de 1460.

 

Las consecuencias mostraron que fue un grave error político, no sólo en Navarra, donde se iniciaba una nueva fase de la guerra civil, sino en Aragón y en Cataluña, donde surgieron movimientos populares en favor de la liberación del heredero, D. Carlos.

 

Los parlamentarios aragoneses, reunidos en Calatayud (1461), exigieron que el príncipe de Viana fuera nombrado también príncipe de Gerona, sucesor de la Corona y heredero universal.

 

Los catalanes optaron por un pronunciamiento a favor del príncipe, el 7 de febrero, ante la respuesta negativa del Rey de declarar a su primogénito como heredero universal. El Consejo de Cataluña proclamaba heredero al príncipe de Viana, que aceptaba y asumía, por tanto, la lugartenencia real, convirtiéndose en el jefe del poder ejecutivo.

 

El Rey se vio obligado a capitular, y en febrero de 1461 liberó a su hijo Carlos. De forma inesperada, el 23 de septiembre de 1461 murió de tuberculosis el príncipe D. Carlos, en extrañas circunstancias, urdiéndose desde entonces una leyenda en torno a su persona.

 

El 28 de mayo de 1462 el Monarca rompió la Capitulación y entró con sus tropas en el Principado. Era el comienzo de la guerra civil, que ha sido definida por Jaime Vicens y la historiografía catalana como una verdadera revolución o levantamiento frente a Juan II, apoyada por los dirigentes eclesiásticos.

 

Fue una cruenta guerra civil que supuso la crisis política y social más grave de la Corona de Aragón. La Diputación de Cataluña, aglutinando al pueblo en su entorno, declaró la guerra al Monarca.

 

Las hostilidades comenzaron con el sitio de Gerona. La guerra civil movía a los contendientes a solicitar ayudas internacionales. Juan II logró, en mayo de 1462, el apoyo del monarca francés Luis XI, que colaboró con setecientas lanzas y otro material de guerra a cambio de recibir 200.000 escudos de oro y, como garantía del pago, el monarca aragonés entregó a Luis XI los condados del Rosellón y la Cerdaña.

 

Juan II obtenía victorias militares y éxitos diplomáticos, ya que en octubre de 1469 negociaba el matrimonio de su hijo Fernando con Isabel de Castilla, y conseguía la ayuda de Inglaterra y de Borgoña para luchar contra Francia que, de nuevo, amenazaba con invadir el Principado.

 

Barcelona se rendía, tras un largo asedio, firmándose la Capitulación de Pedralbes (24 de octubre de 1472). El Monarca, en una decisión política, se mostraba generoso con los rebeldes y se comprometía a no ejercer represalias, excepto con Hugo Roger III, conde de Pallars, y jefe de las tropas de la Generalitat.

 

Los graves problemas siguieron en los años siguientes con un Principado en estado deplorable y sumido en la miseria, situación que se detecta también en los restantes reinos de la Corona, como en Valencia o en Aragón, donde se dibujaba un panorama de anarquía casi absoluta.

 

En 1478 Cerdeña se sometía definitivamente a la Corona de Aragón. Fue el último éxito del anciano Monarca, en los últimos meses de su vida.

 

Juan II, aquejado de gota en su etapa final, murió en Barcelona el día 19 de enero de 1479, a los 80 años de edad, dejando como único heredero a su hijo Fernando, del que se despidió por medio de una carta recogida por su fiel secretario Juan de Coloma, en la que afirmaba que únicamente podía salvarle el “Creador y Redentor del mundo, en cuyas manos estamos”, y le recomendaba que se dejara regir por la justicia para conservar en paz “los regnos e súbditos […] evitando quanto el mundo podays todas guerras y discusiones”.

 

Las exequias fúnebres fueron muy costosas, hasta el punto de que hubo que empeñar una parte de las joyas del Monarca y vender oro y plata de la cámara real. Fue enterrado en el real monasterio de Poblet.

 

Tumbas de Juan II y de la reina Juana Enríquez en el Monasterio de Poblet

 

Su hijo, Fernando el Católico, le sucedía como rey de Aragón y de los restantes reinos y estados de la Corona, y representó el triunfo monárquico y el tránsito a la Modernidad.

 

Su hija Leonor, habida con su primera esposa Blanca, le sucedió en el reino de Navarra.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

N. Baranda Leturio, “Una crónica desconocida de Juan II de Aragón (Valencia, 1541)”, Cuadernos de Filología Hispánica, 7 (1988), págs. 267-288.

 

M.ª I. Falcón Pérez, “Juan II”, en Los reyes de Aragón, Zaragoza, Caja Inmaculada, 1993, págs. 157-162.

 

I. Ostolaza Elizondo, “D. Juan de Aragón y Navarra, un verdadero príncipe Trastámara”, en Aragón en la Edad Media (Zaragoza), XVI (2000), págs. 591-610.

 

L. M. Sánchez Aragonés, Las Cortes de la Corona de Aragón durante el reinado de Juan II (1458-1479). Monarquía, ciudades y relaciones entre el poder y los súbditos, Zaragoza, Institución Fernando el católico, 2004.

 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

 

maitearte.wordpress.com

 

 

 

FOTOGRAFIAS

 

Portada. Archivo en Wikipedia

 

Descripción: Retrato imaginario del rey Juan II de Aragón (1398-1479) Segunda mitad del siglo XVI.

 

Fuente: Palacio Ducal, Pedrola (Zaragoza), procedente del Palacio de Villahermosa (hoy Museo Thyssen), Madrid

 

Autor: Roland de Mois  (1520–1592)

 


 

Entierro. Archivo en Wikipedia

 

Descripción: Tumbas de Juan II y de la reina Juana Enríquez en el Monasterio de Poblet.

 

De © José Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37183944

 

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