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Pedro III de Aragón

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Pedro III de Aragón. El Grande (1240 – 1285)

Pedro III Rey de Aragón

Pedro III de Aragón. El Grande (1240 – 1285)

Valencia, 7.8.1240 – Villafranca del Penedés, Barcelona, 11.XI.1285.

Rey de Aragón y de Valencia, conde de Barcelona.

Pedro III de Aragón, I de Valencia y II de Cataluña, nació en Valencia en el verano de 1240, siendo el primer hijo varón de Jaime I y de su segunda esposa, Violante de Hungría. Era el segundo en la línea sucesoria, ya que la Corona correspondía a su primogénito Alfonso, hijo del primer matrimonio del rey.

Las malas relaciones de Jaime I con su hijo Alfonso y la ambición de Violante favorecieron a Pedro, a quien en 1241 Jaime I, en el primero de los repartos que desmembraron la Corona de Aragón, le reservó Valencia, Mallorca y los señoríos al norte de los Pirineos.

Tras la muerte de la reina Violante en 1251, la formación del infante Pedro quedó en manos de los nobles, especialmente de los catalanes, que le instruyeron en el manejo de las armas, la caza, las letras y la cultura de trovadores, escribiendo el rey poemas durante toda su vida.

En 1257 Jaime I le nombró procurador general del Principado de Cataluña, adquiriendo un importante peso político, frente a su hermano Alfonso, gobernador de Aragón.

Al fallecer Alfonso sin descendencia, Pedro se convirtió en el heredero y futuro rey de Aragón y Valencia, y conde de Barcelona, quedando para Jaime, el hermano menor, Mallorca, Rosellón, Cerdaña y otros señoríos al norte de los Pirineos.

En Montpellier, en 1262, a los veintidós años, contrajo matrimonio con la princesa siciliana Constanza Staufen, hija del rey Manfredo y nieta del emperador alemán Federico II. Este hecho abrió el Mediterráneo central a la expansión de la Corona de Aragón.

Con Constanza tuvo cuatro hijos y dos hijas:

1. Alfonso, el sucesor;

2. Jaime, que fue rey de Sicilia y luego de Aragón (Jaime II);

3. Fadrique, también rey de Sicilia,

4. Pedro, casado con Guillermina de Moncada, hija de Gastón, vizconde de Verán, que murió sin hijos en 1296,

5. Santa Isabel, reina de Portugal al casarse con don Dionís,

6. Violante, esposa de Roberto, rey de Nápoles.

En la administración hay que señalar el importante papel que la minoría judía desempeñó durante buena parte del reinado de Pedro el Grande, siguiendo la trayectoria de su padre, Jaime I, con el que se había iniciado el auge de los funcionarios judíos.

A pesar de las prohibiciones eclesiásticas dictadas en el IV Concilio de Letrán en 1215, que prohibía que los judíos desempeñaran cargos públicos y de gobierno, Jaime I y Pedro III no dudaron en utilizar a personajes de esta religión para el ejercicio de funciones político-administrativas.

También fueron recaudadores de impuestos, médicos, embajadores y grandes traductores debido a su conocimiento de la lengua árabe. Toda esta “edad del oro” judía se terminó cuanto Pedro III en 1283-1284 se vio obligado a aprobar el Privilegio General de Aragón y el Recognoverunt próceres de Barcelona, donde se contenían disposiciones legislativas que prohibían a los judíos ejercer cargos de gobierno, lo que supuso su separación de las funciones de gobierno en los Estados de la Corona de Aragón.

En el campo de la cultura, Pedro III tuvo fama de ser un excelente trovador y su extraordinaria personalidad ha hecho que pasara a la historia con el calificativo de “Grande”, y de ella se hicieron eco los propios cronistas de la época.

Las gestas del Monarca generaron un ciclo poético que duró hasta el Romanticismo, siendo objeto de multitud de poemas, de alabanza o denigratorios, por parte de los trovadores, mientras que Dante dijo de él: “de todo valor estuvo ceñido su corazón”; apareciendo en la famosa novela de caballerías Curial y Güelfa, y hasta el mismo Shakespeare se hizo eco de sus gestas.

Al morir Jaime I, en 1276, Pedro III subió al trono con más de treinta años y una amplia experiencia política. Conocía bien sus reinos, se había entrevistado con su cuñado, el rey de Castilla Alfonso X, y en París había visitado a Felipe III, viudo de su hermana Isabel, extendiendo su gestión diplomática hacia el Mediodía francés, Castilla y el Mediterráneo, donde cosecharía sus mejores frutos.

Pedro III, tras firmar una tregua de tres meses con los mudéjares sublevados en el Reino de Valencia, a los que estaba combatiendo, se coronó en Zaragoza en noviembre de 1276, aunque no juró los fueros y privilegios tradicionales de la nobleza.

Regresó al Reino de Valencia, sometió diversos castillos y tuvo que rendir a la fuerza el de Montesa, terminando la revuelta de 1277, antes de que granadinos y norteafricanos pudieran socorrer a los mudéjares. En el futuro ya no hubo más levantamientos.

Los problemas para Pedro el Grande estaban en el interior de sus Estados y se derivaban de los continuos choques que había tenido con la nobleza feudal, pues desde joven fue un celoso defensor de la dignidad real frente a la oligarquía aristocrática, deseosa de someter a la Monarquía.

Los nobles catalanes, que en muchos casos eran bandoleros, no querían al infante Pedro, porque era el encargado de reprimir los desmanes de los nobles, y así intervino en la contienda desarrollada en el condado de Urgel; capturó, hacia 1271, al noble catalán Ramón Guillem de Odena y lo hizo ahogar en el mar, mientras que el río Cinca fue el escenario donde pereció ahogado el bastardo real, Fernando Sánchez de Castro, por orden del infante Pedro.

La pacificación del Reino de Valencia provocó el descontento de los catalanes, cuyos privilegios no había jurado. A ello se añadió la cuestión del impuesto del bovaje, pagado sólo en Cataluña, que el rey necesitaba con urgencia para sofocar la revuelta.

El bovaje era un impuesto que gravaba a la población según la riqueza de sus habitantes y se justificaba y utilizaba para financiar la guerra. La consolidación de este impuesto permite comprender cómo los condados catalanes fragmentados se articularon en un Estado feudal a partir de la segunda mitad del siglo Xll.

Su autoritarismo exigió el pago de este impuesto sin respetar la costumbre de solicitarlo en las Cortes, como era preceptivo. Aceptar su pago era reconocer que el rey estaba por encima de la ley y el bovaje pasaba a ser un gravamen ordinario.

Los catalanes se negaron a pagarlo y una parte de la nobleza se rebeló contra el rey (1277-1278). Pedro III reunió a los nobles fieles de Valencia y Cataluña y sitió a los rebeldes en Balaguer que se rindió el 11 de julio de 1280. Los vencidos, presos un año y castigados con fuertes multas, colaboraron en el futuro en las empresas de la Monarquía.

Pero la nobleza aprovechó las dificultades de la Corona para obtener a través de las Cortes parcelas de poder. La paz interior permitió a Pedro el Grande dedicar sus esfuerzos hacia el exterior y preparar la empresa de Sicilia.

Quedaba por resolver la situación jurídica del rey de Mallorca con respecto al rey de Aragón, al que se resistía a prestar homenaje. Jaime II de Mallorca se avino a reconocer que tenía sus estados en feudo del rey de Aragón, prometiendo ayudarle contra cualquier enemigo y que en el condado del Rosellón se guardarían las leyes de Cataluña y no circularía otra moneda que la catalana.

Pedro III reconoció, por su parte, la donación hecha por su padre, Jaime I, a su hermano en 1279. Este Tratado de Perpiñán, fruto del desequilibrio de poder entre la Corona de Aragón y el Reino de Mallorca, mantuvo el control político-económico sobre el Reino de Mallorca y restableció la unidad jurisdiccional de la Corona de Aragón, rota por el testamento de Jaime I.

En su política peninsular, su hermana Violante, reina de Castilla, con su nuera Blanca, viuda de Fernando de la Cerda, y sus nietos Alfonso y Fernando, se refugiaron en Aragón, tras el nombramiento del infante Sancho como sucesor al Trono, donde fueron bien recibidos por Pedro III y los infantes retenidos en el castillo de Játiva como prenda para futuras negociaciones.

En marzo de 1281 Pedro III reconoció a Sancho como heredero de Castilla y se acordó la conquista y el reparto del Reino de Navarra, que no se realizó, mientras que el infante Sancho atacaría a Juan Núñez de Lara, que tenía Albarracín por su mujer Teresa Álvarez, le quitaría la ciudad y se la entregaría al rey de Aragón.

De cara a las alianzas internacionales hay que referirse al matrimonio de la infanta Isabel de Aragón, santa Isabel de Portugal, con el rey Dionís de Portugal en 1281.

Con Inglaterra el 15 de agosto de 1282 se pactó el matrimonio del primogénito Alfonso de Aragón con la princesa Leonor, hija del monarca inglés.

Por lo que respecta a la política exterior, en 1276, Aragón tenía cerradas sus posibilidades de expansión peninsular por el Islam y por el Mediodía de Francia, fruto de la política internacional de Jaime I, que había generado un aislamiento, contra el que Pedro III iba a luchar, de acuerdo con sus planteamientos políticos.

La necesidad de expansión de la casa de Aragón y de la incipiente burguesía mercantil y marinera de sus Estados marcó la política exterior. El matrimonio en 1262 de Pedro III, con Constanza Hohenstaufen, hija de Manfredo, rey de Sicilia. Al morir éste y ser decapitado el heredero Conradino por Carlos de Anjou, conde de Provenza, en 1268, la isla pasó a poder del francés al serle concedida por el Papa en calidad de feudo pontificio. Pero Pedro III heredó los derechos de la familia Hohenstaufen.

Ante el enfrentamiento con los Anjou, Pedro III desplegó su diplomacia para hacer valer sus derechos, exigiendo al rey de Mallorca vasallaje, reteniendo en su poder a los infantes de la Cerda, sobrinos del rey de Francia y legítimos herederos del Trono castellano y negociando las alianzas matrimoniales con Portugal e Inglaterra.

Pedro el Grande a orillas del Mediterráneo combinó la diplomacia y la guerra. Este es el sentido que tienen las embajadas enviadas a Granada y Fez en 1276, buscando establecer buenas relaciones con las potencias musulmanas norteafricanas, para evitar que ayudaran a los mudéjares valencianos.

Pero el ataque a Andalucía del sultán meriní Abū Yūsuf en 1277 rompió la paz y la flota de Pedro III atacó Algeciras. Pedro III anunció que preparaba una expedición contra Túnez y en diciembre de 1281 solicitó del papa Martín IV la bula de cruzada, que le fue negada.

El 31 de marzo estallaron en Palermo unos tumultos, que se extendieron al resto de la isla y que duraron cerca de un mes, episodio que la historiografía conoce como las “Vísperas Sicilianas”. El levantamiento de los sicilianos provocó una gran mortandad de angevinos, que fueron desalojados de la isla, aunque Carlos de Anjou trató en vano de sitiar Mesina por mar.

El Papa se negó por segunda vez a ofrecer los subsidios solicitados por el rey de Aragón, que en agosto de 1282 aceptó la Corona de Sicilia que le ofrecieron los sicilianos. El 30 de agosto desembarcó en Trapani, dirigiéndose a Palermo, donde se coronó, y luego a Mesina, levantando el asedio de Carlos de Anjou, al que venció en la batalla naval de Nicotera.

La conquista de Sicilia se hizo por intereses dinásticos y contó con más apoyo catalán que aragonés, ya que los catalanes eran los más beneficiados por sus actividades comerciales.

Pedro III tuvo que enfrentarse con los Anjou, Francia, el papado y con sus propios Estados, en particular Aragón, que contemplaba la empresa siciliana como algo ajeno a sus intereses.

Sicilia, en manos del rey de Aragón, permitía el control de las principales rutas del Mediterráneo, era la clave de la ruta de Levante, muy potenciada tras el movimiento cruzado.

El comercio catalán recibió un gran impulso, gracias a los privilegios obtenidos de inmediato y a la exportación de cereales, casi en régimen de monopolio.

Pero Aragón se encontraba solo en el plano internacional, sin la posible alianza de Castilla, Inglaterra o el emperador de Alemania, todos ellos empeñados en mantener la paz con Francia y el papado.

El 9 de noviembre de 1282 el Papa excomulgaba a Pedro III y en enero de 1283 le desposeía formalmente de su Reino, que sería entregado, como vasallo de la Santa Sede, a quien ésta creyera oportuno. La lucha contra el rey de Aragón adquiría el carácter de cruzada.

Carlos de Anjou propuso resolver la cuestión y abandonó el sur de Italia, dejando en Nápoles a su hijo Carlos de Salerno. El 22 de abril llegó a Mesina Constanza de Suabia, la reina de Aragón, para asumir el gobierno de la isla.

El Parlamento acordó que Sicilia no se incorporara a la Corona de Aragón y el segundogénito, el infante Jaime, fue jurado sucesor y heredero del Reino de Sicilia.

El paso siguiente fue la guerra entre Aragón y Francia, en base a la excomunión papal de Pedro III y la donación de la Corona de Aragón a Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia, que fue investido el 27 de febrero de 1284.

Para estimular al monarca francés, el papa Martín IV dio a la guerra el carácter de cruzada. La situación fue muy grave para el rey de Aragón, ya que era una guerra en la que sus súbditos no veían beneficios y la consideraban una cuestión dinástica y no nacional.

La excomunión del rey, su separación legal del Trono y el enfrentamiento con el rey de Francia provocaron la rebeldía en Aragón, generando una violencia desconocida hasta entonces.

La exaltación de Cataluña, propició el recelo de los aragoneses, que buscaron defender sus privilegios, generando la primera revuelta nacionalista en Aragón: la Unión.

La guerra contra el moro había pasado a un segundo plano frente a la política internacional con los otros estados de la Cristiandad.

Los llamamientos para rechazar el ataque francés fueron desobedecidos y los nobles pidieron al rey sus reivindicaciones, que si no eran atendidas supondrían el abandono de la campaña. Las peticiones eran: mantenimiento de los privilegios, imposibilidad de exigir nuevos impuestos y un cambio en las formas de gobierno del rey que “no se aconsejaba de ellos, como los reyes pasados”.

Los juramentados se comprometían a ayudarse mutuamente si el rey procedía contra ellos. Es lo que se llamó Unión a fuero de Aragón.

Pedro III debía enfrentarse con un amplio movimiento, dirigido por la nobleza feudal, pero que englobaba a muchas villas y ciudades, y que ha sido interpretado como una exaltación de Aragón.

En las Cortes de Aragón, reunidas en Zaragoza en 1283, Pedro III tuvo que conceder el “Privilegio General”, cuyos 31 puntos se resumen en seis apartados:

1. Problemas de la nobleza, buscando los nobles mantener sus honores, regular el servicio militar, etc.

2. Administración central y local: sistema económico en contra del intervencionismo de la Corona y el establecimiento de monopolios;

3. Ataques al sistema fiscal, reclamando exención de impuestos y la imposibilidad de crear otros nuevos.

4. Se impulsan tres instituciones fundamentales: justicia de Aragón, el Consejo del Reino, integrado por representantes de todos los estamentos, y las Cortes.

5. También se incluyó la petición de la extensión del Fuero de Aragón en el Reino de Valencia, olvidando que Jaime I ya había dado sus Furs propios a este reino.

6. El Privilegio General fija legalmente la obligación del monarca de reunirse periódicamente con los aragoneses en Cortes.

Pedro III se les opuso con la ayuda de los valencianos. En las Cortes celebradas en Valencia en 1283 concedió a los valencianos fueros adaptados a su realidad social y económica, potenciando la personalidad jurídica de Valencia frente a los otros reinos, aunque la vigencia de los fueros aragoneses en parte del territorio mantuvo largo tiempo la pugna foral en estas tierras.

En diciembre de 1283 convocó Cortes catalanas en Barcelona para conseguir ayuda militar, que le fue concedida, aunque el rey hubo de conceder que las Cortes se reunirían en Cataluña anualmente y confirmó los Usatges catalanes y abolió el bovaje.

Carlos de Anjou murió el 7 de enero de 1285, viendo cómo fracasaba su obra, mientras que Pedro III se fortalecía con las alianzas de Castilla y de Eduardo I de Inglaterra en Sicilia.

En la intervención armada de Felipe III de Francia pesó mucho la situación del Reino de Navarra, en manos de su hijo, ya que Pedro III se había apoderado en 1284 de la región de Tudela y podía hacer lo mismo con el resto del Reino, por lo que se dispuso a la guerra. Contaba con la ayuda del rey de Mallorca, Jaime II, que entregó al francés las más importantes fortalezas del Rosellón.

Mientras tanto, en marzo de 1285, estalló en Barcelona una grave insurrección popular, que se enmarcaba en los movimientos sociales que por entonces se estaban dando en otras ciudades del Occidente europeo, siendo su protagonista Berenguer Oller.

La historiografía actual considera que la insurrección se debió a problemas sociales internos del pueblo contra el patriciado urbano. Pedro III, que estaba presidiendo Cortes aragonesas en Huesca, se dirigió con rapidez a Barcelona, detuvo a Berenguer Oller y lo hizo ahorcar el 25 de marzo, poniendo fin a la revuelta.

La cruzada contra el rey de Aragón estaba a punto de lanzarse contra Cataluña y para hacerle frente Pedro III esperó en Figueras al francés en abril de 1285. La flota aragonesa que operaba en Sicilia regresó a Cataluña para oponerse a la de Felipe III, quien sitió Gerona el 25 de junio.

Gerona se rindió, pero la mortandad, atribuida a las moscas salidas del sepulcro de san Narciso profanado por los franceses, y las dificultades de aprovisionamiento obligaron a Felipe III a retirarse, falleciendo en Perpiñán.

En octubre de 1285 Cataluña estaba libre. El siguiente paso de Pedro el Grande era confiscar el Reino de Mallorca, feudo de un vasallo traidor, Jaime II, tarea que encargó a su hijo, el infante Alfonso, pero su muerte el 11 de noviembre de ese año en Villafranca del Penedés le impidió ver el triunfo.

El rey manifestó su deseo de morir en el seno de la Iglesia y con el fin de obtener el perdón, ordenó que se devolviera al Papa el Reino de Sicilia, orden que no se cumplió y que no tenía otro objetivo que no morir excomulgado.

Ese año habían fallecido todos los protagonistas de esta primera etapa de la empresa siciliana: el papa Martín IV, Carlos de Anjou, Felipe III y Pedro III. Era el comienzo de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón y el fin de los sueños imperialistas de los Anjou.

Pedro III fue sepultado en el monasterio cisterciense de Santes Creus, por el que había mostrado particular predilección durante su vida, manifestando su deseo de ser enterrado allí. Fue depositado en una tumba provisional, hasta que se realizó el proyecto definitivo, una urna de pórfido, que se supone traída desde Sicilia por Jaime II, donde aún reposan sus restos.


SANTA MARÍA DE SANTES CREUS

El Real Monasterio de Santa María de Santes Creus (Santas Cruces) es una abadía cisterciense erigida a partir del siglo XII, que se encuentra en la provincia de Tarragona. En el siglo XIII, bajo el patrocinio de Pedro III de Aragón que expresó su deseo de ser enterrado en el monasterio, se construyó el panteón real, en el cual a su vez fue sepultado su hijo el rey Jaime II. Parte de la nobleza siguió esta costumbre medieval y escogió este lugar para su descanso eterno, consiguiendo el cenobio el tiempo de máximo esplendor y grandeza gracias a los numerosos donativos recibidos, hasta la decisión de Pedro el Ceremonioso en 1340 de instalar el panteón de la monarquía en el monasterio de Poblet.

En el año 1835, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, la comunidad abandonó el edificio. Fue declarado monumento nacional por real orden de 13 de julio de 1921. Es el único monasterio incluido en la Ruta del Císter en el que no existe vida monástica.

Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus

Fotografía de https://es.wikipedia.org/ Lancastermerrin88. Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus.

Sepulcros de los reyes Pedro III el Grande y de su hijo, Jaime II el Justo, ambos reyes de Aragón.


BIBLIOGRAFÍA

F. Soldevila, Pere el Gran, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1950-1962;

L. González Antón, Las Uniones Aragonesas y las Cortes del reino. 1281-1301, Zaragoza, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Medievales, 1975;

E. Sarasa Sánchez, Las Cortes de Aragón en la Edad Media, Zaragoza, Guara Editorial, 1979;

B. Desclot, Crònica, en Les quatre grans cròniques, pról. y notas de F. Soldevila, Barcelona, Selecta, 1983;

J. M. Lacarra, “La Corona de Aragón. 1213-1336”, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. XIII/II, Madrid, 1990, págs. 93-316;

Real Academia de la Historia

Fotografía de Lancastermerrin88. Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus. En ellos se encuentran sepultados los reyes Pedro III el Grande, y su hijo, Jaime II el Justo, siendo ambos reyes de Aragón.

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Venecia, Ravenna … con visitas sorprendentes – del 7 al 11 de septiembre de 2021

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Venecia, Ravenna …

con visitas sorprendentes

del 07 al 11 de septiembre de 2021


VIAJE COMPLETO…

ABIERTA LISTA DE ESPERA


VIAJE INICIALMENTE PROGRAMADO PARA SEPTIEMBRE DE 2020.

POR MOTIVOS DE LA PANDEMIA FUE SUSPENDIDO Y SE CELEBRARÁ ESTE AÑO 2021


MUY IMPORTANTE

TODAS LAS PERSONAS PARTICIPANTES EN ESTE VIAJE

DEBERÁN PORTAR EL CERTIFICADO EUROPEO COVID,

ASÍ COMO EL dPLF (EU digital Passenger Locator Form)

que pide la República Italiana.


Un viaje a Venecia es el sueño de muchas personas, no en balde es uno de los sitios más famosos y turísticos de Italia. Debido a su particularidad, uno de los temas que más preocupan a los viajeros es el tema del transporte en Venecia: como llegar hasta allí y cómo desplazarse en una ciudad con canales en vez de carreteras.


La ciudad flotante de Venecia, que está situada en el noreste de Italia está construida sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas, separadas por canales y unidas entre sí por 455 puentes. Este conjunto de islas se encuentra situado en la llamada laguna de Venecia, en el norte del mar Adriático.


Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con sus edificios históricos y sus magníficos canales es el objetivo de millones de personas cada año. Planificar un viaje a Venecia puede resultar abrumador por la cantidad de información que hay sobre este destino. Y una de las primeras cosas a tener en cuenta, es cómo llegar hasta Venecia, ya que al estar situada en un archipiélago las opciones de llegar hasta allí son algo diferentes a las del resto de ciudades que normalmente visitas.


Llegar a la Laguna de Venecia a bordo de un barco privado es una experiencia difícil de olvidar…

Dos visitas por las que no deberías perderte este viaje:

  • La entrada de la Basílica de San Marcos, principal Iglesia de Venecia. Es una obra maestra de arte bizantino, que atestigua las relaciones artísticas entre esta capital del Adriático y Constantinopla.
    Nunca hasta ahora habíamos tenido la oportunidad de incluir en este viaje la VISITA NOCTURNA, PRIVADA PARA NUESTRO GRUPO, de este singular monumento.

La Basílica de San Marcos es impresionante por el día, pero verla por la noche es algo completamente distinto. Solo permiten la entrada a una cantidad limitada de grupos pequeños, convirtiéndolo en una experiencia íntima y maravillosa. Nuestra guía irá explicando los muchos secretos de este emblemático lugar de culto y podremos maravillarnos con los impresionantes mosaicos, admirar el altar dorado e incluso hacer una visita exclusiva a la cripta.

¡Esta aventura comienza cuando la de miles de turistas acaba!

 

  • Visita a la Capilla Scrovegni.

La Capilla de los Scrovegni de Padua es una obra maestra absoluta del arte.   Hoy se puede visitar sólo en pequeños grupos y previa reserva.   Construida por deseo de un rico y potente usurero, Enrico Scrovegni, fue decorada con frescos realizados por Giotto en 855 días, entre 1302 y 1305.   Destinada a ser usada como capilla familiar aneja al deslumbrante palacio, construido sobre un anfiteatro romano del año 60 a.C., su interior presenta casi 1000 metros cuadrados de pinturas dedicadas al Antiguo y Nuevo Testamento.

RELACIÓN DE PRECIOS

POR PERSONA

GRUPO 20 A 25 PERSONAS

GRUPO 26 A 30 PERSONAS

HABITACION DOBLE

1.360,00€

1280,00€

SUPL. HABITACION INDIVIDUAL

340,00€

330,00€

 


Estos precios incluyen: 

  • Pasaje de avión de la compañía IBERIA, MADRID-VENECIA-MADRID, en clase turista.
  • Traslado en barco privado Aeropuerto-Hotel en Venecia.
  • Guía local de habla hispana para las visitas en Venecia los días 7 Y 8 de Septiembre.
  • Entradas al Palacio Ducal y Visita nocturna de la Basílica de San Marcos.
  • Entrada a la Galería de la Academia en Venecia.
  • Paseo en barco privado por el Gran Canal de una hora.
  • Estancia de dos noches en el Hotel Gorizia alla Valigia 3* en Venecia centro, en régimen de alojamiento y desayuno buffet, en habitaciones tipo estándar
  • Traslado en barco privado del Hotel al Tronchetto, donde espera el autocar.
  • Traslados en autocar privado: Tronchetto en Venecia-Ravenna-Padua- Venecia.
  • Tasas correspondientes a los permisos de entrada del autocar en Ravenna, Padua y Tronchetto en Venecia, así como dietas del conductor.
  • Estancia de dos noches en el Hotel Centrale Byron de Ravenna, en régimen de alojamiento y desayuno buffet, en habitaciones tipo estándar.
  • Tres almuerzos en restaurantes, con agua y café incluidos.
  • Entradas a San Vital, San Apolinar, Mausoleo de Gala Placidia y San Apolinar en Classe en Rávena
  • Entrada a la Capilla Scrovegni en Padua.
  • Tasa de estancia en Venecia y Ravenna: 4€ por persona y noche
  • Seguro de asistencia en viaje y anulación.
  • Asistencia de la Doctora en Historia del Arte Dña. M. Teresa García Pardo
  • Acompañamiento de personal de la Agencia durante todo el viaje.

 

No están incluidos:

  • Gastos de índole personal
  • En general, ningún otro servicio no indicado en el apartado anterior.

 

NOTA IMPORTANTE:


El presupuesto ha sido confeccionado para un mínimo de 20 personas que viajen conjuntamente, por lo que las reservas se confirmarán por riguroso orden de inscripción.

 


INFORMACION HOTELERA


– HOTEL GORIZIA ALA VALIGIA: http://www.hotelgoriziavenezia.it/es


– HOTEL CENTRALE BYRON: http://www.hotelsravenna.it/byron/ita

INSCRIPCION Y PAGOS:

.- Para la inscripción rogamos envíen un correo electrónico indicando nombre y apellidos de las personas que viajan a: grupos@hilasviajes.es

.- Pago del saldo pendiente el día 25 Agosto 2020


Los pagos correspondientes pueden ser efectuados con tarjeta de crédito o bien mediante transferencia bancaria a la cuenta siguiente:


TITULAR:  HILAS VIAJES


BANCO:  SABADELL


CUENTA IBAN: ES70 0081 0572 3500 0145 3150

 

Organización Técnica:


HILAS VIAJES S.L.


C/ Fernán González, 44


28009 MADRID


Persona de Contacto: Natividad Areces


Teléfono móvil: 670 793 713

 

CONDICIONES DE CANCELACIÓN


Para todos los servicios, las condiciones de anulación son las siguientes:


a) Hasta el 01 de Abril Sin gastos


b) Del 01 de Mayo al 15 de Junio: 20%


c) Del 16 de Junio al 15 de Agosto: 50%


d) A partir del 16 de Agosto: 100%

TODA LA INFORMACIÓN EN EL PDF

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Jaime I El Conquistador

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Jaime I El Conquistador (1208 – 1276)

(Montpellier, Francia, 2.II.1208 – Valencia, 26.VII.1276)

Monumento a Jaime I (Valencia)

Jaime I. Escultura en el Parterre de Valencia

Rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.

Jaime I era hijo de Pedro II de Aragón y de María de Montpellier. Su infancia fue muy difícil, porque su padre abandonó a la reina María y también al propio Jaime, envuelto por las guerras en el Midi francés, donde el rey Pedro II halló la muerte en 1213. Jaime I heredó la bancarrota financiera que dejó su padre, Pedro II, y los enfrentamientos con los nobles.

Jaime sufrió un atentado en su propia cuna, como el héroe griego Heracles. Su reinado se inició en su minoría bajo la protección del papa Inocencio III. Desde 1215 fue confiado a la Orden del Temple, según las disposiciones testamentarias de su madre, la reina María.

Jaime I se casó el 6 de enero de 1221 con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor de Inglaterra, a punto de cumplir 13 años. El matrimonio fue anulado por la Iglesia, a petición del propio Jaime, por razones de parentesco, cuando el rey cumplió veintidós años y tenía ya un hijo, Alfonso, muerto en 1260.

Su segundo matrimonio se celebró en Barcelona el 8 de septiembre de 1235, a los 27 años, con Violante, hija de Andrés II de Hungría, que murió en Huesca, el 12 de octubre de 1251.

Tuvieron cuatro hijos y cinco hijas: Pedro III, el sucesor al Trono; Jaime, que reinaría en Mallorca; Fernando, que murió en vida del padre; y Sancho, abad de Valladolid y arzobispo de Toledo, falleciendo en 1275 prisionero de los moros granadinos.

Las hijas fueron: Violante, que casó con Alfonso X de Castilla; Constanza, casada con el infante castellano don Manuel, hijo de Fernando III; María, que profesó monja; Sancha, que murió como peregrina en Tierra Santa; e Isabel, casada en 1262 con Felipe III de Francia.

Jaime I partió sus reinos entre sus hijos. Hizo 4 testamentos con 4 repartos diferentes. En el último, de 1262, legó a Pedro Aragón, Cataluña y Valencia y a Jaime, las Baleares, Rosellón y Cerdaña.

Tras la muerte de Violante, el rey tuvo múltiples amoríos. Se casó con Teresa y de este matrimonio nació Jaime, señor de Jérica, y Pedro, señor de Eyerbe. De las relaciones amorosas con Blanca de Antillón nació Fernán Sánchez, al que entregó la baronía de Castro. Con Berenguela Fernández tuvo a Pedro Fernández, señor de la baronía de Híjar, mientras que con Berenguela Alfonso, hija del infante Alfonso de Molina, no tuvo descendencia. Sus bastardos fueron el origen de las más importantes casas nobiliarias de Aragón y Valencia.

Jaime I fue un monarca de fuerte personalidad, como se refleja en su propia Crónica. Era un personaje de considerable estatura, de presencia caballeresca y de cabello rubio. Entre sus cualidades sobresalen dos: su generosidad y su palabra.

Su educación le puso al servicio de la cristiandad contra el islam y transformó muchas mezquitas en iglesias o templos consagrados a la Virgen María.

Su valentía se plasmó en el episodio de sacarse él mismo la flecha que le atravesó el hueso del cráneo. Su sensibilidad quedo reflejada en las lágrimas derramadas al conquistar Valencia. En su leyenda negra figura cortarle la lengua al obispo de Gerona y ser muy mujeriego, incluso en vísperas de su muerte.

A partir de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, se produjo la fragmentación del poder almohade, propiciando en las décadas siguientes el avance de los reinos cristianos hacia el sur.

Desde 1228 Jaime I intentaba recuperar el prestigio de la Corona, en una empresa militar colectiva que beneficiara a todos, con el monarca como motor y cabeza de este proyecto.

Su principal objetivo fue Valencia. La fidelidad y apoyo del noble Blasco de Alagón fue compensada por Jaime I en 1226 con la concesión de todos los lugares y castillos que pudiera conquistar en territorio musulmán valenciano, hecho que años después tendría importantes consecuencias.

En 1227, la intervención papal a través del arzobispo de Tortosa permitió firmar la concordia de Alcalá, que procuraba una paz entre el rey y sus aliados, por un lado, y las facciones de los barones, por otro, lo que dejó la puerta abierta a las grandes empresas conquistadores de Jaime I.

El musulmán Zayd buscó la ayuda de Jaime I y el 20 de abril de 1229 firmó en Calatayud (Zaragoza) un acuerdo por el que se declaró vasallo del rey de Aragón y la donación de Peñíscola, Morella, Alpuente, Culla y Segorbe, a cambio de ayuda militar y la entrega de los castillos de Ademuz y Castielfabib.

Jaime I fue el primer gran protagonista de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, comenzando por la conquista de Mallorca, que Jaime promocionaría como una obra colectiva, que a todos beneficiaría.

Los piratas mallorquines musulmanes agredían a los mercaderes de Barcelona, Tarragona y Tortosa, que pidieron ayuda al Monarca. Los barones catalanes participaron en la empresa a cambio del botín y tierras.

La conquista de Mallorca, aunque con participación de caballeros aragoneses por sus obligaciones con el Soberano, fue una empresa fundamentalmente catalana, siendo ellos la mayor parte de sus repobladores.

En Lérida los barones aragoneses sugirieron al rey que la empresa se dirigiera contra los musulmanes de Valencia. Las Cortes catalanas de 1228 reunidas en Barcelona concedieron al rey el subsidio correspondiente a la recaudación del impuesto del bovaje, que se cobraba en dinero o servicios personales, aunque inicialmente consistía en marcar las parejas de bueyes, hecho que le dio nombre.

La expedición estaba integrada por 150 naves y salió desde Salou y Tarragona el 5 de septiembre de 1229. Tras un largo asedio de tres meses, la ciudad de Palma se rindió el 31-12-1229 y con ella el resto de la isla, que apenas ofreció resistencia.

El rey volvió en 1231 a la isla, cuando moros no sometidos se ofrecieron al rey, reduciendo Menorca a la condición de tributaria. La isla de Ibiza fue conquistada en 1235 por el arzobispo de Tarragona, Guillem de Montgrí, y su hermano.

Mallorca se constituyó como un territorio más de la Corona bajo el nombre de “regnum Maioricarum et insulae adyacentes”. La institución en 1249 del municipio de Mallorca institucionalizó el reino. La conquista supuso acabar con la piratería islámica en las Baleares, que se constituían en puente para el comercio entre Cataluña y el norte de África.

Los participantes en la conquista recibieron donaciones en la isla, especialmente la nobleza, plasmadas en el “Libre del repartiment de Mallorca”, fortaleciendo su poder político y social.

La conquista de Valencia, gran obsesión de Jaime I durante 15 años, se preparó con minuciosidad dada su trascendencia, una vez ocupada Mallorca y alejado el peligro musulmán del Mediterráneo.

En 1233 en Alcañiz se planificó la campaña en tres etapas:

1. La primera dirigida a las tierras de Castellón, con la toma de Burriana en 1233 y otros enclaves, como Peñíscola;

2. La segunda abarca la zona central con la conquista de Valencia (1238) y las tierras llanas hasta el Júcar, para lo cual las Cortes concedieron la ayuda necesaria y el papa Gregorio IX dio a la empresa el carácter de cruzada. El rey entró en la ciudad el 9 de octubre;

3. La tercera fase abarca desde 1243 a 1245 llegándose a los límites estipulados para la conquista entre Aragón y Castilla en el tratado de Almizrra en 1244, firmado entre Jaime I y el infante Alfonso para delimitar las áreas de reconquista de las Coronas de Castilla y Aragón. Las tierras al sur de la línea Biar-Villa Joyosa quedaron reservadas para Castilla, incorporándose al reino de Valencia por Jaime II tras la sentencia arbitral de Torrellas (1304) y Elche (1305).

En 1239 Jaime I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza, al considerar las tierras conquistadas en Valencia como un reino con una entidad político-jurídica propia unido a la Corona de Aragón, lo que provocó la reacción de la nobleza aragonesa, que veía truncadas sus posibilidades de hacer de las tierras valencianas una prolongación de sus señoríos aragoneses.

El reino fue repoblado por catalanes y aragoneses, aunque durante mucho tiempo la población musulmana siguió siendo mayoritaria. Pero la falta de respeto de los cristianos por los pactos firmados con los mudéjares llevó a la sublevación de al-Azraq en 1247.

En Navarra, la falta de descendencia del monarca Sancho VII estuvo a punto conseguir la unión con Aragón. Sancho VII hizo en 1231 un pacto de prohijamiento mutuo con Jaime I, en virtud del cual Sancho se convertía en padre de Jaime, y al morir uno de ellos, el otro le sucedería en sus territorios.

El pacto favorecía a Jaime I, muy joven, ante la avanzada edad de Sancho VII, y contenía diversas cláusulas por las que el rey de Aragón debía defender Navarra frente a agresiones exteriores. Pero las campañas en Mallorca y Valencia hicieron que Jaime I se desentendiera de Navarra, donde al morir Sancho VII en 1234, subió al trono como su sucesor Teobaldo de Champaña.

Con el reino de Castilla, Jaime ayudó a su yerno Alfonso X a pacificar la rebelión de los mudéjares murcianos. Pero desató la oposición de la nobleza aragonesa en las Cortes de Zaragoza (1264), que se negó a cooperar, alegando que no obtenía beneficios en tal empresa. A pesar de todo, Jaime I acudió en ayuda del rey de Castilla. Sometió Murcia en 1266 e inició la repoblación con catalanes y aragoneses, devolviendo luego Murcia a Alfonso X el SabioAdemás autorizó a sus súbditos a luchar con el rey de Castilla frente a la ofensiva de Marruecos y Granada.

Para resolver sus diferencias con Francia, el 11 de mayo de 1258 Jaime I firmó con Luis IX (san Luis), el tratado de Corbeil, en virtud del cual Luis IX renunció a los derechos que desde tiempos de Carlomagno pretendía tener sobre el Rosellón y Cerdaña y a los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic), y Jaime I a los derechos que le asistían sobre diversos lugares del mediodía francés.

El pacto se selló con el matrimonio de la infanta Isabel, hija menor de Jaime I, con Felipe, hijo y heredero de san Luis. Jaime I cedió a la reina de Francia, Margarita, sus derechos a los condados de Provenza y Folcalquier, lo que tenía en el marquesado de Provenza y el señorío de las ciudades de Arles, Marsella y Aviñón, que fueron del conde Ramón Berenguer. El tratado ha sido juzgado con dureza por los historiadores catalanes, ya que ponía fin a la expansión ultra pirenaica de la Corona de Aragón.

Respecto a la política norteafricana de Jaime I, éste se benefició del interés comercial de los catalanes, aprovechando su presencia en Marruecos y Túnez, utilizando el procedimiento de unir el comercio catalán al pago de un tributo por el sultán.

El espíritu de cruzada de Jaime I le llevó a emprender una expedición a Tierra Santa, como resultado de la embajada tártara que recibió en Toledo en la Navidad de 1268, mientras asistía a la primera misa de su hijo el infante Sancho, arzobispo de la ciudad.

Los tártaros, enemigos de los turcos, ofrecían unir su ayuda a la del emperador bizantino Miquel Paleólogo en la expedición a Tierra Santa, que desde hacía tiempo Jaime I proyectaba.

El 4 -9- 1269 zarpó de Barcelona una flota que fracasó, pues una tempestad les obligó a refugiarse cerca de Montpellier, donde desembarcó el rey, que regresó por tierra a Cataluña, olvidándose de la empresa en el Concilio de Lyon de 1274.

En los últimos años del reinado se produjo una revuelta de la nobleza catalana, en 1259, encabezada por el vizconde Ramón de Cardona y Fernando Sánchez de Castro (bastardo de Jaime I).

En la década de 1270 se produjo una auténtica guerra civil, cuando el rey se vio presionado por los partidarios de su primogénito, el infante Pedro, y por los rebeldes encabezados por el bastardo Fernández de Castro, que pretendían imponer su autoridad a la Corona. La lucha se saldó con la muerte del hermanastro Fernández de Castro por el infante Pedro (1275), mientras que sus partidarios aguardarían la hora de la venganza.

En 1275 se sublevaron los mudéjares valencianos y Jaime I fue en persona a sofocar la revuelta. El rey fue derrotado en Llutxent en junio de 1276, falleciendo el mes de julio de ese mismo año.

En 1262 el rey se vio obligado a hacer un nuevo reparto testamentario, tras la muerte de su primogénito Alfonso que tenía como destino heredar Aragón. Finalmente el reino se reparte entre sus dos hijos varones supervivientes:

1. Pedro III, Aragón, Cataluña y Valencia,

2. Jaime II, las Islas Baleares.

Su herencia se repartió entre sus hijos: Pedro III de Aragón (Valencia y condado de Barcelona) y Jaime (Mallorca, los condados de Rosellón y Cerdaña y el señorío de Montpellier).

Durante el reinado de Jaime I nació la conciencia territorial en la Corona de Aragón, sobre todo, en los Estados fundacionales de Aragón y el principado de Cataluña, con la actuación de dos fuerzas:

1. la normalización del derecho, que creó una conciencia territorial,

2. la conversión de las Cortes en una institución cohesionadora de la conciencia de la comunidad.

En el ámbito jurídico, los Fueros de Aragón superaban el derecho consuetudinario (habitual o de costumbre). Jaime I encargó al obispo de Huesca, el jurista Vidal de Cañellas, una obra, promulgándose en las Cortes de Huesca de 1247, sustituyendo a tradiciones jurídicas locales como el fuero de Jaca.

En el Principado de Cataluña, que fue la entidad política que existió durante gran parte de la Edad Media, la protección de la Monarquía permitió el triunfo legislativo de los Usatges de Barcelona (Derecho consuetudinario) y su difusión a mediados del siglo XIII.

Jaime I otorgó a Valencia una ordenación político-administrativa, la Costum (1240), revisada en 1251. Los Foris et consuetudines Valentiae fueron confirmados por el rey en 1271, a pesar de la oposición de la nobleza aragonesa, deseosa de mantener su legislación, lo que generó una pugna foral no resuelta hasta 1329 con el triunfo de los Fueros valencianos.

Desde que en 1244 se decidió que el río Cinca fuera el límite entre Aragón y Cataluña y las Cortes se reunieron por separado. El Cinca nace en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo Aragonés y desemboca en el río Segre en la Granja de Escarpe (Lérida).

Con Jaime I las ciudades interiores de la Corona perdieron impulso a favor de las ribereñas, estableciéndose la Corte y la Cancillería, base del actual Archivo de la Corona de Aragón por sus documentos diplomáticos, en Barcelona.

El reinado estuvo lleno de conflictos, pero el balance es positivo:

· las conquistas de Mallorca y Valencia,

· el matrimonio de su hijo Pedro con Constanza de Sicilia, que daría un impulso decisivo a la expansión mediterránea;

· el impulso dado al comercio y a la política africana;

· la redacción del Llibre del Consolat de mar, primer código de costumbres marítimas;

· su protección a los judíos;

· las reformas monetarias, con la creación de monedas propias en Valencia y Mallorca;

· su intervención en el movimiento jurídico, muy intenso con el refuerzo dado al derecho romano;

· el impulso dado a las instituciones generales, como las Cortes, y municipales;

· el progreso de las letras catalanas, con el rey como protagonista en esa gran obra que es el Llibre dels Feits, primera gran crónica catalana medieval, escrita o dictada por el rey, en estilo autobiográfico.

Para los historiadores aragoneses el juicio sobre Jaime I suele ser negativo, ya que no pensó en la unidad de la Corona, ya cimentada, y separó Aragón y Cataluña, entregando la primera a Alfonso y la segunda a Pedro, quedando Valencia para el tercer hijo, Jaime.

Complicó el problema de la frontera entre Aragón y Cataluña, tras la adjudicación final de Lérida a Cataluña, y puso la frontera en el cauce del Cinca, provocando el enfrentamiento entre zonas, que llevaban cien años unidas.

La creación de los reinos de Valencia y de Mallorca fragmentó la unidad de la Corona, que de ser un espacio unificado pasó a cuatro estados bajo la soberanía de un mismo rey, Jaime I.

Para mallorquines y valencianos, la visión del Monarca es radicalmente opuesta. Jaime I es el punto de partida de los futuros reinos de Mallorca y de Valencia y el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, fueros, moneda, instituciones, etc.

Jaime I el Conquistador. Plaza de Oriente. Madrid

JAIME EL CONQUISTADOR

Autor: Juan de LEÓN. 1750. Material: piedra caliza y granito.

Altura: 2,98 x Anchura: 0,99 x Fondo: 0,91 m. Jardines de Sabatini.

La escultura del rey Jaime I el Conquistador en pie está realizada como toda la serie en dos piezas de piedra de Colmenar, de tamaño mayor que el natural, vestido con coraza y cubierto con manto de armiño. En la mano derecha porta el cetro real y con la izquierda se recoge el manto. A sus pies aparece la cabeza de un moro.

En la inscripción: “JAIME 1º / REI DE ARAGON. / Mº Aº DE 1276”.

Esta serie de esculturas fue concebida por el fraile benedictino Padre Sarmiento entre 1750 y 1753 para la decoración exterior del Palacio Real y concretamente de la balaustrada corrida superior, atendiendo a los proyectos de Juvarra y Sacchetti.

Fueron esculpidas 114 estatuas, bajo la dirección de los escultores de S.M. Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro, que se llegaron a colocar total o parcialmente, pero durante el reinado de Carlos III el arquitecto mayor Francisco Sabatini llevo a cabo su desmontaje y almacenamiento en el Palacio.

En 1943 ocho de las estatuas de reyes que estaban en la plaza de Oriente pasaron a los Jardines de Sabatini y se instalaron alrededor del estanque que ordena el conjunto.

Jaime I, “el Conquistador”, a su muerte dividió los reinos entre sus hijos: a Pedro III le correspondió el reino de Aragón, y a Jaime, los reinos de Mallorca, el Rosellón y Cerdeña.

 

BIBLIOGRAFÍA

Real Academia de la Historia

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J. Laínz, La Nación Falsificada, Madrid, Encuentro, 2006, págs. 41-46; E. Belenguer, Jaime I y su reinado, Lérida, Milenio, 2008.

http://www.monumentamadrid.es

Fotografía tomada de la Wikipedia:

Estatua ecuestre de Jaime I en el Parterre de Valencia de Agapito Vallmitjana, 1891. Es una representación idealizada, pues porta la cimera del Rey de Aragón, que es anacrónica, ya que fue una innovación heráldica del siglo XIV de Pedro IV el Ceremonioso. La cimera es la parte superior del yelmo, generalmente adornado con plumas u otros motivos.

 

Creado en diciembre de 2019

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Fernando III el Santo. Rey de Castilla y León

 

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Fernando III el Santo. Rey de Castilla y León

Monumento a Fernando III el Santo. Sevilla

FERNANDO III. EL SANTO (1201-1252)

(Peleas de Arriba (Zamora), 24.VI.1201 – Sevilla, 30.V.1252).

Rey de Castilla (1217-1252) y de León (1230-1252).

Conquistador de Córdoba, Murcia, Jaén y Sevilla.

Fernando era hijo del rey Alfonso IX de León y de doña Berenguela de Castilla, hija primogénita de Alfonso VIII de Castilla.

En León le precedía su hermanastro Fernando, hijo del Rey leonés y de doña Teresa de Portugal, que había sido jurado como heredero del Trono de León.

En Castilla el heredero era otro Fernando, nacido en 1189 hijo de Alfonso VIII, y hermano de doña Berenguela.

El matrimonio de sus padres no pudo mantenerse pues había sido contraído sin la necesaria dispensa papal del impedimento de consanguinidad, pues el padre de doña Berenguela, Alfonso VIII de Castilla, era primo carnal de Alfonso IX de León.

Ante los requerimientos de Inocencio III, los cónyuges rompieron su convivencia, tras seis años y medio de vida matrimonial (1197-1204) en los que nacieron cinco hijos, dos de ellos varones: el futuro Fernando III y su hermano Alfonso de Molina.

Dª Berenguela regresó a Burgos con sus hijos. La vida del infante D. Fernando se repartió entre Burgos, donde era conocido como el leonés, para distinguirlo de su tío Fernando, heredero del Trono castellano, y en León al lado de su padre, donde era llamado el castellano para diferenciarlo de su hermano mayor, heredero de la Corona de León.

El fallecimiento en octubre de 1211 de Fernando, hijo y heredero de Alfonso VIII, a los veintidós años, acercó al pequeño Fernando al Trono castellano, del que sólo lo separaba su tío el infante Enrique.

En agosto de 1214 otra muerte impredecible, la de Fernando, el hijo de Alfonso IX, cuando rondaba los veinte años de edad, también aproximaba al futuro Fernando III al Trono de León.

Fernando III de Castilla (Tumbo A) Catedral de Santiago de Compostela

Fernando III de Castilla (Tumbo A) Catedral de Santiago de Compostela

Doña Berenguela se estableció con su hijo en Valladolid, desde donde trataba de ganarse el apoyo de los concejos castellanos, quienes rogaron a doña Berenguela que acudiese ante ellos con sus hijos. Allí tras reconocerla como reina y señora de Castilla, le rogaron que hiciese entrega del reino a su hijo mayor, al infante don Fernando, a lo que accedió en el acto la Reina, siendo así aclamado por todos Fernando III como rey de Castilla.

El 30 de noviembre de 1219, tuvo lugar en Las Huelgas Reales de Burgos el matrimonio de Fernando III con la princesa alemana doña Beatriz de Suabia, hija de Felipe de Suabia y nieta de Federico I Barbarroja. Berenguela quiso evitar a su hijo la triste experiencia de una anulación matrimonial, ya que estaba unido por lazos de sangre a todas las casas reinantes en España.

El reinado de Fernando III transcurrió en paz, pues desde 1214 se venían renovando las treguas firmadas por Alfonso VIII poco después de la batalla de Las Navas con los almohades.

Los primeros años de reinado de Fernando III, caracterizados por la pacificación y recuperación interior, crearon un reino próspero, fuerte y unido a las órdenes del Monarca.

Ahora se abría otra época de su reinado de veintiocho años de duración, que sólo acabó con su muerte, durante los cuales, y con el apoyo de su pueblo, Fernando III se consagró a acabar con el poder islámico, expulsándolo hacia África o sometiendo a vasallaje al último reino que quedaba en España, el de Granada.

En 1227 se desintegró el imperio almohade en la Península, dividiéndose en varios Reinos de Taifas, lo que facilitaría la conquista de Fernando III. En 1230 Fernando III intentó apoderarse de Jaén, pero ante su resistencia, el Rey cristiano inició el regreso hacia Castilla.

El 24 de septiembre de 1230 Alfonso IX fallecía y ante Fernando III se abría la posibilidad de acceder también al Trono leonés. Su madre salió a recibirlo a Orgaz y juntos siguieron hasta Toledo.

D. Fernando se había procurado una bula del papa Honorio III, de 10 de julio de 1218, que le declaraba legítimo heredero del Trono leonés. Pero Alfonso IX, ignorando los derechos de su hijo, reconoció en varios documentos y actos públicos, como sucesoras suyas, a las infantas doña Sancha y doña Dulce, hijas de su primera mujer, Teresa de Portugal. El conflicto estaba servido.

Por Ávila, Medina del Campo y Tordesillas, Fernando III se dirigió al reino de León en el que entró por Villalar (Valladolid), donde fue acogido como Rey.

En Toro, Villalpando, Mayorga, Mansilla, Oviedo, Astorga, León, Lugo, Salamanca, Mondoñedo, Ciudad Rodrigo, Coria y León triunfaban sus partidarios. Fernando III hacía su entrada en la ciudad regia, donde fue proclamado Rey, en noviembre de 1230. De este modo volvían a reunirse bajo un único Monarca los dos reinos separados setenta y tres años atrás.

Doña Berenguela y doña Teresa, con sus dos hijas, se reunieron en Valencia de Don Juan el 11 de diciembre de 1230. El acuerdo logrado por ambas Reinas consistió en la renuncia de las dos infantas a sus derechos a cambio de una pensión vitalicia de 30.000 maravedís anuales. Fernando de Castilla se convertía también en rey indiscutido de León.

Tras el acuerdo de Valencia de Don Juan, dedicó lo que restaba de 1230, y los dos años siguientes a visitar las tierras centrales de su reino en la Meseta y Galicia, para conocer a sus nuevos súbditos y ser conocido por ellos.

Unidas ya las fuerzas de Castilla y de León, en el año 1233 el rey Fernando reanudó las operaciones militares con la conquista de Úbeda, que se rindió en el mes de julio; al mismo tiempo el rey Jaime I iniciaba sus profundas incursiones en el Reino de Valencia.

En 1235, sufrió la pérdida de su esposa doña Beatriz, muerta en Toro el 5 de noviembre de 1235, después de dieciséis años de matrimonio y diez hijos, de los que sobrevivían ocho.

En 1236, se inician las grandes conquistas de Fernando III en la cuenca del Guadalquivir con las fuerzas unidas de Castilla y de León. En 1248 toma Sevilla.

En los años siguientes toda la campiña cordobesa fue entregándose a Fernando III mediante capitulaciones que permitían por primera vez la continuidad de los musulmanes en sus hogares; no así en la sierra cordobesa, que tuvo que ser conquistada militarmente, y en la que no se toleró la presencia islámica.

Al mismo tiempo los concejos de Cuenca, Moya y Alarcón aprovechaban el derrumbamiento del reino islámico de Valencia, que se entregaba a Jaime I.

Jaime I. El Conquistador. (1208 –1276). Rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.

En marzo del 1243, Fernando III, enfermo en Burgos, confiaba el mando del ejército, a su hijo Alfonso. Todavía en Toledo el infante, llegaron mensajeros del Rey de Murcia que ofrecía un pacto de vasallaje por el que sometía su reino al Monarca de Castilla y León.

El futuro Alfonso X, marchó hacia las tierras de Murcia y suscribió el pacto por el que el rey de Murcia, Alicante, Elche, Orihuela, Alhama, Ricote, Cieza y Crevillente se sometían a la autoridad del rey cristiano permaneciendo ellos en sus hogares, practicando su religión y trabajando sus heredades.

En cumplimiento del pacto, el ejército de don Alfonso fue ocupando pacíficamente las villas y castillos del reino; Lorca, Cartagena y Mula que se negaron a entrar en el convenio, tuvieron que ser sometidas por la fuerza.

La pacificación del Reino de Murcia ocupó también los años 1244 y 1245; y al rozar con las fuerzas de Jaime I, que estaban completando la ocupación de Valencia hubo precisión de fijar la frontera entre Castilla y Valencia, lo que se hizo el 26 de marzo de 1244 por el tratado de Almizra.

En 1244 Fernando III duplicaba sus fuerzas bélicas; mientras una hueste operaba en tierras murcianas, otra penetraba en el reino granadino para debilitarle y asestar el gran golpe en Jaén de 1245.

El rey de Granada consideró perdida la ciudad de Jaén y, deseando salvar una parte de su reino, se presentó ante el rey Fernando y, entregándose a su merced, le besó la mano declarándose su vasallo para que dispusiese de él y de su tierra, cediéndole además la ciudad de Jaén.

El pacto de vasallaje se extendía a sus sucesores en Granada y Castilla; el Rey musulmán serviría a Fernando III en tiempo de paz, acudiendo cada año a su Corte, y en tiempo de guerra engrosaría su hueste contra cualquier enemigo del Rey castellano-leonés.

El de Granada conservaría en pleno señorío todo su reino, excepto la ciudad de Jaén, bajo la protección del Monarca cristiano, al que debía abonar cada año la suma de 150.000 maravedís.

La ciudad de Jaén sería entregada en el acto a Fernando III y sus habitantes debían abandonarla perdiendo casas y heredades. Establecidas estas capitulaciones, el monarca cristiano hizo su solemne entrada en Jaén comenzado en marzo de 1246.

El 8 de noviembre de 1246 falleció la reina doña Berenguela, que durante todo su reinado había sido su gran consejera, y en cuyas manos dejaba el gobierno del reino durante las largas temporadas en Andalucía, consagrado a las operaciones militares.

Fernando III sitió Carmona, que optó por capitular ante el Rey cristiano. Lora del Río se rindió sin resistencia y en julio de 1247, aparecía por el Guadalquivir una esperada flota integrada por trece galeras con la que se inició una guerra de desgaste contra Sevilla.

En marzo del 1248, apareció ante la ciudad el heredero de la Corona, el infante don Alfonso, con grandes contingentes de castellanos, leoneses y gallegos. Sevilla ya no tenía reservas, Castilla y León podían movilizar más hombres y armas.

El 23 de noviembre de 1248, entregaron la ciudad, disponiendo de un mes para partir hacia África o hacia el Reino de Granada y el 22 de diciembre de 1248 Fernando III hacía su solemne entrada en Sevilla.

Con la conquista de Sevilla la Reconquista había finalizado, pues en ese momento ya sólo les quedaba a los musulmanes el Reino de Granada, como vasallo del Monarca cristiano.

Fernando III falleció el 30 de mayo de 1252 en Sevilla y a sus exequias en la antigua mezquita, convertida en catedral, asistió el Rey de Granada.

De su madre había recibido el reino de Castilla, de unos 150.000 km. De su padre el de León, con otros 100.000 km2 y había conquistado otros 100.000 km2. Se dedicó a la repoblación cristiana del territorio ganado con castellanos, leoneses y gallegos, realizando entre ellos el reparto de casas y heredades (tierras).

Con su primera esposa, Beatriz de Suabia, reina de 1219 a 1235, tuvo diez hijos, siete de ellos varones: Alfonso, Fadrique, Fernando, Enrique, Felipe, Sancho y Manuel, y tres mujeres, dos muertas en la infancia; la tercera, Berenguela, ingresó en Las Huelgas Reales de Burgos.

Fernando contrajo segundas nupcias en noviembre de 1237 con Juana de Ponthieu, con la que tuvo otros cinco hijos: Fernando, Leonor, Luis, Simón y Juan. Los dos últimos murieron en la infancia.

La religiosidad de don Fernando y su fama de santidad hicieron que el papa Benedicto XIII le canonizara el 6 de septiembre de 1672.

 

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Real Academia De La Historia

 

MONUMENTO AL REY FERNANDO III, EL SANTO, SEVILLA

Imagen de portada: El monumento en honor al Rey San Fernando en la Plaza Nueva de Sevilla.

La idea de  construir un monumento para el Rey Santo partió del alcalde, Francisco Javier Cavestany en 1848, cuando  se estaba construyendo la plaza, en el solar que ocupó el ConventoCasa Grande de San Francisco”. El monumento en honor al Rey San Fernando, se encuentra en el centro de la Plaza Nueva, en Sevilla.

En 1861, se retomó la iniciativa con la Reina Isabel II. Pero diversos cambios retrasaron la decisión hasta que el Rey Alfonso XII colocó la primera piedra del monumento, el 27 de Marzo de 1877. La obra acabó en el siglo siguiente, siendo inaugurada el 15 de Agosto de 1924.

En la construcción definitiva del monumento intervinieron los artistas más importantes del momento. El pedestal y la idea de conjunto son de Juan Talavera y Heredia. Los lados están compuestos por las figuras de cuatro personajes que acompañaron al Santo Rey en la conquista de Sevilla. Alfonso X, es obra de Enrique Pérez Comendador. Garci Pérez de Vargas, es obra de Joaquín Sánchez Cid. Ramón Bonifaz, es de José Lafita Díaz. Don Remondo, obra de Alfonso López Rodríguez. Corona el pedestal, la estatua ecuestre de San Fernando obra de Joaquín Bilbao.

 

SAN FERNANDO, PATRÓN DE SEVILLA

San Fernando es el patrón de varias localidades como Sevilla, Aranjuez, San Fernando de Henares, Maspalomas (Gran Canaria), etc. Además es el patrón de los Ingenieros del Ejército de Tierra de España.

Desde la creación en 1819 de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, también llamada Diócesis de Tenerife (islas Canarias), San Fernando es el compatrono de la misma y de la catedral diocesana por bula del papa Pío VII.

Esto es debido a que esta diócesis depende de la Archidiócesis de Sevilla,​ cuya ciudad tiene por patrono a san Fernando conjuntamente con la Virgen de los Reyes y, por otro, a que fue el rey Fernando VII quien apoyó la creación de esta diócesis.​

San Fernando es también el patrono de la Universidad de La Laguna, puesto que esta institución fue fundada bajo el nombre de Universidad Literaria de San Fernando.

Fernando, durante el sitio de Sevilla, poseía una bandera con la efigie de la Virgen. Los musulmanes pensaron que destruir esa bandera sería un importante golpe contra la moral de las tropas cristianas y enviaron un pequeño contingente al campamento cristiano, que terminó por dañar a saetazos la bandera.

Fernando comentó este hecho al clérigo, que le recomendó enviarlo a los sastres del campamento para que lo repararan, pero Fernando decidió coserlo él mismo. Por esto, fue nombrado hermano mayor de la hermandad católica del gremio de los sastres, que fue la primera que existió en Sevilla tras la Reconquista.

Dicha hermandad tenía como patrón a san Mateo  y más tarde añadieron a la Virgen de los Reyes (patrona de los sastres) y al propio san Fernando cuando fue canonizado.

Esa hermandad aún existe, con el nombre de Hermandad de la Virgen de los Reyes, y tiene su culto en la iglesia de San Ildefonso de la ciudad.

urna sepulcral de Fernando III el Santo Sevilla

Urna de plata con los restos del cuerpo incorrupto del rey Fernando III en la catedral de Sevilla

Fernando III, hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla. Durante su reinado se reunificaron definitivamente los reinos de León y Castilla y fueron conquistadas a los musulmanes las ciudades de Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia. Falleció en Sevilla en 1252 y en 1671 fue canonizado por el Papa Clemente X. Sus restos mortales incorruptos se veneran en la catedral de Sevilla.

 

Patrón de Sevilla. Fuentes:

visitasevilla.es

sevillaguia.com

Fotografías sevilla.abc.es

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Dª Berenguela de Castilla

Fernando III. El Santo

Alfonso X. El Sabio

Sancho IV – María de Molina

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