CIUDADES DESCONOCIDAS DEL CENTRO DE ITALIA:CAPRAROLA, URBINO, ASÍS, PERUGIA…DEL 12 DE MAYO AL 18 DE MAYO DE 2024ACOMPAÑADOS POR Dª MARÍA TERESA GARCÍA PARDO, DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE |
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Bienvenidos a un viaje único a través de las joyas ocultas del centro de Italia. Dejaremos atrás las rutas turísticas convencionales y nos adentraremos en ciudades menos conocidas, donde la autenticidad y la historia cobran vida.
Cada destino revelará la auténtica esencia de Italia, descubriremos tesoros artísticos y respiraremos arte y cultura, paseando por sus callejuelas, plazas llenas de encanto y palacios renacentistas que nos transportarán a otra época. Ciudades medievales que parecen suspendidas en el tiempo. En cada destino, disfrutaremos de la deliciosa gastronomía local. Italia se despliega ante nosotros en una sinfonía de colores, sabores y cultura.
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Viaje: Ciudades desconocidas del centro de Italia: CAPRAROLA, URBINO, ASÍS, PERUGIA…
ALFONSO V. EL MAGNÁNIMO (1396-1458)
María Teresa García PardoDoctora en Historia del Arte |
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ALFONSO V. EL MAGNÁNIMO(1396-1458) |
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Valladolid, 1396 – Nápoles, 27.VI.1458Monarca de la Corona de Aragón (1416- 1458) Rey de Nápoles (1442-1458)
Hijo primogénito de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque. Creció en Medina del Campo (Valladolid) junto a sus hermanos pequeños, especialmente Juan, que después serán conocidos en Castilla como los infantes de Aragón, siendo educado en las artes marciales y los libros. La riqueza de su madre, a la que pronto se añadió la fortuna de su padre, hizo que el infante creciera en un ambiente de magnificencia, lujo y refinamiento. Era un gran aficionado a la caza y también en el mundo de las letras y de las artes. Gustó de vestir bien y de seguir la moda, especialmente la francesa. Todo ello hacía de Alfonso un hombre moderno y con gran atractivo. Como primogénito de la rama menor de los Trastámara le fue impuesto, desde muy joven, en 1406, el casamiento con su prima hermana María de Castilla, hija de Enrique III. La boda se celebró en 1415 en la ciudad de Valencia. El inicio de su reinado en 1416 a la muerte de su padre Fernando I, no fue fácil, ya que en Castilla comenzaba a quebrarse el bloque de sus partidarios, que se denominaba como “aragonés”. En el Mediterráneo, Génova, amenazaba una vez más con infiltrarse en los asuntos de Cerdeña. Mientras que Sicilia aumentaba sus exigencias. En Cataluña quisieron aprovechar los primeros actos de gobierno del joven monarca, con la finalidad de imponer sus reivindicaciones políticas, administrativas, sociales y jurídicas, que no habían sido atendidas por Fernando I en las Cortes celebradas en Montblanc en 1414 y que finalizaron súbitamente por decisión real. Algunos nobles catalanes decidieron desafiar al rey en las Cortes que se convocaron en Barcelona en el otoño de 1416. Esta actitud contó con un hecho favorable, el discurso que el nuevo Rey hizo en castellano, que, aunque redactado en términos heroicos y favorable a los intereses de Cataluña, ya que solicitaba una ayuda para luchar contra dicha república de Génova, se interpretó como una afrenta a las libertades, privilegios y prerrogativas de Cataluña. En esta situación los estamentos de las Cortes designaron una comisión de 14 personas encargadas de obtener del Monarca la convocatoria de una nueva legislatura donde se discutiría la reforma, que venían arrastrando desde 1414. Era la continuación de la ofensiva pactista iniciada ya a finales del siglo XIV. La Comisión de los Catorce comenzó a actuar en 1417 e intervino públicamente cuando se supo el propósito del rey, que se encontraba en Valencia, de armar una flota para ir a Cerdeña y Sicilia. La Comisión envió una embajada a Valencia para exigir al rey la reforma del Gobierno y la expulsión de los extranjeros de la Corte y del Consejo Real. La situación se complicó para el soberano, ya que las ciudades de Valencia y Zaragoza estaban de acuerdo con las exigencias de la delegación catalana. Alfonso V, el Magnánimo, hizo gala de una gran diplomacia cuando intentó dividir a los miembros de la delegación asegurando que atendería las peticiones de Cataluña, pero en cambio defendió a sus servidores castellanos aduciendo que eran antiguos servidores. La situación se complicó en el Principado e hizo necesario que el Rey se trasladase nuevamente a Cataluña. El 21 de marzo de 1419 se convocaban las Cortes catalanas desde Barcelona, que se reunieron en San Cugat del Vallés, de donde se trasladaron más tarde a Tortosa, Tarragona, alargándose hasta 1420. En esta ocasión el Rey leyó la proposición en catalán. A pesar de ello el enfrentamiento entre el Monarca y los estamentos privilegiados catalanes fue muy duro, precisamente cuando Alfonso tenía una única idea, partir hacia Italia. En primer lugar, se llegó a un principio de acuerdo cuando se publicó un convenio con el brazo eclesiástico, entre cuyos acuerdos figuraba el que los no catalanes no pudiesen obtener beneficios eclesiásticos en Cataluña, a la vez que se aprobó el nombramiento de una comisión para resolver los agravios que tenían desde siempre. A cambio de todo ellos las Cortes avanzaron un donativo de 50.000 florines al Rey para su empresa mediterránea. La realidad del choque entre el Rey y las Cortes catalanas no fue por la excusa inicial de los servidores castellanos del Monarca, sino por la divergencia en la manera de contemplar el mecanismo político del Principado. Finalmente, el 10 de mayo de 1420, Alfonso V se embarcaba en el puerto de los Alfaques (Tarragona), al mando de una escuadra de 23 galeras y 50 velas, destino Mallorca para ir a Cerdeña, con la finalidad de frenar a los genoveses con una intervención en Córcega, isla que pertenecía a la Corona de Aragón desde el reinado de Jaime II. Alfonso con el inicio de su aventura mediterránea enlazaba con la más pura tradición de la política catalana y proseguía su expansión iniciada en 1282. En Cerdeña afirmó la presencia catalana merced a un acuerdo definitivo con el vizconde Guillermo III de Narbona, por el cual se comprometió a entregarle 100.000 florines de oro a cambio de todas las tierras que poseía dicho noble en la isla. El fracaso del asedio de la ciudad corsa de Bonifacio se debió a la ayuda que los genoveses prestaron a los sitiados, así como a la mala mar imperante en la zona. La imposibilidad de dominar a los corsos fue una de las causas que hizo a Alfonso dirigir sus ambiciones hacia el Reino de Nápoles, en donde la debilidad de la Monarquía era bien patente frente a los poderosos barones y los condotieros, en los que se apoyaba la realeza napolitana para hacer frente a los primeros. Los condotieros eran mercenarios al servicio de las ciudades-estado italianas desde finales de la Edad Media hasta mediados del siglo XVI. La palabra condottiero deriva de condotta (conducta), término que designaba al contrato entre el capitán de mercenarios y el gobierno que alquilaba sus servicios. Los condotieros consideraban la guerra como un verdadero arte. Sin embargo, sus intereses no eran siempre los mismos que los de los Estados a cuyo servicio estaban. Buscaban riqueza, fama y tierras para sí, y no estaban ligados por lazos patrióticos a la causa por la que luchaban. Eran célebres por su falta de escrúpulos: podían cambiar de bando si encontraban un mejor postor antes o incluso durante la batalla. Conscientes de su poder, en ocasiones eran ellos los que imponían condiciones a sus supuestos patronos. Los primeros condotieros fueron mercenarios extranjeros, sobre todo alemanes, pero ya en el siglo XV casi todos los profesionales de las armas eran italianos. Este siglo supuso la verdadera edad de oro de los condotieros, con grandes figuras como el condotiero Gattamelata y el condotiero Colleoni. En Padua, delante de la basílica de San Antonio, tenemos la escultura ecuestre del condotiero Erasmo de Narni, conocido como Gattamelata, de Donatello, realizada en 1453. La estatua ecuestre de Bartolomeo Colleoni está ubicada ante la iglesia de San Giovanni e San Paolo de Venecia, obra de Andrea del Verrocchio creada entre 1480 y 1488 con casi 4 metros de altura. La reina de Nápoles, Juana II, conservaba su corona gracias a Sforza el Viejo. La falta de herederos directos de la soberana llevó a que el Sforza se inclinase por Alfonso V de Aragón. Por otro lado, éste contaba con el apoyo de los mercaderes catalanes, así como una serie de nobles napolitanos que le habían hecho llegar que la conquista de dicho reino sería cosa muy fácil. En 1421 Juana II de Nápoles estaba sitiada por Luis de Anjou, por lo que pidió ayuda a Alfonso V de Aragón, adoptándolo como hijo y heredero y nombrándole duque de Calabria. Alfonso el Magnánimo aceptó la propuesta que a su vez le permitía combatir a Luis de Anjou, aliado de Génova. El 25 de junio de 1421 entraba en Nápoles, donde fue recibido por la Reina como un verdadero libertador. Pero la reina de Nápoles, ante el temor de la fuerte personalidad de su nuevo heredero revocó el prohijamiento y llamó contra él a sus rivales. Derrotado por Sforza cerca de Nápoles, Alfonso con sus tropas se hizo fuerte en los castillos Nuevo (Castel Nuovo) y del Huevo (Ovo), en donde esperó los refuerzos navales catalanes que le permitieron nuevamente apoderarse de la ciudad. Juana II revocó la adopción hecha en favor de Alfonso V, nombrando nuevo heredero a Luis de Anjou el 21 de junio de 1424. Alfonso de Aragón, decepcionado y despechado, volvió a sus reinos ibéricos, en donde permaneció nueve años, iniciándose un entreacto peninsular, en la trayectoria vital del Monarca. De regreso a Cataluña su escuadra saqueó la ciudad de Marsella, llevándose como botín las cadenas, que impedían el acceso a dicho puerto, y el cuerpo de san Luis, obispo de Toulouse. En esta primera intervención en Italia, Alfonso, aprendió como era la realidad política italiana. Ya que después de haber vencido a los genoveses; de haber conseguido del pontífice Martín V una bula que le confirmaba como heredero del Reino de Nápoles. Hubo un levantamiento del pueblo napolitano contra él, teniendo que abandonar la ciudad. Con todo el balance de esta primera etapa itálica tuvo connotaciones favorables, ya que supuso la pacificación de Cerdeña y Sicilia; a la vez que proporcionó dos importantes bases navales a la marina de la Corona aragonesa, a cambio de la renuncia a la isla de Córcega, teóricamente de la Corona de Aragón, aunque en la práctica nunca se había dominado. Los nueve años que estuvo el monarca en la Península es el período de las luchas de la rama aragonesa de los Trastámara contra la castellana, y más concretamente, contra don Álvaro de Luna. En 1429 las tropas de Alfonso V, unidas a las de su hermano Juan de Navarra, penetraron en Castilla por Ariza (Zaragoza), llegando hasta cerca de Jadraque (Guadalajara) y Cogolludo (Guadalajara). Las hostilidades con Castilla continuaron hasta julio de 1430, en que se acordó una tregua de cinco años, firmándose la paz el 23 de septiembre de 1436. A la vez que la política castellana centraba sus preocupaciones, empezaron a sentirse los primeros efectos de la crisis económica que dejaban su huella en Cataluña, apareciendo las primeras disensiones internas graves en el Principado. Las Cortes de 1431 son un fiel reflejo de la angustia y preocupación que tenían los distintos estamentos representados en ellas. Ante el movimiento de liberación de los campesinos, la nobleza, los eclesiásticos y los nobles instaron al rey a que los campesinos remensas no pudieran reunirse para solicitar liberarse de sus servidumbres, bajo pena de prisión perpetua. Con el término remensa, del latín redimentia, se designaba en el Principado de Cataluña, en la Edad Media, el pago que en concepto de rescate habían de dar los campesinos o payeses a su señor para abandonar la tierra. En esta complicada situación, Alfonso, abandonó Cataluña el 29 de mayo de 1432, dejando a su esposa, la reina María, la complicada misión de buscar una solución a este grave problema, porque Nápoles volvía a ser el objetivo. Llamado por sus partidarios napolitanos, a cuyo frente había dejado a su hermano Pedro, como lugarteniente de dicho reino, Alfonso recuperó el sueño de Italia, que siempre estuvo en su mente. Esta nueva partida fue definitiva, ya que nunca más volvió a la Península Ibérica. Primero se dirigió a Sicilia, donde se preparó para atacar Nápoles. Durante su estancia en los reinos peninsulares, los genoveses se habían apoderado de Nápoles, hecho que hizo que el 4 de abril de 1433 la reina Juana II protegiese nuevamente a Alfonso de Aragón. Este nuevo cambio en la actitud de la reina hizo que se formase una coalición formada inicialmente por el papa Eugenio IV, a la que se añadieron Florencia, Venecia y el duque de Milán. La envergadura de los enemigos hizo que Alfonso postergase sus planes y firmase una tregua por diez años con la reina Juana en julio de 1433. Pero la muerte de su rival Luis de Anjou, el 12 de noviembre de 1434, y poco después de la reina de Nápoles, el 2 de febrero de 1435, le hizo poner sitio a la ciudad de Gaeta, en la región del Lacio. La escuadra genovesa mandada en ayuda de los sitiados derrotó a la catalano-aragonesa frente a la isla de Ponza, en el Mar Tirreno, en la zona del Lacio, cayendo prisioneros el propio rey Alfonso y sus hermanos Juan y Enrique. Esta derrota, y sus graves consecuencias, desconcertó a la Corona de Aragón, situación que fue salvada gracias a la prudencia de la reina María, que firmó treguas con Castilla, y convocó Cortes generales en Zaragoza para tratar la delicada situación en Cerdeña y en Sicilia. La situación comenzó a cambiar cuando Juan, rey de Navarra, fue liberado por el duque de Milán y nombrado lugarteniente de los reinos de Aragón, Mallorca y Valencia, mientras que la reina María quedaba como responsable del Principado de Cataluña, desde donde continuó enviando naves y soldados para la empresa napolitana. Alfonso V se ganó la amistad del duque de Milán, que le liberó y firmó con él una alianza para poder apoderarse del Reino de Nápoles. En 1436 las tropas del Magnánimo se apoderaron de casi todo el reino, únicamente quedaban fuera de su control Calabria y la capital, Nápoles fiel a Renato de Anjou. Durante el sitio de Nápoles, a finales de 1438, murió el infante don Pedro, hermano del rey. Dominado ya todo el reino, Alfonso puso sitio a Nápoles el 17 de noviembre de 1441 hasta el 2 de junio de 1442 en que cayó en su poder. Alfonso el Magnánimo entró solemnemente en la ciudad de Nápoles el 23 de febrero de 1443, al estilo de los antiguos césares, como quedó inmortalizado en el famoso arco triunfal que se colocó sobre la puerta del castillo Nuevo. Cinco días después de su entrada en la capital reunió el Parlamento, haciendo jurar como heredero a su hijo natural, Fernando, duque de Calabria. Para consolidar su conquista firmó la paz con el papa Eugenio IV, al que reconoció como pontífice legítimo, recibiendo por ello la investidura del Reino de Nápoles, en el momento que Amadeo, duque de Saboya, había sido proclamado también Papa por sus partidarios con el nombre de Félix V. El reconocimiento mutuo entre Eugenio IV y Alfonso V como rey de Nápoles comportó la ayuda de Alfonso al Papa para recuperar la región de las Marcas en donde fue derrotado Francisco Sforza. Las Marcas es una región del este de Italia ubicada entre los montes Apeninos y el mar Adriático, próxima a San Marino y Rávena. Los dos primeros años, como rey de Nápoles, fueron difíciles tanto en el plano internacional como en el interno, ya que tuvo que vencer en Calabria una revuelta. A pesar de todo, su posición se consolidó al firmar un tratado de paz en 1444 con Génova. Esta segunda campaña de Alfonso en la península itálica fue aprovechada por el conde de Foix y compañías francesas para amenazar el Rosellón, llegando a algunos núcleos cerca de su capital, Perpiñán. El Rosellón es una región histórica de Francia que corresponde al antiguo condado de Rosellón y parte del condado de Cerdaña. Ambos fueron parte de España hasta el Tratado de los Pirineos (1659), con el que se dio fin a las hostilidades desde 1635 entre España y Francia, durante la guerra de los Treinta Años. Ante esta invasión, el hermano de Alfonso V, el infante don Juan, como lugarteniente, convocó Cortes Generales en Zaragoza en 1439 y reclamó la presencia de su hermano, el rey, en los territorios peninsulares. Alfonso el Magnánimo no atendió dicha solicitud, excusándose por la importancia de los asuntos italianos. Esta ausencia afectó también al orden interno de Cataluña por las continuas reivindicaciones de los payeses de remensa, que pretendían la abolición de los estos llamados “malos usos”. Alfonso, consolidado en el Trono de Nápoles, ejerció como un mecenas renacentista, rodeándose de una Corte con importantes hombres de letras y artistas. El rey se preocupó por las instituciones universitarias. En su etapa napolitana fundó tres nuevos Estudios Generales: los de Catania (1445), Gerona (1446) y Barcelona (1450). Aunque durante su reinado únicamente llegó a funcionar el de Catania, retrasándose la puesta en marcha de los otros dos por problemas económicos. Alfonso tuvo una intensa vida amorosa fuera del matrimonio, su relación con Lucrecia de Alagno, es responsable para muchos historiadores de su definitiva permanencia en Nápoles. Fruto de unos amores anteriores con una dama valenciana, nació en Valencia, en 1423, Fernando, que sería rey de Nápoles de 1458 a 1494. La política oriental de Alfonso el Magnánimo hizo que los príncipes y reyes balcánicos amenazados por los turcos otomanos vieran en él un posible protector. El caudillo albanés Jorge Castriota inició negociaciones con Alfonso el Magnánimo para que le enviase ayuda para defenderse de los turcos por una parte y de los venecianos por otra. Eran unos momentos muy críticos para el Mediterráneo oriental especialmente por la presión otomana sobre Constantinopla y demás restos del Imperio Bizantino. Alfonso realizó varios intentos por salvar Constantinopla por iniciativa del pontífice Nicolás V. Pero los intereses de Génova y de Venecia, malograron dichos intentos. Después de la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, Alfonso el Magnánimo murió el 27 de junio de 1458 en el castillo del Ovo en Nápoles. Sus restos fueron enterrados en la iglesia de Santo Domingo de esta ciudad, siendo en 1671 trasladados al monasterio de Poblet. En su último testamento dejó el reino de Nápoles para su hijo legitimado Fernando, duque de Calabria, mientras que a su hermano Juan, rey de Navarra, todos los demás reinos y territorios. Además, tuvo dos hijas bastardas: Leonor, que se casó con Mariano Marzano, príncipe de Rossano y duque de Sessa, y María, casada con Leonelo de Este, marqués de Ferrara.
Medalla de ALFONSO V DE ARAGÓN, EL MAGNÁNIMO, en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid. Realizado por Antonio di Puccio (Pisanello) y fundido en plata en 1449. En 1557, el pintor valenciano, Juan de Juanes, realizó un retrato de Alfonso V de Aragón en óleo sobre tabla (115 x 91 cm), que fue adquirida por compra del Gobierno de Aragón en 2006, procedente de una colección particular de Madrid, y se conserva en el Museo de Zaragoza. En el alféizar de la ventana aparece la leyenda “ALFONSVS QVIN/TUS ARAGONUM REX” (Alfonso V rey de Aragón). El retrato fue encargado por la Ciudad de Valencia a Juan de Juanes. Es una imagen idealizada del monarca, ya que Alfonso V falleció un siglo antes, en 1458. Juan de Juanes se basó en una medalla conmemorativa de Pisanello de 1449, en la que se representa al rey aragonés con cincuenta y dos años. Alfonso V de Aragón viste una armadura anacrónica, de época de Carlos I de España. Su rostro manifiesta la serenidad típica del Renacimiento y la cortina ofrece solemnidad a la escena. En primer término, sobre la mesa, aparece la corona ornamentada con piedras preciosas, símbolo de prosperidad y alusiva a su condición real; el yelmo alude a su labor como conquistador del Reino de Nápoles y un libro abierto bajo la corona que revela su título y autor: “DE BELLO CIVILI LIB. I y C. IVLI. CAESARIS” (La guerra civil de Julio César). El libro abierto es una de las divisas personales y más antiguas de este monarca. La pintura representar al rey con los atributos clásicos del poder y del ideal renacentista, como hombre formado en las armas y las letras, (triunfador y pacífico), como figura en la medalla de Pisanello. EL CASTEL DELL’OVO (CASTILLO DEL HUEVO)El castillo se encuentra sobre el islote de tufo de Megaride, prolongación natural del Monte Echia, que estaba unido a la tierra por un sutil istmo de roca. Construido en 1128 en un islote junto a la costa de Nápoles, el Castillo del Huevo es una imponente fortificación que a lo largo de su historia ha funcionado como elemento defensivo, cárcel, residencia real y actualmente es centro de eventos y exposiciones. Cuenta la leyenda que Virgilio escondió un huevo mágico bajo los cimientos de la fortaleza y, que, si éste llegara a romperse, la ciudad sufriría una enorme catástrofe. De esta leyenda surgió el nombre del Castillo del Huevo (Castel dell’Ovo). Actualmente el Castillo del Huevo se encuentra prácticamente vacío, pero aún es posible rememorar la antigua majestuosidad de la austera fortaleza y recorrer sus rampas y sus terrazas disfrutando de las vistas, o bien pasear por los túneles excavados en la roca. El Castillo del Huevo ofrece excelentes vistas de la bahía de Nápoles y del Monte Vesubio desde sus terrazas. La visita es gratuita y es una de las principales atracciones de la ciudad. El rey Carlos I de Anjou trasladó al Castel Nuovo la corte, pero mantuvo en el Castel dell’Ovo, los bienes que se debían custodiar en el lugar mejor fortificado. Fue residencia de la familia real, realizando con este objetivo numerosas restauraciones y modificaciones, y mantuvo allí el tesoro real. También fue prisión de estado. Alfonso V de Aragón, iniciador de la dominación aragonesa de Nápoles, enriqueciendo el palacio real, restaurando el muelle, potenciando las estructuras defensivas y bajando las torres. Después le sucedió en el trono su hijo Fernando I. En 1503, el asedio de Fernando el Católico derribó definitivamente lo que quedaba de las torres. Posteriormente el castillo fue remodelado de nuevo profundamente, asumiendo así la forma que vemos en la actualidad. Como consecuencia de la evolución de los sistemas de armamento, se reconstruyeron las torres octogonales, se engrosaron los muros y las estructuras defensivas se orientaron hacia tierra en lugar de hacia el mar. Derrotados los franceses dos veces, en Cerignola y en el Garigliano, se produjo la completa conquista de todo el Reino de Nápoles a favor de Aragón. Durante el reinado de los virreyes españoles y posteriormente de los Borbones, el castillo fue fortificado más con dos puentes levadizos. La estructura perdió completamente la función de residencia real y desde el siglo XVIII fue dedicado a puesto avanzado y a prisión.
CASTEL NUOVO DE NÁPOLESLa construcción de Castel Nuovo comenzó en 1279 por encargo de Carlos I de Anjou después de que derrotara a los Hohenstaufen y ascendiera al trono de Sicilia y decidiera hacer de Nápoles la capital. El Castel Nuovo fue diseñado por dos arquitectos franceses. Es de estilo gótico y tiene forma de rectángulo irregular, rodeado por cuatro torres defensivas y una gran puerta con puente levadizo. El Castillo se llamó «Castel Nuovo» (Castillo Nuevo) desde el principio, para distinguirlo de Castel dell’Ovo. Este castillo fue construido para proteger la ciudad de Nápoles y, de hecho, tiene el mismo sistema defensivo que el Castel dell’Ovo, considerado uno de los mejores, y está situado en una posición muy estratégica. Fue mandado construir por el rey Carlos I, pero éste nunca vivió en él ya que las obras terminaron en 1285, año de su muerte. El primer rey que consiguió instalarse en esta residencia fue Carlos II, conocido como el Cojo. Eligió ampliar este castillo y decorarlo al igual que sus sucesores. A lo largo de los siglos, el Castel Nuovo sufrió muchas restauraciones y se enriqueció con obras de arte. Actualmente, tras el pago de la entrada accedemos al interior, donde se conserva el Museo Cívico y se puede subir a la terraza para contemplar las vistas de la ciudad.
La Capilla Palatina Fue construida en 1307. Tuvo que ser parcialmente reconstruida en 1456 a causa de un terremoto que destruyó parte de ella. Está lleno de pinturas de artistas como Maso di Banco y esculturas de Domenico Gagini, alumno de Donatello y Brunelleschi.
La Ermita de San Francisco De Paola Consagrada en 1668 y construida en estilo barroco.
Sala de los Barones También conocida como Sala Maior, es la sala principal del castillo y fue creada como sala del trono y originalmente decorada con frescos de Giotto que, lamentablemente, se perdieron a lo largo de los siglos.
Las leyendas de las prisiones y el foso del cocodrilo La ciudad de Nápoles está llena de leyendas que se transmiten de generación en generación. Una leyenda muy particular sobre Castel Nuovo que probablemente se te quedará grabada es la de sus prisiones. Justo debajo de la Capilla Palatina, puedes encontrar dos salas que solían ser prisiones: la Prisión Millet y la Prisión de los Barones. La prisión de Millet se utilizó principalmente para albergar a los presos que debían recibir fuertes castigos. Sin embargo, a lo largo de los años, los prisioneros habían comenzado a desaparecer. más tarde cuando descubrieron que un cocodrilo había penetrado en el edificio a través de una abertura y arrastrado a los prisioneros al mar.
FACHADA Y ARCO TRIUNFAL Entre las torres occidentales se encaja un arco de triunfo de mármol blanco de 35 metros de altura, construido en 1470, que conmemora la entrada de Alfonso V de Aragón en Nápoles en 1443. La entrada está flanqueada por columnas, mientras que la escultura de primer nivel representa una cuadriga triunfal que conduce Alfonso en el desfile, como si fuera un emperador de Roma. El centro tiene un escudo con los símbolos del rey de Aragón.
BIBLIOGRAFÍA A. Giménez Soler, Retrato histórico de Alfonso V de Aragón, Madrid, 1952. VV. AA., Estudios sobre Alfonso el Magnánimo con motivo del quinto centenario de su muerte: Curso de conferencias (mayo de 1959), Barcelona, Universidad de Barcelona, 1960. L. Suárez Fernández, “Los Trastámara y los Reyes Católicos”, en Historia de España, 7 (1985). S. Claramunt, “La política universitaria di Alfonso il Magnánimo”, en VV. AA., XVI Congresso Internazionale di Storia della Corona d’Aragona, vol. II, Nápoles, Paparo Edizione, 2000, págs. 1335-1351. El cuadro en el Museo: Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón, pintado por Juan de Juanes hacia 1577, Hoja de Sala, Zaragoza. 2006. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA maitearte.wordpress.com
FOTOS: – Eduardo Benito viajes de 2015 y 2019 – Fotos Alfonso V y medalla: De Juan de Juanes – [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1506984 |
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Viaje a Zamora. Otoño de 2023
María Teresa García PardoDoctora en Historia del Arte |
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Viaje a Zamora27 a 29 de octubre de 2023 |
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I T I N E R A R I O
27 octubre (viernes).- MADRID – MEDINA DEL CAMPO – BENAVENTE – ZAMORA
Presentación a las 08,30hrs. delante del HOTEL NH ATOCHA y del Museo de Antropología, Paseo de la Infanta Isabel 9, para salir por la autovía A-6 con dirección a Medina del Campo (158 Km.) donde visitaremos el famoso Castillo de la Mota.
A las 11,00h visita guiada por el Castillo
Continuación de la ruta hasta llegar a Benavente (107 km) A las 14,00 h almuerzo en Restaurante por determinar Continuación del viaje hasta llegar a Zamora (71 Km) A las 16,30h cita con nuestra guía local para comenzar la primera visita de la ciudad y sus principales monumentos como la Catedral, La Magdalena y San Cipriano para tener una visión global del románico zamorano, además del Mirador con vistas al Duero, el palacio de los Condes de Alba y Aliste (Parador) y la Plaza Viriato. |
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RELACIÓN DE PRECIOS
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Mercados Navideños en Austria. Diciembre de 2023
María Teresa García PardoDoctora en Historia del Arte |
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MERCADOS NAVIDEÑOS EN AUSTRIADEL 5 AL 9 DE DICIEMBRE 2023. 5 DÍAS |
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DÍA 1º 05 DE DICIEMBRE 2023 (X): MADRID – MÚNICH – PRIEN – SALZBURGOA la hora acordada presentación en el aeropuerto de Madrid Barajas, terminal 4, para salir en el vuelo de Iberia IB3190 a las 08.55 con destino a Múnich. Llegada a Múnich a las 11.35. Almuerzo. Salida hacia Prien donde visitaremos el Palacio de Herrenchiemsee, edificado en medio de una isla del lago Chiemsee y en un precioso escenario prealpino, otro de los bellos castillos del Rey Luis II de Baviera “el rey loco”, réplica del de Versalles y que fue el último, el más grande y el más costoso de sus proyectos de castillos. La sala más impresionante de todas es el salón de los espejos, con sus dos mil velas y cientos de espejos. Posteriormente salida hacía Salzburgo y traslado al hotel. Alojamiento. |

















