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HISTORIA

Juan I de Aragón (1350 – 1396)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

JUAN I DE ARAGÓN

(1350 – 1396)

 

JUAN I DE ARAGÓN

Duque de Gerona, conde de Cervera.

El Cazador, el Músico, y el Amador de la gentileza.

Perpiñán (Francia), 1350 – Foixá (Gerona), 1396.

Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y conde de Barcelona

Juan I de Aragón

Hijo de Pedro IV el Ceremonioso y Leonor de Sicilia, desde 1351 ostentó el título de duque de Gerona, especialmente creado para él, al que también se añadió el de conde de Cervera.

A los dos años, en 1352, fue jurado como primogénito de la Corona, y desde 1363 ejerció como lugarteniente general de los reinos.

En 1370, fue prometido a Juana de Valois, hija de Felipe IV de Francia y tía del entonces monarca reinante en el país vecino, Carlos V el Sabio. Los acuerdos matrimoniales estuvieron a punto de romperse por la acción diplomática de Navarra y Castilla, que no veían bien este posible matrimonio.

A pesar de todos los obstáculos, la boda estuvo a punto de celebrarse en Perpiñán en 1371, pero la princesa Juana de Valois enfermó gravemente y murió el 16 de septiembre. Esta muerte le afectó mucho, por lo que vistió de riguroso luto los tres meses que pasó después en Perpiñán.

A principios de 1373, unos nuevos pactos matrimoniales estaban concluidos: la elegida era Matha, hija del conde de Armañac.

La boda se celebró en la catedral de Barcelona el 28 de abril de 1373, en medio de tres terremotos que afectaron a Barcelona el 2 de marzo y el 3 y 23 de mayo.

Matha de Armañac fue una mujer sumisa a su marido y a sus suegros, y tuvo mala suerte con su descendencia. Los tres hijos varones que tuvo, Jaime, Juan y Alfonso, murieron antes de cumplir un mes. De sus dos hijas, Juana y Leonor, la primera nació en 1375 y fue la única que sobrevivió a sus padres, casándose con Mateo, conde de Foix, la segunda vivió únicamente unas horas.

Pedro el Ceremonioso, viudo desde 1375 de Leonor de Sicilia, comunicó a los duques de Gerona en 1377 su deseo de contraer nuevo matrimonio con su amante Sibila de Fortiá, con la que había tenido una hija.

Juan no osó enfrentarse con su madrastra y su pacífica esposa Matha, murió en el palacio de la Aljafería de Zaragoza en 1378, como consecuencia del parto prematuro de su hija Leonor.

Juan se instaló en Barcelona y, una vez pasado el tiempo de luto, pudo comprobar cómo cada día era mayor la influencia de Sibila de Fortiá, que había dado un hijo al rey, llamado Pedro.

Todo ello le decidió a contraer nuevas nupcias a los veintiocho años. Su nuevo matrimonio se convirtió en una verdadera cuestión de estado y motivo de graves enfrentamientos entre el rey Pedro y el duque de Gerona.

Pedro el Ceremonioso ya había destinado como nueva esposa de su heredero a la reina María de Sicilia, su nieta, a la que había que proteger contra las ambiciones de los barones sicilianos, al tiempo que este proyectado enlace suponía el inicio de un plan para incorporar directamente el reino de Sicilia a la rama madre familiar de la casa real de Aragón.

En este empeño seguramente coincidieron el rey y los familiares de Sibila de Fortiá, que querían alejar de la Corte al incómodo heredero de la Corona. Pero junto a la propuesta del rey, estaba el ofrecimiento del monarca francés, al que interesaba tener como aliado al futuro soberano de la Corona de Aragón.

La propuesta de la Corte francesa era la sobrina del rey francés, Violante de Bar, hija de Roberto, duque de Bar, y de María, hermana del rey de Francia, Carlos V el Sabio.

Esta oferta matrimonial suponía que Juan se casaría con una nieta del hermano de Juana de Valois, la primera prometida del duque de Gerona, cuya boda no pudo celebrarse.

También llegaron otras propuestas matrimoniales como la que hizo el propio pontífice aviñonés Clemente VII, para casarlo con una sobrina suya, hija del conde de Ginebra.

Las inclinaciones francófilas de Juan determinaron la elección de su segunda esposa, en contra de la voluntad paterna que hubiese preferido a María de Sicilia.

El 30 de abril de 1379, Juan de Aragón se casó con Violante de Bar, en la catedral de Perpiñán, no asistiendo los reyes, siendo los personajes de más alto rango que presenciaron la ceremonia el infante Martín y el conde de Ampurias, cuñado del novio.

La nueva duquesa de Gerona, de quince años de edad, era de un carácter muy diferente al de su predecesora Matha de Armañac. El papel que desempeñó en la política de la Corona de Aragón fue muy importante, tanto en vida de su marido, como a la muerte de éste. Ejerció siempre una notable influencia sobre su esposo.

Violante de Bar era joven, guapa, alegre y estaba acostumbrada a una vida de lujo y refinamientos, en un ambiente festivo y desenfadado, que introdujo en la Corte. Preocupada por las joyas, los perfumes y los vestidos, fue el complemento ideal para su esposo, amante de la caza y de la poesía, siendo denominado “amador de la gentileza”.

Pero no fue ajena a las divergencias que se produjeron entre su marido y su padre, el rey Pedro el Ceremonioso, que llegaron a culminar con el enfrentamiento directo con la nueva soberana, la joven ampurdanesa Sibila de Fortiá, que fue coronada reina en 1381 en Zaragoza, acto simbólico que no recibieron las tres primeras esposas del monarca, sin la presencia de los hijos del rey, los infantes Juan y Martín.

Esta tensa situación familiar se agravó más al estallar la rebelión del conde de Ampurias (1384-1388), yerno y primo del rey y cuñado del duque de Gerona, que pasó de ser una simple protesta en defensa de sus derechos señoriales a una verdadera guerra civil.

El primogénito no quiso enfrentarse por las armas con su cuñado, hecho que permitió al rey dar el mando de las tropas a Bernardo de Fortiá, hermano de la nueva reina, y así postergar a su hijo.

Pero al agravarse la situación, el infante don Juan acudió con tropas a la frontera y ahuyentó a los invasores en 1385. Éste es el único hecho de armas en que se sabe que participó.

A pesar de esto, la ruptura definitiva con su padre llegó por conflictos con su madrastra Sibila de Fortiá. Pedro el Ceremonioso le llegó a destituir como lugarteniente general. Esta destitución fue declarada ilegal por la Justicia de Aragón.

Las fiestas que se celebraron en Barcelona en 1386 para conmemorar el medio siglo de reinado de Pedro el Ceremonioso, no contaron con la presencia del primogénito Juan y del infante Martín.

Poco tiempo después, el rey enfermó y cuando estaba agonizando, la reina Sibila de Fortiá abandonó la Corte y se refugió en el castillo de San Martín de Sarroca junto con algunos de sus fieles, en donde el infante Martín los hizo prisioneros.

Por orden del nuevo rey, Juan I, dos de los fieles de Sibila de Fortiá, Berenguer de Abella y Bartolomé Llunes fueron ejecutados, mientras que la reina viuda, no fue condenada gracias a la intervención pontificia, teniendo que renunciar a sus bienes a cambio de una asignación anual.

Uno de los primeros actos de Juan I fue preocuparse por la política internacional muy influenciado por su esposa.

Después de escuchar a una serie de juristas y teólogos reunidos en Barcelona en 1387, puso a sus reinos bajo la obediencia del papa aviñonés Clemente VII, poniendo fin, así, con la indiferencia demostrada por su padre respecto al Papa de Roma o de Aviñón. El mismo año pactó una alianza con Francia, que terminó con la política anglófila llevada a cabo por Pedro el Ceremonioso.

Esta nueva orientación supuso, gracias a la intervención de la Corte pontifica de Aviñón, la reconciliación con los Anjou, condes de Provenza y reyes de Nápoles, que se ratificó en 1392 con el compromiso matrimonial de su hija Violante con Luis II de Nápoles.

También firmó un tratado de paz con Génova en 1390, para asegurar su no intervención en los asuntos de Cerdeña, que se había vuelto a rebelar, y también para facilitar la expedición de su hermano, el infante Martín, a Sicilia, de la que sería rey entre 1402 y 1409. A pesar de los pactos con Génova en 1393, hubo una gran tensión con dicha república.

Desde el primer año de su reinado, se preocupó también de las relaciones con los restantes reinos peninsulares. Estableció una alianza con Juan I de Castilla, cuya época dorada finalizó en 1390 a la muerte del monarca castellano, a causa de los problemas que surgieron durante la minoridad de Enrique III, por el temor de Castilla a una intervención aragonesa.

En 1388 firmó un tratado con Navarra con la finalidad de delimitar pacíficamente las fronteras entre ambos reinos.

Las relaciones con el reino de Granada fueron bastante tensas. A finales de 1392, mientras una embajada de Juan I procuraba la devolución de los cautivos catalanes y aragoneses, pendiente todavía desde la paz de 1382, se produjo un ataque de los granadinos contra Lorca, tras el que se rompieron todas las negociaciones, poniéndose la Corona de Aragón al lado del rey de Castilla.

Juan I no dudó en conceder autorizaciones para hacer incursiones contra las tierras del sultanato de Granada, ni tampoco en otorgar licencias a navegantes para atacar a los granadinos. Mientras que guerrillas musulmanas afectaban a la frontera sur del reino de Valencia, en el área de Orihuela.

En política interior, su primera preocupación fue resolver la rebelión del conde Juan de Ampurias (norte de Gerona), que se arrastraba desde época de su padre.

Dicho condado fue ocupado e incorporado a la Corona en 1386, aunque un año después le fue devuelto al conde a ruegos del Papa de Aviñón. Siendo ya rey Juan I, inició un nuevo proceso contra el conde de Ampurias, pero la sentencia fue favorable a éste.

En 1395, el conde de Ampurias volvió a enemistarse con Juan I, al producirse la invasión del conde Mateo de Foix, siendo encerrado y muriendo en 1396 casi al mismo tiempo que su cuñado el rey.

Juan I convocó Cortes en Monzón (Huesca) en 1388, que ya se habían iniciado por su padre en 1383, en donde exigió la reorganización de la Casa Real y la expulsión de ciertos consejeros.

Las Cortes no pudieron concluirse porque en 1389 el conde de Armañac invadió Cataluña, alegando derechos sobre el reino de Mallorca, cedidos por la infanta Isabel de Mallorca, hija de Jaime III de Mallorca. Las tropas invasoras recorrieron el Ampurdán y llegaron ante Gerona, pero, faltas de aprovisionamiento y cansadas, fueron empujadas hasta la frontera en 1390 por un ejército mandado por el infante Martín y por el propio rey Juan I.

En 1391 se iniciaron en Valencia los disturbios antisemitas que se extendieron por toda la Corona de Aragón. Esta explosión antisemita coincidió con una grave crisis financiera y económica y supuso los momentos más críticos del reinado.

La persecución de los judíos se inició en Sevilla y extendió por toda la Península. Predicadores de Castilla arengaron los ánimos en Valencia, y de aquí los asaltos a las juderías. El 2 de agosto a la ciudad de Palma de Mallorca, el día 5 a Barcelona y después a Gerona, Lérida y, finalmente, el 17 de agosto llegaron a Perpiñán.

El más importante de los asaltos fue el de la judería de Barcelona, que fue completamente destruida. Juan I ordenó la ejecución de una veintena de responsables, pero las juderías de la Corona de Aragón nunca volvieron a recuperarse del todo.

Al mismo tiempo, el dominio sobre la isla de Cerdeña estuvo a punto de perderse. En 1392, el rey decidió organizar una expedición para sofocar la revuelta sarda, para la que contaba con la ayuda de su hermano Martín, que estaba a punto de alcanzar su proyecto siciliano. Pero las dificultades económicas impidieron su realización y finalmente fue abandonado en 1394. Las naves preparadas contra los sardos rebeldes fueron utilizadas para ayudar al infante Martín, que se había logrado apoderar del reino de Sicilia, pero tenía que hacer frente a una importante revuelta, a la vez que también sirvieron para mantener las posiciones catalano-aragonesas en Cerdeña.

Las dificultades financieras de la Corona se agravaron al final del reinado y tanto la gestión económica como la política fueron duramente criticadas especialmente por las dos grandes ciudades: Barcelona y Valencia.

A principios de 1396 una epidemia de peste bubónica se declaró en Gerona, encontrándose el rey y su esposa en el condado de Ampurias. El 19 de mayo el rey salió camino de Gerona, y como era su costumbre, hizo el camino cazando con sus cortesanos más íntimos. Un repentino ataque de corazón le hizo caer del caballo y murió poco tiempo antes de llegar a Gerona.

El historiador padre Mariana dice: “El rey don Juan de Aragón murió de un accidente que le sobrevino de repente. Salió a caza en el monte de Foxá, cerca del castillo de Montgriu y de Orriols en lo postrero de Cataluña. Levantó una loba de grandeza descomunal; quier fuese que se le antojó por tener lesa la imaginación, quier verdadero animal, aquella vista le causó tal espanto, que a deshora desmayó y se le arrancó el alma, que fue a los diez y nueve de mayo día miércoles”. Esta versión es fruto de la dramatización de un hecho que sirvió también de inspiración a los poetas románticos, que presentan al rey como un gran amante de la caza.

El mismo día de su muerte los consejeros de Barcelona proclamaron rey a su hermano Martín, que se encontraba en Sicilia, ya que el difunto rey no tenía hijos varones. Juan I fue enterrado en Barcelona y después en el monasterio de Poblet.

Nada más sepultado Juan I, el 2 de junio de 1396, el rey Martín I el Humano, abrió un proceso contra Barcelona, y los principales consejeros y funcionarios de la Corte de Juan I en el que se vio involucrada la reina Violante.

Todos ellos fueron acusados de haber formado una liga de consejeros para gobernar según sus intereses y de haber aconsejado mal al rey. La mayoría de los acusados fueron absueltos por el rey Martín entre 1397 y 1398. Pero los que habían ejercido de prestamistas de la Corte fueron obligados a rebajar los intereses de sus créditos.

Del matrimonio de Juan I con Violante de Bar nació la infanta Violante, que se casó en 1400 con Luis II de Anjou, y sería reina de Nápoles, duquesa de Anjou y condesa de Provenza, después de renunciar a sus posibles derechos al trono de la Corona de Aragón, aunque a la muerte de Martín el Humano, tales derechos fueron reclamados por su hijo Luis, duque de Calabria.

Juan I fue un rey refinado y sibarita como lo demuestran la gran cantidad de músicos, juglares, poetas y hombres de letras que estaban en su Corte y que se desplazaban con él y la reina en sus viajes y les acompañaban en sus largas estancias en ciudades como Valencia y Barcelona.

El rey mandaba buscar en las principales Cortes y ciudades europeas a los músicos más destacados, al igual que los instrumentos musicales más refinados e innovadores. El mismo monarca componía música para sus cortesanos y familiares.

En 1396, el rey redactó una carta en catalán para que en Barcelona cada año mantuvieran dicho certamen poético a la vez que les intentó convencer para que subvencionasen dicha fiesta.

La poesía se consideraba en la Corte de Juan I como un estímulo de la gallardía y un remedio para no caer en la ociosidad, madre de todos los vicios.

El rey poeta y músico no fue favorable a la obra de Ramón Llull, prohibiendo la enseñanza de sus doctrinas en sus reinos desde 1387, nada más subir al trono, por influencia del inquisidor Nicolás de Eimerich.

A su muerte, en 1396, su reinado terminó en medio de un descontento general por la crisis económica y por la corrupción que benefició especialmente a los hombres que formaban el círculo más íntimo del rey y la reina.

BIBLIOGRAFÍA:

S. Claramunt Rodríguez, “La política matrimonial de la casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 195-235.

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

IMAGEN:

WIKIPEDIA. Retrato imaginario de Juan I de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza).

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ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

Alfonso IV el Benigno y el Piadoso, o Alonso Sánchez el Batallador. 1634. Óleo sobre lienzo, 225 x 127 cm. COPIA ARIOSTO, FELIPE. Depósito en otra institución. Museo Nacional del Prado

ALFONSO IV DE ARAGÓN. (1299-1336)

Nápoles (Italia), 1299 – Barcelona, 24.I.1336.


Rey de Aragón, rey de Valencia (Alfonso II), rey de Cerdeña y conde de Barcelona (Alfonso III).

Fue el segundo hijo varón de Jaime II de Aragón y de Blanca de Anjou y Nápoles. En las crónicas se dice que fue amamantado por su propia madre. La documentación habla de las numerosas enfermedades que padeció durante su corta vida y de la enfermedad crónica que contrajo durante su estancia en Cerdeña.

Blanca de Anjou se ocupó personalmente de dotarle de rentas desde la infancia, adquiriendo por compra la población de Buñol en Valencia. Cuando su hermano primogénito y heredero, Jaime, renunció a su condición de tal en 1319 por dedicarse a la religión, Alfonso le sustituyó como heredero recibiendo automáticamente el título de procurador general.

Las primeras actuaciones políticas de Alfonso fueron muy prudentes, lo que produjo gran satisfacción en su padre, según consta en las cartas escritas por el rey a su tesorero Pere March.

El carácter bondadoso de Alfonso, su sencillez y humildad, le valdría ser conocido como el Benigno, ya que se decía de él que tenía muy buen corazón y que se ganaba fácilmente la voluntad de todos. Fue educado con el Llibre dels Proverbis de Ramón Llull, donde se exalta constantemente la humildad.

Su padre Jaime II conocía el carácter de su hijo, por eso antes de que marchase a la conquista de Cerdeña le insistió en que nunca dejase de actuar con justicia y en que actuara con autoridad, no dejándose manejar, pues de lo contrario sería menospreciado.

También le sugirió que no hiciese donaciones de castillos, villas, ni rentas reales, sino que repartiera tierras yermas y que mandase a Cataluña todo aquello que pudiera obtener de la isla de Cerdeña. Le aconsejó que no entrara en guerra sin manifestárselo antes a él.

En lo referente a Federico de Sicilia, le sugirió que actuase de tal manera que le muestre que le honra y respeta, pero sin dar a entender a la Iglesia, ni a Roberto de Nápoles, que se pone de parte del rey de Sicilia, ya que esto podría tener graves consecuencias para la Corona de Aragón.

En 1314, antes de ser el heredero del Trono, contrajo matrimonio con Teresa de Entenza en la catedral de Lérida, dama que al poco tiempo heredaba el condado de Urgell y vizcondado de Áger.

Este enlace fue fruto del compromiso pactado entre Jaime II y Armengol X de Urgell, quien en ausencia de sucesión directa, dejaría a su muerte el condado a su sobrina-nieta Teresa de Entenza, la cual debía contraer nupcias con el infante Alfonso. De esta manera y previo pago de cien mil sueldos jaqueses, dicho condado pasaría a la corona. Teresa se ganó el aprecio de Jaime II y de su cuarta esposa, Elisenda de Moncada.

Jaime II encomendó a su hijo y heredero Alfonso el mando del ejército para conquistar Cerdeña. En 1323, Alfonso y su esposa Teresa de Entenza partieron en la escuadra que transportaba el ejército de conquista, a la vez que tenía que impedir que pisanos y genoveses pudiesen llevar refuerzos a la isla. El cronista florentino Giovanni Villani calcula que irían en la armada setenta galeras y el total debía ser unas doscientas velas. Mientras que Muntaner estima en ochenta las galeras expedicionarias.

Un viento contrario obligó a la escuadra a entrar en Mahón al quinto día de viaje. Alfonso el Benigno en este puerto se enteró que Pedro de Villa y el juez Hugo de Arborea habían iniciado la guerra contra los pisanos en Cerdeña, adueñándose de la isla, excepto de Cagliari.

El 24 de junio de 1323, los príncipes herederos desembarcaron en la isla. Allí acudió a prestarle homenaje Arborea, jurando fidelidad al rey, Jaime II, y a él como su sucesor. Este homenaje se debió a la habilidad de su padre, el rey Jaime II, que había dado a Hugo de Arborea plenos poderes para conceder feudos y compensaciones a las personas que se hallasen dispuestos a reconocer el dominio catalano-aragonés en la isla y seguir el partido del juez Hugo de Arborea, cooperando con él en la conquista del reino de Cerdeña.

Alfonso puso sitio a la Villa de Iglesias, que se rindió a principios de febrero de 1324. Durante este asedio y rendición de la Villa de Iglesias, muchos de los soldados del infante sufrieron paludismo y a la vez se desató una epidemia de peste. Zurita narra estos hechos resaltando que “a consecuencia de la pestilencia del aire y lo infecto de las aguas, apareció el contagio, de modo que apenas había quien enterrase a los cadáveres”.

A continuación, el infante se dirigió a Cagliari, que era clave en la isla por su puerto y a la que los pisanos querían enviar ayuda. Mientras, la flota catalano-aragonesa, se aseguraba la posesión de fortalezas enemigas para que pudieran ser puntos de apoyo para un desembarco pisano.

Llegó la flota de Pisa y optaron por el combate en campo abierto. La batalla tuvo lugar el 29 de febrero de 1324. El infante don Alfonso obtuvo una brillante victoria terrestre en Lucocisterna, mientras que el almirante Carrós venció a los pisanos por mar.

Esta doble victoria proporcionó el dominio total de Cerdeña aunque Pisa, después de firmar la paz y renunciar a sus posesiones en la isla, conservó como feudo el castillo de Cagliari. En la batalla Alfonso afianzó su reputación ante el ejército, su padre y toda la casa real de Aragón.

La conquista de Cagliari con los refuerzos navales llegados desde la Península permitieron a la escuadra catalano-valenciana-mallorquina arruinar un punto vital del comercio de Pisa.

Alfonso demostró un gran valor que es recogido en las crónicas de Muntaner y de Pedro el Ceremonioso y nombró gobernador de la isla a Felipe de Saluces. Teresa de Entenza no llegó a ser reina, ya que murió poco antes que su suegro, quien falleció el 2 de noviembre de 1327.

Alfonso IV el Benigno fue coronado solemnemente en Zaragoza el domingo de Pascua de 1328. La ceremonia y las fiestas que siguieron son narradas con todo detalle por Muntaner. En cuanto ciñó la corona real se iniciaron las negociaciones para contraer un nuevo matrimonio con Leonor de Castilla, la infanta devuelta a su reino de origen ocho años antes, cuando se deshizo su compromiso matrimonial con el entonces príncipe heredero Jaime.

Este hecho de la devolución de la infanta Leonor a Castilla era uno de los asuntos familiares, con claras connotaciones políticas, que quedaba por resolver. La ceremonia se celebró en la iglesia de San Miguel de Tarazona a primeros de febrero de 1329. Se sabe que para hacer frente a los gastos de esta boda, el rey solicitó una ayuda económica de cien mil sueldos al municipio de Barcelona. Como contrapartida, los consellers le hicieron ratificar los privilegios de que gozaba la ciudad de Barcelona.

El nuevo matrimonio de Alfonso IV el Benigno, con la hermana de Alfonso XI de Castilla, tenía como objetivo asegurar las fronteras occidentales de la Corona de Aragón, pero supuso con el tiempo un grave enfrentamiento familiar, debido al hecho de que el heredero del Trono, el futuro Pedro el Ceremonioso, era fruto del primer matrimonio de Alfonso con Teresa de Entenza.

Por este motivo, su segunda esposa, la reina Leonor de Castilla, tuvo como objetivo lograr que su esposo dotara de gran patrimonio a sus hijos Fernando y Juan, al primero le concedió el título de marqués de Tortosa, a la vez que puso en manos de la reina y de sus hijos gran parte del reino de Valencia.

La generosidad de rentas y títulos con que dotó Alfonso el Benigno a los hijos de su segundo matrimonio, produjo la reacción de algunos importantes personajes que se negaron a jurar dichas donaciones. Representantes de dichas poblaciones: Alicante, Elda, Novelda, Orihuela, Guardamar, Játiva, Alcira, Burriana, Morella y Castellón, fueron a pedir ayuda de los magistrados valencianos. Fue inútil que el rey y el infante Fernando acudiesen a Valencia para apaciguar el descontento. Después, el monarca revocó las concesiones abusivas y castigó a sus malos consejeros.

Desde entonces, la reina Leonor fue eliminando de los cargos a todos aquellos que eran amigos del príncipe Pedro. El príncipe heredero Pedro y su hermano Jaime, conde de Urgell, hubieron de refugiarse en Zaragoza bajo la protección de su arzobispo y de un grupo de nobles aragoneses.

Había empezado una guerra sin cuartel entre la madrastra Leonor y su hijastro Pedro, que no acabaría nunca más. Se iniciaba un período en que la tiranía doméstica de la Reina y el alejamiento de los hijos del primer matrimonio pesaron mucho en el descenso del prestigio del Rey, preocupado no sólo por los asuntos familiares, sino especialmente por la complicada coyuntura económica y las continuas guerras por el control de Cerdeña.

Una de las mayores preocupaciones del Rey fue resucitar el espíritu de Cruzada. Para ello envió a sus mejores diplomáticos a diversas cortes europeas para interesar los monarcas respectivos en una Cruzada contra el sultanato de Granada, aliado de Marruecos.

Pero estas gestiones al más alto nivel fracasaron, entre otras cosas porque el pontífice Juan XXII no demostró excesivo celo, ni su cuñado Alfonso XI fue claro en sus intenciones. La proyectada gran Cruzada se quedó en una simple campaña militar en el verano de 1330, sin ninguna consecuencia importante. Cinco años después, se firmaba una paz con el sultanato de Granada.

El problema más grave del reinado de Alfonso IV el Benigno fue consolidar el dominio en el Reino de Cerdeña. Eliminada Pisa de la isla, su papel fue reemplazado desde el primer momento por la república de Génova, que ayudó en todas las revueltas posibles.

En el segundo año de su reinado se enviaron por vez primera repobladores catalanes al norte de la isla. Las buenas intenciones del Rey, pensando que el espíritu rebelde de los isleños cedería ante las buenas reformas administrativas fracasaron por la continua intervención genovesa. Se inició una guerra con Génova que finalizó en 1337 su primera etapa, ya reinando su hijo Pedro el Ceremonioso.

Durante el reinado de Alfonso el Benigno, la mayor parte de Cataluña padeció carestía de trigo y Barcelona atravesó épocas de escasez. El año de 1333 es calificado como de hambres y pestes, pues, en poco tiempo murieron más de diez mil personas, según cuenta Bruniquer en sus Rubriques, lo que produjo serios alborotos en la ciudad de Barcelona por el elevado precio del trigo.

El Rey, ante la escasez de cereal, desplegó una doble política:

· Prohibiendo la salida de granos de las ciudades y

· Adquiriendo cereales para sus Estados, a fin de que las comarcas dotadas con mejores cosechas pudieran abastecer a las menos favorecidas. También mandó importar trigo de reinos extranjeros.

Alfonso tenía un espíritu profundamente religioso, creó un fondo destinado exclusivamente para obras de carácter religioso. Fue un gran admirador de los franciscanos; en repetidas ocasiones dijo que después de la Virgen María era la figura de san Francisco la que más devoción le inspiraba.

Desde el 14 de julio de 1335, Alfonso el Benigno residirá en Barcelona, donde se agravó la enfermedad que padecía, muriendo en enero de 1336. La ausencia de su esposa, huida a Castilla dos meses antes, por temor a la venganza de su hijastro, futuro rey Pedro el Ceremonioso, es posible que acelerara su muerte.

Cuando murió, a los treinta y siete años, le rodeaban sus hermanos, Pedro, conde de Ribagorza y Ampurias, y Ramón Berenguer, conde de Prades. El heredero del Trono se encontraba en Zaragoza.

Alfonso dejó dicho que sus restos fuesen enterrados en el convento de los franciscanos de Lérida, pero de momento se le enterró en el convento de los franciscanos de Barcelona, junto a su primera esposa y su cuarto hijo Federico. Pedro el Ceremonioso, a fines de 1368 se ocupó de que sus restos fueran depositados en los frailes menores de Lérida.

Los historiadores han juzgado de muy diversa manera el reinado de Alfonso el Benigno. Miret y Sans lo considera como un monarca bondadoso, pero desposeído de la astucia indispensable para los que rigen los destinos de los pueblos y constantemente enfermo.

Rovira y Virgili en su Història Nacional de Catalunya califica su reinado de corto, no demostrando grandes condiciones de gobernante, considerándole como uno de los monarcas más débiles, aunque mostró en diferentes casos su espíritu honesto, liberal y justiciero.

Ferrán Soldevila considera que valió más cuando fue infante que cuando subió al trono, mostrándose siempre indeciso en las luchas políticas y en las luchas familiares.

 

BIBLIOGRAFÍA:

A. Arribas Palau, La conquista de Cerdeña por Jaime II de Aragón, Barcelona, Instituto Español de Estudios Mediterráneos, 1952;

V. Salavert, Cerdeña y la expansión mediterránea de la Corona de Aragón (1297-1314), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1956, 2 vols.;

J. Mutgé, La ciudad de Barcelona durante el reinado de Alfonso el Benigno (1327-1336), Barcelona, CSIC, 1987;

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

 

IMAGEN: Alfonso IV el Benigno y el Piadoso, o Alonso Sánchez el Batallador. 1634. Óleo sobre lienzo, 225 x 127 cm. COPIA ARIOSTO, FELIPE. Depósito en otra institución. Museo Nacional del Prado

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ENRIQUE II DE TRASTÁMARA. El de las Mercedes (1333-1379)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

ENRIQUE II DE TRASTÁMARA

El de las Mercedes

(1333-1379)

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ENRIQUE II. EL DE LAS MERCEDES (1333-1379)

 

(Sevilla, 1333 – Santo Domingo de la Calzada, Rioja, 1379).

Rey de Castilla y León, hijo natural de Alfonso XI.

Enrique II fue el primer monarca de la dinastía Trastámara en los reinos de Castilla y León. Era el tercer hijo natural, tras Pedro y Sancho, de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán.

En 1335, Enrique recibió Gijón y en 1338 se le otorgó el infantazgo del valle del Torío. Unos años después, en 1345, se le concedió el título de conde de Trastámara, que iba a dar nombre a la dinastía que, años después, él inició.

En el año 1350, Enrique, siguiendo el consejo de su madre, contrajo matrimonio con doña Juana Manuel, hija del conocido escritor y noble D. Juan Manuel.

Pedro I, al conocer esa noticia, intentó apresar a su hermanastro Enrique, pero éste huyó a tierras de Asturias. Al año siguiente, en 1351, Leonor de Guzmán, la madre de Enrique, fue ejecutada.

Este hecho motivó en 1352 una rebelión por parte de Enrique, que se hallaba en Asturias, contra el rey de Castilla, aunque poco después se llegó a un acuerdo entre ambas partes.

Enrique de Trastámara, desde muy joven, se opuso al rey de Castilla, su hermanastro Pedro I. En 1359, Enrique, que se hallaba en tierras aragonesas, decidió invadir Castilla. Pero en abril del año 1360 las tropas de Pedro I vencieron a Enrique en la denominada “Primera Batalla de Nájera”. Enrique hubo de exiliarse en Francia.

Enrique de Trastámara fue apoyado por Francia con soldados mercenarios. Paralelamente Enrique firmaba con el rey de Aragón el tratado de Binéfar, a cambio de recibir el aragonés el reino de Murcia y otras plazas fronterizas. También le apoyó el Pontífice en “su cruzada” contra el monarca Pedro I.

El gran éxito militar de Enrique de Trastámara fue la entrada en la ciudad deBurgos, de donde había huido días antes el rey Pedro I. El 5 de abril, Enrique se coronó rey de Castilla en el monasterio de las Huelgas de Burgos.

El siguiente paso de Enrique II fue la ocupación de Toledo, donde entró a primeros de mayo. Poco después reconocieron a Enrique II como rey de Castilla los procuradores de Ávila, Segovia, Talavera, Madrid, Cuenca y Villa Real. No obstante, fue la entrada en Sevilla, donde ya se encontraba el de Trastámara a principios del mes de junio, lo que consolidó el éxito de Enrique II.

Pedro I huyó de tierras hispanas, acudiendo a buscar la ayuda de los ingleses. El 3 de abril de 1367 los partidarios del rey Pedro I derrotaron a las tropas de Enrique de Trastámara, quien encontró refugio en Francia y consiguió apoyos militares. Al mismo tiempo en el verano del año 1367 estallaron en diversos lugares de la Corona de Castilla algunos movimientos favorables a Enrique de Trastámara.

A mediados del mes de septiembre de 1367, Enrique II cruzó los Pirineos, entrando poco después en Castilla, por Calahorra. Se inició una guerra de desgaste. En noviembre de 1368 Enrique II firmó con los franceses el Pacto de Toledo y la pugna entre los dos hermanos terminó por inclinarse del lado del Trastámara, debido a los apuros económicos por los que estaba pasando Pedro I.

En la noche del 22 al 23 de marzo de 1369 Pedro I fue asesinado por su hermanastro Enrique de Trastámara. Desde ese momento Enrique se convertiría en rey de Castilla y León.

En 1375, Enrique II firmaba con Pedro IV de Aragón la Paz de Almazán. El monarca aragonés renunció a sus aspiraciones sobre el Reino de Murcia, al tiempo que consentía que su hija Leonor se casara con el príncipe Juan, heredero del Trono castellano, creando los cimientos de la futura hegemonía de la Corona de Castilla.

Enrique II mantuvo una estrecha alianza con el reino de Francia y dio muestras de una gran generosidad hacia aquellos nobles que le habían ayudado a conquistar el trono castellano. De ahí el apelativo con el que se le conoce, el de las Mercedes.

Enrique II concedió señoríos a los capitanes de las tropas extranjeras. También recibieron mercedes sus hermanos Sancho y Tello, así como su hijo bastardo Alfonso Enríquez.

La mayoría de las concesiones de Enrique II fueron hechas tanto a miembros de linajes antiguos, entre ellos los Guzmán, que recibieron el condado de Niebla, y los Mendoza, beneficiados con las villas de Hita y Buitrago, los Velasco, a los que se concedieron las villas de Briviesca y Medina de Pomar. Otros linajes que prosperaron gracias a las mercedes de Enrique II fueron los Álvarez de Toledo.

Las ciudades de mayor empuje económico, localizadas en la meseta y en el valle del Guadalquivir, se manifestaron a favor de Enrique II. Ése fue el caso de Burgos, Sevilla y Toledo.

La frecuente convocatoria deCortes de Enrique II, en Toro de 1369 y 1371 y en Burgos en los años 1373, 1374 y 1377,  estableció en la Corona de Castilla el denominado “estado moderno”.

En 1366 el Trastámara tomó duras medidas contra los judíos de Burgos y de Toledo. Pero, una vez en el Trono, Enrique II cambió de actitud y designó a un hebreo, Yuçaf Pichon, para el puesto  mayor de su hacienda.

El antisemitismo en Toro en 1371. Allí se pidió que los judíos, entre otras cosas, “biviesen señalados e apartados de los cristianos […] e que troxesen señales […] e que non oviesen ofiçios ningunos […] nin fuesen arrendadores de las nuestras rentas […] nin troxiesen tan buenos paños […] nin cabalgasen en mulas […] et que pues ellos avían de bevir por dar fe e testimonio de la muerte de nuestro señor Jesu Cristo [que vivan como en otros reinos en que hay judíos] […] e que ningunos […] oviesen nombres de christianos”.

Enrique II murió a finales de mayo de 1379, en la localidad de Santo Domingo de la Calzada. Su cuerpo fue enterrado en una capilla de la catedral de Toledo.

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CLARA CAMPOAMOR (1888-1972)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

CLARA CAMPOAMOR (1888-1972)


Hacia 1848 se inician dos importantes movimientos sociales: el obrerismo internacional y el feminismo, que está fundado en las reclamaciones de las mujeres sobre el derecho sagrado de votar. En Gran Bretaña el movimiento recibe el nombre de sufragismo.

El legado de la Ilustración, y de las revoluciones americana y francesa, permiten a la población femenina iniciar un proceso de emancipación sustentado en tres pilares:

  • La incorporación al mercado laboral que le ofrece independencia económica,
  • El acceso a la educación que le proporciona independencia de pensamiento,
  • La ideología de igualdad y derechos naturales que gozan todos los seres humanos y a ellas se les niegan.

El movimiento feminista intenta que a las mujeres se les reconozcan los mismos derechos y libertades que a los hombres.

Clara Campoamor nació recién iniciada la regencia de María Cristina de Habsburgo. España estaba viviendo cambios y transformaciones al igual que otros países, donde el modelo femenino del ángel del hogar empezaba a tambalearse. Las principales mujeres en este momento son Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán.

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