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Juan I de Castilla (1358 – 1390)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

JUAN I DE CASTILLA (1358 – 1390)

Sepulcro de Juan I, rey de Castilla y León.Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo

Sepulcro de Juan I, rey de Castilla y León.

Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo

 

DINASTÍA TRASTÁMARA

Fue una familia de la nobleza castellana que reinó en Castilla entre 1369 – 1504 y en Aragón desde 1412 – 1516.

El fundador de la dinastía fue Enrique II a quien su padre, el rey Alfonso XI de Castilla, le concedido el condado de Trastámara en Galicia.

Enrique II, nació en Sevilla en 1333, fruto de las relaciones de Alfonso XI con su favorita Leonor de Guzmán. Se convirtió en rey de Castilla y de León al vencer a su hermanastro Pedro I en 1369 y fue rey hasta 1379. Su reinado se caracterizó por los privilegios que le concedió a la nobleza terrateniente, en la cual se había apoyado para subir al trono.

 

CASTILLA

A Enrique II le sucedió en el trono castellano su hijo Juan I (1379-1390), que intentó sin éxito someter a Portugal, reclamando los derechos al trono de su segunda esposa Beatriz de Portugal, pero fue vencido en la batalla de Aljubarrota (1385).

Juan I fue sucedido por su hijo Enrique III (1390-1406), casado con Catalina de Lancaster, hija de Juan de Gante y de Constanza, hija de Pedro I el Cruel.

A Enrique III le sucedió, siendo niño, Juan II (1405 – 1454), quien fue padre de Enrique IV, Alfonso y de la reina Isabel, la Católica.

El sucesor de Juan II fue Enrique IV (1454-1474), pero un importante sector de la nobleza intentó poner en el trono a su hermano el infante D. Alfonso, que falleció en Ávila en 1465. Enrique IV fue sucedido por su hermana Isabel I (1474-1504).

Aunque siempre se ha considerado que los últimos Trastámara fueron los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, la última Trastámara realmente fue la Reina Juana I de Castilla, aunque nunca ejerció el poder.

Enrique II

Juan I

Enrique III

Juan II

Enrique IV

Isabel I, la Católica (1474-1504)

Juana I


ARAGÓN

La Corona de Aragón quedó vacante al morir Martín el Humano, reclamándolo Fernando I, hermano de Enrique III de Castilla, que accedió a la Corona de Aragón en 1412 por el Compromiso de Caspe, localidad de Zaragoza, limítrofe con Huesca y Teruel.

En 1410 murió el rey de Aragón Martín I, conocido como “El Humano”. Al carecer de descendientes legítimos, había demasiados candidatos que reclamaban sus derechos y el riesgo de una guerra civil, desórdenes y pillaje era muy habitual en la época.

Nueve hombres de leyes, tres por cada uno de los principales brazos del Reino: Aragón, Valencia y los Condados Catalanes, se reunieron para decidir con el diálogo y no con la fuerza quien de los candidatos debía ocupar legítimamente el trono.

El elegido fue un infante castellano de la Casa de los Trastámara con ascendencia aragonesa: Fernando I de Aragón, abuelo de Fernando el Católico.

Fue sucedido por su hijo Alfonso V (1416-1458) y éste a su vez fue sucedido por su hermano Juan II (1458-1479).

El hijo de Juan II, Fernando II «el Católico» (1479-1516) accedió al trono al morir su padre.

Fernando I

Alfonso V

Juan II

Fernando II, el Católico (1479-1516)


LOS TRASTÁMARA

CASTILLA


ARAGÓN


ENRIQUE II, INICIADOR DE LA DINASTÍA TRASTÁMARA


JUAN I DE CASTILLA


ENRIQUE III DE CASTILLA


FERNANDO I. EL DE ANTEQUERA


JUAN II


ALFONSO V


ENRIQUE IV


JUAN II


ISABEL I. LA CATÓLICA


FERNANDO II. EL CATÓLICO



JUAN I DE CASTILLA (1358 – 1390)

Épila (Zaragoza), 24.VIII.1358 – Alcalá de Henares, 9.X.1390.

Rey de Castilla y León.

Juan I de Castilla era hijo de Enrique II y de doña Juana Manuel. Nació en Aragón, donde sus padres estaban exiliados, y se educó en la Corte de Pedro IV, contando con la estrecha amistad de los hijos de éste, Juan, Martín y Leonor, con la que acabaría contrayendo matrimonio.

Al ser reconocido Enrique II como rey, se convirtió en heredero. En 1370, muerto el conde don Tello, recibió el señorío de Vizcaya, que desde entonces quedó incorporado al patrimonio real. En condición de tal, juró los Fueros de Vizcaya y otorgó también Fuero a Bilbao.

El 18 de junio de 1375 contrajo matrimonio con Leonor de Aragón y ninguno de los dos renunció a los derechos que, como infantes, podían corresponderles.

Al morir Enrique II, el 29 de mayo de 1379, le sucedió en el trono, y acompañó a su padre hasta darle sepultura en la capilla de los Reyes de la catedral de Toledo.

Alterando las costumbres castellanas, no se conformó con la proclamación y el 25 de julio, día de Santiago, se hizo coronar en Las Huelgas (Burgos).

Juan I y Leonor de Aragón tuvieron tres hijos: Enrique, Fernando y Leonor.

Frente a Juan I se alzó Juan de Gante, duque de Lancaster, hijo de Eduardo III de Inglaterra que, al contraer matrimonio con Constanza, hija de Pedro I El Cruel, comenzó a titularse también rey de Castilla, coincidiendo el nombre y el número.

Esto obligó al castellano a estrechar su alianza con Francia proporcionando flotas para combatir a los ingleses. Pero este acercamiento le obligaba también a aceptar al candidato francés, Clemente VII, frente a Urbano VI, en el Cisma de Occidente.

El 13 de septiembre de 1382 murió la reina Leonor y Juan I se casó con Beatriz de Portugal, llegando a ser Rey de Portugal, pero manteniendo las dos coronas separadas.

Las bodas se celebraron con gran pompa en Badajoz los días 13 y 14 de mayo. La novia tenía sólo diez años y tres meses. Pero se levantó acta, que estaba capacitada para consumar matrimonio. Juan demostró gran afecto por Beatriz y ella, cuando su marido falleció, se retiró a una vida privada diciendo que, habiendo perdido esposo de tanta calidad, no quería volver a casarse. La joven no tuvo hijos. Murió en Toro y allí continúa.

El año de 1383 fue el momento culminante del reinado. Se aseguró el comercio exterior en toda la costa hasta Flandes y la paz en el mar. En las Cortes se comenzó a tratar de un programa de reformas que abarcaba tres aspectos fundamentales:

  • el religioso, con la disciplina del clero,
  • el institucional, para mejorar las leyes y la justicia,
  • el social, poniendo límite a los excesos de la nobleza.

Las protestas armadas del reino de Murcia sirvieron para que el rey depusiera al adelantado, pasando el oficio a un miembro de la segunda nobleza, Alfonso Yáñez Fajardo, que hizo una buena labor de gobierno. Así se demostraron tres hechos: que el reino prefería la administración por los oficiales de la Corona, que se fortalecía el poder real y que la mediana y baja nobleza tenía, iniciaba su ascenso.

Juan I pidió a su suegro, Pedro IV El Ceremonioso de Aragón, un ejemplar de su Ordenamiento de Casa y Corte para emplearlo como guía en su proyecto. De ahí partía la separación del poder real en tres sectores:

  • legislativo (Cortes),
  • ejecutivo (Consejo)
  • judicial (Audiencia), que anuncian la tendencia del Estado moderno y que culminarán durante la Revolución Francesa de 1789.

La noche del 22 al 23 de octubre de 1383, murió Fernando de Portugal. Beatriz de Portugal, esposa de Juan I, se hizo cargo de la regencia. La nobleza la odiaba y pidió a Juan I de Castilla que tomara posesión del trono y éste, contra la opinión de sus colaboradores, se dispuso a hacerlo. Pero Lisboa y Oporto se alzaron en armas, y proclamaron al maestre de Juan Avis, bastardo real, como su jefe. Juan I, obligó a Leonor a trasladarse a Castilla y trató de apoderarse de Lisboa.

Pero se declaró la peste en el campamento castellano y el monarca Juan I, el 3 de septiembre de 1384, dio orden de retirada. Los portugueses decidieron convocar Cortes en Coimbra y allí declarar despojados de sus derechos por tiranía a Beatriz, eligiendo una nueva dinastía a partir de Juan de Avis, el 6 de abril de 1385.

El nuevo rey reconoció a Urbano VI como Papa, rompiendo la unidad hispánica, y solicitó de los ingleses el envío de fuerzas. Cuando Juan I intentó una nueva acción fue derrotado el 15 de agosto de 1385 por los portugueses y por los arqueros británicos.

Juan I reunió Cortes en Valladolid, reconociendo el error cometido, y obtuvo el apoyo de su reino, entendiendo la Monarquía como una relación estrecha entre el rey y sus súbditos.

Cuando el duque de Gerona sucedió a su padre Pedro IV en Aragón, también subió al Trono con el nombre de Juan I. Enrique, heredero de Castilla, contrajo matrimonio con Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I.

Juan I decidió reformar el reino creando el Principado de Asturias para los jóvenes esposos. Fue establecido así en las Cortes de Briviesca (Burgos) de 1387. De este modo, el poder real se ordenaba en dos escalones, la Corona, correspondiente al rey, y la sucesión reconocida al heredero que iniciaba como Príncipe de Asturias su formación. Príncipe, será el título máximo en la jerarquía nobiliaria, no habría en adelante más que uno, el heredero.

Durante algunos años hubo una suspensión de hostilidades y una situación general de paz en Occidente, permitiendo a los caballeros trasladarse a Oriente para intentar con Segismundo, rey de Hungría, frenar el avance turco, aunque no lo consiguieron.

Esta situación permitió un desarrollo del comercio castellano, que comenzó a remontar las adversidades, alzándose a un primer nivel en la economía europea. Sobre todo, hizo posible retornar al programa de reformas iniciado en 1383.

En Briviesca (Burgos), las funciones reales quedaron definidas como un deber hacia el reino, al que los súbditos responden con obediencia, guardando uno y otros las “leyes, fueros, cartas, privilegios y buenos usos y costumbres”.

Quedó reorganizada la Audiencia o Chancillería, que tendría su asiento permanente en Valladolid, ciudad que contaba con la segunda de las universidades del reino.

La Cancillería fue concebida como una oficina de emisión y sellado de documentos reales y de recepción de cuantos se generan en el reino destinados al rey, así como de su registro y conservación.

La Audiencia sólo se ocupaba de pleitos civiles, pasando los criminales y las apelaciones al Consejo, que de este modo se escindía en dos funciones:

  • El gobierno del territorio y la administración de la justicia en nombre del rey.
  • La Mesta, organización de ganaderos, y uno de los principales sustentos de la economía castellana, también obtuvo entonces su regulación.

Tanto en las Cortes de Segovia de 1386, como en las de Briviesca de 1387, se afirmó el principio de la unidad religiosa en el catolicismo.

Aunque nunca quiso prescindir de sus colaboradores judíos, entre los que se contaban médicos y escribanos de gran talla, comenzaron a establecerse entonces algunas restricciones en la protección de que gozaban.

Una oleada antisemita se extendió por el reino, que comenzó a preparar grupos violentos para llevar a cabo el asalto a las juderías en 1391 aprovechando la muerte del obispo y del propio rey. Este odio, visible ya en las Cortes de Palencia de 1388, no se extendía a los musulmanes, mucho menores en número.

Tras la clausura de las Cortes, se acordó uno de los gestos más importantes, plasmado en las instrucciones que se enviaron a la Audiencia el 5 de marzo de 1390: se debía proceder a la restitución de bienes a todas aquellas personas que hubieran sido privadas de ellos por ser partidarios de Pedro I El Cruel.

Juan I fue hombre muy piadoso. El clero y las órdenes religiosas se habían visto afectadas por la gran depresión, que redujo drásticamente el poder adquisitivo de las rentas eclesiásticas.

El clero se vio sumido en la pobreza y coincidiendo con las Cortes de Palencia, en octubre de 1388, se celebró una Asamblea del clero que el cardenal legado presidió. En ella se adoptaron cuatro resoluciones:

  • perseguir el concubinato, tanto de clérigos como de laicos;
  • obligar a los eclesiásticos a vestir ropa adecuada;
  • cuidar de que los bienes de la Iglesia no fuesen enajenados, pues de ellos dependía su independencia,
  • asegurar el aislamiento de juderías y morerías porque se consideraba su influencia sobre los cristianos perjudicial.

Sin embargo, la labor más importante es la que se refiere a las nuevas órdenes religiosas. Desde 1374, los Jerónimos habían comenzado su tarea y se habían instalado en Ávila y en Toledo.

En 1389 Juan I les hizo un espléndido regalo, Guadalupe, con sus rentas jurisdiccionales, lo que iba a permitir grandes instalaciones, incluyendo la medicina.

En 1390, los cartujos de Scala Dei de Valencia aceptaron instalarse en Castilla, recibiendo, una amplia chopera que se llamaría Santa María del Paular.

En 1390 los benedictinos recibieron el castillo y los baños de Valladolid para iniciar una reforma de la Orden llevándola a la “observancia”.

Las Cortes de Guadalajara de 1390 supusieron el balance final del reinado. Preparando un viaje a Andalucía, Juan I se detuvo en Alcalá de Henares para recibir la visita de unos caballeros rescatados en África, quienes le regalaron muchas cosas.

El domingo 9 de octubre de 1390, después de misa, Juan I cabalgó hacia su campamento por campos recién arados. Su caballo tropezó arrojando al jinete con tal violencia que murió en el acto.

Le sucedió en el trono su hijo Enrique III (1390-1406), casado con Catalina de Lancaster, hija de Juan de Gante y de Constanza de Castilla, hija de Pedro I el Cruel.


REAL MONASTERIO DE GUADALUPE

El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es Patrimonio de la Humanidad, en 1993.

Está regentada por una Comunidad de la Orden Franciscana.

El Santuario se inició a finales del siglo XIII, siendo una pequeña ermita, pobre y humilde, custodiada en sus primeros años por el sacerdote Pedro García (1330), a la que sustituyó la denominada segunda iglesia a finales del siglo XIV. Alfonso XI, que cazaba por estas sierras, visitó Guadalupe en el año 1335, contemplando el estado ruinoso de la primitiva ermita y comenzando las gestiones para proceder a su restauración.

Se designó al cardenal Pedro Gómez Barroso como custodio, ocupándose de tal cometido desde 1335 hasta 1341. En este tiempo se fundó en 1337 la Puebla y por orden de Alfonso XI comenzó a construirse el Monasterio (1340) solicitando y obteniendo para este lugar la creación de un priorato secular y lo declaró de su real patronato.

El priorato secular, dotado con el señorío civil del prior sobre la Puebla, estuvo dirigido por cuatro priores entre los años 1341 y 1389, finalizando con la entrega del santuario a la Orden de San Jerónimo, que se mantuvieron en este lugar cuatro siglos, hasta que la desamortización de 1835 puso fin a este periplo, pasando a ser parroquia secular de la archidiócesis de Toledo, que regentaban sacerdotes diocesano hasta la llegada de la Orden Franciscana en 1908, que es quien rige desde entonces y hasta la actualidad el Monasterio y Santuario.

Como distinciones destacables:

  • el distintivo “Real” por concesión de Alfonso XI en 1340,
  • “Pontificio” por concesión de Pío XII en 1955,
  • “Monumento Nacional” en 1879 y
  • “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO en 1993.
  • la imagen de Santa María de Guadalupe ostenta el título de “Reina de las Españas o de la Hispanidad” otorgado por Alfonso XIII en 1928 y Patrona de Extremadura” en 1907.

En sus siete siglos destaca su majestuosa biblioteca, sus capillas musicales, su Scriptorium o Escribanía de libros miniados o “iluminados”, sus talleres de bordados, de orfebrería, en sus reales hospitales, farmacia y en todas sus obras artísticas.

El Monasterio de Guadalupe fue el principal Monasterio de la Orden Jerónima y posee una excepcional arquitectura por su variedad de estilos, destacando el Templo, el Claustro Mudéjar y su templete, único en el mundo, vinculado a la historia media y moderna de España, por su relación con los reyes Católicos.

Arquitectura. Templo gótico (Siglos XIV y XV)

La iglesia de Guadalupe ha sido edificada tres veces a lo largo de su historia. La primitiva iglesia (extinguida en su totalidad) se hizo a finales del siglo XIII. La segunda de estilo mudéjar fue edificada a principios del XIV (subsiste un ábside) y la última (la actual) fue finalizada en torno a 1403.

Posee planta de cruz latina con tres naves, crucero y ábside poligonal. Destacan sus bóvedas de crucería. La nave central se ilumina por grandes ventanales góticos con bellas lacerías.

El Retablo mayor del templo es una obra trazada por Juan Gómez de Mora y ejecutada por Juan Bautista Montenegro, con esculturas de Giraldo de Merlo, Jorge Manuel Theotocópuli y Juan Muñoz. Los lienzos son de Vicente Carducho y Eugenio Cajés, con dorados de Gaspar Cerezo y Gonzalo Marín.

El sagrario, situado en la parte inferior del retablo, fue escritorio del rey Felipe II, realizado en madera de cedro con aplicaciones de bronce.

 

Coro

El Coro alto de la iglesia dispuesto a los pies destaca por su sillería de estilo barroco con 96 relieves. En el mismo coro se destaca la existencia de un gran atril o facistol barroco, labrado en bronce, dos retablos adosados a los pilares inmediatos al templo con dos lienzos grandes atribuidos a Zurbarán y otros más pequeños de autor desconocido.

Claustro mudéjar y templete

El Claustro mudéjar de Guadalupe es uno de los mejores de su estilo, construido entre 1389 y 1405.

Se compone de dos plantas de forma rectangular, con unos 40 metros de lado, y doble número de arcos en el cuerpo alto con respecto al bajo.

Destaca en el claustro el templete realizado con barro cocido y ladrillo, decorado con azulejos y yeserías. Corona su arquitectura una aguja con cerámica blanca y verde, que termina en una cruz de hierro. Su autoría es de Fray Juan de Sevilla, que probablemente fuera también del propio claustro.

Otro templete, más recoleto se localiza frente a la puerta que conecta la actual Hospedería con el claustro, el que existe una réplica de la fuente del lavabo o Lavatorium, realizada en 1402 por Juan Francés y que en la actualidad se sitúa en la Capilla de Santa Ana. Este templete es de planta cuadrada con cuatro arcos de herradura.

Claustro mudéjar y templeteClaustro mudéjar y templete


En este claustro hay lienzos de gran tamaño que nos muestran los numerosos milagros en los que ha intervenido la Virgen, de ahí que a este claustro también se le llama “de los milagros”. Son obra de fray Juan de Santa María, que los pintó entre 1621 y 1623.

En este espacio se encuentran también un buen número de sepulcros, donde destaca el realizado entre 1458 y 1460 para fray Gonzalo de Illescas, Obispo de Córdoba y Prior del Monasterio; también el del último Prior secular, Don Juan Serrano.

 

Claustro Gótico

Denominado también claustro de la enfermería o de la botica, actualmente utilizado dentro de las instalaciones de la Hospedería del Monasterio, es una obra mixta, mudéjar, gótica y clásica.

Posee planta rectangular y fábrica de ladrillo, con seis arcos en los lados este y oeste, y cinco en el lado norte. Posee tres pisos.

Los arcos son de medio punto (piso bajo), apuntados de tracería gótica de ladrillo aplantillado y calado con rosetones y nervaturas (segunda planta) y arcos escarzanos sobre pilares octogonales en la tercera planta.

El claustro está coronado en los ángulos por torreones cilíndricos rematados por chapiteles con tejas policromas de cerámica vidriada. Destacándose cuatro ventanales con motivos mudéjares y elementos decorativos de influjo islámico y gótico.

Claustro Gótico, Hospedería cedida por Jaime Cerezo

Claustro Gótico, Hospedería cedida por Jaime Cerezo


Capillas del monasterio


Capilla de Santa Ana

Es la capilla que se encuentra a la entrada del templo, construida en los primeros años del siglo XV, adornada con pinturas murales gótica-flamencas de la misma época. Destaca el Sepulcro de los Velasco de estilo gótico realizada por el escultor Egas Cueman.

Desde esta capilla, en el cuerpo inferior de la torre existe una fuente de bronce o lavatorio de 1402. En esta misma capilla sorprende un relieve gótico de la Anunciación tallado en alabastro y atribuido al mismo autor Egas Cueman. El retablo existente posee un retablo barroco con lienzos de Pablo de Céspedes.


Nave de Santa Paula

Es la nave que comunica la Basílica con el templo, donde destacan en su parte superior unas pinturas murales de estilo mudéjar y una inscripción latina en letras góticas. Destacan dos lienzos: “La Aparición de Nuestra Señora al Pastor Gil Cordero”, barroco de Pedro José de Uceda (1737) y Aparición de fray Fernando Yáñez a fray Juan de Carrión, del pintor fray Juan de Santa María.


Real Capilla de Santa Catalina

Construcción de mediados del siglo XV, de planta cuadrada cubierta con bóveda de crucería en la que se ubican dos retablos barrocos de Santa Catalina y Santa Paula, de Giraldo de Merlo (Siglo XVII), además de otras esculturas y una rica colección de siete lienzos, de tamaño mediano, barrocas de la escuela sevillana atribuidas a fray Juan de Santa María, pintor jerónimo del siglo XVII.


Capilla de San Gregorio

Ocupa la parte baja de la Torre del mismo nombre y en el pasadizo que comunica el claustro mudéjar con la Capilla de Santa Catalina, después de la Capilla de Santa Cecilia.

Destaca en este espacio el sepulcro del Prior Juan Serrano y el retablo en honor a San Gregorio que es un conjunto de clasicismo barroco, con dos lienzos de Pedro de Villafranca, San Gregorio Magno y Inmaculada Concepción de María.


Relicario o Capilla de San José

Es una de las construcciones más importantes de fines del siglo XVI. Concebida para albergar las numerosas reliquias que el monasterio poseía, este espacio se compone de una planta octogonal, cubierta con cúpula iluminada con linterna y ornamentación a base de flores, ángeles e hipogrifos al temple, de estilo barroco y escuela sevillana.

En cada casquete hay cuatro escenas de la vida de San José, que alternan con cuatro escudos. En las ocho ventanas hay ángeles de autor desconocido.


Bóveda del Relicario

Actualmente alberga una de las estancias museísticas del monasterio, en la que se exponen joyas, orfebrería de mucha calidad y valor, como la Arqueta de los Esmaltes de Juan de Segovia “El Platero” de segunda mitad del siglo XV y la Cruz relicario atribuida al mismo autor, entre otros.

Bóveda del Relicario

Bóveda del Relicario


Camarín de la Virgen

Construcción barroca, denominada por algunos como “la antesala del cielo” este espacio se configura como un espacio íntimo de estilo rococó, de planta octogonal con dos cuerpos: el camarín propiamente dicho, de planta central de líneas mixtas, con cúpula semiesférica abierta con linterna y cupulín superior; y una estancia inferior denominada “Panteón” o “Capilla de los Siete Altares” del siglo XVII.

El Camarín fue obra del maestro Francisco Rodríguez Romero, finalizado en 1696.

Pinturas murales, esculturas y lienzos de una gran calidad y valor artístico se dan cita en este espacio. Destacan los lienzos de Luca Giordano, las pinturas murales de Francesco Leonardoni, las pinturas al temple de Pedro José de Uceda, las esculturas de las ocho mujeres fuertes de la Biblia, atribuidas a Marcelino Roldán.

Detalle del Camarín de la Virgen

Detalle del Camarín de la Virgen

La imagen de Santa María de Guadalupe y su devoción son la razón de ser de este monasterio y santuario. Se trata de una imagen protogótica, fechada en el siglo XII, que sigue el tipo mariano de “Kiriotisa”, es decir Virgen como trono del Señor.

Realizada en madera de cedro, ennegrecida. Se sienta en posición frontal y sirve de trono al Niño, también en actitud hierática, ligeramente inclinado.

El concepto hierático plasma algo rígido y carece de expresividad, es señal de solemnidad y de majestuosidad.


Pabellón del capítulo y antigua librería

Se trata de dos elementos constructivos del siglo XV ubicados en el lado suroeste del monasterio, a los pies del templo. La primera planta fue sala capitular, dedicándose actualmente a sala de congresos y seminarios.

El piso superior, con bóvedas de crucería fue la antigua librería. El acceso a la sala capitular se realiza por un patio pequeño (desde donde se comienza la visita al monasterio) que se llama de la mayordomía

De la sala capitular destaca la pintura al fresco gótica, con una excelente conservación, especialmente en la bóveda de crucería, con motivos florales y el emblema del monasterio (el jarrón de azucenas).


Iglesia de la Santísima Trinidad

Actualmente llamada Auditorio o “iglesia Nueva”, es una construcción de influencia americana, levantada por un descendiente directo de Colón, el duque de Veragua y almirante de las Indias, Don Pedro Nuño Florentín Colón, que finalizó la obra en 1736, según planos de Manuel Lara y Churriguera.

De planta rectangular, con tres naves (la central como siempre más elevada). En la intersección del crucero se alza una cúpula, mientras el resto es de medio cañón con lunetos, y los laterales de aristas. En la actualidad se usa como espacio cultural.


Museo de bordados

Se ubica en el antiguo refectorio del monasterio, frente al templete del lavatorium y ha sido recientemente reformado para mostrar al visitante la gran calidad de sus bordados, realizados en el taller del monasterio que comienza su andadura a partir del año 1415.

Capas, tocas, mantos y un buen número de objetos estrechamente con la liturgia o los oficios propios del monasterio, realizadas por artesanos en los talleres del monasterio, confeccionados con telas ricas y variadas, y con las técnicas más depuradas de la época, diversidad y estilo, además de la inclusión de metales preciosos en su realización, destacan las piezas de este museo.


Museo de libros miniados

Se sitúa en el claustro mudéjar, y alberga una de las mejores colecciones de libros miniados o iluminados realizados en el scriptorium del monasterio durante más de 300 años.

En los manuscritos ilustrados de la Edad Media, las miniaturas o iluminaciones eran pinturas o dibujos que representaban temas de religiosos.

Al inicio del Renacimiento, los manuscritos se ilustraron con temas civiles y galantes. Alcanzaron gran apogeo y difusión internacional, principalmente a través de las cortes de la nobleza europea.

A partir del siglo XVI, el auge de la imprenta resta protagonismo a este tipo de costosas creaciones. La invención de la imprenta se atribuye al alemán, Johannes Gutenberg en el año 1440. El último gran maestro iluminador fue Giulio Clovio, a mediados del siglo XVI.

En los márgenes de las páginas de los manuscritos era frecuente que se incluyeran distintos motivos ornamentales. Los más conocidos son los dibujos que realzan las letras capitales o los que separan las columnas de texto mediante motivos que representan arquitecturas fingidas y tallos y hojas que se enroscan por los márgenes de las páginas.

La colección de miniados de Guadalupe consta de 107 códices, de los cuales 97 son cantorales de gran tamaño, destacándose por su calidad artística los realizados en la segunda mitad del siglo XV y primer tercio del siglo XVI.

Un Cantoral o libro del coro es un manuscrito musical de gran formato utilizado en iglesias y catedrales durante la Edad Media y el Renacimiento. El tamaño del pergamino es muy grande para que el coro completo pueda leer las notas musicales a distancia.

Los cantorales se situaban generalmente en los facistoles, en medio del coro. Los niños sopranos se situaban delante y los hombres detrás. El facistol es un atril grande donde se ponían los cantorales.

Su utilización empezó a decaer a partir del siglo XVI cuando la impresión de libros fue más barata y los libros más pequeños y más fáciles de manejar.

Un cantoral medieval era muy caro por la utilización del pergamino. Sólo en los principales monasterios o catedrales se podían contemplar cantorales con bellos decorados e iluminaciones.

En España destacan los Cantorales de la Catedral de Salamanca, Catedral de Granada y Catedral de Sevilla.


Museo de pinturas y esculturas

Se sitúa también en uno de los laterales del claustro del monasterio. Consta de un interesante fondo de pinturas y esculturas donde destacan lienzos de El Greco, Zurbarán, Goya o Juan de Flandes.

Sacristía

Es una de las joyas arquitectónicas y artísticas del monasterio. Fue construida entre 1638 y 1647, probablemente por el arquitecto fray Alonso de San José, con planta rectangular de 17,65 metros de longitud por 7,70 metros de anchura. Está cubierta con una bóveda de cañón, dividida en cinco tramos por arcos fajones.

El conjunto de la sacristía se divide a su vez en tres elementos:

1. El pórtico, de estilo gótico del siglo XV con bóvedas de crucería, donde se ubica una bella fuente de mármol que sirve de aguamanil y suministro de aguas para la basílica;

2. La nave de la sacristía se concibe como una iglesia con bóvedas de cañón y ornamentación pictórica al temple en muros y bóvedas, con la presencia de los ocho afamados lienzos del extremeño Francisco de Zurbarán;

3. Cierra el conjunto la capilla de San Jerónimo que se compone de dos tramos, uno cuadrado con bóveda semiesférica y otro cubierto por una pequeña bóveda de cañón. En ella existe un hermoso retablo en honor al santo que le da nombre, con interesantes pinturas al temple y otros 3 cuadros del pintor de Fuente de Cantos, entre los cuales se encuentra el denominado “La Perla de Zurbarán” que se refiere al lienzo “La Apoteosis de San Jerónimo” que corona el retablo.


Elementos exteriores

Además de las estancias interiores, el Monasterio de Guadalupe cuenta con otros elementos arquitectónicos de gran valor artístico en los que el mudéjar, el gótico, el renacimiento o el barroco conforman formas y elementos característicos propios de este lugar. Destacamos las siguientes:


Fachada principal del Santuario

Se sitúa en la zona sur del monasterio, frente a la principal de la Puebla, la plaza de Santa María de Guadalupe, protegida por un atrio de granito. Se extiende entre el espacio ocupado por las torres de Santa Ana y de la Portería, construcciones góticas del siglo XV.

Detalle Portada del Monasterio de GuadalupeDetalle Portada del Monasterio de Guadalupe


De estilo gótico español, con materiales y elementos mudéjares. Fue construido por el primer prior del monasterio fray Fernando Yáñez de Figueroa, muerto en 1412, aunque sufrió posteriormente muchas incorporaciones poco estéticas, hasta que finalmente, D. Luis Menéndez Pidal, entre 1951 y 1963, le otorgó la grandiosidad, tal y como hoy la contemplamos.

Consta de dos cuerpos: la doble entrada del templo con réplica de las puertas de bronce originales (éstas se encuentran en el Auditorio) que Pablo de Colonia repujase en el siglo XIV sobre las que se elevan dos arcos adornados con elementos góticos.

El segundo cuerpo posee dos grandes ventanales góticos con arcos apuntados y vidrieras sobre un zócalo adornado con arquería que recorre toda la fachada con un friso.

El rosetón gótico-mudéjar enmarcado en un cuadrado con las armas reales de Castilla y de León, está flanqueado por dos pilastras-contrafuertes.

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Detalle Rosetón Gótico-Mudéjar


Torre de Santa Ana

Esta torre presenta en su frente dos vanos con arcos góticos apuntados. Está rematado con una serie de almenas por sus cuatro lados que le imprimen un recio carácter de fortaleza.

Sobre esta torre se encuentra La Campana del rey Don Pedro fabricada hacia 1364 por los maestros broncistas Bernal Pérez y Alfonso Domínguez de Sevilla. También aloja la capilla de Santa Ana y el reloj actual. La torre está coronada por almenas.


Torre de las campanas

Levantada en 1363, consta de cuatro cuerpos de mampostería con sillares en las esquinas. El cuerpo que aloja el campanario tiene tres ventanas con arco apuntado encuadradas en alfiz de ladrillo en cada lado. En el cuerpo superior se aloja el reloj. La rematan unas almenas y una pequeña espadaña. Se ubica en la zona este del monasterio.

Torre de las campanas

Torre de las campanas


Torre de San Gregorio

Cerca de la torre de las campanas con la que se conecta mediante un arco puente. En la primera planta se aloja la capilla de San Gregorio próxima al claustro mudéjar; el segundo cuerpo forma parte del claustro alto.


Otras torres

Construidas en los Siglos XIV-XV son torres que se sitúan en los lados norte y oeste. Una de ellas, llamada del “Chapitel bonito” está en el ángulo noreste del claustro mudéjar; la de “Las Palomas” se sitúa en el ángulo noroeste y hay dos torreones semicirculares, el del Norte y el del Poniente.


BIBLIOGRAFÍA:

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C. Olivera Serrano, Las Cortes de Castilla y León y las crisis del Reino, 1445-1474. El Registro de Cortes, Burgos, Instituto de Estudios Castellanos, Cortes de Castilla y León, 1986;

M. D. C. Morales Muñiz, Alfonso de Ávila, rey de Castilla, Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 1988;

B. Netanyahu, Los orígenes de la Inquisición, Barcelona, Crítica, 1999; L. Suárez Fernández, Enrique IV, Barcelona, Ariel, 2001.

Real Academia de la Historia

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