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PEDRO I. EL CRUEL (1334 – 1369)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

PEDRO I. EL CRUEL (1334 – 1369)

 Dobla de 35 maravedíes de Pedro I El Cruel

PEDRO I. EL CRUEL (1334 – 1369)

(Burgos, 30.VIII.1334 – Montiel (Ciudad Real), 23.III.1369)

Rey de Castilla y León entre los años 1350 y 1369

Era hijo de Alfonso XI y de su esposa María de Portugal.

La Crónica que escribió Pedro López de Ayala sobre dicho monarca es la “fuente más completa sobre el reinado de Pedro I”. La mención de que “mató muchos en su reino” es la que explica que se le conozca con el apelativo de “El Cruel”.

Los defensores de Pedro I le tildaron de “justiciero”, expresión que quiere dar a entender que la dura represión que ejerció aquel monarca obedecía a la estricta aplicación de la justicia.

Accedió al Trono muy joven, lo que explica que, hasta el año 1353, el poder fuera dirigido por un noble lusitano, Juan Alfonso de Alburquerque, que buscó una alianza con Francia, lo que se tradujo en la derrota, en Winchelsea, en el año 1350, de una escuadra de mercaderes cántabros que regresaba de Flandes.

El panorama económico de sus reinos era negativo, debido a la  peste negra y a los gastos militares de la guerra contra los musulmanes mantenida por su padre, Alfonso XI, en la zona del estrecho de Gibraltar.

Al mismo tiempo Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI y madre de Enrique de Trastámara, fue hecha prisionera y murió en el año 1351, se cree que por orden de la reina madre, María de Portugal.

En esa etapa se celebraron unas importantes Cortes en la villa de Valladolid, las únicas de aquel reinado. En las citadas Cortes se decidió abrir una investigación sobre la situación en que se encontraban en las tierras de Castilla las behetrías, una institución básica, a la vez que singular, del sistema feudo señorial vigente en la cuenca del Duero.

Una behetría era “una población cuyos vecinos tenían derecho a elegir su señor, eligiendo como tal a quien les hiciera más bien”, es decir, una familia cedía todas sus tierras o parte de ellas a un señor para obtener beneficios y que les protegiese.

En junio de 1353 Pedro I se casó en Valladolid, en la iglesia de Santa María la Mayor, con la infanta francesa Blanca de Borbón. El objetivo era afianzar la alianza de la Corona de Castilla con el Reino de Francia.

BLANCA DE BORBÓN (1335-1361)

(Francia, 1335 – Medina-Sidonia, Cádiz, 1361).

Reina de Castilla, esposa de Pedro I.

Blanca de Borbón era hija de Pedro, duque de Borbón, y de Isabel de Valois. Blanca estaba estrechamente relacionada con la monarquía francesa, ya que su hermana Juana era la esposa del rey de Francia Carlos V.

El enlace fortalecería las relaciones entre las monarquías de Castilla y Francia. La monarquía francesa entregaría como dote a la Corona de Castilla trescientos mil florines de oro. Blanca de Borbón, por su parte, recibiría, en calidad de arras, las villas de Arévalo, Sepúlveda, Coca y Mayorga.

La infanta francesa llegó a Valladolid el 25 de febrero de 1353. Llevaba consigo un excepcional equipaje, del que formaban parte una corona, estimada en 3.200 escudos de oro, y una diadema de oro, valorada en 2.560 libras.

En esos momentos, Pedro I y su amante María de Padilla esperaban el nacimiento de la infanta Beatriz, que nació en Córdoba en marzo de 1353.

Pedro López de Ayala pone de manifiesto que en el monarca castellano “non avía voluntad de casar con la dicha doña Blanca”. De todos modos, la boda entre el monarca castellano Pedro I y Blanca de Borbón se celebró en la iglesia de Santa María la Mayor, el lunes 3 de junio del año 1353, actuando como padrinos Juan Alfonso de Alburquerque y Leonor de Aragón.

Dos días después del enlace matrimonial, que, según los indicios, fue consumado, Pedro I abandonó a Blanca de Borbón y se marchó a la localidad de Puebla de Montalbán para reunirse con María de Padilla por la que sentía una gran pasión.

María de Portugal, madre de Pedro I, compadecida por el duro trance que se le presentaba a Blanca de Borbón, decidió llevarla a la villa de Tordesillas y, posteriormente a Medina del Campo. Por algún tiempo, Blanca de Borbón fue confinada en Arévalo y posteriormente encerrada en el castillo de Toledo.

Dos obispos, los de Ávila y Salamanca, declararon nulo el matrimonio de Blanca de Borbón con Pedro I, en abril de 1354, y así pudo casarse en la villa de Cuéllar con Juana de Castro.

El abandono de Blanca de Borbón constituyó un argumento de notable interés para la nobleza que se había rebelado contra Pedro. La defensa de Blanca de Borbón “aportó un argumento de gran valor moral que convirtió en justo un movimiento cuyos objetivos finales eran muy diferentes”.

A comienzos de 1355 el legado pontificio excomulgó a Pedro I de Castilla en la catedral de Toledo. El rey decidió que Blanca fuera enviada a la localidad de Sigüenza.

En 1361, Blanca de Borbón estaba prisionera en la localidad andaluza de Medina-Sidonia. Pedro I ordenó que la matasen a la edad de 25 años.

Años más tarde se instaló en una torre de Medina-Sidonia una lápida que dice: “En esta torre estuvo presa y acabó sus días a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo en el año 1361 la virtuosa y desventurada reina doña Blanca de Borbón, esposa de don Pedro de Castilla”. Sus restos fueron trasladados a la iglesia de San Francisco, de Jerez de la Frontera.

La marcha del rey con María de Padilla fue uno de los motivos que utilizó un sector de la nobleza, capitaneada por Enrique de Trastámara, hermanastro de Pedro I, para oponerse al monarca.

Las relaciones de Alburquerque con Pedro I entraron en total deterioro, lo que explica que terminara por aliarse con Enrique de Trastámara.

La coalición nobiliaria contra Pedro I ya estaba en marcha en 1354. Hubo varios enfrentamientos, en particular el que tuvo lugar en la ciudad de Toledo, en el año 1355, pero el bando de Pedro salió vencedor y Enrique de Trastámara tuvo que marcharse a Francia.

En el año 1356 se inició la guerra entre Pedro I de Castilla con el rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso. A esa pugna se la denomina Guerra de los Dos Pedros.

Todo comenzó por un incidente ocurrido en Sanlúcar de Barrameda, donde un catalán se apoderó de dos navíos alegando que la ciudad italiana de donde procedían esos barcos era una aliada de Génova, estrecha colaboradora de Castilla, en tanto que la Corona de Aragón mantenía excelentes relaciones con Venecia.

Pedro I ordenó detener a todos los mercaderes catalanes establecidos en Sevilla y confiscar sus propiedades. Jugaba a favor de esta contienda la buena acogida que habían tenido en Castilla los infantes de Aragón, Fernando y Juan, hermanastros de Pedro IV. El monarca aragonés decidió apoyar a Enrique de Trastámara.

La guerra comenzó en la zona fronteriza entre ambas Coronas. La pugna militar comenzó bien para Castilla, que ocupó en marzo de 1357 la importante plaza de Tarazona.

En junio de 1359 la flota castellana llegó a poner cerco a la ciudad de Barcelona, lo que constituía un acontecimiento sin precedentes, aunque no se conquistó dicha ciudad.

En septiembre de 1359 las tropas de Pedro I fueron derrotadas en la batalla de Araviana, cerca del Moncayo, por la coalición que formaban las tropas aragonesas y los partidarios de Enrique de Trastámara.

El Moncayo es una montaña del sistema Ibérico situada entre Zaragoza y Soria. Con sus 2314,30 m. es la máxima cumbre del sistema Ibérico y uno de los picos más importantes de la península y el pico más alto de las provincias de Zaragoza y de Soria.

En abril de 1360, el ejército castellano triunfó. La Paz de Terrer, firmada en mayo de 1361, abrió una etapa de paz entre Castilla y  Aragón. Aunque, la guerra se reanudó en junio de 1362.

Las tropas de Pedro I avanzaron frente a los aragoneses, tomando Teruel y acercándose a Valencia. Además, Pedro I de Castilla había firmado con Eduardo III de Inglaterra, en 1362 el Tratado de Londres, que establecía una alianza entre ambos reinos.

Durante estos años, muchos nobles que habían apoyado a Pedro I terminaron por pasarse al bando Trastámara. Por lo que, Pedro I mando ejecutar en el 1358, en la ciudad de Sevilla, a su hermanastro Fadrique y otros personajes, comiendo tranquilamente delante del cadáver de Fadrique. En 1361 murió la reina Blanca de Borbón que fue mandada envenenar.

Pedro I era aliado de judíos y musulmanes. El nombre del rey Pedro es muy elogiado en la sinagoga del Tránsito, en Toledo, donde se dice: “El gran monarca nuestro señor y nuestro dueño, el rey don Pedro, ¡sea Dios en su ayuda y acreciente su fuerza y su gloria y guárdelo cual un pastor su rebaño!”.

En la Corte castellana el hebreo, Samuel Leví, fue tesorero mayor del Reino y además había muchos judíos que desempeñaban puestos importantes en los dominios de la alta nobleza. Enrique de Trastámara, para intentar acabar con Pedro I, ondeó la bandera del antisemitismo.

Por otra parte, el atractivo que ejercía el arte mudéjar sobre el monarca Pedro I se puso claramente de manifiesto en el alcázar de la ciudad de Sevilla. Asimismo, mantuvo con frecuencia buenas relaciones con los dirigentes de la Granada nazarí.

También se le ha acusado a Pedro I de Castilla de cometer abusos contra la Iglesia. Pedro I llegó a ser excomulgado por los pontífices romanos en dos ocasiones. El rasgo más destacado de su reinado fue su despotismo lo que explica que sus más adeptos se pasaran al bando contrario.

El suceso más importante de su reinado fue la guerra con su hermanastro Enrique de Trastámara, que contaba con la ayuda militar francesa y del monarca Pedro IV de Aragón, inició la ofensiva contra Pedro I en la primavera del año 1366.

En Burgos, Enrique de Trastámara se proclamó, en el Monasterio de Las Huelgas Reales, rey de Castilla, acusando a su hermanastro Pedro I de tirano y protector de los hebreos y de los musulmanes.

Pedro I se marchó al sur de Francia. En agosto de 1366 Pedro llegó a la ciudad de Bayona. En septiembre, el rey de Castilla firmó con el heredero de la Corona inglesa, conocido como el Príncipe Negro, los acuerdos de Libourne. A cambio de la decisiva ayuda militar que recibiría de los ingleses, Pedro I se comprometía a entregar al Príncipe Negro una notable cantidad de dinero, el señorío de Vizcaya y el puerto de Castro Urdiales.

En la primavera de 1367, el rey de Navarra Carlos II permitió que las tropas inglesas pasaran por sus tierras, llegando a La Rioja. Los soldados que defendían a Pedro I de Castilla derrotaron a los de Trastámara en la localidad de Nájera, pero Enrique de Trastámara pudo escapar a Francia.

A pesar del éxito, la imagen de Pedro I comenzó a declinar. Uno de los motivos básicos fue la marcha, en agosto de 1367, del Príncipe Negro por el incumplimiento de Pedro I de lo acordado en el Tratado de Libourne, lo que obedecía a la pésima situación económica de la Corona de Castilla.

Pedro I dio muestras de su gran dureza al ejecutar a Dª Urraca Osorio, madre del noble Juan Alfonso de Guzmán y a Martín Yáñez, que había sido su tesorero.

Mientras tanto su hermanastro Enrique de Trastámara regresó en septiembre de 1367, entrando en la Corona de Castilla por la villa de Calahorra (La Rioja) e impulsando movimientos hostiles a Pedro.

La lucha fratricida parecía resurgir como guerra de desgaste. Enrique de Trastámara, a principios de 1368, controlaba las zonas centrales de la Corona de Castilla y puso cerco a Toledo.

Enrique de Trastámara firmó con los franceses, el 20 de noviembre de 1368, el Tratado de Toledo. En él se acordó nuevamente el envío de destacados militares franceses para defender la causa del Trastámara, como Bertrand Du Guesclin, el cual ya se encontraba en las tierras peninsulares en diciembre de aquel mismo año.

Pedro I, ante aquel difícil panorama, buscó alianza con el monarca nazarí de Granada. Los soldados granadinos incendiaron una parte de Jaén, así como Úbeda.

La intervención de los nazaríes se tradujo en un incremento del apoyo de los cristianos del valle del Guadalquivir a la causa de Enrique de Trastámara.

El 14 de marzo de 1369, los dos bandos pelearon entre sí, saliendo derrotado el Ejército de Pedro I, que buscó refugio en el castillo de Montiel. La noche del 22 al 23 de marzo de 1369, los dos hermanos, Pedro y Enrique, se encontraron frente a frente. Pedro fue herido y murió.

Los restos mortales del rey Pedro I recorrieron diversos lugares,  terminando finalmente por ser trasladados a la Catedral de Sevilla.

 

LA PESTE NEGRA O BUBÓNICA DE LOS SIGLOS XIV – XV

La peste negra o bubónica fue una pandemia que asoló Europa durante el siglo XIV y era transmitida por las pulgas de los roedores. Se cree que la epidemia surgió en Asia central, desde donde pasó a las ciudades italianas con gran actividad marítima y comercial como Génova o Venecia, y de ahí a toda Europa.

En Venecia se tuvo que instaurar la cuarentena, es decir, los barcos tenían que esperar 40 días antes de entrar en la República veneciana para prevenir esta terrible pandemia.

La peste negra acabó con más de un tercio de la población europea y con el 20% de la población mundial de esa época. Pero no afectó al continente americano. La peste llegó a Mesina, Génova y Venecia entre 1347 y 1348. Algunos barcos alcanzaban las costas sin supervivientes.

La pandemia se inició en Asia y llegó a Europa introducida por marinos a través de las rutas comerciales. En Florencia, solamente una quinta parte de su población sobrevivió. En Hamburgo, Colonia y Bremen murió una gran parte de la población.

El principal medio de contagio de la peste eran las picaduras de las pulgas. Por este motivo, algunas profesiones estuvieron más expuestas que otras como la de los comerciantes de paños, ya que las pulgas se esconden entre los tejidos. Entre las primeras medidas que se tomaron en Europa para evitar los contagios estaba la de quemar la ropa de los infectados y prohibir la entrada de cargamentos de tejidos en las ciudades. Incluso en algunas zonas sólo se permitía la entrada al viajero después de deshacerse de sus ropas y cambiarlas por otras seguras de la ciudad que le recibía.

 

Consecuencias

Una de las consecuencias sociales de la peste negra fue el antisemitismo. Se acusó a los judíos de envenenar los pozos de agua y causar la epidemia. Con esta propaganda en muchos lugares de Europa se inició una extinción de comunidades judías.

En 1347 el rey Luis I de Hungría reclamó el trono de Nápoles después del asesinato de su hermano Andrés. La guerra estalló al mismo tiempo que la peste negra y tuvo que ser suspendida. Los  húngaros no consiguieron Nápoles, pero se llevaron consigo la peste.

La peste se extendió desde Italia por Europa afectando a Francia, España, Inglaterra Alemania, Hungría, Escandinavia y Rusia.     

Se considera que fue la causa de la muerte de Alfonso XI de Castilla durante el sitio a Gibraltar en 1350.

La peste provocó el descenso de la producción agraria y el avance de la ganadería ovina. La escasez de mano de obra ayudó a concluir con la Edad Media. A causa de la despoblación, sin embargo, los europeos supervivientes llegaron a ser los mayores consumidores de carne.

La peste negra acabó con un tercio de la población de Europa y se repitió en sucesivas oleadas hasta 1490, llegando finalmente a matar a unos 25 millones de personas. No obstante, ninguno de los brotes posteriores alcanzó la gravedad de la epidemia de 1348.

 

REAL ALCÁZAR DE SEVILLA. PALACIO MUDÉJAR DE PEDRO

El palacio de Pedro I constituye uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura mudéjar. Fue construido en tan sólo diez años, entre 1356 y 1366, por alarifes mudéjares procedentes de Toledo, Granada y Sevilla.

 

ARTE MUDÉJAR

El arte mudéjar es un estilo que se desarrolló en los reinos cristianos, pero incorporando influencias, elementos y materiales de estilo hispano-musulmán.

Fue la consecuencia de la convivencia en la España medieval. Se trata de un fenómeno exclusivamente hispánico que tiene lugar entre los siglos XII y XVI, mezclando los estilos románico, gótico o renacentista con elementos musulmanes y sirve de eslabón entre el arte cristiano y el islámico.

Es un periodo del arte cristiano en el que aparece la decoración islámica, ya que lo practicaban los mudéjares, gentes de religión musulmana que permanecían en los reinos cristianos tras la conquista de su territorio y, a cambio de un impuesto, conservaban su religión y un estatus jurídico; pero también cristianos que aprendieron las técnicas del arte musulmán.

Las características del arte mudéjar son:

1.    La utilización de materiales blandos como ladrillo, yeso, cerámica o madera, lo que facilita la profusión decorativa.

2.    El uso de ciertos elementos arquitectónicos y temas decorativos.

Posee características peculiares en cada región, entre las que destacan el mudéjar toledano, leonés, aragonés y andaluz. Desde la península ibérica, también viajó a las colonias españolas del continente americano. En el siglo XIX, junto con otros estilos apareció el neomudéjar.

El término “arte mudéjar” lo acuñó Amador de los Ríos, en 1859, cuando pronunció su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando sobre El estilo mudéjar, en arquitectura.

El arte mudéjar es el más representativo de España en la época medieval, no es grandioso, sino peculiar y personal. Esta peculiaridad viene dada por su carácter fronterizo entre el norte cristiano y los musulmanes:

•    El románico de ladrillo (León, Valladolid, Ávila y Segovia),

•    El arte mudéjar occidental (desde el Tajo hasta Portugal),

•    El mudéjar aragonés (con características propias como la profusión de elementos ornamentales de cerámica vidriada y mayor desarrollo en los valles del Ebro, Jalón y Jiloca),

•    Extremadura, Andalucía (Granada, Córdoba y Sevilla),

•    La Comunidad Valenciana (Castellón, Valencia y Alicante)

•    El mudéjar canario, con un control gremial más laxo dónde destaca la carpintería hispanomusulmana, a través de los techos, balcones y ajimeces (ventana o balcón cerrado por celosías, para ver sin ser visto)

El Real Alcázar de Sevilla era la residencia privada del gobernante, en contraposición con el marcado carácter público del Palacio Gótico. Tiene una planta rectangular, con diferentes estancias articuladas en torno a dos patios, el de las Doncellas, con las habitaciones más protocolarias; y el patio de las Muñecas, centro de las salas de carácter privado.

El Patio de la Montería se constituyó como el centro neurálgico de esta nueva construcción. Aunque hoy su aspecto se ha modificado, todavía se aprecia uno de los elementos más significativos del palacio mudéjar, su gran fachada monumental dividida en dos cuerpos.

En el inferior se pueden ver en los laterales unas arquerías y sobre ellas una estructura de siete arcos de medio punto, uno central más ancho y largo, y una composición tripartita formada los otros arcos de menores a ambos lados.

La portada monumental está dividida en tres calles verticales, separada en dos niveles por medio de una imposta. La imposta es una faja que recorre horizontalmente la fachada de los edificios separando los pisos.

En la parte inferior central hay a ambos lados, un arco polilobulado que se apoya en dos columnas de mármol con decoración de sebqa o red de rombos.

En el nivel superior hay tres arcos polilobulados en la franja central y otros dos arcos de la misma tipología en los laterales. Remata el conjunto un monumental alero de madera policromada, que da a esta fachada el protagonista del patio de la Montería.

El Patio de Doncellas del Real Alcázar de Sevilla es una joya del mudéjar sevillano, con su planta rectangular. Tiene un pórtico con arcos polilobulados sobre columnas pareadas y un jardín que se divide en dos por medio de una alberca longitudinal, que se remata en forma de T.

 

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REAL ALCÁZAR DE SEVILLA

El patio ha sufrido diferentes reformas a lo largo del tiempo, siendo la estructura original un descubrimiento, que se produjo en 2002.    A finales del siglo XVI se taparon la alberca y el jardín con losas de mármol y se colocó una pequeña fuente en el medio. El espacio mantuvo este aspecto hasta que se redescubrió su verdadera estructura.

En la planta superior del patio hay una galería de arcos de medio punto, con una balaustrada y columnas de mármol, que fue construida durante el reinado de Carlos I (1516-1556).

En el costado oriental del patio se levanta una de las fachadas del Palacio Gótico y en las otras tres se abren las diferentes salas que componen el piso inferior del palacio: las salas Regia y la Alcoba Real en un lateral y el Salón de Carlos V en el costado contrario.

En el lado occidental se encuentra el Salón de Embajadores, concebido como salón del trono. Se trata de una estancia de planta cuadrada, con una gran bóveda de media naranja que apoya sobre pechinas con decoración de mocárabes.

No es la cubierta original, ya que fue levantada en el año 1427. En los muros encontramos decoración de azulejos y yeserías con motivos vegetales.

En dos de sus lados hay tres arcos de herradura apoyados en finas columnas de mármol con capiteles reaprovechados. Los grandes balcones de la parte superior fueron construidos a finales del siglo XVI, y rompen con la estética mudéjar.

En el siglo XVII se decoró la parte alta de los muros con los retratos de los reyes cristianos, desde Recesvinto hasta Felipe III.

A ambos lados del Salón de Embajadores se abren otras dos pequeñas estancias, que destacan por su exquisita decoración de yeserías con motivos vegetales en sus muros, y unos tondos con decoración figurativa que representa escenas de caza y temas caballerescos.

El patio de Muñecas, y las habitaciones de su entorno, constituyen el ámbito más privado del edificio. Es un espacio de planta rectangular, con una galería perimetral con arcos polilobulados que apoyan sobre columnas califales de mármol blanco, negro y rosado, procedentes de Medina Azahara. Entre los siglos XVI y XVII se construyó la galería superior.

A este patio se abren la Sala de los Reyes Católicos, el Cuarto del Príncipe y la Sala de los Pasos Perdidos.

En la actualidad, los jardines de los Reales Alcázares de Sevilla ocupan más de 70.000 metros cuadrados y son una sucesión de espacios de diferentes épocas y estilos. Nacieron por la necesidad de contar con una huerta dentro del recinto defensivo, pero a medida que se iba perdiendo el carácter militar del recinto fueron transformándose en lugares de descanso.

Quizás el parterre que más destaca es el Jardín de Mercurio, con un estanque de grandes dimensiones que reaprovecha una antigua alberca, y en cuyo centro hay una estatua del dios del comercio, con un telón de fondo formado por un muro con grutescos.

Otros espacios destacados son el Jardín de las Flores, el del Príncipe o el de la Danza, frente a los Baños de María de Padilla. En todos ellos el agua se encuentra presente por medio de fuentes y estanques, y una naturaleza desbordante armoniza con los pabellones y los cenadores que han sufrido constantes transformaciones desde su creación hasta mediados del siglo XIX.

 

REAL MONASTERIO DE SANTA CLARA DE TORDESILLAS

El rey Pedro I de Castilla construyó en Tordesillas un palacio mudéjar donde reflejó su gusto por la arquitectura y la decoración de residencias, como el Alcázar de Sevilla, y donde también se percibe la influencia del arte nazarí contemporáneo. Cumpliendo el testamento del rey, su hija, la infanta doña Beatriz, fundó en este palacio un convento de clarisas en 1363.

El edificio conserva partes muy importantes de la residencia real mudéjar entre las que destacan su portada, el patio pequeño llamado “árabe” por su estilo (restaurado por Repullés en 1897), la Capilla Dorada y varios arcos con decoración de yesería, así como los baños situados en un pequeño edificio aparte.

Tanto las galerías del patio principal del palacio convertido en claustro, como uno de sus lados, fueron reedificados en el siglo XVIII.

Santa Clara de tordesillas, Valladolid

 

SANTA CLARA DE TORDESILLAS, VALLADOLID

 

La iglesia gótica fue añadida a mediados del siglo XV y su capilla mayor se cubre con una gran armadura de madera mudéjar. Realizada a la vez que el templo, la Capilla de los Saldaña es también una obra gótica de gran importancia.

 

BIBLIOGRAFÍA

A. R. del Valle Calzado, “La guerra civil entre don Pedro el Cruel y Enrique II de Trastámara en obras hebreas contemporáneas”, en I Congreso de Historia de Castilla-La Mancha en Ciudad Real, 1985, t. VI, Toledo, Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1988;

A. Arranz, “La presencia de prelados en cargos políticos y actividades de gobierno durante el reinado de Pedro I de Castilla”, en Estudios de Historia y Arqueología Medievales (Cádiz), IX (1993);

A. Sánchez, La imagen del Rey Don Pedro en la literatura del Renacimiento y del Barroco, Guadalajara, Aache, 1994;

L. V. Díaz Martín, Pedro I. 1350-1369, Palencia, Diputación Provincial, 1995; C. Estow, Pedro el Cruel of Castile, 1350-1369, Leiden, Brill, 1995;

P. García Toraño, El rey don Pedro el Cruel y su mundo, Madrid, Marcial Pons, 1996;

J. Valdeón, Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara. ¿La primera guerra civil española?, Madrid, Marcial Pons, 2002.

Real Academia de la Historia

Tordesillas.net

Fotografías tomadas de Internet

 

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Una respuesta

  1. Avatar de Jani Bechy Rebecca
    Yumara

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    29 diciembre, 2022 en 14:50

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