Pedro IV. El Ceremonioso (1319 – 1387)
María Teresa García PardoDoctora en Historia del Arte |
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Pedro IV. El Ceremonioso (1319 – 1387) |
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Pedro IV de Aragón. El Ceremonioso, el del puñalet. Balaguer (Lérida), 5.IX.1319 – Barcelona, 5.I.1387. Rey de Aragón (1336-1387), rey de Valencia (Pedro II), conde de Barcelona (Pedro III). Fue el hijo segundo de IV el Benigno y Teresa de Entenza. La muerte, al año de su nacimiento, de su hermano primogénito, el infante Alfonso, convirtió a Pedro en el heredero de la Corona, y como tal jurado como sucesor de su padre. La muerte de su madre en 1327 y el nuevo casamiento de su padre dos años después con Leonor de Castilla, cambió la vida del heredero al Trono. En pocos años Leonor consiguió un importantísimo patrimonio para sus dos hijos. Logró que su primogénito, el infante Fernando, fuese nombrado marqués de Tortosa, convirtiéndose en el señor más importante de todos los reinos. Esta política de su madrastra y la debilidad de su padre generaron en él el odio hacia Leonor de Castilla; especialmente cuando intentó suprimirle junto con su hermano el conde de Urgell. Los dos infantes se refugiaron en Zaragoza, donde fueron protegidos por diversos nobles aragoneses. Fue educado en Aragón, mientras su madrastra vivía entre Valencia y Barcelona. Esta enemistad produjo en el joven Pedro hostilidad hacia Castilla. Con la excusa de su matrimonio con la hija del rey de Navarra, envió 500 hombres a caballo en ayuda de los navarros contra los invasores castellanos, pero fueron derrotados y hechos prisioneros. Fue el preludio de las largas guerras que tuvo después con Castilla. La reina regresó a Castilla con sus dos hijos y se alejó del rey cuando estaba muy enfermo por temor a su hijastro Pedro. La muerte de Alfonso IV el Benigno en Barcelona, en enero de 1336, dejó a los distintos reinos en una difícil situación. Tres facciones se disputaban el poder:
Para el nuevo rey Pedro IV el Ceremonioso, que acababa de cumplir los 17 años, se iniciaba un duro período. La coronación celebrada en Zaragoza, el domingo de Pascua de Pentecostés de 1336, fue un acto esplendoroso, donde el joven rey demostró su amor por las ceremonias y los símbolos de poder. Pedro el Ceremonioso heredó de su padre la guerra de Génova, que él cerró el mismo año en que empezó a reinar. En 1338, Pedro el Ceremonioso contrajo matrimonio con María de Navarra, hija del rey de Navarra y emparentada con el rey de Francia. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales sólo sobrevivieron dos hijas: Constanza y Juana. La muerte al poco de nacer de una tercera hija, en 1345, indujo al monarca a cambiar el sistema de transmisión de la Corona a favor de su hija Constanza. En su Crónica, Pedro el Ceremonioso justifica la decisión que le enfrentó a la nobleza aragonesa y valenciana, pero muy especialmente con su hermano Jaime de Urgell. En abril de 1347, la reina tuvo en Valencia un hijo varón, Pedro, que murió a las pocas horas de nacer. La consternación fue importante en la Corte y se acrecentó cuando cinco días después murió la reina María de Navarra a consecuencia del parto. La complicada situación política hizo que pronto se iniciaron las negociaciones para encontrar una segunda esposa; la elegida fue Leonor, hija del rey Alfonso IV de Portugal, de diecinueve años. La boda se celebró en Barcelona en noviembre de 1347, después de haberse visto obligado el rey pocos meses antes en Zaragoza, a ceder a todas las pretensiones de los nobles aragoneses, habiendo quedado prácticamente prisioneros de ellos, obligándole a revocar el nombramiento de heredera a favor de su hija Constanza. Gracias a las negociaciones del vizconde Bernardo II de Cabrera, se pudo romper el frente nobiliario y obtener algunas adhesiones para el rey, que pudo huir de Aragón e instalarse en Barcelona. En esta inestable situación, el monarca y su nueva esposa, sufrieron humillaciones en la primavera de 1348 en Valencia, quedando un tiempo a merced del pueblo, tal como cuenta en su propia Crónica. El estallido de la “peste negra” en Valencia y la propagación por los restantes territorios de la Corona ayudaron a olvidar los graves problemas internos. Pocos meses después, el 21 de julio de 1348, el rey venció a sus detractores. La victoria de Épila fue seguida de una dura represión en todo el Reino de Aragón, así como en el de Valencia, donde el alzamiento había tomado un importante carácter social. El rey victorioso entró en Zaragoza el 7 de agosto, castigando a rebeldes y restituyendo lugares a sus antiguos señores. Ante el pueblo zaragozano rasgó con un puñal el Privilegio de los Unionistas, por lo que fue llamado Pedro “el del Puñalet”. Poco después, la reina Leonor de Portugal, murió víctima de la peste, antes de llevar un año de casada y sin haber tenido descendencia. Su entierro no tuvo solemnes ceremonias; las únicas preocupaciones del rey eran alejarse de las áreas infectadas por la peste y liquidar los restos de la rebelión nobiliaria valenciana, lo que sucedió el 10 de diciembre del mismo año con la victoria de Mislata sobre los unionistas valencianos. El rey castigó a los culpables de la rebelión, especialmente en Valencia, en donde la represión fue muy dura. En su misma Crónica, cuenta el monarca que hizo fundir la campana que llamaba a consejo, e hizo beber el metal a los jefes más destacados. En agosto de 1349, Pedro el Ceremonioso se casó por tercera vez, ahora con su prima segunda, Leonor de Sicilia, en Valencia. Hija de Pedro II de Sicilia y Leonor de Carintia, fue una mujer decidida, llamada por sus súbditos catalanes la “reina grossa” en comparación con sus dos predecesoras. Leonor de Sicilia fue una mujer vehemente y vengativa, que coincidía plenamente en estos planteamientos con su esposo, al que substituyó brillantemente en numerosos actos oficiales, llegando a presidir Cortes y a tener su propia cancillería. Leonor dio al rey tres hijos varones, dos de los cuales se ciñeron la Corona de Aragón, y una hija, Leonor, que sería reina de Castilla como esposa de Juan I, y sería madre de futuros reyes de Castilla y Aragón. El 27 de diciembre de 1350, nacía en Perpiñán, el primer hijo varón que sobreviviría al rey Pedro, el infante Juan. Un mes después su padre le creaba, como título y señorío, el ducado de Gerona, que desde entonces irá siempre adscrito al primogénito y heredero de la Corona de Aragón. Pedro el Ceremonioso, con la creación del ducado de Gerona, rompió toda la base jurídica de las antiguas entidades nobiliarias catalanas. Hasta entonces el fundamento de los antiguos títulos nobiliarios del principado se basó en la división en condados y vizcondados de la Alta Edad Media. A partir de ahora el propio rey, actuando como soberano de todo el conjunto, creó nuevas entidades con finalidad de dotar a los miembros de la Familia Real o de reconocer personajes muy allegados a su entorno. Esta actuación iniciada por Pedro el Ceremonioso comportó la aceptación del monarca como verdadero señor superior de Cataluña. Es el rey de Aragón y conde de Barcelona, pero cuando actuaba como señor de toda Cataluña podía otorgar cualquier tipo de títulos superiores, por encima de la misma categoría condal, como eran los títulos de duque o marqués. La reina Leonor de Sicilia murió en 1375, después de haber la ansiada descendencia masculina, a la vez que introdujo los refinamientos de la Corte palermitana. En 1338, ante la noticia de que en el norte de África se preparaba un gran Ejército para pasar a la Península en socorro del sultanato de Granada, ayudó a Castilla ante el peligro común. Por el pacto de Madrid de 1339, una flota catalana fue enviada al estrecho bajo el mando de Jofre Gilabert, quien, al morir en Algeciras, fue substituido por Pedro de Moncada. Esta flota patrulló el estrecho de 1342 a 1344 y supuso una importante ayuda para Alfonso XI de Castilla en la campaña de Algeciras. A pesar de la tregua de diez años solicitada por los granadinos, durante el sitio de Gibraltar en 1349, Pedro el Ceremonioso colaboró con el envío de algunas naves, hasta que desistió de dicho asedio el rey castellano-leonés. Mientras esto sucedía en el Sur, Pedro el Ceremonioso fue acumulando agravios y pruebas contra su vasallo y cuñado, el rey Jaime III de Mallorca, con la intención de desposeerlo del Reino. Tales agravios fueron: la incomparecencia del rey de Mallorca en la Corte de Barcelona de 1341, haber acuñado moneda barcelonesa en Perpiñán y la circulación por el Rosellón de moneda francesa. La presentación en 1343 de Jaime III en Barcelona ante su cuñado todavía complicó más las cosas, al acusar al rey Pedro de haber intentado secuestrarle. Jaime III, de regreso a Mallorca, sin su mujer y sus hijos, retenidos por el Ceremonioso, rompió el vasallaje. El mismo año, el rey de Mallorca fue declarado culpable en un proceso y desposeído de sus bienes y estados. En cumplimiento de dicha sentencia Mallorca fue invadida y las tropas de Jaime III derrotadas en Santa Ponsa, teniendo que huir al Rosellón. El archipiélago balear fue sometido rápidamente, mientras que dos campañas, separadas por una tregua, en 1343 y 1344, permitieron a Pedro el Ceremonioso dominar el Rosellón y la Cerdaña, a la vez que Jaime III se rendía en el mes de julio de 1344, poniendo como únicas condiciones que se le respetara la vida, la libertad y el señorío de Montpellier. La Baja Cerdaña es una comarca española, situada en las provincias de Gerona y Lérida. Limita al norte con Andorra y la comarca histórica de la Alta Cerdaña (Francia), al este con el Ripollés, al sur con el Bergadá y al oeste con el Alto Urgel. Forma junto a la Alta Cerdaña el territorio histórico del Condado de Cerdaña, dividido a favor de Francia como consecuencia del Tratado de los Pirineos de 1659. La práctica totalidad de las iglesias de la zona están construidas siguiendo el arte románico. A pesar de todo, Jaime III no perdió la esperanza de recuperar su Reino por la intercesión del rey de Francia y del Papa, pero todo fue inútil. Sus intentos desesperados en incursiones con sus partidarios fueron un fracaso. Su último intento en 1349 fue desembarcar en Mallorca, que fue un gran desastre al ser derrotado y morir en la batalla de Llucmajor, mientras su hijo Jaime era hecho prisionero. Pedro el Ceremonioso incorporaba a su Corona el Reino de Mallorca sin gran resistencia popular y prometiendo que nunca más se separaría de la Corona. Pedro el Ceremonioso entró en 1351 en la guerra que desde 1350 mantenían Venecia y Génova, a favor de Venecia. La Serenísima República de Venecia defendía frente a Génova sus posiciones en el Imperio Bizantino, mientras que la Corona de Aragón defendía las suyas frente a Génova en el Mediterráneo Occidental, y cuyo epicentro era el control de la isla de Cerdeña. Una flota catalano-véneta se enfrentó a la genovesa en 1352, con resultado desastroso para ambos bandos. En las campañas posteriores, la flota de la Corona de Aragón se limitó a actuar en torno a Cerdeña. En 1353, mandada por Bernardo II de Cabrera, venció a los genoveses en una batalla naval frente a Alghero, ciudad que los Doria acababan de ceder a Génova. En 1354, una nueva flota catalana, a cuyo frente estaba el propio rey, se apoderó definitivamente de Alghero, que fue repoblada por catalanes, pasándose a denominar Alguer, mientras que por tierra la lucha continuó contra los rebeldes. Alguer (en italiano, Alghero) es una ciudad situada en el noroeste de la isla de Cerdeña (Italia). En la actualidad todavía se la conoce como la Barceloneta sarda. La ciudad conserva el uso de la lengua catalana, reconocida como un valor a proteger por la región de Cerdeña, bajo el nombre de dialecto alguerés. El casco antiguo muestra muchos rasgos arquitectónicos de las ciudades medievales de la Corona de Aragón. Las murallas y torres, donde se han conservado, son muy características de la ciudad. El inicio de la guerra con Castilla, en 1356, obligó a Pedro el Ceremonioso a concentrar todos sus esfuerzos en este nuevo conflicto. El final de la guerra con Génova se dejó en manos de un arbitraje del duque de Montferrato, que no fue aceptado por el rey Pedro, ya que se estipulaba la devolución de la ciudad de Alguer a los genoveses, por lo que la guerra continuó con continuos ataques por ambas partes, hasta una paz acordada en 1378, pero que fue continuamente rota hasta su renovación en 1386. Si el conflicto casi permanente con Génova fue causado por su intervención en Cerdeña, el enfrentamiento de las facciones existentes en dicha isla marcó su inestable equilibrio interior. El papa Urbano V quería infeudar la isla de Cerdeña en 1360, si Pedro el Ceremonioso no pagaba el tributo debido a la Santa Sede por el feudo de Cerdeña, lo que puso en serio peligro el dominio catalán en la isla. El rey Pedro tuvo que pagar el tributo al Pontífice para evitar un nuevo peligro. La compleja situación de Cerdeña mejoró para la Corona de Aragón cuando se firmó la paz con Génova en 1378. La causa principal del alargamiento del conflicto fue la Guerra de los Dos Pedros, entre Pedro el Ceremonioso y Pedro el Cruel de Castilla (1356-1369). Las principales áreas de enfrentamiento fueron las tierras aragonesas y valencianas. Castilla quiso recuperar la zona de Orihuela, que había pasado a la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime II, mientras que Pedro el Ceremonioso, aprovechando el conflicto familiar entre Pedro el Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara, reivindicaba territorios en el Reino de Murcia. La ayuda prestada a éste y el incumplimiento de las compensaciones territoriales que Enrique Trastámara había prometido al Ceremonioso, en caso de ocupar el Trono de Castilla, hicieron que las hostilidades se prolongasen entre el nuevo rey Enrique II y Pedro IV, para obtener compensaciones del monarca castellano. Por los Tratados de Almazán de 1374 y de Lérida de 1375, se llegó a un acuerdo definitivo con Castilla. Pedro el Ceremonioso cedió Molina, además de Murcia, a cambio de una indemnización de 180.000 florines y de la integridad territorial de los Reinos de Aragón y Valencia. También se acordó que la infanta Leonor de Aragón se casase con el infante Juan, hijo de Enrique II. Estas guerras supusieron un grave deterioro para la economía de la Corona de Aragón, por la destrucción de cosechas y de poblaciones, a la vez que obligó al Ceremonioso a enormes dispendios para fortificar muchas de sus ciudades ante el temor de la invasión de Ejércitos castellanos. Si a ello se añaden los gastos en la guerra contra Génova, las calamidades naturales como la mala cosecha de 1346, la epidemia de peste negra a partir de 1348, la mortalidad en 1351, 1362-1363, 1371 y 1381, una plaga de langosta en 1358, sequías y el gran terremoto de 1373, así como la inflación durante la segunda mitad del siglo XIV, se explica que la Monarquía se encuentre completamente empobrecida, por lo que el rey insistió en la insuficiencia de las fuentes tradicionales de ingresos, que le obligó a pedir varias ayudas extraordinarias entre 1359 y 1365, a la vez que tendió a crear un verdadero sistema fiscal. Las relaciones entre el Rey y los estamentos reunidos en las Cortes fueron muy tensas, ya que las Cortes aspiraban a compartir el gobierno, imponiendo incluso la obligación de una periodicidad en las convocatorias, que nunca se respetó. En las Cortes celebradas en Cervera en 1359 se creó la Diputación del General de Cataluña o Generalitat, como un organismo permanente de las Cortes encargado inicialmente de establecer un constante control de las sumas cedidas al monarca, y que pronto evolucionó hacia una institución representativa de los estamentos del Principado de Cataluña. Este ejemplo fue pronto seguido por los reinos de Aragón y Valencia, en donde aparecieron la Diputación General de Aragón y la Generalidad de Valencia. Ante el grave conflicto religioso que supuso el Cisma de Occidente en 1378, Pedro el Ceremonioso, que tenía múltiples problemas, optó por una indiferencia o neutralidad. También tuvo de ocuparse de la situación de Sicilia a la muerte de Federico III, ya que se le presentó la ocasión de reincorporar el reino, como había hecho con el de Mallorca, o hacer valer sus derechos a dicho Trono, como heredero por línea masculina de Federico II de Sicilia. La situación económica y los conflictos mantenidos impidieron la materialización del envío de una escuadra, optándose por el matrimonio de la nieta del Ceremonioso, la reina María de Sicilia, con el hijo del infante Martín (después rey Martín el Humano), Martín el Joven. En los últimos años de su reinado, Pedro IV tuvo amores con Sibila de Fortiá, dama recién enviudada, que a finales de 1375, el mismo año en que murió la reina Leonor de Sicilia, se convirtió en su amante y un año después le dio una hija, Isabel. Sibila consiguió casarse con el rey en 1377, en el momento que esperaba un segundo hijo. Los favores dispensados por la nueva reina a sus familiares y su falta de categoría social y cultural le granjeó la enemistad de sus hijastros, especialmente del heredero de la Corona, el infante Juan, duque de Gerona. Este cuarto matrimonio dividió a la Corte entre un grupo aristocrático, en torno al heredero Juan y su esposa Violante de Bar, y otro más popular en torno a Sibila de Fortiá. Cuando en 1386 el monarca estaba gravemente enfermo, Sibila, temerosa de la venganza del futuro rey, huyó y se encerró en el castillo de San Martín de Sarroca. Asediada, tuvo que rendirse, siendo acusada de lesa majestad por abandonar al rey enfermo, así como también de robos en Palacio. Estas luchas familiares coincidieron con la llamada guerra del Ampurdán contra el conde Juan I de Ampurias, que se inició en 1384 y acabó ya en el reinado de Juan I en 1388. Pedro el Ceremonioso llevó una política interna que favoreció a la pequeña nobleza contra los grandes barones, sobre todo, después de su matrimonio con Sibila de Fortiá, y protegió a los estamentos de las ciudades, especialmente a Barcelona y Valencia, que querían tener acceso al gobierno municipal, y que el rey facilitó mediante una reforma en el sistema electivo de los cargos. A pesar de todas las crisis, Pedro el Ceremonioso impulsó una gran obra constructora como: · Las murallas de Valencia, Morella y Montblanc, · La construcción de las Atarazanas de Barcelona y de su nuevo recinto amurallado, etc. · Las Atarazanas son instalaciones militares o civiles donde se construyen, reparan y conservan embarcaciones. · Su gusto por las ceremonias y la pompa le hicieron construir los sepulcros reales de Poblet, a imitación de los de Francia en Saint Denis, · Organizó con gran detalle el funcionamiento de su Corte, de la Cancillería y del Tribunal Real. Protector de las artes y de las letras, se le atribuye la redacción de un Tratado de caballería. Su preocupación por la enseñanza superior le llevó a la fundación del Estudio General de Perpiñán en 1349, una vez que Montpellier ya no estaba dentro de la Corona de Aragón, por haber vendido dicha ciudad al rey de Francia Felipe VI, el último rey soberano de Mallorca, Jaime III. También fundó el Estudio General de Huesca en 1354, con los mismos privilegios que gozaban los de Tolosa, Montpellier y Lérida. Con estas fundaciones, el rey rompió con el monopolio educativo de nivel superior que tenía la ciudad de Lérida, desde que Jaime II fundó en 1300 su Estudio General. Hizo redactar su famosa Crónica en catalán, a imitación de la de Jaime I y también para justificar sus acciones. Escrita en forma autobiográfica, comprende su vida, excepto sus últimos años, y la de su padre. Pedro IV el Ceremonioso fue un rey calculador, cruel y sin escrúpulos, que se empeñó en recuperar los Reinos que formaban la Corona de Aragón, como fueron los casos de Mallorca y Sicilia. Su reinado de cincuenta y un años, solamente superado por el de Jaime I, no es solamente uno de los más largos de la historia de la Corona de Aragón, sino también uno de los más conflictivos e interesantes. HISTORIA DE SANT DENISConstruida sobre la tumba de San Dionisio, obispo misionero fallecido hacia el año 250, la abadía real de Saint-Denis acoge desde la muerte del rey Dagoberto en 639 y hasta el siglo XIX las sepulturas de 43 reyes, 32 reinas y 10 servidores de la monarquía. Es la última morada de los reyes y las reinas de Francia. En 1966 la basílica fue consagrada como catedral. Un museo de escultura. Con más de 70 esculturas yacentes medievales y tumbas monumentales del Renacimiento, la basílica alberga en su interior el conjunto más importante de escultura funeraria entre los siglos XII a XVI. El nacimiento del arte gótico. Diseñada por el abad Suger, consejero del rey, entre 1135 a 1144, y terminada en el siglo XIII, bajo el reinado de San Luis, es la primera iglesia del arte gótico. Con esta iglesia la luz se convierte en lo fundamental, como símbolo de lo divino en la arquitectura religiosa, frente a la oscuridad y el recogimiento del románico. MONASTERIO DE POBLET (TARRAGONA)Los monjes de Poblet, que Ramón Berenguer IV fue a buscar al monasterio de Fontfroide (Languedoc) hacia 1150, pertenecen a una larga tradición, que se remonta a san Benito de Nursia, pasa por el Cister y san Bernardo de Claraval, y llega hasta nuestros días. Poblet sólo se puede comprender como parte de la comunidad monástica. Poblet se fundó en 1150, y al finalizar el siglo XII, estaban construidos: la iglesia, el refectorio de los monjes, una parte del claustro y la enfermería con el claustro y la capilla de San Esteban. Durante el siglo XIII se finaliza, en su práctica totalidad, el conjunto monumental, con todas las estancias que los monjes necesitan para su vida regular: la sala capitular, los dormitorios, el claustro, la cocina, el scriptorium y el refectorio; el hospital para los pobres y peregrinos, con la capilla de Santa Catalina. Durante los siglos posteriores se añadirán otros elementos, que no podemos considerar indispensables para la vida de los monjes: el cimborrio y las murallas, el panteón y otras construcciones reales, como la capilla de San Jorge. A lo largo de los siglos XIV y XV se realiza el campanario. El retablo es del siglo XVI. La nueva sacristía y las casas nuevas, del siglo XVIII, entre otras construcciones, funcionales o decorativas, que responden a diversas vicisitudes históricas, así como a las circunstancias económicas de cada época. SEPULCROS REALESJaime I el Conquistador fue uno de los benefactores del monasterio y se hizo enterrar aquí. Pedro IV el Ceremonioso ordenó la construcción del panteón real porque sus predecesores ya estaban enterrados en este recinto monástico. Los sepulcros reales del monasterio de Poblet (Tarragona), construidos en el siglo XIV, y ubicados en el crucero de la iglesia del monasterio, constituyeron el grupo escultórico funerario más importante de cuantos fueron elaborados en la Cataluña gótica. E El conjunto llegó a conocerse como Capilla Real, un panteón de reyes, creado por iniciativa de Pedro IV el Ceremonioso que llegó a cobijar, sobre las arcadas, seis tumbas de los reyes de la Corona de Aragón acompañados de seis de sus esposas. Además, fuera de las arcadas se sitúan las tumbas de dos reyes más, así como la de otros príncipes y personas reales. La Capilla Real al principio tuvo sólo tres enterramientos: · Alfonso II (el Casto) (1196) · Jaime I (el Conquistador) (1276) · Pedro IV (el Ceremonioso) (1387), con sus tres esposas: María de Navarra, Leonor de Portugal y Leonor de Sicilia. Más tarde se fueron añadiendo siguientes enterramientos: · Juan I (el Cazador) (1396) con sus dos esposas Marta de Armagnac y Violante de Bar. · Fernando I (de Antequera) (1416) y su mujer Leonor. · Juan II (el grande) (1479) y su segunda mujer Juana Enríquez En total debieron estar bajo los doseletes de madera, 16 yacentes, tal y como lo describe el padre Jaime Finestres y de Monsalvo en su Historia del Real Monasterio de Poblet en el siglo XVIII. Se conoce el aspecto de aquella estructura gracias al grabado que se conserva del escritor del siglo XIX Alexandre de Laborde, incluido en su obra Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, París 1806-1820. BIBLIOGRAFÍA:A. Canellas, “El reino de Aragón en el siglo XIV”, en Anuario de Estudios Medievales, Barcelona, VII (1970-1971), págs. 119-152; E. Sarasa, Sociedad y conflictos sociales en Aragón. Siglos XIII-XV, Madrid, Siglo XXI de España, 1981; S. Claramunt, “La política matrimonial de la casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 196-235. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA poblet.cat/es |
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