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Croacia, un País Impresionante. Viaje del 10 al 22 de agosto de 2010 (3ª parte)

 

Croacia, un País Impresionante.  Belleza, naturaleza, aguas cristalinas, cultura…

Viaje de compañeros de Tai Chi Xin Yi. Del 10 al 22 de agosto de 2010

 

Capítulo 3 de 5

Todo Dubrovnik 1

 

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El jueves, 19 de agosto, nos reunimos con la guía local para conocer de día la ciudad más meridional de Croacia. Con ella hicimos un detenido recorrido por los diferentes lugares que a continuación iremos describiendo.

El pasado de la ciudad está relacionado con la célebre República de Dubrovnik o República Ragusina que, entre los siglos XIV y XVII, desempeñó un papel primordial como nexo de comunicación en las rutas entre Oriente y Occidente.

Su época áurea fueron los siglos XV y XVI con un extraordinario florecimiento económico y comercial. En cambio su momento más trágico fue el 6 de abril de 1667 en el que un terrible terremoto destruyó la ciudad. Dubrovnik se transformó así en una ciudad barroca. Lo único que se conservó fue el Palacio Sponza y la fachada del Palacio de los Rectores. En 1808 la ocupación napoleónica puso fin a la República Ragusina.

Dubrovnik se caracteriza por el cinturón de murallas que protegen su casco histórico, constituyendo una ronda continua que circunda la ciudad entera. Esta compleja fortificación, una de las más bellas y fuertes del Mediterráneo, está formada por bastiones, torres y fortalezas independientes. Especialmente bien protegidas están la puerta de Ploce y la de Pile.

 

Iniciamos nuestro recorrido en esta villa entrando por La Puerta de Pile, que fue durante siglos el principal acceso de la ciudad. Su aspecto actual data de 1537 cuando se erigió la torre semicilíndrica de la puerta exterior con un arco renacentista, en cuya parte superior hay una hornacina con la estatua de San Blas, patrón de Dubrovnik. A la puerta se accede por un puente de piedra, tendido sobre un profundo foso defensivo. Frente a la entrada hay un puente levadizo de madera que cada noche se alzaba mediante cadenas. En 1460 se construyó la puerta interior en estilo gótico.(01)

En la parte occidental de la villa, junto a la Puerta de Pile, Placa se ensancha formando una pequeña plaza, en cuyo centro está ubicada la Fuente de Onofrio, enmarcada por la iglesia de San Salvador, el convento de monjas clarisas y el monasterio franciscano.

La Gran Fuente de Onofrio, ubicada al traspasar la Puerta de Pile, fue construida en el año 1438 por el arquitecto napolitano Onofrio della Cava, con quien la República de Dubrovnik firmó un contrato para construir el sistema de abastecimiento de agua de la ciudad. Mientras en la Dalmacia véneta la mayoría de las ciudades se surtían de agua construyendo aljibes para almacenar las aguas pluviales, Dubrovnik optó por conducir a la ciudad el agua de un manantial situado a 12 km. mediante la construcción de un acueducto, al más puro estilo romano.(02)

La Gran Fuente de Onofrio perdió su rica ornamentación en el terremoto del año 1667. Tan sólo se conservan los 16 mascarones de piedra, por cuyas bocas salía el agua por 16 caños. En arquitectura, se llama mascarón a la cara de piedra o de otro material que se coloca en las fuentes o en otras obras de arquitectura como bajo los balcones, en la clave de los arcos, etc.

Nuestra primera visita fue El Monasterio Franciscano, que se empezó a construir en el año 1317, pero en el terremoto de 1667 su iglesia quedó totalmente destruida, construyéndose después del terremoto la actual iglesia barroca. Del templo original sólo se conserva la portada meridional. Sabemos por un contrato de 1498 que esta portada se hizo en el taller de los hermanos Leonard y Petar Petrovic. En el tímpano aparece la piedad y sobre las jambas se encuentran las figuras de San Jerónimo y San Juan Bautista. Finalmente, corona el conjunto sobre el tímpano la figura de Dios Padre. El claustro, realizado en 1360, en románico tardío es uno de los más bellos claustros raguseos, aunque disponen de otro claustro gótico que no puede contemplar el público porque es de uso exclusivo de los monjes.(03)

El monasterio de los franciscanos también posee de una de las bibliotecas antiguas más ricas de Croacia y una de las farmacias más antiguas del mundo.

La disposición interna de la villa histórica la define una ancha avenida longitudinal denominada Placa o Stradun, que es la calle más ancha y célebre de Dubrovnik y divide la ciudad en una zona meridional y otra septentrional.

Placa es la avenida comercial de Dubrovnik y el lugar favorito de paseo de los turistas y raguseos. En ella se pueden cambiar los euros por las “Kunas” croatas, degustar un helado o hacer las inevitables compras. Al mismo tiempo es la vía más rápida de comunicación entre las puertas oriental y occidental de la ciudad, función que desempeña desde el siglo XII. Su aspecto actual es posterior al terremoto de 1667. Los pintorescos palacios de la antigua Placa fueron sustituidos por una planificada y homogénea construcción de dos filas de casas barrocas de piedra, todas de la misma altura y con fachadas semejantes. En la planta baja, el Senado de la República de Dubrovnik decretó construir unas tiendas similares, manifestando su preocupación por la actividad comercial.(04)

La Plaza Luza es el ensanche oriental de Placa y era el espacio reservado para mercado. En su entorno hay importantes edificios: el campanario de la ciudad, el Palacio del Consejo Mayor, el Palacio Sponza, sede de la Aduana y de la Casa de la Moneda, etc.

El campanario de la ciudad fue construido con un reloj en el año 1444. Tiene 31 metros de altura y Luka hizo para el reloj la esfera en latón pintado con una aguja que indicaba las fases lunares, así como las dos figuras humanas de madera que marcaban las horas golpeando la campana. En el siglo XVI se fundió una nueva campana, se hizo otra esfera con cifras y las figuras fueron sustituidas por los famosos “verdinos” de bronce. En 1929 fue reconstruido por completo según el proyecto antiguo.(05)

La columna de Roldán se colocó en 1418 en el centro de la Plaza Luza. Es una alta y esbelta columna de piedra que durante cuatro siglos se destinó a enarbolar la bandera blanca de la libre República de Dubrovnik. La columna está ornamentada con la figura del legendario caballero medieval Roldán (Orlando). La columna es de estilo gótico y es obra del escultor Bonino de Milán.

En esta plaza fue erigida La Pequeña Fuente de Onofrio, en el siglo XV, por Onofrio della Cava, en la zona oriental de la ciudad, para abastecer el antiguo mercado de Luza.(06)

El edificio más destacado de la plaza es La Iglesia de San Blas, el santo patrón de Dubrovnik, que fue construida en estilo barroco en el año 1715, en el lugar que antes ocupaba la antigua iglesia románica dedicada al mismo santo y destruida por el terremoto de 1667 y por un incendio. El templo actual fue edificado por el arquitecto veneciano Marino Gropelli, tomando como modelo la iglesia veneciana de San Mauricio. La rica ornamentación de la portada, contrasta con las fachadas sencillas y austeras de los edificios de Placa. En el interior hay bellos altares de mármoles de colores.(07)

En el altar se conserva una valiosa escultura gótica de San Blas hecha de plata dorada, que data del siglo XV. Esta obra tiene un gran valor documental, ya que el santo sostiene en su mano izquierda una maqueta de la ciudad de Dubrovnik en la que se pueden distinguir los edificios destruidos en el gran terremoto.

San Blas, obispo en Armenia, fue torturado y asesinado en época de Diocleciano. En el siglo X fue elegido santo patrón de Dubrovnik y su figura fue tallada en piedra sobre todos los fuertes y puertas de la villa. El 3 de febrero, festividad de San Blas, se celebra una magnífica procesión por la ciudad con las reliquias del Santo que se conservan en el tesoro de la catedral.

La efigie de San Blas(12), el obispo barbudo, con su mitra y su báculo adorna los sellos oficiales raguseos, las monedas acuñadas en la ciudad y la bandera de la República de Dubrovnik.

Frente a la iglesia de San Blas se halla El Palacio Sponza, uno de los edificios más bellos de la ciudad, que ha conseguido conservar su aspecto original. El edificio albergaba la Aduana, la Casa de la Moneda, el Banco, la Armería del Estado, etc. Posee un pórtico abierto hacia la Plaza Luza. Su construcción mezcla los estilos gótico y renacentista, lo que en su época fue una característica de todos los palacios importantes en las costas orientales del Adriático.(08)

Actualmente en el Palacio Sponza se encuentra el Archivo de Dubrovnik, que conserva documentos originales desde el siglo XII, por lo que está considerado uno de los archivos históricos más importantes del mundo. A partir de 1278 la República ordenó registrar y conservar toda la documentación escrita de índole legal, tanto pública como privada. También conserva los registros de navegación de todos los barcos con sus mercancías y pasajeros.

A continuación visitamos El Palacio de los Rectores, que fue construido por Onofrio della Cava, pero en 1463 se produjo una explosión de pólvora en la Armería del edificio y la renovación del Palacio se confió al célebre arquitecto florentino Michelozzo, que en aquel momento trabajaba en la reconstrucción de las murallas de Dubrovnik.(09)

Michelozzo hizo un diseño “demasiado renacentista” que fue rechazado por el Consejo Mayor y las obras fueron continuadas por otros maestros. Así el pórtico y sus capiteles responden al espíritu del Renacimiento. En el terremoto de 1667 se hundió la fachada meridional y este ala se renovó en estilo barroco. Por lo tanto, el palacio es un edificio singular en el que conviven armoniosamente el estilo gótico, renacentista y barroco.

Actualmente en el Palacio de los Rectores encontramos la sección histórica del Museo de Dubrovnik. Hay muebles de época, retratos, cuadros, una colección de numismática de la República de Dubrovnik y las llaves originales de las puertas de la villa. En el atrio del palacio hay una escultura en bronce de Miho Pracat, benefactor de la ciudad.

Nuestra siguiente visita fue La Catedral de Dubrovnik, consagrada a la Asunción de Nuestra Señora, y levantada para sustituir a la catedral románica destruida en el terremoto de 1667. En su construcción jugó un papel primordial Stjepan Gradic, un ilustre intelectual raguseo, que ocupaba el cargo de rector de la biblioteca vaticana y de enviado especial de la República de Dubrovnik a la Santa Sede. Gracias a sus múltiples contactos, Gradic abogó intensamente por renovar su ciudad natal destruida por el catastrófico terremoto. Su idea fue reconstruir la Catedral de Dubrovnik siguiendo las formas características del barroco romano.(10)

Andrea Buffalini de Urbino fue el arquitecto que elaboró una maqueta en madera del edificio y diseñó los planos de la nueva iglesia con tres naves y una enorme cúpula. Sobre una escalinata de siete escalones se alza la suntuosa fachada barroca, rica en entrantes y salientes y contrastes lumínicos, que generan un dinamismo típicamente barroco. Cuatro enormes columnas corintias enmarcan el portal de acceso al edificio, mientras cuatro pilastras, dos en cada extremo, y dos hornacinas completan el cuerpo inferior de la fachada. El cuerpo superior está constituido por un amplio balcón central. Finalmente corona el edificio un enorme frontón triangular.

La catedral se inició en 1671 y se terminó en el año 1713. En su interior hay valiosos altares barrocos, aunque lo más destacado es lo que se pudo salvar de su Tesoro. Entre los objetos más relevantes destacan los relicarios con la cabeza y la mano de San Blas, santo patrón raguseo. El relicario de su cabeza, en forma de corona imperial bizantina, es una pieza de orfebrería del siglo XI y está adornado con esmaltes y piedras preciosas. Allí también se guarda un icono bizantino y varias pinturas valiosas.

El gran políptico, que representa la Asunción de la Virgen y que adorna el presbiterio de la catedral, es obra del taller de Tiziano.

Nuestra última visita fue La Iglesia de San Ignacio, que se alza sobre una explanada que tiene ante sí una monumental escalinata barroca del siglo XVIII, que evoca la que conduce desde la Plaza de España hasta la iglesia de Trinitá dei Monti en Roma. La iglesia de los jesuitas y el Colegio de Dubrovnik, la famosa escuela de los jesuitas, es el conjunto urbanístico más barroco de Dubrovnik y puede que de toda Dalmacia.(11)

Esta iglesia ragusea se terminó en 1725 y tiene una fachada muy semejante a la de San Ignacio de Loyola en Roma, aunque lo que hace mundialmente famosa a la iglesia romana es la bóveda de la nave central realizada por el pintor jesuita Andrea Pozzo y que se denomina: El papel de San Ignacio en la expansión del nombre de Dios por el mundo.

En el presbiterio de la iglesia de Dubrovnik hay frescos barrocos que representan escenas de la vida de San Ignacio, fundador de la orden jesuita.

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Croacia, un País Impresionante. Viaje del 10 al 22 de agosto de 2010 (4ª parte)

Croacia, un País Impresionante.  Belleza, naturaleza, aguas cristalinas, cultura…

Viaje de compañeros de Tai Chi Xin Yi. Del 10 al 22 de agosto de 2010

Capítulo 4 de 5

Dubrovnik, Ston y la Isla de Korcula

19 de agosto, continuación…

El punto más oriental de la ciudad es La Puerta de Ploce que consta de un acceso exterior del siglo XV y de una puerta interior románica, ubicada dentro del recinto amurallado y defensivo de la villa. Está protegida por la alta torre de Ploce erigida en el siglo XIV. El puente de piedra sobre el foso defensivo procede del siglo XV.

Después de este detenido recorrido por esta hermosa ciudad, almorzamos con unos amigos en un restaurante local, junto al acuario y la catedral, a la espalda de las murallas cerca del viejo puerto. Kono “Ribar” o Taberna de Pescadores, resulto ser un sitio donde la cantidad y calidad de su comida nos dejó gratamente satisfechos. El menú estaba compuesto por un aperitivo de un delicioso paté de atún y una suculenta fuente de pescados y mariscos, acompañados de la deliciosa pivo (cerveza croata).

Tras el almuerzo, iniciamos la subida a la parte alta de Dubrovnik. Partiendo de la avenida principal, Placa (Stradun) recorrimos una de esas calles empinadas y llenas de escaleras que desemboca junto al parque de bomberos frente al teleférico. Allí hicimos el ascenso para contemplar desde una considerable altura unas magníficas vistas de la ciudad y donde nuevamente hicimos una tabla de nuestro Tai Chi, esta vez con espectadores, turistas que nos fotografiaron durante la práctica.

El descenso del teleférico nos permitió disfrutar de unas espléndidas vistas de la ciudad, antes de volver al hotel para descansar y disfrutar de un refrescante baño en la piscina.

El día había sido muy intenso, así que decidimos reposar la cena con una agradable charla con los compañeros en la terraza del hotel.

El viernes, 20 de agosto, lo dedicamos a visitar la Isla de Korcula, cuna de Marco Polo, pero hicimos un alto en el camino para contemplar las murallas de Ston(13). Es una ciudad medieval del siglo XIV, que posee las murallas de piedra más largas de Europa (5,5 km). También se la conoce como ciudad de la sal, por tener una de las salinas más antiguas del mundo.

La Isla de Korcula, a la que llegamos tras un agradable viaje en barco(14), es una de las más grandes y pobladas de Croacia. Es rica en arte y cultura, y se enorgullece de ser la ciudad natal del ilustre mercader y viajero medieval Marco Polo (1254–1324), pudiendo contemplar en la actualidad las ruinas de su casa(15)

Comenzamos la visita desde la Plaza del Rey Tomislava, a la que se llega desde el puerto donde desembarcamos. Desde ahí subimos por la conocida escalinata de la puerta sur o puerta de Tierra(16) y a través de la torre Revelin (1493-1496)(17) accedimos a la plaza Trg Antuna i Stjepan Radica(18).   Esta plaza, que da paso a la Ciudad Vieja, es inicio del eje que divide la ciudad. Fue la primera plaza pavimentada en 1569 y en ella contemplamos en pocos metros, el Ayuntamiento(19) y la Iglesia de San Miguel(20).   Caminamos por una de sus características calles(21) para llegar a la plaza de San Marcos, donde se encuentra la catedral(22) del mismo nombre, el Museo del tesoro del obispo(23), el Museo de la ciudad(24) y la Iglesia de la Nuestra Señora (Crkva Gospojina) del siglo XVI que en la actualidad es una galería de arte.

Korcula se caracteriza por estar construida en piedra, tanto en sus fortificaciones y edificios como en su pavimento, al igual que Dubrovnik. La distribución de sus calles, en forma de espina de pez  da una confortable protección frente al viento y al sol a sus habitantes. Allí pudimos visitar una antigua casa, hoy museo(24),en la que se puede comprobar la práctica costumbre que tenían en muchas ciudades como Dubrovnik o Korcula de ubicar la cocina en la última planta de la casa, para que los olores no se extendieran por la vivienda y para que en caso de incendio no se quemara todo el edificio(25)

El paseo por sus murallas y calles, el agua cristalina, la amabilidad del guía, los habitantes y el agradable almuerzo con los compañeros dejo en nosotros un agradable recuerdo de esta isla.

Tomamos el barco para regresar a tierra firme y emprender nuestro viaje de vuelta a Dubrovnik, aunque a mitad de camino hicimos una nueva parada en el Restaurante Vila Koruna(26) en las inmediaciones de Ston, en esta ocasión para degustar unas deliciosas ostras y un rico vino blanco croata.  La calidad y precio de estos productos, recién cogidos de sus propios criaderos, hacen muy recomendable permitirse este placer, eso si, con la oportuna moderación.(27)

Después de la cena, cogimos el autobús para disfrutar de la animación y de la bella iluminación nocturna de Dubrovnik, que se acrecentaba aún más con una luna casi llena reflejándose en el mar.

            

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Croacia, un País Impresionante. Viaje del 10 al 22 de agosto de 2010 (y 5ª parte)

 

Croacia, un País Impresionante.  Belleza, naturaleza, aguas cristalinas, cultura…

Viaje de compañeros de Tai Chi Xin Yi. Del 10 al 22 de agosto de 2010

Capítulo 5 de 5

Todo Dubrovnik 2

El sábado, 21 de agosto, dispusimos del día libre. Algunos amigos decidieron visitar unas pequeñas islas, pero la mayoría decidimos pasear con tranquilidad por Dubrovnik. Recorrer las murallas de la ciudad era nuestra asignatura pendiente y nos dedicamos a ello.

Las intactas murallas de Dubrovnik son el elemento inconfundible que caracteriza la fisonomía de la ciudad histórica. Tienen una extensión de 1940 metros que circundan toda la ciudad antigua y el hecho de que en el siglo IX esta ciudad pudiera resistir un sitio de 15 meses, prueba que estaba fuertemente protegida. En el siglo XIII las murallas rodeaban toda la ciudad salvo el Monasterio de los Dominicos, que entró en el seno defensivo en el siglo XIV, siendo la circunferencia total y actual de las murallas del siglo XIV.

Cuando en 1453 Constantinopla fue conquistada por los turcos, el temor a un posible ataque hizo que la fortificación se concluyera con urgencia y se entró en la época áurea de Dubrovnik, entre 1453 y el catastrófico terremoto de 1667. La muralla principal, orientada hacia tierra firme, tiene entre 4 y 6 metros de ancha, mientras que la que da al mar tiene entre 1,5 y 3 metros. En algunos puntos su altura alcanza hasta 25 metros. Como defensa suplementaria fue excavado un profundo foso a lo largo de la parte continental de las fortificaciones. La villa mantenía comunicación con el exterior por dos puertas bien fortificadas. En el lado occidental, la Puerta de Pile, y en el oriental, la Puerta de Ploce.

Curiosa Guillotina bajo la muralla

A la muralla se puede acceder desde dos puertas diferentes. La cercana a la Puerta de Ploce y la existente junto a la Puerta de Pile pudiendo optar por hacer uno de los dos recorridos (tierra o mar) o ambos.  El precio en 2010 era de 70 kunas (10 Euros aprox) los adultos y 30 los niños.

Tras más de dos horas de recorrido por todo el perímetro de la muralla, decidimos dar un paseo por la villa antes de degustar una suculenta parrillada de pescados y mariscos, acompañada de una deliciosa jarra de cerveza croata (tocho pivo). Finalmente nos gastamos nuestras últimas “kunas” en un delicioso helado de chocolate negro.

Ese día fue el único que pasamos realmente calor durante todo nuestro viaje, porque no corría ni una brizna de aire, y tras la comida decidimos volver al hotel para refrescarnos en su piscina.

Después de cenar, nos fuimos con unos amigos a dar nuestro último paseo por Dubrovnik para despedirnos de esta bella ciudad de casas y pavimentos de piedra, que nos traslada a otra época y evoca una nostálgica ciudad de cuento de hadas.

El domingo, 22 de agosto, después del desayuno nos dirigimos al aeropuerto para volver a Madrid. En el avión empezamos a tomar contacto con la cruda realidad de vuelta a casa, cuando nos ofrecieron para comer una cerveza o un refresco con una madalena, algunos nervios con las turbulencias del avión y varias maletas deterioradas en el vuelo.

La impresión de este viaje ha sido la de un País limpio, educado, respetuoso y seguro. Carente de mendicidad. Con buena relación calidad-precio y con una naturaleza, arte y arquitectura, que bien se merece que una buena parte de su patrimonio esté protegido por la UNESCO. No debemos olvidar su excelente gastronomía y su deliciosa cerveza, que completan a la perfección sus maravillosos paisajes.

Finalmente, nos despedimos de nuestros queridos compañeros de viaje y muy especialmente de Nati y de Milos, dos excelentes profesionales que se han ganado nuestro cariño y respeto y que ya forman parte de nuestro círculos de amigos.

Sólo una última cosa ¿Cuándo volvemos?…

Maite, septiembre de 2010

 

Entrada a la muralla desde
Puerta Pile

 

Torre Micenta desde la muralla

 

Fortaleza Lovrijenak desde la muralla

 

 

Monasterio Franciscano

 

Vista de la Fuente de Onofrio

 

Convento de Santa Clara

 

Muralla cerca de la puerta de Pile

 

Tomas desde la Puerta Pile

 

Fortaleza Lovrijenak

 

Zona de mar

 

Puerto Viejo

 

Iglesia Ortodoxa

 

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  • Todo Dubrovnik 2 (Dubrovnik Ciudad amurallada)


León. Gótico y Románico. Viaje de alumnos de la UNED. 17-04-2010

“Este es el relato que me envía una alumna sobre un agradable e interesante viaje educativo y cultural que realizamos en abril de 2010.

Deseo que os guste tanto como a mí y disfrutéis con su lectura.”

 

  

 

Todo indicaba que la jornada iba a resultar maravillosa.   Pero la realidad superó con creces las halagüeñas expectativas.   La cita era temprana, mas madrugar no supuso sacrificio alguno. Lloviznaba.   En la estación de metro sólo había una persona.  Un inmigrante, alguien obligado a estar ahí.  Iría a trabajar.  Su “robasueños” fue más cruel que el mío.   Yo iba a vivir una experiencia que, ahora ya sé, irrepetible.   Él, seguramente no.   Me saludó amablemente con un buenos días exquisito. ¡Qué gusto encontrarte una madrugada del mes de abril con un desconocido que te desea un buen día!   No es algo muy habitual.

El sol, remolón, no se decidía a desperezarse del todo.   Aún era de noche, aunque ya alboreaba.   La mañana se adivinaba gris.   No hacía frío.   El tren llegó puntual a la estación.   Aquélla que ya nunca se desplazará de nuestra memoria. Aquélla de fatídico y trágico recuerdo.  Nefasta, aciaga y desdichada evocación, pero inevitable al aproximarnos al apeadero.  Unos momentos para a los que allí perecieron. Como mínimo unos minutos dedicados a su memoria cada vez que por allí se transita.

El autobús espera ya.   En la puerta, nuestro organizador.   Atento.   Su función es casi profesional y la desempeña a las mil maravillas.   Lo ha facilitado todo y es el impulsor de lo que nos aguarda.

Abandonamos Madrid y emprendemos ruta hacia el Norte.   El paisaje urbano se va desvaneciendo dando paso a la esplendorosa Sierra de Guadarrama que una persistente niebla apenas nos deja ver.   Ahora ya no parece abril.   El invierno avanza en la partida.   De momento, la primavera parece vencida.   Pensamiento suplicante y unánime en los ocupantes del vehículo: un poquito de sol, un instante, el necesario para poder apreciar las vidrieras.

Pero el ánimo sigue adelante.   Unas cincuenta personas.   Grupo heterogéneo en edades, pensamientos, ideologías y problemas.   Pero del que emana contento.   Casi todos sonríen al hablar.   Algunos duermen.   Los de alrededor entablan agradables conversaciones.   A pesar de lo temprano, nos vamos animando.   Hablamos y hablamos.  Nos reímos.   Se desata una oleada de complicidad con mi compañera de asiento.   Cuando queremos darnos cuenta ya hemos alcanzado la primera parada. Madrid está ahora muy lejos.   La vieja Castilla nos ha acogido.

Proseguimos la marcha.   No ha decaído el espíritu, antes bien se ha reavivado con el descanso.   El café ha causado su efecto, espoleando nuestro cerebro y aplastando a lo que por allí provoca el sueño. 

Definitivamente.   El Reino de León se anuncia en grandes letras mayúsculas, capitales y blancas. Bien escrito.   Temía por si el acento no figuraba en el rótulo que lo indicaba.   En un vocablo como León, nunca se puede obviar la diacrítica tilde, la que da a la villa su carácter agudo y rotundo.   León siempre debe aparecer bien escrito: ha supuesto mucho en nuestra Historia.

Surge ante nuestros ojos San Isidoro.   Insultantemente románico.   Me atrae su portada.   Las arquivoltas se me aparecen como la imagen más nítida del conjunto.   Es emocionante reconocer algo que has estudiado, así, de repente, sin que nadie tenga que explicártelo.   Nos aproximamos a la fachada, el armazón del imponente edificio.

Empieza la explicación.   Como siempre, apasionante.   La voz de la profesora retoma su tono para la didáctica.   Es un privilegio poder recibir in situ una de sus clases.  Nos transporta hacia la Grecia clásica.  Troya.   Helena.   Los mitos fantásticos, las historias legendarias que casi hemos asumido como reales.   El mundo heleno va quedando atrás y atravesamos el tiempo hasta implantarnos en el Medievo.   La iconografía de la portada se nos presenta al compás de la voz de la maestra.   Y somos capaces de apreciar la obra en toda su magnitud.

    

Tras otros recorridos, por fin diviso los frescos.   Los había contemplado muchas veces en fotografías y los atisbé al momento.   Una estrecha escalera, angosta, nos condujo al lugar.   Se hace necesaria la contemplación en soledad.   Sólo unos minutos.   Eso ayuda a que la percepción se aposente en la memoria y el recuerdo aguarde allí hasta el final, el mismo día de la muerte.   Aquellas pinturas se colaron en mi alma, como no hace mucho sucedió con la cúpula de Santa Sofía.   Lo que estaba sintiendo podría ser perfectamente la traducción literal de un sueño.   Uno de esos momentos gloriosos que te ofrece la vida.  Tendría que estar sonando el tercer movimiento de la Novena.   La pieza más sublime de la música de todos los tiempos debería siempre acompañar vivencias de tal envergadura.

Una vez más, la explicación que vino a todo aclararlo, despertando nuevas apreciaciones que nos acercaban a la esencia del arte.   Aquel Pantocrátor envuelto en azules y rojos, las miradas de todos los que aparecían junto a su majestad, el calendario de las labores…Todo quedó atrapado en mi interior.

     

 

     

(fotos conseguidas en google)

Comimos y repusimos energías.   Aún aguardaba el otro enfrentamiento. Otras visiones que, a buen seguro, iban a engrosar la sublimidad con que se nos había obsequiado, tan generosamente.

Una comida agradable. Un ambiente inmejorable.   Dotado de energía positiva expresada en modo superlativo.   El vino contribuye a potenciar la atmósfera. Personas que lo pasan bien y que disfrutan de la mutua compañía.   Parece que la rutina y los aspectos desagradables del día a día se han apeado de sus vidas durante unas horas.   Y la sensación es enormemente gratificante.

Y allí estamos ya. La ansiedad quería abarcarlo todo, deprisa.   Busco casi con desesperación.   Enseguida lo diviso.   El arbotante es una de las características que más me ha impresionado del arte gótico.   Desde que estudiando el período me topé con la Catedral de Chartres, erguida, navegando a través de los campos de mies que la circundan.  Se me antojó como una gran nave surcando los campos, una hermosa embarcación que hendía la tierra.   Los arbotantes.   Una de las soluciones arquitectónicas más espectaculares de todos los tiempos, bajo el punto de vista de una quasi profana en el mundo del Arte.

La majestuosidad del templo me paraliza. Otra vez, sobrecogida, disfruto en soledad del instante.   Vuelvo a notarlo.   Se está abriendo paso en mi alma.   Recorremos el monumento y me emociono al atravesar la girola, sabedora de ello.

Lo observamos todo casi de modo frenético, alterándonos cuando nos topamos con algún elemento característico de lo que ya hemos asimilado en los libros y en las clases.   Queremos fotografiar cada detalle.   Atendemos ansiosamente las exposiciones de la maestra que nuevamente nos transportan a otro tiempo.   Ante el coro, nos contagia de una experiencia mística que describe con estas mismas palabras.  Es tal la intensidad de su explicación, que nuestro olfato llega a percibir el aroma del incienso inexistente.

Un último impacto nos aguarda. Parece que los hados se han conjurado en nuestro favor, oidores de nuestras súplicas.   El rosetón se ha iluminado, otorgando a los rayos del sol el paso a través de su coloreado cristal.   Resplandece casi de manera descarada.   Nos está avisando.   Las vidrieras están prestas para recibirnos en todo su esplendor.

 

 

La primavera ha ganado el asalto más importante de la batalla que emprendió desde principios de la semana contra las nubes.   El primer párrafo del prólogo del libro de Chaucer acude.   Su descripción del mes de abril resulta tan apabullante que merece la pena traerla a este relato.   El modo en que describe el advenimiento de la dulce estación que precede al verano es definitivo.   Un prólogo que tomo prestado para situar antes de la descripción del último momento que nos reservaba el día, del colofón a la medida de las circunstancias.

“En el tiempo en que las suaves lluvias de abril, penetrando hasta las entrañas la sequedad de marzo, hacen brotar las flores con el riego de su vivificante licor; en el tiempo en que Céciro, con su grato aliento, anima los renuevos de todo árbol y planta; en el tiempo en que el sol ha recorrido en Aries la segunda mitad de su curso; en el tiempo, en fin, en que las aves cantan y, estimuladas por la Naturaleza, pasan toda la noche sin cerrar los ojos; en ese tiempo, digo, suelen las gentes ir en peregrinación a remotos y célebres santuarios de apartados países.”

El arbotante se curvaba ante la vista.   Orgulloso, sabedor de su función y conocedor de su belleza milenaria.   Tras él, otros muchos en fiel réplica.   Tan cercanos, casi junto a mí.   Atractivos e irresistibles los abarcaba en primer plano.   Pero la llamada de la otra estancia era fuerte, tenaz. Y sucumbí a su magnetismo.

Y como en un sueño, aparecí en el triforio. Ese lugar que desde abajo parece sólo alcanzable a través de la imaginación.   El concepto se materializó. Se desembarazó de su cualidad etérea y se hizo patente, permitiendo situarme a su altura.   Presidiendo la escena onírica pero real, el enorme rosetón.   Dejándose apreciar en los detalles, siendo magnánimo aunque sin cejar en su altivez.   Concediéndonos el deseo de avistarle de cerca, de venerar su majestuosidad de tú a tú.   Ya irremediablemente en el espacio de las vidrieras, el término sublime volvió a hacerse real.   Un respeto reverente nos impedía tocarlas con nuestras propias manos, algo facilísimo de ejecutar y contra lo que hubo que luchar, pues la voluntad flaqueaba ante tamaña tentación.  Se nos permitió captar el momento digitalmente.   Podremos contemplarlo nuevamente y rememorar la situación.   Un joven historiador nos lo concedió.   Alguien que abandonó el extremismo funcionarial y derrochó empatía hacia nosotros.   Se lo agradecí de corazón, se me hizo necesario expresárselo.

 

Antes de partir, rodeamos la fachada buscando las incontables marcas que dejaron sobre su piedra los canteros. Alterándonos ante el descubrimiento de cada signo, cada pequeña constancia de los maestros que trabajaron en el levantamiento del templo en el que plasmaron su huella para los siglos.

Y así se cerró el milagro. Un mágico recorrido por la Edad Media.  Muchos elementos confluyeron.   Las personas que me acompañaron, el que maneja los entresijos de la Naturaleza y la genialidad legendaria de la raza humana, capaz de superarse en sus actuaciones y creatividad.   La Historia, al fin y al cabo.

 

Mere

Fotos: wardo63@hotmail.com

 

Enrique nos envía este PowerPoint que podéis descargaros

Viaje a León

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