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Martín I El Humano

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

MARTÍN I EL HUMANO (1356 – 1410)

Martín I el Humano, rey de Aragón

MARTÍN I EL HUMANO(1356 – 1410)

Perpiñán (Francia), 1356 – Barcelona, 31.V.1410.

Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, conde de Barcelona (1396-1410) y Rey de Sicilia (1409-1410).

Martín I El Humano fue el segundo hijo de Pedro IV el Ceremonioso y Leonor de Sicilia. Recibió de su padre los títulos de conde de Besalú y senescal de Cataluña (Mayordomo mayor de la casa real). Desde 1378 fue lugarteniente de su padre en el reino de Valencia. En 1387, su hermano, el rey Juan I, nada más comenzar su reinado, le otorgó el título de duque de Montblanc.

Desde niño, su padre concertó su matrimonio con María de Luna, hija primogénita de su fiel servidor Lope de Luna. Muerto Lope de Luna, fue la madre de María de Luna, Brianda d’Agout, la que aparece concertando el acuerdo matrimonial con el rey y la reina. Tanto interesaba al rey esta unión familiar que se estipuló que, si María moría, el infante se casaría con la hermana menor, Brianda.

Se acordó que cuando la condesa María cumpliese los ocho años de edad, sería entregada a la reina Leonor de Sicilia, para que fuese educada en la Corte. El 13 de junio de 1372, cuando Martín contaba 16 años, se efectuó la boda en la catedral de Barcelona.

Veinticuatro años separan la celebración del matrimonio de María y Martín con su subida al trono de la Corona de Aragón en 1396.

Durante los primeros años de matrimonio tuvieron cuatro hijos: Martín, Jaime, Juan y Margarita. Salvo el primogénito, los otros murieron prematuramente. Las relaciones entre los dos esposos fueron cordiales y respetuosas. Ambos fueron muy piadosos.

En 1375, murió la reina Leonor de Sicilia, tercera esposa de Pedro el Ceremonioso. En su testamento muestra el profundo afecto que sentía por su hijo Martín, del que fue tutora desde que él cumplió dos años de edad, nombrándole heredero universal de sus derechos y propiedades en la Corona de Aragón y en Sicilia. Esta herencia materna condicionó su acción política como rey.

El rey Federico III de Sicilia, de su matrimonio con la infanta Constanza, hija de Pedro el Ceremonioso, sólo tuvo una hija legítima, María, nieta del rey Pedro de Aragón.

En su testamento nombró a su hija María heredera del reino de Sicilia y de los ducados de Atenas y Neopatria, mientras que a su hijo natural, Guillermo, le dejó las islas de Malta y el derecho a sucederle en el trono en el caso de que la heredera legítima muriese sin descendencia. En última instancia, el Trono siciliano correspondería a los hijos de su hermana Leonor de Sicilia, Juan y Martín.

Esta herencia siciliana influyó mucho en las decisiones políticas de los últimos años de Pedro el Ceremonioso y marcó la de los reinados de Juan I y de Martín I el Humano.

Martín, como heredero de los derechos de su madre, dirigió las expediciones militares que entre 1378 y 1384 estuvieron destinadas a garantizar que María, fuera la sucesora en el trono siciliano.

Pedro el Ceremonioso intentó incorporar Sicilia a la Corona de Aragón y por ello pretendió casar a su primogénito Juan, viudo de Matha de Armañac, con su nieta María de Sicilia.

Fracasado este intento por la negativa del duque de Gerona, Pedro el Ceremonioso depositó todas sus esperanzas en el infante Martín, al cual cedió todos sus derechos sobre la isla en 1380.

Finalmente, se acordó que sería Martín el Joven, el primogénito del infante Martín y María de Luna, el que contraería matrimonio con su prima María de Sicilia. Tras largas negociaciones, la boda se celebró el 29 de noviembre de 1391.

En febrero de 1392, el infante Martín el Humano fue a Sicilia acompañando a su hijo Martín el Joven, que tenía dieciséis años, y a su esposa María de Sicilia, al frente de una escuadra con el único objetivo de reinstaurar en aquel trono a su nuera y a su hijo.

La reina María de Luna se quedó en la Península velando por el importantísimo patrimonio familiar y no volvió a ver a su marido hasta 1397, cuando regresó ya como rey, a la muerte de su hermano Juan I.

Martín el Humano se apoderó rápidamente de la isla, aunque la toma de Palermo y la ejecución de un magnate siciliano fue el comienzo de una rebelión nobiliaria, que puso en peligro la vida de los reyes de Sicilia y del infante Martín asediados en Catania.

En 1393, una escuadra enviada por Juan I, así como los refuerzos reunidos por María de Luna mejoró la situación de Martín el Humano y de sus hijos, aunque el estallido de una nueva rebelión hizo que la isla no estuviese pacificada del todo hasta 1398.

Tras la muerte de Juan I en mayo de 1396, Martín I se convirtió en el nuevo rey de Aragón. Hasta que no regresó a la Península, María de Luna actuó de regente y afrontó con éxito los hechos que ponían en peligro el trono, como las maniobras de la reina viuda, Violante de Bar, que alegaba estar embarazada.

Por otro lado, estaban las pretensiones del conde Mateo de Foix casado con Juana, hija de Juan I, que aspiraba al trono de Aragón, desembocaron en una invasión de tierras catalanas en 1396.

En 1401, murió María de Sicilia, y su hijo Martín el Joven se convirtió en heredero universal de su esposa. La gran preocupación de Martín I el Humano y María de Luna fue casar lo mejor posible a su único hijo Martín.

En 1401, Martín el Humano viajó a Navarra para entrevistarse con Carlos III de Navarra y concertar el matrimonio entre sus respectivos hijos, el rey Martín de Sicilia y la infanta Blanca de Navarra. Dicho enlace se efectuó en 1402.

El 29 de diciembre de 1406 María de Luna murió y Martín I el Humano perdió una esposa, una consejera fiel y una hábil estratega. Martín el Humano expresó su tristeza en una serie de cartas que escribió al maestre de la Orden de Montesa, a su tía la reina Leonor de Chipre y a su cuñada Violante de Bar.

La vida familiar del Rey se complicó al máximo cuando en 1409 murió inesperadamente su hijo Martín el Joven, rey de Sicilia, en Cagliari, sin herederos legítimos.

Este acontecimiento causó a Martín el Humano una terrible angustia, ya que le convertía en rey de Sicilia, aunque Blanca de Navarra permaneció como Reina nominal hasta 1410.

El problema planteaba la necesidad de intentar tener un nuevo heredero al trono lo más rápidamente posible. La presión decidió al rey a contraer nuevas nupcias. La elegida fue Margarita de Prades, joven y noble dama descendiente de Jaime II y Blanca de Anjou.

A tres meses de la muerte de Martín el Joven, a las afueras de Barcelona, Martín el Humano contrajo nuevo matrimonio, el 17 de septiembre de 1409. Pero el rey Martín estaba enfermo y tenía 53 años. Murió el 31 de mayo de 1410, ocho meses y medio después de haberse casado por segunda vez, sin descendientes y sin haber designado sucesor, aunque había nombrado lugarteniente y gobernador general de los reinos al conde de Urgell, cargo que ostentaban los herederos de la Corona.

Por otra parte, legitimó a su nieto Federico, hijo natural de Martín el Joven, con la finalidad de que sucediera a su padre en el condado de Luna, si bien no tuvo tiempo de hacerlo legitimar por el papa aviñonés Benedicto XIII, el papa Luna, lo que le hubiese convertido en el heredero de la Corona.

Su muerte abrió un conflicto de dos años, que finalizó en 1412 con el llamado Compromiso de Caspe, que proclamó rey a su sobrino Fernando de Antequera.

Martín I el Humano fue el último soberano en línea directa de la casa de Barcelona, dinastía que se había iniciado con el conde Wifredo a finales del siglo IX.

Martín el Humano fue un hombre tranquilo y negociador. Al comienzo de su reinado se encontró con la Hacienda arruinada. Tuvo que gobernar siempre de acuerdo con las Cortes y con las grandes ciudades, especialmente las tres grandes ciudades marítimas: Barcelona, Valencia y Mallorca.

En 1400, Martín el Humano convocó en Tortosa un Parlamento de ciudades marítimas a las que solicitó un donativo, para defender las posiciones catalanas en Cerdeña y, a la vez, acabar con los corsarios que atacaban desde dicha isla las naves de la Corona de Aragón perjudicando el comercio.

En contrapartida por la ayuda solicitada, las ciudades impusieron al rey la expulsión de los mercaderes italianos, pero esta medida sólo estuvo en vigor un año, debido a la bajada en los ingresos fiscales y a los intereses de los productores de materias primas, como lana, trigo, azafrán, y otras, muy perjudicados por la citada expulsión.

Ante tales hechos, en 1402, el rey decretó la libertad de comercio, con ciertas condiciones, para los mercaderes italianos, a la vez que negociaba un nuevo tratado de paz con Génova para acabar con la guerra entre la Corona de Aragón y la República de Génova.

El rey Martín obtuvo ayuda económica de las Cortes catalanas en 1406, encomendándose a Martín el Joven la campaña para socorrer las posiciones de la Corona en Cerdeña, lo que en 1408-1409 provocó la guerra con Génova. Poco después de la victoria, Martín el Joven murió en Cagliari, dejando a su padre el reino de Sicilia.

Martín el Humano heredó de su hermano, Juan I, un clima bélico con Granada, entre 1396 y 1400. En 1404, se iniciaron unas negociaciones para firmar un tratado de paz que solucionase la inseguridad existente.

A finales de 1405, el tratado estaba firmado, pero la guerra que estalló entre Castilla y Granada hizo que, aunque Martín el Humano se mantuvo neutral, procurara facilitar aprovisionamiento al Ejército castellano. A pesar de todo, las relaciones entre el monarca aragonés y el sultán nazarí continuaron siendo cordiales.

Martín el Humano fue uno gran defensor del papado de Aviñón, y especialmente de Benedicto XIII, el Papa Luna, pariente de su esposa, al que visitó en su palacio de Aviñón en 1397, en su viaje de regreso a la Península ya como rey. Siempre que pudo, le proporcionó ayuda diplomática y militar, y en 1408 le acogió en sus reinos, instalándose finalmente en Peñíscola.

La gran preocupación de Martín I el Humano fue sanear la economía y recuperar el patrimonio real cargado de deudas. En 1399 amplió la pragmática que obligaba a los monarcas a mantener la unidad de los reinos y condados que formaban la Corona de Aragón. El condado de Ampurias, que tantos problemas había ocasionado a su padre y a su hermano, quedó definitivamente incorporado a la Corona. Concedió a su esposa, María de Luna, el título de condesa de Ampurias.

Martín I el Humano fue un humanista. Su estancia en Sicilia le proporcionó un sentido del clasicismo, muy alejado de las cacerías y de las frivolidades cortesanas de su hermano Juan I. Los recuerdos de sus lecturas clásicas y las citas de Julio César aparecen constantemente en sus palabras.

Fue un gran lector de libros de historia y de escritores cristianos, se interesó mucho por los temas religiosos, por lo que también llegó a ser conocido como el Eclesiástico. También se pronunció a favor de quien que creyó como legítimo Papa, el familiar de su esposa María de Luna.

Su discurso de inauguración de las Cortes reunidas en el palacio de los reyes de Mallorca en Perpiñán, el 26 de enero de 1406, es una de las piezas de oratoria más famosas de la historia medieval, donde repasó todos los hechos más importantes de la historia de la Corona de Aragón desde el siglo XIII, e hizo una gran alabanza de los catalanes.

A principios de 1398 se inició la labor que el rey realizó a favor de la enseñanza superior en Barcelona y que se concretó en la fundación del Estudio General de Medicina y Artes. La fundación oficial del Estudio General de Medicina de Barcelona se hizo por voluntad regia, tal como consta en el privilegio del 10 de enero de 1401. En las cartas que dirigió a las autoridades barcelonesas, el rey declaró que realizó dicha fundación tanto para preservar su delicada salud, como la de los habitantes de la ciudad.

Martín I fue un esposo fiel, a quien no se le conocieron hijos bastardos. Su carácter fue bondadoso y familiar y tuvo en su esposa, María de Luna, de carácter fuerte, un complemento perfecto.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la soledad y tristeza, especialmente después de la muerte de su mujer, en 1406, y de su hijo Martín el Joven un año antes de su propio fallecimiento, en 1410.

Algunos historiadores han valorado muy negativamente sus decisiones finales y le han hecho responsable de la entronización de la dinastía de los Trastámara en la Corona de Aragón.

Sus restos descansan en el monasterio de Santa María de Poblet, mientras que los de su hijo, Martín el Joven, en la catedral de Cagliari, en un magnífico panteón mandado construir por Felipe V.

BIBLIOGRAFÍA:

M.ª D. López Pérez, La Corona de Aragón y el Magreb en el siglo XIV (1331-1410), Barcelona, CSIC, 1995;

S. Claramunt y R. Conde, Privilegi de creació de l’Estudi General de Medicina de Barcelona. 1401, Barcelona, Universidad, 2001;

S. Claramunt, “La política matrimonial de la Casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 196-235.

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

Imagen:

Martín I el Humano, rey de Aragón

COPIA ARIOSTO, FELIPE

1634. Óleo sobre lienzo, 244 x 127 cm

Museo del Prado

Depósito en otra institución

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Juan I de Aragón (1350 – 1396)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

JUAN I DE ARAGÓN

(1350 – 1396)

 

JUAN I DE ARAGÓN

Duque de Gerona, conde de Cervera.

El Cazador, el Músico, y el Amador de la gentileza.

Perpiñán (Francia), 1350 – Foixá (Gerona), 1396.

Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y conde de Barcelona

Juan I de Aragón

Hijo de Pedro IV el Ceremonioso y Leonor de Sicilia, desde 1351 ostentó el título de duque de Gerona, especialmente creado para él, al que también se añadió el de conde de Cervera.

A los dos años, en 1352, fue jurado como primogénito de la Corona, y desde 1363 ejerció como lugarteniente general de los reinos.

En 1370, fue prometido a Juana de Valois, hija de Felipe IV de Francia y tía del entonces monarca reinante en el país vecino, Carlos V el Sabio. Los acuerdos matrimoniales estuvieron a punto de romperse por la acción diplomática de Navarra y Castilla, que no veían bien este posible matrimonio.

A pesar de todos los obstáculos, la boda estuvo a punto de celebrarse en Perpiñán en 1371, pero la princesa Juana de Valois enfermó gravemente y murió el 16 de septiembre. Esta muerte le afectó mucho, por lo que vistió de riguroso luto los tres meses que pasó después en Perpiñán.

A principios de 1373, unos nuevos pactos matrimoniales estaban concluidos: la elegida era Matha, hija del conde de Armañac.

La boda se celebró en la catedral de Barcelona el 28 de abril de 1373, en medio de tres terremotos que afectaron a Barcelona el 2 de marzo y el 3 y 23 de mayo.

Matha de Armañac fue una mujer sumisa a su marido y a sus suegros, y tuvo mala suerte con su descendencia. Los tres hijos varones que tuvo, Jaime, Juan y Alfonso, murieron antes de cumplir un mes. De sus dos hijas, Juana y Leonor, la primera nació en 1375 y fue la única que sobrevivió a sus padres, casándose con Mateo, conde de Foix, la segunda vivió únicamente unas horas.

Pedro el Ceremonioso, viudo desde 1375 de Leonor de Sicilia, comunicó a los duques de Gerona en 1377 su deseo de contraer nuevo matrimonio con su amante Sibila de Fortiá, con la que había tenido una hija.

Juan no osó enfrentarse con su madrastra y su pacífica esposa Matha, murió en el palacio de la Aljafería de Zaragoza en 1378, como consecuencia del parto prematuro de su hija Leonor.

Juan se instaló en Barcelona y, una vez pasado el tiempo de luto, pudo comprobar cómo cada día era mayor la influencia de Sibila de Fortiá, que había dado un hijo al rey, llamado Pedro.

Todo ello le decidió a contraer nuevas nupcias a los veintiocho años. Su nuevo matrimonio se convirtió en una verdadera cuestión de estado y motivo de graves enfrentamientos entre el rey Pedro y el duque de Gerona.

Pedro el Ceremonioso ya había destinado como nueva esposa de su heredero a la reina María de Sicilia, su nieta, a la que había que proteger contra las ambiciones de los barones sicilianos, al tiempo que este proyectado enlace suponía el inicio de un plan para incorporar directamente el reino de Sicilia a la rama madre familiar de la casa real de Aragón.

En este empeño seguramente coincidieron el rey y los familiares de Sibila de Fortiá, que querían alejar de la Corte al incómodo heredero de la Corona. Pero junto a la propuesta del rey, estaba el ofrecimiento del monarca francés, al que interesaba tener como aliado al futuro soberano de la Corona de Aragón.

La propuesta de la Corte francesa era la sobrina del rey francés, Violante de Bar, hija de Roberto, duque de Bar, y de María, hermana del rey de Francia, Carlos V el Sabio.

Esta oferta matrimonial suponía que Juan se casaría con una nieta del hermano de Juana de Valois, la primera prometida del duque de Gerona, cuya boda no pudo celebrarse.

También llegaron otras propuestas matrimoniales como la que hizo el propio pontífice aviñonés Clemente VII, para casarlo con una sobrina suya, hija del conde de Ginebra.

Las inclinaciones francófilas de Juan determinaron la elección de su segunda esposa, en contra de la voluntad paterna que hubiese preferido a María de Sicilia.

El 30 de abril de 1379, Juan de Aragón se casó con Violante de Bar, en la catedral de Perpiñán, no asistiendo los reyes, siendo los personajes de más alto rango que presenciaron la ceremonia el infante Martín y el conde de Ampurias, cuñado del novio.

La nueva duquesa de Gerona, de quince años de edad, era de un carácter muy diferente al de su predecesora Matha de Armañac. El papel que desempeñó en la política de la Corona de Aragón fue muy importante, tanto en vida de su marido, como a la muerte de éste. Ejerció siempre una notable influencia sobre su esposo.

Violante de Bar era joven, guapa, alegre y estaba acostumbrada a una vida de lujo y refinamientos, en un ambiente festivo y desenfadado, que introdujo en la Corte. Preocupada por las joyas, los perfumes y los vestidos, fue el complemento ideal para su esposo, amante de la caza y de la poesía, siendo denominado “amador de la gentileza”.

Pero no fue ajena a las divergencias que se produjeron entre su marido y su padre, el rey Pedro el Ceremonioso, que llegaron a culminar con el enfrentamiento directo con la nueva soberana, la joven ampurdanesa Sibila de Fortiá, que fue coronada reina en 1381 en Zaragoza, acto simbólico que no recibieron las tres primeras esposas del monarca, sin la presencia de los hijos del rey, los infantes Juan y Martín.

Esta tensa situación familiar se agravó más al estallar la rebelión del conde de Ampurias (1384-1388), yerno y primo del rey y cuñado del duque de Gerona, que pasó de ser una simple protesta en defensa de sus derechos señoriales a una verdadera guerra civil.

El primogénito no quiso enfrentarse por las armas con su cuñado, hecho que permitió al rey dar el mando de las tropas a Bernardo de Fortiá, hermano de la nueva reina, y así postergar a su hijo.

Pero al agravarse la situación, el infante don Juan acudió con tropas a la frontera y ahuyentó a los invasores en 1385. Éste es el único hecho de armas en que se sabe que participó.

A pesar de esto, la ruptura definitiva con su padre llegó por conflictos con su madrastra Sibila de Fortiá. Pedro el Ceremonioso le llegó a destituir como lugarteniente general. Esta destitución fue declarada ilegal por la Justicia de Aragón.

Las fiestas que se celebraron en Barcelona en 1386 para conmemorar el medio siglo de reinado de Pedro el Ceremonioso, no contaron con la presencia del primogénito Juan y del infante Martín.

Poco tiempo después, el rey enfermó y cuando estaba agonizando, la reina Sibila de Fortiá abandonó la Corte y se refugió en el castillo de San Martín de Sarroca junto con algunos de sus fieles, en donde el infante Martín los hizo prisioneros.

Por orden del nuevo rey, Juan I, dos de los fieles de Sibila de Fortiá, Berenguer de Abella y Bartolomé Llunes fueron ejecutados, mientras que la reina viuda, no fue condenada gracias a la intervención pontificia, teniendo que renunciar a sus bienes a cambio de una asignación anual.

Uno de los primeros actos de Juan I fue preocuparse por la política internacional muy influenciado por su esposa.

Después de escuchar a una serie de juristas y teólogos reunidos en Barcelona en 1387, puso a sus reinos bajo la obediencia del papa aviñonés Clemente VII, poniendo fin, así, con la indiferencia demostrada por su padre respecto al Papa de Roma o de Aviñón. El mismo año pactó una alianza con Francia, que terminó con la política anglófila llevada a cabo por Pedro el Ceremonioso.

Esta nueva orientación supuso, gracias a la intervención de la Corte pontifica de Aviñón, la reconciliación con los Anjou, condes de Provenza y reyes de Nápoles, que se ratificó en 1392 con el compromiso matrimonial de su hija Violante con Luis II de Nápoles.

También firmó un tratado de paz con Génova en 1390, para asegurar su no intervención en los asuntos de Cerdeña, que se había vuelto a rebelar, y también para facilitar la expedición de su hermano, el infante Martín, a Sicilia, de la que sería rey entre 1402 y 1409. A pesar de los pactos con Génova en 1393, hubo una gran tensión con dicha república.

Desde el primer año de su reinado, se preocupó también de las relaciones con los restantes reinos peninsulares. Estableció una alianza con Juan I de Castilla, cuya época dorada finalizó en 1390 a la muerte del monarca castellano, a causa de los problemas que surgieron durante la minoridad de Enrique III, por el temor de Castilla a una intervención aragonesa.

En 1388 firmó un tratado con Navarra con la finalidad de delimitar pacíficamente las fronteras entre ambos reinos.

Las relaciones con el reino de Granada fueron bastante tensas. A finales de 1392, mientras una embajada de Juan I procuraba la devolución de los cautivos catalanes y aragoneses, pendiente todavía desde la paz de 1382, se produjo un ataque de los granadinos contra Lorca, tras el que se rompieron todas las negociaciones, poniéndose la Corona de Aragón al lado del rey de Castilla.

Juan I no dudó en conceder autorizaciones para hacer incursiones contra las tierras del sultanato de Granada, ni tampoco en otorgar licencias a navegantes para atacar a los granadinos. Mientras que guerrillas musulmanas afectaban a la frontera sur del reino de Valencia, en el área de Orihuela.

En política interior, su primera preocupación fue resolver la rebelión del conde Juan de Ampurias (norte de Gerona), que se arrastraba desde época de su padre.

Dicho condado fue ocupado e incorporado a la Corona en 1386, aunque un año después le fue devuelto al conde a ruegos del Papa de Aviñón. Siendo ya rey Juan I, inició un nuevo proceso contra el conde de Ampurias, pero la sentencia fue favorable a éste.

En 1395, el conde de Ampurias volvió a enemistarse con Juan I, al producirse la invasión del conde Mateo de Foix, siendo encerrado y muriendo en 1396 casi al mismo tiempo que su cuñado el rey.

Juan I convocó Cortes en Monzón (Huesca) en 1388, que ya se habían iniciado por su padre en 1383, en donde exigió la reorganización de la Casa Real y la expulsión de ciertos consejeros.

Las Cortes no pudieron concluirse porque en 1389 el conde de Armañac invadió Cataluña, alegando derechos sobre el reino de Mallorca, cedidos por la infanta Isabel de Mallorca, hija de Jaime III de Mallorca. Las tropas invasoras recorrieron el Ampurdán y llegaron ante Gerona, pero, faltas de aprovisionamiento y cansadas, fueron empujadas hasta la frontera en 1390 por un ejército mandado por el infante Martín y por el propio rey Juan I.

En 1391 se iniciaron en Valencia los disturbios antisemitas que se extendieron por toda la Corona de Aragón. Esta explosión antisemita coincidió con una grave crisis financiera y económica y supuso los momentos más críticos del reinado.

La persecución de los judíos se inició en Sevilla y extendió por toda la Península. Predicadores de Castilla arengaron los ánimos en Valencia, y de aquí los asaltos a las juderías. El 2 de agosto a la ciudad de Palma de Mallorca, el día 5 a Barcelona y después a Gerona, Lérida y, finalmente, el 17 de agosto llegaron a Perpiñán.

El más importante de los asaltos fue el de la judería de Barcelona, que fue completamente destruida. Juan I ordenó la ejecución de una veintena de responsables, pero las juderías de la Corona de Aragón nunca volvieron a recuperarse del todo.

Al mismo tiempo, el dominio sobre la isla de Cerdeña estuvo a punto de perderse. En 1392, el rey decidió organizar una expedición para sofocar la revuelta sarda, para la que contaba con la ayuda de su hermano Martín, que estaba a punto de alcanzar su proyecto siciliano. Pero las dificultades económicas impidieron su realización y finalmente fue abandonado en 1394. Las naves preparadas contra los sardos rebeldes fueron utilizadas para ayudar al infante Martín, que se había logrado apoderar del reino de Sicilia, pero tenía que hacer frente a una importante revuelta, a la vez que también sirvieron para mantener las posiciones catalano-aragonesas en Cerdeña.

Las dificultades financieras de la Corona se agravaron al final del reinado y tanto la gestión económica como la política fueron duramente criticadas especialmente por las dos grandes ciudades: Barcelona y Valencia.

A principios de 1396 una epidemia de peste bubónica se declaró en Gerona, encontrándose el rey y su esposa en el condado de Ampurias. El 19 de mayo el rey salió camino de Gerona, y como era su costumbre, hizo el camino cazando con sus cortesanos más íntimos. Un repentino ataque de corazón le hizo caer del caballo y murió poco tiempo antes de llegar a Gerona.

El historiador padre Mariana dice: “El rey don Juan de Aragón murió de un accidente que le sobrevino de repente. Salió a caza en el monte de Foxá, cerca del castillo de Montgriu y de Orriols en lo postrero de Cataluña. Levantó una loba de grandeza descomunal; quier fuese que se le antojó por tener lesa la imaginación, quier verdadero animal, aquella vista le causó tal espanto, que a deshora desmayó y se le arrancó el alma, que fue a los diez y nueve de mayo día miércoles”. Esta versión es fruto de la dramatización de un hecho que sirvió también de inspiración a los poetas románticos, que presentan al rey como un gran amante de la caza.

El mismo día de su muerte los consejeros de Barcelona proclamaron rey a su hermano Martín, que se encontraba en Sicilia, ya que el difunto rey no tenía hijos varones. Juan I fue enterrado en Barcelona y después en el monasterio de Poblet.

Nada más sepultado Juan I, el 2 de junio de 1396, el rey Martín I el Humano, abrió un proceso contra Barcelona, y los principales consejeros y funcionarios de la Corte de Juan I en el que se vio involucrada la reina Violante.

Todos ellos fueron acusados de haber formado una liga de consejeros para gobernar según sus intereses y de haber aconsejado mal al rey. La mayoría de los acusados fueron absueltos por el rey Martín entre 1397 y 1398. Pero los que habían ejercido de prestamistas de la Corte fueron obligados a rebajar los intereses de sus créditos.

Del matrimonio de Juan I con Violante de Bar nació la infanta Violante, que se casó en 1400 con Luis II de Anjou, y sería reina de Nápoles, duquesa de Anjou y condesa de Provenza, después de renunciar a sus posibles derechos al trono de la Corona de Aragón, aunque a la muerte de Martín el Humano, tales derechos fueron reclamados por su hijo Luis, duque de Calabria.

Juan I fue un rey refinado y sibarita como lo demuestran la gran cantidad de músicos, juglares, poetas y hombres de letras que estaban en su Corte y que se desplazaban con él y la reina en sus viajes y les acompañaban en sus largas estancias en ciudades como Valencia y Barcelona.

El rey mandaba buscar en las principales Cortes y ciudades europeas a los músicos más destacados, al igual que los instrumentos musicales más refinados e innovadores. El mismo monarca componía música para sus cortesanos y familiares.

En 1396, el rey redactó una carta en catalán para que en Barcelona cada año mantuvieran dicho certamen poético a la vez que les intentó convencer para que subvencionasen dicha fiesta.

La poesía se consideraba en la Corte de Juan I como un estímulo de la gallardía y un remedio para no caer en la ociosidad, madre de todos los vicios.

El rey poeta y músico no fue favorable a la obra de Ramón Llull, prohibiendo la enseñanza de sus doctrinas en sus reinos desde 1387, nada más subir al trono, por influencia del inquisidor Nicolás de Eimerich.

A su muerte, en 1396, su reinado terminó en medio de un descontento general por la crisis económica y por la corrupción que benefició especialmente a los hombres que formaban el círculo más íntimo del rey y la reina.

BIBLIOGRAFÍA:

S. Claramunt Rodríguez, “La política matrimonial de la casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 195-235.

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

IMAGEN:

WIKIPEDIA. Retrato imaginario de Juan I de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza).

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Pedro IV. El Ceremonioso (1319 – 1387)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Pedro IV. El Ceremonioso (1319 – 1387)

Pedro IV de Aragón. WIKIPEDIA

Pedro IV de Aragón. El Ceremonioso, el del puñalet.

Balaguer (Lérida), 5.IX.1319 – Barcelona, 5.I.1387.

Rey de Aragón (1336-1387), rey de Valencia (Pedro II), conde de Barcelona (Pedro III).

Fue el hijo segundo de IV el Benigno y Teresa de Entenza. La muerte, al año de su nacimiento, de su hermano primogénito, el infante Alfonso, convirtió a Pedro en el heredero de la Corona, y como tal jurado como sucesor de su padre.

La muerte de su madre en 1327 y el nuevo casamiento de su padre dos años después con Leonor de Castilla, cambió la vida del heredero al Trono.

En pocos años Leonor consiguió un importantísimo patrimonio para sus dos hijos. Logró que su primogénito, el infante Fernando, fuese nombrado marqués de Tortosa, convirtiéndose en el señor más importante de todos los reinos.

Esta política de su madrastra y la debilidad de su padre generaron en él el odio hacia Leonor de Castilla; especialmente cuando intentó suprimirle junto con su hermano el conde de Urgell. Los dos infantes se refugiaron en Zaragoza, donde fueron protegidos por diversos nobles aragoneses. Fue educado en Aragón, mientras su madrastra vivía entre Valencia y Barcelona. Esta enemistad produjo en el joven Pedro hostilidad hacia Castilla.

Con la excusa de su matrimonio con la hija del rey de Navarra, envió 500 hombres a caballo en ayuda de los navarros contra los invasores castellanos, pero fueron derrotados y hechos prisioneros. Fue el preludio de las largas guerras que tuvo después con Castilla.

La reina regresó a Castilla con sus dos hijos y se alejó del rey cuando estaba muy enfermo por temor a su hijastro Pedro.

La muerte de Alfonso IV el Benigno en Barcelona, en enero de 1336, dejó a los distintos reinos en una difícil situación. Tres facciones se disputaban el poder:

  • Los fieles al príncipe heredero Pedro,
  • Los fieles a la reina viuda Leonor de Castilla,
  • Dos hermanos del rey difunto, los infantes Ramón Berenguer y Pedro también anhelaban el trono.

Para el nuevo rey Pedro IV el Ceremonioso, que acababa de cumplir los 17 años, se iniciaba un duro período.

La coronación celebrada en Zaragoza, el domingo de Pascua de Pentecostés de 1336, fue un acto esplendoroso, donde el joven rey demostró su amor por las ceremonias y los símbolos de poder.

Pedro el Ceremonioso heredó de su padre la guerra de Génova, que él cerró el mismo año en que empezó a reinar.

En 1338, Pedro el Ceremonioso contrajo matrimonio con María de Navarra, hija del rey de Navarra y emparentada con el rey de Francia. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales sólo sobrevivieron dos hijas: Constanza y Juana.

La muerte al poco de nacer de una tercera hija, en 1345, indujo al monarca a cambiar el sistema de transmisión de la Corona a favor de su hija Constanza.

En su Crónica, Pedro el Ceremonioso justifica la decisión que le enfrentó a la nobleza aragonesa y valenciana, pero muy especialmente con su hermano Jaime de Urgell.

En abril de 1347, la reina tuvo en Valencia un hijo varón, Pedro, que murió a las pocas horas de nacer. La consternación fue importante en la Corte y se acrecentó cuando cinco días después murió la reina María de Navarra a consecuencia del parto.

La complicada situación política hizo que pronto se iniciaron las negociaciones para encontrar una segunda esposa; la elegida fue Leonor, hija del rey Alfonso IV de Portugal, de diecinueve años.

La boda se celebró en Barcelona en noviembre de 1347, después de haberse visto obligado el rey pocos meses antes en Zaragoza, a ceder a todas las pretensiones de los nobles aragoneses, habiendo quedado prácticamente prisioneros de ellos, obligándole a revocar el nombramiento de heredera a favor de su hija Constanza.

Gracias a las negociaciones del vizconde Bernardo II de Cabrera, se pudo romper el frente nobiliario y obtener algunas adhesiones para el rey, que pudo huir de Aragón e instalarse en Barcelona.

En esta inestable situación, el monarca y su nueva esposa, sufrieron humillaciones en la primavera de 1348 en Valencia, quedando un tiempo a merced del pueblo, tal como cuenta en su propia Crónica.

El estallido de la “peste negra” en Valencia y la propagación por los restantes territorios de la Corona ayudaron a olvidar los graves problemas internos.

Pocos meses después, el 21 de julio de 1348, el rey venció a sus detractores. La victoria de Épila fue seguida de una dura represión en todo el Reino de Aragón, así como en el de Valencia, donde el alzamiento había tomado un importante carácter social. El rey victorioso entró en Zaragoza el 7 de agosto, castigando a rebeldes y restituyendo lugares a sus antiguos señores. Ante el pueblo zaragozano rasgó con un puñal el Privilegio de los Unionistas, por lo que fue llamado Pedro “el del Puñalet”.

Poco después, la reina Leonor de Portugal, murió víctima de la peste, antes de llevar un año de casada y sin haber tenido descendencia. Su entierro no tuvo solemnes ceremonias; las únicas preocupaciones del rey eran alejarse de las áreas infectadas por la peste y liquidar los restos de la rebelión nobiliaria valenciana, lo que sucedió el 10 de diciembre del mismo año con la victoria de Mislata sobre los unionistas valencianos.

El rey castigó a los culpables de la rebelión, especialmente en Valencia, en donde la represión fue muy dura. En su misma Crónica, cuenta el monarca que hizo fundir la campana que llamaba a consejo, e hizo beber el metal a los jefes más destacados.

En agosto de 1349, Pedro el Ceremonioso se casó por tercera vez, ahora con su prima segunda, Leonor de Sicilia, en Valencia. Hija de Pedro II de Sicilia y Leonor de Carintia, fue una mujer decidida, llamada por sus súbditos catalanes la “reina grossa” en comparación con sus dos predecesoras.

Leonor de Sicilia fue una mujer vehemente y vengativa, que coincidía plenamente en estos planteamientos con su esposo, al que substituyó brillantemente en numerosos actos oficiales, llegando a presidir Cortes y a tener su propia cancillería.

Leonor dio al rey tres hijos varones, dos de los cuales se ciñeron la Corona de Aragón, y una hija, Leonor, que sería reina de Castilla como esposa de Juan I, y sería madre de futuros reyes de Castilla y Aragón.

El 27 de diciembre de 1350, nacía en Perpiñán, el primer hijo varón que sobreviviría al rey Pedro, el infante Juan. Un mes después su padre le creaba, como título y señorío, el ducado de Gerona, que desde entonces irá siempre adscrito al primogénito y heredero de la Corona de Aragón.

Pedro el Ceremonioso, con la creación del ducado de Gerona, rompió toda la base jurídica de las antiguas entidades nobiliarias catalanas. Hasta entonces el fundamento de los antiguos títulos nobiliarios del principado se basó en la división en condados y vizcondados de la Alta Edad Media.

A partir de ahora el propio rey, actuando como soberano de todo el conjunto, creó nuevas entidades con finalidad de dotar a los miembros de la Familia Real o de reconocer personajes muy allegados a su entorno.

Esta actuación iniciada por Pedro el Ceremonioso comportó la aceptación del monarca como verdadero señor superior de Cataluña. Es el rey de Aragón y conde de Barcelona, pero cuando actuaba como señor de toda Cataluña podía otorgar cualquier tipo de títulos superiores, por encima de la misma categoría condal, como eran los títulos de duque o marqués.

La reina Leonor de Sicilia murió en 1375, después de haber la ansiada descendencia masculina, a la vez que introdujo los refinamientos de la Corte palermitana.

En 1338, ante la noticia de que en el norte de África se preparaba un gran Ejército para pasar a la Península en socorro del sultanato de Granada, ayudó a Castilla ante el peligro común. Por el pacto de Madrid de 1339, una flota catalana fue enviada al estrecho bajo el mando de Jofre Gilabert, quien, al morir en Algeciras, fue substituido por Pedro de Moncada.

Esta flota patrulló el estrecho de 1342 a 1344 y supuso una importante ayuda para Alfonso XI de Castilla en la campaña de Algeciras. A pesar de la tregua de diez años solicitada por los granadinos, durante el sitio de Gibraltar en 1349, Pedro el Ceremonioso colaboró con el envío de algunas naves, hasta que desistió de dicho asedio el rey castellano-leonés.

Mientras esto sucedía en el Sur, Pedro el Ceremonioso fue acumulando agravios y pruebas contra su vasallo y cuñado, el rey Jaime III de Mallorca, con la intención de desposeerlo del Reino.

Tales agravios fueron: la incomparecencia del rey de Mallorca en la Corte de Barcelona de 1341, haber acuñado moneda barcelonesa en Perpiñán y la circulación por el Rosellón de moneda francesa.

La presentación en 1343 de Jaime III en Barcelona ante su cuñado todavía complicó más las cosas, al acusar al rey Pedro de haber intentado secuestrarle.

Jaime III, de regreso a Mallorca, sin su mujer y sus hijos, retenidos por el Ceremonioso, rompió el vasallaje. El mismo año, el rey de Mallorca fue declarado culpable en un proceso y desposeído de sus bienes y estados. En cumplimiento de dicha sentencia Mallorca fue invadida y las tropas de Jaime III derrotadas en Santa Ponsa, teniendo que huir al Rosellón.

El archipiélago balear fue sometido rápidamente, mientras que dos campañas, separadas por una tregua, en 1343 y 1344, permitieron a Pedro el Ceremonioso dominar el Rosellón y la Cerdaña, a la vez que Jaime III se rendía en el mes de julio de 1344, poniendo como únicas condiciones que se le respetara la vida, la libertad y el señorío de Montpellier.

La Baja Cerdaña es una comarca española, situada en las provincias de Gerona y Lérida. Limita al norte con Andorra y la comarca histórica de la Alta Cerdaña (Francia), al este con el Ripollés, al sur con el Bergadá y al oeste con el Alto Urgel. Forma junto a la Alta Cerdaña el territorio histórico del Condado de Cerdaña, dividido a favor de Francia como consecuencia del Tratado de los Pirineos de 1659. La práctica totalidad de las iglesias de la zona están construidas siguiendo el arte románico.

A pesar de todo, Jaime III no perdió la esperanza de recuperar su Reino por la intercesión del rey de Francia y del Papa, pero todo fue inútil. Sus intentos desesperados en incursiones con sus partidarios fueron un fracaso.

Su último intento en 1349 fue desembarcar en Mallorca, que fue un gran desastre al ser derrotado y morir en la batalla de Llucmajor, mientras su hijo Jaime era hecho prisionero.

Pedro el Ceremonioso incorporaba a su Corona el Reino de Mallorca sin gran resistencia popular y prometiendo que nunca más se separaría de la Corona.

Pedro el Ceremonioso entró en 1351 en la guerra que desde 1350 mantenían Venecia y Génova, a favor de Venecia.

La Serenísima República de Venecia defendía frente a Génova sus posiciones en el Imperio Bizantino, mientras que la Corona de Aragón defendía las suyas frente a Génova en el Mediterráneo Occidental, y cuyo epicentro era el control de la isla de Cerdeña. Una flota catalano-véneta se enfrentó a la genovesa en 1352, con resultado desastroso para ambos bandos.

En las campañas posteriores, la flota de la Corona de Aragón se limitó a actuar en torno a Cerdeña. En 1353, mandada por Bernardo II de Cabrera, venció a los genoveses en una batalla naval frente a Alghero, ciudad que los Doria acababan de ceder a Génova.

En 1354, una nueva flota catalana, a cuyo frente estaba el propio rey, se apoderó definitivamente de Alghero, que fue repoblada por catalanes, pasándose a denominar Alguer, mientras que por tierra la lucha continuó contra los rebeldes.

Alguer (en italiano, Alghero) es una ciudad situada en el noroeste de la isla de Cerdeña (Italia). En la actualidad todavía se la conoce como la Barceloneta sarda. La ciudad conserva el uso de la lengua catalana, reconocida como un valor a proteger por la región de Cerdeña, bajo el nombre de dialecto alguerés. El casco antiguo muestra muchos rasgos arquitectónicos de las ciudades medievales de la Corona de Aragón. Las murallas y torres, donde se han conservado, son muy características de la ciudad.

El inicio de la guerra con Castilla, en 1356, obligó a Pedro el Ceremonioso a concentrar todos sus esfuerzos en este nuevo conflicto.

El final de la guerra con Génova se dejó en manos de un arbitraje del duque de Montferrato, que no fue aceptado por el rey Pedro, ya que se estipulaba la devolución de la ciudad de Alguer a los genoveses, por lo que la guerra continuó con continuos ataques por ambas partes, hasta una paz acordada en 1378, pero que fue continuamente rota hasta su renovación en 1386.

Si el conflicto casi permanente con Génova fue causado por su intervención en Cerdeña, el enfrentamiento de las facciones existentes en dicha isla marcó su inestable equilibrio interior.

El papa Urbano V quería infeudar la isla de Cerdeña en 1360, si Pedro el Ceremonioso no pagaba el tributo debido a la Santa Sede por el feudo de Cerdeña, lo que puso en serio peligro el dominio catalán en la isla. El rey Pedro tuvo que pagar el tributo al Pontífice para evitar un nuevo peligro.

La compleja situación de Cerdeña mejoró para la Corona de Aragón cuando se firmó la paz con Génova en 1378.

La causa principal del alargamiento del conflicto fue la Guerra de los Dos Pedros, entre Pedro el Ceremonioso y Pedro el Cruel de Castilla (1356-1369).

Las principales áreas de enfrentamiento fueron las tierras aragonesas y valencianas. Castilla quiso recuperar la zona de Orihuela, que había pasado a la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime II, mientras que Pedro el Ceremonioso, aprovechando el conflicto familiar entre Pedro el Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara, reivindicaba territorios en el Reino de Murcia.

La ayuda prestada a éste y el incumplimiento de las compensaciones territoriales que Enrique Trastámara había prometido al Ceremonioso, en caso de ocupar el Trono de Castilla, hicieron que las hostilidades se prolongasen entre el nuevo rey Enrique II y Pedro IV, para obtener compensaciones del monarca castellano.

Por los Tratados de Almazán de 1374 y de Lérida de 1375, se llegó a un acuerdo definitivo con Castilla. Pedro el Ceremonioso cedió Molina, además de Murcia, a cambio de una indemnización de 180.000 florines y de la integridad territorial de los Reinos de Aragón y Valencia. También se acordó que la infanta Leonor de Aragón se casase con el infante Juan, hijo de Enrique II.

Estas guerras supusieron un grave deterioro para la economía de la Corona de Aragón, por la destrucción de cosechas y de poblaciones, a la vez que obligó al Ceremonioso a enormes dispendios para fortificar muchas de sus ciudades ante el temor de la invasión de Ejércitos castellanos.

Si a ello se añaden los gastos en la guerra contra Génova, las calamidades naturales como la mala cosecha de 1346, la epidemia de peste negra a partir de 1348, la mortalidad en 1351, 1362-1363, 1371 y 1381, una plaga de langosta en 1358, sequías y el gran terremoto de 1373, así como la inflación durante la segunda mitad del siglo XIV, se explica que la Monarquía se encuentre completamente empobrecida, por lo que el rey insistió en la insuficiencia de las fuentes tradicionales de ingresos, que le obligó a pedir varias ayudas extraordinarias entre 1359 y 1365, a la vez que tendió a crear un verdadero sistema fiscal.

Las relaciones entre el Rey y los estamentos reunidos en las Cortes fueron muy tensas, ya que las Cortes aspiraban a compartir el gobierno, imponiendo incluso la obligación de una periodicidad en las convocatorias, que nunca se respetó.

En las Cortes celebradas en Cervera en 1359 se creó la Diputación del General de Cataluña o Generalitat, como un organismo permanente de las Cortes encargado inicialmente de establecer un constante control de las sumas cedidas al monarca, y que pronto evolucionó hacia una institución representativa de los estamentos del Principado de Cataluña. Este ejemplo fue pronto seguido por los reinos de Aragón y Valencia, en donde aparecieron la Diputación General de Aragón y la Generalidad de Valencia.

Ante el grave conflicto religioso que supuso el Cisma de Occidente en 1378, Pedro el Ceremonioso, que tenía múltiples problemas, optó por una indiferencia o neutralidad.

También tuvo de ocuparse de la situación de Sicilia a la muerte de Federico III, ya que se le presentó la ocasión de reincorporar el reino, como había hecho con el de Mallorca, o hacer valer sus derechos a dicho Trono, como heredero por línea masculina de Federico II de Sicilia. La situación económica y los conflictos mantenidos impidieron la materialización del envío de una escuadra, optándose por el matrimonio de la nieta del Ceremonioso, la reina María de Sicilia, con el hijo del infante Martín (después rey Martín el Humano), Martín el Joven.

En los últimos años de su reinado, Pedro IV tuvo amores con Sibila de Fortiá, dama recién enviudada, que a finales de 1375, el mismo año en que murió la reina Leonor de Sicilia, se convirtió en su amante y un año después le dio una hija, Isabel.

Sibila consiguió casarse con el rey en 1377, en el momento que esperaba un segundo hijo. Los favores dispensados por la nueva reina a sus familiares y su falta de categoría social y cultural le granjeó la enemistad de sus hijastros, especialmente del heredero de la Corona, el infante Juan, duque de Gerona.

Este cuarto matrimonio dividió a la Corte entre un grupo aristocrático, en torno al heredero Juan y su esposa Violante de Bar, y otro más popular en torno a Sibila de Fortiá.

Cuando en 1386 el monarca estaba gravemente enfermo, Sibila, temerosa de la venganza del futuro rey, huyó y se encerró en el castillo de San Martín de Sarroca. Asediada, tuvo que rendirse, siendo acusada de lesa majestad por abandonar al rey enfermo, así como también de robos en Palacio. Estas luchas familiares coincidieron con la llamada guerra del Ampurdán contra el conde Juan I de Ampurias, que se inició en 1384 y acabó ya en el reinado de Juan I en 1388.

Pedro el Ceremonioso llevó una política interna que favoreció a la pequeña nobleza contra los grandes barones, sobre todo, después de su matrimonio con Sibila de Fortiá, y protegió a los estamentos de las ciudades, especialmente a Barcelona y Valencia, que querían tener acceso al gobierno municipal, y que el rey facilitó mediante una reforma en el sistema electivo de los cargos.

A pesar de todas las crisis, Pedro el Ceremonioso impulsó una gran obra constructora como:

· Las murallas de Valencia, Morella y Montblanc,

· La construcción de las Atarazanas de Barcelona y de su nuevo recinto amurallado, etc.

· Las Atarazanas son instalaciones militares o civiles donde se construyen, reparan y conservan embarcaciones.

· Su gusto por las ceremonias y la pompa le hicieron construir los sepulcros reales de Poblet, a imitación de los de Francia en Saint Denis,

· Organizó con gran detalle el funcionamiento de su Corte, de la Cancillería y del Tribunal Real.

Protector de las artes y de las letras, se le atribuye la redacción de un Tratado de caballería. Su preocupación por la enseñanza superior le llevó a la fundación del Estudio General de Perpiñán en 1349, una vez que Montpellier ya no estaba dentro de la Corona de Aragón, por haber vendido dicha ciudad al rey de Francia Felipe VI, el último rey soberano de Mallorca, Jaime III.

También fundó el Estudio General de Huesca en 1354, con los mismos privilegios que gozaban los de Tolosa, Montpellier y Lérida. Con estas fundaciones, el rey rompió con el monopolio educativo de nivel superior que tenía la ciudad de Lérida, desde que Jaime II fundó en 1300 su Estudio General.

Hizo redactar su famosa Crónica en catalán, a imitación de la de Jaime I y también para justificar sus acciones. Escrita en forma autobiográfica, comprende su vida, excepto sus últimos años, y la de su padre.

Pedro IV el Ceremonioso fue un rey calculador, cruel y sin escrúpulos, que se empeñó en recuperar los Reinos que formaban la Corona de Aragón, como fueron los casos de Mallorca y Sicilia.

Su reinado de cincuenta y un años, solamente superado por el de Jaime I, no es solamente uno de los más largos de la historia de la Corona de Aragón, sino también uno de los más conflictivos e interesantes.

HISTORIA DE SANT DENIS

Construida sobre la tumba de San Dionisio, obispo misionero fallecido hacia el año 250, la abadía real de Saint-Denis acoge desde la muerte del rey Dagoberto en 639 y hasta el siglo XIX las sepulturas de 43 reyes, 32 reinas y 10 servidores de la monarquía. Es la última morada de los reyes y las reinas de Francia. En 1966 la basílica fue consagrada como catedral.

Un museo de escultura. Con más de 70 esculturas yacentes medievales y tumbas monumentales del Renacimiento, la basílica alberga en su interior el conjunto más importante de escultura funeraria entre los siglos XII a XVI.

El nacimiento del arte gótico. Diseñada por el abad Suger, consejero del rey, entre 1135 a 1144, y terminada en el siglo XIII, bajo el reinado de San Luis, es la primera iglesia del arte gótico. Con esta iglesia la luz se convierte en lo fundamental, como símbolo de lo divino en la arquitectura religiosa, frente a la oscuridad y el recogimiento del románico.

MONASTERIO DE POBLET (TARRAGONA)

Los monjes de Poblet, que Ramón Berenguer IV fue a buscar al monasterio de Fontfroide (Languedoc) hacia 1150, pertenecen a una larga tradición, que se remonta a san Benito de Nursia, pasa por el Cister y san Bernardo de Claraval, y llega hasta nuestros días.

Poblet sólo se puede comprender como parte de la comunidad monástica. Poblet se fundó en 1150, y al finalizar el siglo XII, estaban construidos: la iglesia, el refectorio de los monjes, una parte del claustro y la enfermería con el claustro y la capilla de San Esteban.

Durante el siglo XIII se finaliza, en su práctica totalidad, el conjunto monumental, con todas las estancias que los monjes necesitan para su vida regular: la sala capitular, los dormitorios, el claustro, la cocina, el scriptorium y el refectorio; el hospital para los pobres y peregrinos, con la capilla de Santa Catalina.

Durante los siglos posteriores se añadirán otros elementos, que no podemos considerar indispensables para la vida de los monjes: el cimborrio y las murallas, el panteón y otras construcciones reales, como la capilla de San Jorge.

A lo largo de los siglos XIV y XV se realiza el campanario. El retablo es del siglo XVI. La nueva sacristía y las casas nuevas, del siglo XVIII, entre otras construcciones, funcionales o decorativas, que responden a diversas vicisitudes históricas, así como a las circunstancias económicas de cada época.

SEPULCROS REALES

Jaime I el Conquistador fue uno de los benefactores del monasterio y se hizo enterrar aquí.

Pedro IV el Ceremonioso ordenó la construcción del panteón real porque sus predecesores ya estaban enterrados en este recinto monástico.

Los sepulcros reales del monasterio de Poblet (Tarragona), construidos en el siglo XIV, y ubicados en el crucero de la iglesia del monasterio, constituyeron el grupo escultórico funerario más importante de cuantos fueron elaborados en la Cataluña gótica. E

El conjunto llegó a conocerse como Capilla Real, un panteón de reyes, creado por iniciativa de Pedro IV el Ceremonioso que llegó a cobijar, sobre las arcadas, seis tumbas de los reyes de la Corona de Aragón acompañados de seis de sus esposas. Además, fuera de las arcadas se sitúan las tumbas de dos reyes más, así como la de otros príncipes y personas reales.

La Capilla Real al principio tuvo sólo tres enterramientos:

· Alfonso II (el Casto) (1196)

· Jaime I (el Conquistador) (1276)

· Pedro IV (el Ceremonioso) (1387), con sus tres esposas: María de Navarra, Leonor de Portugal y Leonor de Sicilia.

Más tarde se fueron añadiendo siguientes enterramientos:

· Juan I (el Cazador) (1396) con sus dos esposas Marta de Armagnac y Violante de Bar.

· Fernando I (de Antequera) (1416) y su mujer Leonor.

· Juan II (el grande) (1479) y su segunda mujer Juana Enríquez

En total debieron estar bajo los doseletes de madera, 16 yacentes, tal y como lo describe el padre Jaime Finestres y de Monsalvo en su Historia del Real Monasterio de Poblet en el siglo XVIII.

Se conoce el aspecto de aquella estructura gracias al grabado que se conserva del escritor del siglo XIX Alexandre de Laborde, incluido en su obra Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, París 1806-1820.

BIBLIOGRAFÍA:

A. Canellas, “El reino de Aragón en el siglo XIV”, en Anuario de Estudios Medievales, Barcelona, VII (1970-1971), págs. 119-152;

E. Sarasa, Sociedad y conflictos sociales en Aragón. Siglos XIII-XV, Madrid, Siglo XXI de España, 1981;

S. Claramunt, “La política matrimonial de la casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 196-235.

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

poblet.cat/es

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ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

Alfonso IV el Benigno y el Piadoso, o Alonso Sánchez el Batallador. 1634. Óleo sobre lienzo, 225 x 127 cm. COPIA ARIOSTO, FELIPE. Depósito en otra institución. Museo Nacional del Prado

ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

Nápoles (Italia), 1299 – Barcelona, 24.I.1336.


Rey de Aragón, rey de Valencia (Alfonso II), rey de Cerdeña y conde de Barcelona (Alfonso III).

Fue el segundo hijo varón de Jaime II de Aragón y de Blanca de Anjou y Nápoles. En las crónicas se dice que fue amamantado por su propia madre. La documentación habla de las numerosas enfermedades que padeció durante su corta vida y de la enfermedad crónica que contrajo durante su estancia en Cerdeña.

Blanca de Anjou se ocupó personalmente de dotarle de rentas desde la infancia, adquiriendo por compra la población de Buñol en Valencia. Cuando su hermano primogénito y heredero, Jaime, renunció a su condición de tal en 1319 por dedicarse a la religión, Alfonso le sustituyó como heredero recibiendo automáticamente el título de procurador general.

Las primeras actuaciones políticas de Alfonso fueron muy prudentes, lo que produjo gran satisfacción en su padre, según consta en las cartas escritas por el rey a su tesorero Pere March.

El carácter bondadoso de Alfonso, su sencillez y humildad, le valdría ser conocido como el Benigno, ya que se decía de él que tenía muy buen corazón y que se ganaba fácilmente la voluntad de todos. Fue educado con el Llibre dels Proverbis de Ramón Llull, donde se exalta constantemente la humildad.

Su padre Jaime II conocía el carácter de su hijo, por eso antes de que marchase a la conquista de Cerdeña le insistió en que nunca dejase de actuar con justicia y en que actuara con autoridad, no dejándose manejar, pues de lo contrario sería menospreciado.

También le sugirió que no hiciese donaciones de castillos, villas, ni rentas reales, sino que repartiera tierras yermas y que mandase a Cataluña todo aquello que pudiera obtener de la isla de Cerdeña. Le aconsejó que no entrara en guerra sin manifestárselo antes a él.

En lo referente a Federico de Sicilia, le sugirió que actuase de tal manera que le muestre que le honra y respeta, pero sin dar a entender a la Iglesia, ni a Roberto de Nápoles, que se pone de parte del rey de Sicilia, ya que esto podría tener graves consecuencias para la Corona de Aragón.

En 1314, antes de ser el heredero del Trono, contrajo matrimonio con Teresa de Entenza en la catedral de Lérida, dama que al poco tiempo heredaba el condado de Urgell y vizcondado de Áger.

Este enlace fue fruto del compromiso pactado entre Jaime II y Armengol X de Urgell, quien en ausencia de sucesión directa, dejaría a su muerte el condado a su sobrina-nieta Teresa de Entenza, la cual debía contraer nupcias con el infante Alfonso. De esta manera y previo pago de cien mil sueldos jaqueses, dicho condado pasaría a la corona. Teresa se ganó el aprecio de Jaime II y de su cuarta esposa, Elisenda de Moncada.

Jaime II encomendó a su hijo y heredero Alfonso el mando del ejército para conquistar Cerdeña. En 1323, Alfonso y su esposa Teresa de Entenza partieron en la escuadra que transportaba el ejército de conquista, a la vez que tenía que impedir que pisanos y genoveses pudiesen llevar refuerzos a la isla. El cronista florentino Giovanni Villani calcula que irían en la armada setenta galeras y el total debía ser unas doscientas velas. Mientras que Muntaner estima en ochenta las galeras expedicionarias.

Un viento contrario obligó a la escuadra a entrar en Mahón al quinto día de viaje. Alfonso el Benigno en este puerto se enteró que Pedro de Villa y el juez Hugo de Arborea habían iniciado la guerra contra los pisanos en Cerdeña, adueñándose de la isla, excepto de Cagliari.

El 24 de junio de 1323, los príncipes herederos desembarcaron en la isla. Allí acudió a prestarle homenaje Arborea, jurando fidelidad al rey, Jaime II, y a él como su sucesor. Este homenaje se debió a la habilidad de su padre, el rey Jaime II, que había dado a Hugo de Arborea plenos poderes para conceder feudos y compensaciones a las personas que se hallasen dispuestos a reconocer el dominio catalano-aragonés en la isla y seguir el partido del juez Hugo de Arborea, cooperando con él en la conquista del reino de Cerdeña.

Alfonso puso sitio a la Villa de Iglesias, que se rindió a principios de febrero de 1324. Durante este asedio y rendición de la Villa de Iglesias, muchos de los soldados del infante sufrieron paludismo y a la vez se desató una epidemia de peste. Zurita narra estos hechos resaltando que “a consecuencia de la pestilencia del aire y lo infecto de las aguas, apareció el contagio, de modo que apenas había quien enterrase a los cadáveres”.

A continuación, el infante se dirigió a Cagliari, que era clave en la isla por su puerto y a la que los pisanos querían enviar ayuda. Mientras, la flota catalano-aragonesa, se aseguraba la posesión de fortalezas enemigas para que pudieran ser puntos de apoyo para un desembarco pisano.

Llegó la flota de Pisa y optaron por el combate en campo abierto. La batalla tuvo lugar el 29 de febrero de 1324. El infante don Alfonso obtuvo una brillante victoria terrestre en Lucocisterna, mientras que el almirante Carrós venció a los pisanos por mar.

Esta doble victoria proporcionó el dominio total de Cerdeña aunque Pisa, después de firmar la paz y renunciar a sus posesiones en la isla, conservó como feudo el castillo de Cagliari. En la batalla Alfonso afianzó su reputación ante el ejército, su padre y toda la casa real de Aragón.

La conquista de Cagliari con los refuerzos navales llegados desde la Península permitieron a la escuadra catalano-valenciana-mallorquina arruinar un punto vital del comercio de Pisa.

Alfonso demostró un gran valor que es recogido en las crónicas de Muntaner y de Pedro el Ceremonioso y nombró gobernador de la isla a Felipe de Saluces. Teresa de Entenza no llegó a ser reina, ya que murió poco antes que su suegro, quien falleció el 2 de noviembre de 1327.

Alfonso IV el Benigno fue coronado solemnemente en Zaragoza el domingo de Pascua de 1328. La ceremonia y las fiestas que siguieron son narradas con todo detalle por Muntaner. En cuanto ciñó la corona real se iniciaron las negociaciones para contraer un nuevo matrimonio con Leonor de Castilla, la infanta devuelta a su reino de origen ocho años antes, cuando se deshizo su compromiso matrimonial con el entonces príncipe heredero Jaime.

Este hecho de la devolución de la infanta Leonor a Castilla era uno de los asuntos familiares, con claras connotaciones políticas, que quedaba por resolver. La ceremonia se celebró en la iglesia de San Miguel de Tarazona a primeros de febrero de 1329. Se sabe que para hacer frente a los gastos de esta boda, el rey solicitó una ayuda económica de cien mil sueldos al municipio de Barcelona. Como contrapartida, los consellers le hicieron ratificar los privilegios de que gozaba la ciudad de Barcelona.

El nuevo matrimonio de Alfonso IV el Benigno, con la hermana de Alfonso XI de Castilla, tenía como objetivo asegurar las fronteras occidentales de la Corona de Aragón, pero supuso con el tiempo un grave enfrentamiento familiar, debido al hecho de que el heredero del Trono, el futuro Pedro el Ceremonioso, era fruto del primer matrimonio de Alfonso con Teresa de Entenza.

Por este motivo, su segunda esposa, la reina Leonor de Castilla, tuvo como objetivo lograr que su esposo dotara de gran patrimonio a sus hijos Fernando y Juan, al primero le concedió el título de marqués de Tortosa, a la vez que puso en manos de la reina y de sus hijos gran parte del reino de Valencia.

La generosidad de rentas y títulos con que dotó Alfonso el Benigno a los hijos de su segundo matrimonio, produjo la reacción de algunos importantes personajes que se negaron a jurar dichas donaciones. Representantes de dichas poblaciones: Alicante, Elda, Novelda, Orihuela, Guardamar, Játiva, Alcira, Burriana, Morella y Castellón, fueron a pedir ayuda de los magistrados valencianos. Fue inútil que el rey y el infante Fernando acudiesen a Valencia para apaciguar el descontento. Después, el monarca revocó las concesiones abusivas y castigó a sus malos consejeros.

Desde entonces, la reina Leonor fue eliminando de los cargos a todos aquellos que eran amigos del príncipe Pedro. El príncipe heredero Pedro y su hermano Jaime, conde de Urgell, hubieron de refugiarse en Zaragoza bajo la protección de su arzobispo y de un grupo de nobles aragoneses.

Había empezado una guerra sin cuartel entre la madrastra Leonor y su hijastro Pedro, que no acabaría nunca más. Se iniciaba un período en que la tiranía doméstica de la Reina y el alejamiento de los hijos del primer matrimonio pesaron mucho en el descenso del prestigio del Rey, preocupado no sólo por los asuntos familiares, sino especialmente por la complicada coyuntura económica y las continuas guerras por el control de Cerdeña.

Una de las mayores preocupaciones del Rey fue resucitar el espíritu de Cruzada. Para ello envió a sus mejores diplomáticos a diversas cortes europeas para interesar los monarcas respectivos en una Cruzada contra el sultanato de Granada, aliado de Marruecos.

Pero estas gestiones al más alto nivel fracasaron, entre otras cosas porque el pontífice Juan XXII no demostró excesivo celo, ni su cuñado Alfonso XI fue claro en sus intenciones. La proyectada gran Cruzada se quedó en una simple campaña militar en el verano de 1330, sin ninguna consecuencia importante. Cinco años después, se firmaba una paz con el sultanato de Granada.

El problema más grave del reinado de Alfonso IV el Benigno fue consolidar el dominio en el Reino de Cerdeña. Eliminada Pisa de la isla, su papel fue reemplazado desde el primer momento por la república de Génova, que ayudó en todas las revueltas posibles.

En el segundo año de su reinado se enviaron por vez primera repobladores catalanes al norte de la isla. Las buenas intenciones del Rey, pensando que el espíritu rebelde de los isleños cedería ante las buenas reformas administrativas fracasaron por la continua intervención genovesa. Se inició una guerra con Génova que finalizó en 1337 su primera etapa, ya reinando su hijo Pedro el Ceremonioso.

Durante el reinado de Alfonso el Benigno, la mayor parte de Cataluña padeció carestía de trigo y Barcelona atravesó épocas de escasez. El año de 1333 es calificado como de hambres y pestes, pues, en poco tiempo murieron más de diez mil personas, según cuenta Bruniquer en sus Rubriques, lo que produjo serios alborotos en la ciudad de Barcelona por el elevado precio del trigo.

El Rey, ante la escasez de cereal, desplegó una doble política:

· Prohibiendo la salida de granos de las ciudades y

· Adquiriendo cereales para sus Estados, a fin de que las comarcas dotadas con mejores cosechas pudieran abastecer a las menos favorecidas. También mandó importar trigo de reinos extranjeros.

Alfonso tenía un espíritu profundamente religioso, creó un fondo destinado exclusivamente para obras de carácter religioso. Fue un gran admirador de los franciscanos; en repetidas ocasiones dijo que después de la Virgen María era la figura de san Francisco la que más devoción le inspiraba.

Desde el 14 de julio de 1335, Alfonso el Benigno residirá en Barcelona, donde se agravó la enfermedad que padecía, muriendo en enero de 1336. La ausencia de su esposa, huida a Castilla dos meses antes, por temor a la venganza de su hijastro, futuro rey Pedro el Ceremonioso, es posible que acelerara su muerte.

Cuando murió, a los treinta y siete años, le rodeaban sus hermanos, Pedro, conde de Ribagorza y Ampurias, y Ramón Berenguer, conde de Prades. El heredero del Trono se encontraba en Zaragoza.

Alfonso dejó dicho que sus restos fuesen enterrados en el convento de los franciscanos de Lérida, pero de momento se le enterró en el convento de los franciscanos de Barcelona, junto a su primera esposa y su cuarto hijo Federico. Pedro el Ceremonioso, a fines de 1368 se ocupó de que sus restos fueran depositados en los frailes menores de Lérida.

Los historiadores han juzgado de muy diversa manera el reinado de Alfonso el Benigno. Miret y Sans lo considera como un monarca bondadoso, pero desposeído de la astucia indispensable para los que rigen los destinos de los pueblos y constantemente enfermo.

Rovira y Virgili en su Història Nacional de Catalunya califica su reinado de corto, no demostrando grandes condiciones de gobernante, considerándole como uno de los monarcas más débiles, aunque mostró en diferentes casos su espíritu honesto, liberal y justiciero.

Ferrán Soldevila considera que valió más cuando fue infante que cuando subió al trono, mostrándose siempre indeciso en las luchas políticas y en las luchas familiares.

 

BIBLIOGRAFÍA:

A. Arribas Palau, La conquista de Cerdeña por Jaime II de Aragón, Barcelona, Instituto Español de Estudios Mediterráneos, 1952;

V. Salavert, Cerdeña y la expansión mediterránea de la Corona de Aragón (1297-1314), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1956, 2 vols.;

J. Mutgé, La ciudad de Barcelona durante el reinado de Alfonso el Benigno (1327-1336), Barcelona, CSIC, 1987;

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

 

IMAGEN: Alfonso IV el Benigno y el Piadoso, o Alonso Sánchez el Batallador. 1634. Óleo sobre lienzo, 225 x 127 cm. COPIA ARIOSTO, FELIPE. Depósito en otra institución. Museo Nacional del Prado

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