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Martín I El Humano

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

MARTÍN I EL HUMANO (1356 – 1410)

Martín I el Humano, rey de Aragón

MARTÍN I EL HUMANO(1356 – 1410)

Perpiñán (Francia), 1356 – Barcelona, 31.V.1410.

Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, conde de Barcelona (1396-1410) y Rey de Sicilia (1409-1410).

Martín I El Humano fue el segundo hijo de Pedro IV el Ceremonioso y Leonor de Sicilia. Recibió de su padre los títulos de conde de Besalú y senescal de Cataluña (Mayordomo mayor de la casa real). Desde 1378 fue lugarteniente de su padre en el reino de Valencia. En 1387, su hermano, el rey Juan I, nada más comenzar su reinado, le otorgó el título de duque de Montblanc.

Desde niño, su padre concertó su matrimonio con María de Luna, hija primogénita de su fiel servidor Lope de Luna. Muerto Lope de Luna, fue la madre de María de Luna, Brianda d’Agout, la que aparece concertando el acuerdo matrimonial con el rey y la reina. Tanto interesaba al rey esta unión familiar que se estipuló que, si María moría, el infante se casaría con la hermana menor, Brianda.

Se acordó que cuando la condesa María cumpliese los ocho años de edad, sería entregada a la reina Leonor de Sicilia, para que fuese educada en la Corte. El 13 de junio de 1372, cuando Martín contaba 16 años, se efectuó la boda en la catedral de Barcelona.

Veinticuatro años separan la celebración del matrimonio de María y Martín con su subida al trono de la Corona de Aragón en 1396.

Durante los primeros años de matrimonio tuvieron cuatro hijos: Martín, Jaime, Juan y Margarita. Salvo el primogénito, los otros murieron prematuramente. Las relaciones entre los dos esposos fueron cordiales y respetuosas. Ambos fueron muy piadosos.

En 1375, murió la reina Leonor de Sicilia, tercera esposa de Pedro el Ceremonioso. En su testamento muestra el profundo afecto que sentía por su hijo Martín, del que fue tutora desde que él cumplió dos años de edad, nombrándole heredero universal de sus derechos y propiedades en la Corona de Aragón y en Sicilia. Esta herencia materna condicionó su acción política como rey.

El rey Federico III de Sicilia, de su matrimonio con la infanta Constanza, hija de Pedro el Ceremonioso, sólo tuvo una hija legítima, María, nieta del rey Pedro de Aragón.

En su testamento nombró a su hija María heredera del reino de Sicilia y de los ducados de Atenas y Neopatria, mientras que a su hijo natural, Guillermo, le dejó las islas de Malta y el derecho a sucederle en el trono en el caso de que la heredera legítima muriese sin descendencia. En última instancia, el Trono siciliano correspondería a los hijos de su hermana Leonor de Sicilia, Juan y Martín.

Esta herencia siciliana influyó mucho en las decisiones políticas de los últimos años de Pedro el Ceremonioso y marcó la de los reinados de Juan I y de Martín I el Humano.

Martín, como heredero de los derechos de su madre, dirigió las expediciones militares que entre 1378 y 1384 estuvieron destinadas a garantizar que María, fuera la sucesora en el trono siciliano.

Pedro el Ceremonioso intentó incorporar Sicilia a la Corona de Aragón y por ello pretendió casar a su primogénito Juan, viudo de Matha de Armañac, con su nieta María de Sicilia.

Fracasado este intento por la negativa del duque de Gerona, Pedro el Ceremonioso depositó todas sus esperanzas en el infante Martín, al cual cedió todos sus derechos sobre la isla en 1380.

Finalmente, se acordó que sería Martín el Joven, el primogénito del infante Martín y María de Luna, el que contraería matrimonio con su prima María de Sicilia. Tras largas negociaciones, la boda se celebró el 29 de noviembre de 1391.

En febrero de 1392, el infante Martín el Humano fue a Sicilia acompañando a su hijo Martín el Joven, que tenía dieciséis años, y a su esposa María de Sicilia, al frente de una escuadra con el único objetivo de reinstaurar en aquel trono a su nuera y a su hijo.

La reina María de Luna se quedó en la Península velando por el importantísimo patrimonio familiar y no volvió a ver a su marido hasta 1397, cuando regresó ya como rey, a la muerte de su hermano Juan I.

Martín el Humano se apoderó rápidamente de la isla, aunque la toma de Palermo y la ejecución de un magnate siciliano fue el comienzo de una rebelión nobiliaria, que puso en peligro la vida de los reyes de Sicilia y del infante Martín asediados en Catania.

En 1393, una escuadra enviada por Juan I, así como los refuerzos reunidos por María de Luna mejoró la situación de Martín el Humano y de sus hijos, aunque el estallido de una nueva rebelión hizo que la isla no estuviese pacificada del todo hasta 1398.

Tras la muerte de Juan I en mayo de 1396, Martín I se convirtió en el nuevo rey de Aragón. Hasta que no regresó a la Península, María de Luna actuó de regente y afrontó con éxito los hechos que ponían en peligro el trono, como las maniobras de la reina viuda, Violante de Bar, que alegaba estar embarazada.

Por otro lado, estaban las pretensiones del conde Mateo de Foix casado con Juana, hija de Juan I, que aspiraba al trono de Aragón, desembocaron en una invasión de tierras catalanas en 1396.

En 1401, murió María de Sicilia, y su hijo Martín el Joven se convirtió en heredero universal de su esposa. La gran preocupación de Martín I el Humano y María de Luna fue casar lo mejor posible a su único hijo Martín.

En 1401, Martín el Humano viajó a Navarra para entrevistarse con Carlos III de Navarra y concertar el matrimonio entre sus respectivos hijos, el rey Martín de Sicilia y la infanta Blanca de Navarra. Dicho enlace se efectuó en 1402.

El 29 de diciembre de 1406 María de Luna murió y Martín I el Humano perdió una esposa, una consejera fiel y una hábil estratega. Martín el Humano expresó su tristeza en una serie de cartas que escribió al maestre de la Orden de Montesa, a su tía la reina Leonor de Chipre y a su cuñada Violante de Bar.

La vida familiar del Rey se complicó al máximo cuando en 1409 murió inesperadamente su hijo Martín el Joven, rey de Sicilia, en Cagliari, sin herederos legítimos.

Este acontecimiento causó a Martín el Humano una terrible angustia, ya que le convertía en rey de Sicilia, aunque Blanca de Navarra permaneció como Reina nominal hasta 1410.

El problema planteaba la necesidad de intentar tener un nuevo heredero al trono lo más rápidamente posible. La presión decidió al rey a contraer nuevas nupcias. La elegida fue Margarita de Prades, joven y noble dama descendiente de Jaime II y Blanca de Anjou.

A tres meses de la muerte de Martín el Joven, a las afueras de Barcelona, Martín el Humano contrajo nuevo matrimonio, el 17 de septiembre de 1409. Pero el rey Martín estaba enfermo y tenía 53 años. Murió el 31 de mayo de 1410, ocho meses y medio después de haberse casado por segunda vez, sin descendientes y sin haber designado sucesor, aunque había nombrado lugarteniente y gobernador general de los reinos al conde de Urgell, cargo que ostentaban los herederos de la Corona.

Por otra parte, legitimó a su nieto Federico, hijo natural de Martín el Joven, con la finalidad de que sucediera a su padre en el condado de Luna, si bien no tuvo tiempo de hacerlo legitimar por el papa aviñonés Benedicto XIII, el papa Luna, lo que le hubiese convertido en el heredero de la Corona.

Su muerte abrió un conflicto de dos años, que finalizó en 1412 con el llamado Compromiso de Caspe, que proclamó rey a su sobrino Fernando de Antequera.

Martín I el Humano fue el último soberano en línea directa de la casa de Barcelona, dinastía que se había iniciado con el conde Wifredo a finales del siglo IX.

Martín el Humano fue un hombre tranquilo y negociador. Al comienzo de su reinado se encontró con la Hacienda arruinada. Tuvo que gobernar siempre de acuerdo con las Cortes y con las grandes ciudades, especialmente las tres grandes ciudades marítimas: Barcelona, Valencia y Mallorca.

En 1400, Martín el Humano convocó en Tortosa un Parlamento de ciudades marítimas a las que solicitó un donativo, para defender las posiciones catalanas en Cerdeña y, a la vez, acabar con los corsarios que atacaban desde dicha isla las naves de la Corona de Aragón perjudicando el comercio.

En contrapartida por la ayuda solicitada, las ciudades impusieron al rey la expulsión de los mercaderes italianos, pero esta medida sólo estuvo en vigor un año, debido a la bajada en los ingresos fiscales y a los intereses de los productores de materias primas, como lana, trigo, azafrán, y otras, muy perjudicados por la citada expulsión.

Ante tales hechos, en 1402, el rey decretó la libertad de comercio, con ciertas condiciones, para los mercaderes italianos, a la vez que negociaba un nuevo tratado de paz con Génova para acabar con la guerra entre la Corona de Aragón y la República de Génova.

El rey Martín obtuvo ayuda económica de las Cortes catalanas en 1406, encomendándose a Martín el Joven la campaña para socorrer las posiciones de la Corona en Cerdeña, lo que en 1408-1409 provocó la guerra con Génova. Poco después de la victoria, Martín el Joven murió en Cagliari, dejando a su padre el reino de Sicilia.

Martín el Humano heredó de su hermano, Juan I, un clima bélico con Granada, entre 1396 y 1400. En 1404, se iniciaron unas negociaciones para firmar un tratado de paz que solucionase la inseguridad existente.

A finales de 1405, el tratado estaba firmado, pero la guerra que estalló entre Castilla y Granada hizo que, aunque Martín el Humano se mantuvo neutral, procurara facilitar aprovisionamiento al Ejército castellano. A pesar de todo, las relaciones entre el monarca aragonés y el sultán nazarí continuaron siendo cordiales.

Martín el Humano fue uno gran defensor del papado de Aviñón, y especialmente de Benedicto XIII, el Papa Luna, pariente de su esposa, al que visitó en su palacio de Aviñón en 1397, en su viaje de regreso a la Península ya como rey. Siempre que pudo, le proporcionó ayuda diplomática y militar, y en 1408 le acogió en sus reinos, instalándose finalmente en Peñíscola.

La gran preocupación de Martín I el Humano fue sanear la economía y recuperar el patrimonio real cargado de deudas. En 1399 amplió la pragmática que obligaba a los monarcas a mantener la unidad de los reinos y condados que formaban la Corona de Aragón. El condado de Ampurias, que tantos problemas había ocasionado a su padre y a su hermano, quedó definitivamente incorporado a la Corona. Concedió a su esposa, María de Luna, el título de condesa de Ampurias.

Martín I el Humano fue un humanista. Su estancia en Sicilia le proporcionó un sentido del clasicismo, muy alejado de las cacerías y de las frivolidades cortesanas de su hermano Juan I. Los recuerdos de sus lecturas clásicas y las citas de Julio César aparecen constantemente en sus palabras.

Fue un gran lector de libros de historia y de escritores cristianos, se interesó mucho por los temas religiosos, por lo que también llegó a ser conocido como el Eclesiástico. También se pronunció a favor de quien que creyó como legítimo Papa, el familiar de su esposa María de Luna.

Su discurso de inauguración de las Cortes reunidas en el palacio de los reyes de Mallorca en Perpiñán, el 26 de enero de 1406, es una de las piezas de oratoria más famosas de la historia medieval, donde repasó todos los hechos más importantes de la historia de la Corona de Aragón desde el siglo XIII, e hizo una gran alabanza de los catalanes.

A principios de 1398 se inició la labor que el rey realizó a favor de la enseñanza superior en Barcelona y que se concretó en la fundación del Estudio General de Medicina y Artes. La fundación oficial del Estudio General de Medicina de Barcelona se hizo por voluntad regia, tal como consta en el privilegio del 10 de enero de 1401. En las cartas que dirigió a las autoridades barcelonesas, el rey declaró que realizó dicha fundación tanto para preservar su delicada salud, como la de los habitantes de la ciudad.

Martín I fue un esposo fiel, a quien no se le conocieron hijos bastardos. Su carácter fue bondadoso y familiar y tuvo en su esposa, María de Luna, de carácter fuerte, un complemento perfecto.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la soledad y tristeza, especialmente después de la muerte de su mujer, en 1406, y de su hijo Martín el Joven un año antes de su propio fallecimiento, en 1410.

Algunos historiadores han valorado muy negativamente sus decisiones finales y le han hecho responsable de la entronización de la dinastía de los Trastámara en la Corona de Aragón.

Sus restos descansan en el monasterio de Santa María de Poblet, mientras que los de su hijo, Martín el Joven, en la catedral de Cagliari, en un magnífico panteón mandado construir por Felipe V.

BIBLIOGRAFÍA:

M.ª D. López Pérez, La Corona de Aragón y el Magreb en el siglo XIV (1331-1410), Barcelona, CSIC, 1995;

S. Claramunt y R. Conde, Privilegi de creació de l’Estudi General de Medicina de Barcelona. 1401, Barcelona, Universidad, 2001;

S. Claramunt, “La política matrimonial de la Casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 196-235.

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

Imagen:

Martín I el Humano, rey de Aragón

COPIA ARIOSTO, FELIPE

1634. Óleo sobre lienzo, 244 x 127 cm

Museo del Prado

Depósito en otra institución

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